—A veces me parece que ese negocio te preocupa más a ti que a mí —comentó Nick, sonriendo.
Ella le sonrió a su vez.
—Hasta luego.
—Hasta luego, cariño —se despidió también Nick, inclinándose sobre ella y besándola en los labios.
Ella se alejó sorprendida y excitada.
—Ese vestido te queda estupendamente —dijo Sinead mientras regresaba a casa varias horas después—. Tenía miedo de que nos hubiéramos equivocado con las medidas, pero estás preciosa con él.
—A ti también te queda muy bien el vestido de boda, Sinead. Vas a ser la novia más guapa que haya habido nunca.
—Gracias, Miley —Sinead se volvió hacia su hermana—. No sabes cómo lamento que no funcionara lo tuyo con Liam. ¿De verdad te has tomado tan bien la ruptura como parece?
—Sí, lo único que ha salido herido ha sido mi orgullo. Seguramente, no estábamos hechos el uno para el otro y lo mejor haya sido romper. Así que quizá me haya hecho un favor, al fin y al cabo.
—Sí, porque Nick es una maravilla.
—Es cierto, pero no saques conclusiones demasiado deprisa.
—Es evidente que os entendéis muy bien —dijo Sinead, deteniendo el coche a la puerta de la casa—. Y ahora, podríamos ir al pub a tomar algo con los hombres. No te preocupes por Beth. Ellie se ha ofrecido a quedarse con ella.
—Tendré que consultárselo a Nick. Quizá no quiera dejarla con ella, ya que, como acabamos de llegar, la niña no está acostumbrada a la casa.
Miley salió del coche y ayudó a Sinead a sacar los vestidos. Ya era de noche y hacía fresco.
—Además, ¿no trae mala suerte que veas al novio la noche antes de la boda?
—No importa. Después de haberme probado el vestido, sé que ya nada puede salir mal.
Nick y su padre estaban tomando café en el salón.
—Hola, ¿qué tal? —los saludó Miley, sonriendo—. Espero que mi padre no te haya estado enseñando fotos mías de cuando era todavía un bebé.
—La verdad es que sí me las ha enseñado —respondió Nick—. He visto hasta las que salías desnuda en la bañera.
—¡Papá, no será verdad!
Pero al ver que su padre echaba a reír, se dio cuenta de que él le estaba tomando el pelo.
—Muy gracioso, Nick —añadió ella.
—¿Qué tal te queda el vestido? —preguntó él, sonriendo.
—Le queda perfecto —respondió Sinead—. Está estupenda.
—Miley siempre está estupenda —comentó él.
—No exageres —replicó Miley.
—Bueno, ¿y qué vamos a hacer esta noche? —preguntó Sinead—. Miley dice que no podéis venir a tomar una copa al pub con nosotros porque tenéis que quedaros con Beth.
—¿De veras? —preguntó Nick, volviéndose hacia Miley.
—Ya sé que Ellie se ha ofrecido a quedarse con ella, pero quizá Beth se sienta algo insegura al no conocer la casa.
—No creo que eso sea ningún problema —dijo él—. Beth se lleva muy bien con Sarán y Jane. De hecho, hacía mucho que no la veía tan contenta. Además, tu prima me ha dicho que, si surge algún problema, me llamará al móvil.
—Muy bien —dijo Sinead—. Pues entonces voy a llamar a Mark para comentarle que nos encontraremos allí.
Miley presentó a Nick a otro grupo de amigos. La pequeña taberna estaba abarrotada de gente y, a pesar de que era más de medianoche, todavía seguían sirviendo bebidas.
—En Inglaterra ya habrían tocado la campana hace tiempo —le comentó Nick a Graham, que estaba sentado a su lado—. Y después de la campana, no se pueden servir más bebidas.
En el extremo más alejado de la mesa de ellos empezaron a tocar música y mucha gente se puso a cantar en la barra, donde estaba Miley.
—Miley tiene una voz muy bonita —comentó Graham—. ¿La has oído cantar alguna vez?
—No. No sabía que le gustara cantar.
Nick se quedó mirando lo guapa que estaba con el vestido rosa que se había puesto. Sus ojos parecían brillar aún más de lo normal.
Ella se fijó en que la estaba mirando y le sonrió. Al contrario que en otras ocasiones, no apartó la vista, sino que lo miró a los ojos con una expresión que lo excitó mucho. La deseaba tanto... La sola idea de dormir con ella en la cama de matrimonio hacía que le quemara la sangre.Recordaba que por la tarde le había dicho que no iba a aprovecharse de la situación. Pero, en esos momentos, se daba cuenta de que le iba a ser imposible dormir con ella sin hacer nada.
—Te gusta mucho mi hija, ¿verdad? —le preguntó Graham.
—¿Y a quién no le gustaría? —contestó Nick, volviéndose hacia él—. Es preciosa.
—Hacía mucho tiempo que no la veía tan feliz —comentó su padre.
—Supongo que, en cualquier caso, le costará superar la ruptura con Liam.
—Quizá. Sé que le gustaba Liam, pero desde luego no era una relación muy apasionada.
—¿Por qué piensas eso?
—Cuando fui a visitarla a Londres, me di cuenta de que él no estaba muy enamorado de Miley y creo que ella lo sabía. Pero, al parecer, prefería tener una relación amistosa con él antes que vivir un romance apasionado —Graham sacudió la cabeza—. ¿Has conocido a Liam?
—Sí, lo vi una vez en una fiesta de navidad. Me pareció un tipo muy tranquilo.
—Es un intelectual —añadió Graham—. Se pasaba todo el tiempo estudiando y no le dedicaba a mi hija demasiada atención.
—¿Y por qué quería Miley casarse con alguien así? —preguntó Nick, asombrado.
—Creo que lo veía como un hombre en el que podía confiar. Ella ha sufrido mucho a lo largo de su vida. Ha vivido cