domingo, 26 de febrero de 2012

Capitulo 3.-

Miley se quedó de piedra mientras Pete le daba una carpeta a Nick.
-Miley necesita que la lleven a la oficina -dijo Nick sonriéndola sardónicamente-. A no ser que hayas cambiado de opinión.
-No -dijo ella mientras se dirigía a la puerta. Nick le pasó un brazo por la cintura y salió con ella.
-¿Almorzamos a la una?
Pero ella estaba mirando al hombre que les apuntó con una cámara. Hizo la foto y se marchó. Nick sonrió y dijo sin siquiera tratar de convencerla:
-Vaya, mala suerte.

El ambiente entre Miley y Pete se podría haber cortado con un cuchillo.
-Muy bien- dijo él-. Ahora resulta que le has mentido como una bellaca al pobre Liam. Trabajabas hasta tarde... le decías que yo también me quedaba y demás. Será mejor que no digas nada, Miley. Créeme, Liam no va a querer saber toda la verdad. No te preocupes por la foto, no significa nada.
-Pete, yo...
-No me lo puedo creer... ¡Tú! Yo siempre pensé que eras a prueba de Nick. Me siento responsable. Yo te di el trabajo porque estabas comprometida. Anteayer le estabas llevando una taza de café a Nick como si te fuera a contagiar algo, y esta mañana...
-Pete, vamos a no hablar de ello.
-Evidentemente, Nick ha ido a por ti. Bueno, Dios sabe que me lo esperaba. Llevo ya bastante tiempo trabajando para él. Te lo creas o no, me cae bien, pero si mirara a mi hermana de la misma forma que te ha mirado a ti, la encerraría y tiraría la llave al río. Nick es una amenaza para las chicas. Es emocionalmente frío, lo he visto en acción demasiadas veces como para no saber qué...
-Pete...
¿Es qué todo el mundo, menos ella, había sabido del interés que había despertado en Nick?
-Tus dos predecesoras se enamoraron por completo de él y se volvieron unas auténticas pesadas. Yo creía que tú tenías más sentido común.
Cuando llegaron a la oficina, Gina, la recepcionista, la miró con curiosidad. Dos secretarias que estaban charlando en el corredor se quedaron en silencio cuando pasó a su lado. Sus saludos fueron muy poco efusivos y ella no tuvo que esperar mucho para averiguar la razón.
-¿Señorita Cyrus? -dijo un camarero uniformado levantando la cubierta de un carrito lleno de comida-. El desayuno, con los cumplidos del señor Jonas.
-Demonios -dijo Pete en voz baja cuando se detuvo a su lado y luego añadió más alto-. Espero que hayá suficiente para dos. Trabajamos anoche hasta tarde y no he tenido tiempo de desayunar nada hoy.

Miley estaba tan sorprendida que ni siquiera pudo mirar a Pete agradecida.

-¿Miley? -le preguntó Pete desde la puerta ese mismo día.

Miley levantó la mirada de los papeles que estaba revisando.
-Tengo entendido que Nick dio la orden de que no recibieras llamadas personales ayer por la tarde.
-¿Sí?
-Liam está subiendo en el ascensor.
Ella se quedó pálida de repente.
-Lo veré aquí.
-Pero Nick...
-Ya sé que no admite visitas personales, pero todavía no está aquí.
Miley se levantó lentamente y entonces Liam apareció en la puerta. Parecía como si no hubiera dormido en toda la noche, muy pálido y con los ojos inyectados en sangre. Pete le hizo una señal de ánimo a ella a espaldas de Liam y cerró la puerta cuando salió.
-Miley... ¿Qué te puedo decir?
Era como si entre ellos hubiera una muralla de cristal, como si desde el día anterior hubieran pasado mil años.
-No hay nada que decir.
-Ella se ha pasado semanas persiguiéndome. No es que esté buscando excusas, pero...
-Lo que te picó fue que no te hiciera caso hace tres años.
Liam se ruborizó y luego asintió.
-Y no lo pudiste evitar.
Él la miró a los ojos.
-Ahí es donde te equivocas. Sel ni siquiera me gusta. Sé cómo es. Fue sólo... ya sabes, algo físico. Maldita sea, Miley, ¿cómo te puedo decir que sólo quise meterme en la cama con ella y luego olvidarme de su existencia? ¡Pero fue así!
Miley se dio cuenta entonces de que él quería de verdad que lo creyera.
-No había ninguna clase de emoción. Ya sé que debes pensar que es desagradable, pero es a ti a quien ámo, es contigo con la que me quiero casar.
Sus miradas se encontraron y ella sintió entonces como si se le clavara un cuchillo en el corazón.
-Tienes que saber que ahora es imposible -logró decirle, agitadamente.
-Mira, deja que te lo cuenta todo desde el principio.
-No. ¡No quiero saberlo! Más vale no removerlo. Nunca podré olvidarlo...
Entonces se abrió la puerta y apareció Nick, mirándola de una forma que quemaba. Miley se dio cuenta entonces de que estaba enfurecido por habérsela encontrado hablando con Liam.
-Creo que ya lleva demasiado tiempo aquí, Shorter. No vuelva otra vez por esta oficina -dijo Nick fríamente.
Liam se puso más pálido todavía.
-Nick...
Miley tuvo entonces toda la impresión de que, si Liam decía algo fuera de lugar, Nick lo utilizaría como excusa para sacarlo de allí a patadas.
-¿Qué está pasando aquí? -preguntó Liam agitando la cabeza-. No comprendo...
Nick se acercó como una pantera al acecho y le pasó un brazo por la rígida espalda a Miley.
-Miley y yo vamos a almorzar. Está perdiendo el tiempo.
Liam se quedó boquiabierto.
-¿Miley?
Ella no supo qué hacer, así que Nick se ocupó también de eso. Simplemente la sacó de la oficina y la hizo entrar en el ascensor. Antes de que las puertas se cerraran, ella pudo ver perfectamente la cara de sorpresa de Gina.
-¿Le has devuelto el anillo? -le preguntó entonces Nick.
Miley por fin fue capaz de hablar.

-¿Cómo te atreves a hacerme esto? ¿Cómo le has hablado así a Liam?
-¿Cuánto tiempo llevaba allí contigo? Evidentemente, el suficiente como para contarte un cuento triste.
-Eso no es asunto tuyo.
-Anoche dormiste en mis brazos. Si eso no hace que sea asunto mío, ¿qué entonces? Vaya, estoy seguro de que no le has contado eso. Bueno, pero seguramente sí que le has dicho que lo tuyo con él ya es historia, ¿no?
-Y, ¿qué te importa a ti si lo he hecho o no?
-Yo no comparto a mis chicas. Es una vieja costumbre italiana -le respondió Nick sardónicamente.
Entonces salieron del ascensor en la planta del garaje.
-¡Yo no soy una de tus chicas!
-Entonces, ¿qué es lo que eres?
Sus miradas se encontraron y Miley se quedó rígida.
-Estoy enamorada de otro hombre.
-Que ya es historia. Un hombre con el que nunca has compartido una cama. ¿Qué clase de amor era ese?
-¡La clase de amor que estoy segura de que tú no puedes comprender!
-Un amor puro y perfecto -bromeó Nick-. Tenía que ser perfecto para ti, Miley... Eso era la parte más importante, ¿no?
-No sé de lo que me estás hablando.
Entonces la hizo entrar en la limusina mientras seguía hablando.
-La boda de blanco, el sacrificio de la virginidad. Es algo medieval. ¿Qué hubiera pasado si os hubierais metido en la cama la noche de bodas y no te hubiera gustado lo que él hacía allí?
-¡No seas desagradable!
-Hubieras sido una mártir. Habrías apretado los dientes y pensado en la decoración de la casa mientras el pobre hombre seguía a lo suyo.
Entonces la invadió la ira.
-Me niego a oír eso.
-Anoche te sorprendió tu propia respuesta...
-¡No!
-Y no fuiste la única sorprendida. Nunca se me ocurrió que pudieras seguir siendo virgen y nunca me habría metido en la cama contigo si lo hubiera sabido. No tengo la costumbre de aprovecharme de las chicas inocentes.
-No quiero hablar de eso -dijo ella con voz temblorosa-. Ni siquiera sé qué estoy haciendo aquí contigo.
-Has querido escapar de Liam. Por eso estás aquí.
Miley cerró los ojos. Era como si él estuviera leyendo un libro abierto.
-Ni siquiera lo culpas a él, ¿verdad? -murmuró Nick.
-Ella es muy bella, muy tentadora -dijo Miley por fin.
-Es una rubia de ojos azules con bonitos dientes y piernas largas. De esas hay muchas por ahí.
Ella se quedó como anonadada momentáneamente por esa descripción de su prima. Luego se recordó a sí misma que, seguramente, teniendo en cuenta los baremos de Nick, Selena no debía ser nada especial para él. Pero eso no sólo no explicaba, sino que todavía hacía más inexplicable, el porqué una chica morena y más bien bajita como ella le había llamado la atención.
Entonces lo comprendió y se sorprendió por no haberlo hecho antes. Nick siempre se había visto asaltado por las mujeres y su falta de interés por él debía haber sido lo que le había atraído hacia ella.
Su aparente indiferencia a sus encantos debía ser lo que la había diferenciado a ella de todas las demás.
Cuando llegaron al restaurante, Nick la ayudó a salir del coche y el calor del contacto de la mano de él en su brazo la hizo estremecerse. No quería tener nada más que ver con él. Tenía que decírselo. Era muy posible que él se sintiera responsable después de lo que había sucedido entre ellos. Después de todo, ella había resultado ser mucho menos experimentada de lo que él había dado por hecho.
El restaurante estaba desconcertantemente vacío. Se instalaron en una mesa mientras un pianista tocaba en una esquina. Los camareros se dedicaron a ellos en masa.
-¿Dónde está el resto de los clientes? -preguntó Miley.
-He querido que tuviéramos intimidad para poder charlar... y no creía que tú quisieras volver a mi casa.
¿Así que había alquilado el restaurante para ella? Miley respiró profundamente. Les sirvieron un primer plato ligero y Nick escanció luego el vino. Después la miró tranquilamente.
-Come -la ordenó suavemente.
-Cuanto antes hablemos, antes terminaremos.
-A veces eres muy joven, cara.
-Lo que pasa es que no estoy acostumbrada a que me traten así.
-Muy, muy joven... Y, si te miraras al espejo sin tener en cuenta los baremos de tu prima, podrías ver lo que yo veo. Una perfecta estructura ósea, unos ojos con el color y la profundidad de las esmeraldas, una piel translúcida, una boca maravillosa y una figura que tentaría a un santo ermitaño. Y yo no soy un santo, bella mía.
A Miley se le secó la boca.
-Cuando te miró, veo una mujer encantadora, que camina, habla y se comporta como si fuera de lo más normal. Eso fue lo primero que me llamó la atención de ti. Me hiciste sentir curiosidad. Al principio pensé que estabas actuando, pensando que así llamarías más la atención. Luego vi cómo me mirabas y me di cuenta de que, fueras lo que fueses, no eras indiferente.
-Si estás tratando de decirme que yo te pedí que...
-Si no te hubieran fallado tus planes de boda, yo nunca me habría acercado a ti -la interrumpió Nick-. Pero ningún hombre que desee a una mujer ignora la oportunidad cuando se le presenta. No había planeado acostarme contigo anoche... era demasiado pronto y, viendo tu inexperiencia, una mala idea, pero ni se me había ocurrido que fuera tu primera vez. No trates de volver lo que compartimos en un ligue de una noche. No lo fue y tú lo sabes muy bien.
Miley dejó caer la cabeza y maldijo la debilidad de su cuerpo.
-Pero eso no cambia como me siento y pienso. Tenemos baremos distintos. Lo que sucedió, no debió pasar nunca.

-Pero sucedió y no hay vuelta atrás.
-Tal vez no la habría si yo me hubiera enamorado de ti o algo parecido. ¡Pero no lo he hecho!
-¡Amor! -exclamó él, exasperado.
-¡Evidentemente, algo de lo que carecen tus ligues!
Nick se rió nerviosamente y la miró fijamente.
-Oh, yo he estado enamorado, Miley. Mucho más profundamente que lo que creo que has estado tú. Tenía diecinueve años y ella diez más. Aquello duró dos años fantásticos y luego, una mañana, me desperté y ella ya no estaba allí. Me pasé seis meses tratando de encontrarla y, al final de esos meses, aún habría dado todo lo que tenía para que volviera conmigo. Eso era amor.
A Miley le afectó mucho esa confesión. Por un segundo se vio a sí misma pensando en Nick como el adorador ferviente de una mujer mayor, pero no pudo imaginárselo por mucho tiempo. A sus treinta y cuatro años, ya no quedaba nada de niño en él. Era un hombre adulto completamente seguro de sí mismo.
-¿Por qué se marchó? -le preguntó sin poder evitarlo.
Nick se encogió de hombros.
-Se convenció a sí misma de que no era buena para mí. Pero también me ayudó a librarme de cualquier ilusión acerca del amor. Toma un cierto grado de respeto mutuo y de gustarse y añádele atracción sexual y tendrás algo bastante más seguro que lo que nunca encontrarás en el amor.
-No me lo creo.
-Y eso que tus ilusiones se destruyeron ayer mismo. Te fiaste por completo de él. Pensaste que no te iba a traicionar. Te construiste todo un montón de esperanzas irreales creyendo que el amor lo conquista todo. Ahora, si no hubieras estado enamorada, no habrías dado por hecho todo eso y no habrías estado ciega a todas las señales que te estaban pasando por delante.
-Puede que haya algo de verdad en eso, pero yo sigo diciendo que, para la mayor parte de la gente, los beneficios de amar y ser amado superan a los riesgos.
-El factor de sentirse bien -satirizó Nick-. Pero, te guste o no, los dos nos sentimos muy bien anoche... y el amor no tuvo nada que ver con lo que pasó.
Miley se ruborizó fuertemente.
-La otra noche fue la otra noche. Un tiempo fuera del tiempo, si quieres llamarlo así. Pero yo no voy a tener un ligue contigo ni voy a ser tu amante.
-¿Por qué no? Entonces ella perdió el control de sí misma por completo.
-Porque no tenemos nada en común. Porque vivimos en mundos distintos, con valores diferentes.
-Pero no porque no estés interesada.


Miley, echando humo por la cabeza en silencio, entró de nuevo en la limusina.
-¿Me vas a dejar en el trabajo sin avergonzarme de alguna manera?
-Lo del desayuno... ¿te produjo vergüenza?
-Ya sabes lo que quiero decir.
-Lo que piense la gente, ¿es tan importante para ti como para dejar que rija tu vida?
-¡Eso no es justo!
Nick tomó una de sus manos entre las suyas y, a pesar de una primera resistencia por su parte, lo logró. Miley tembló, no sabía lo que le estaba pasando. Sintió un súbito y terrorífico impulso de echarse encima de Nick y abrirle su corazón entre sollozos. En toda su vida nunca antes se había sentido tan confundida. Entonces él la hizo acercarse más.
-Nick, no...
Pero él no le hizo caso y se puso a acariciarle el cabello y la hizo mirarlo. Sus miradas se encontraron y ella se tensó por completo al tiempo que se le aceleraban los latidos del corazón. Una terrible excitación se formó en su interior aunque trató por todos los medios de contenerla.
-No...
Pero Nick bajó la morena cabeza y tomó su boca con ansiedad. Entonces ella respondió con todas sus ganas y deseó agarrarlo, mezclarse con él. Su olor, su contacto, inflamaban sus sentidos con una pasión aturdidora.
Sus dedos se colaron entonces desvergonzadamente por debajo de su camisa de seda y los músculos de él se tensaron ante su exploración. Entonces Nick la hizo ponerse sobre él y, con manos expertas, le subió la falda, haciéndola entrar en contacto directo con la dureza que se apretaba contra la cremallera de sus pantalones.
Nick, estremeciéndose, retiró entonces la boca de la de ella y la miró.
-Vente a casa conmigo... Acuéstate conmigo. Olvida todo lo demás.
En ese mismo segundo, la puerta de al Iado de él se abrió. Miley lo único que pudo ver fueron los brillantes zapatos del conductor y saltó de encima de Nick con una agilidad felina. Casi cayó fuera de la limusina en su intento desesperado por salir de allí. Nick dijo algo, la llamó por su nombre, pero ella siguió caminando, pasando por delante de unos empleados de la empresa que la miraban boquiabiertos por lo que acababan de ver.
-Pete... -dijo ella diez minutos más tarde, cuando se lo encontró-. Me temo que te voy a tener que dejar en la estacada. Creo que ya es hora de que me vaya a casa.


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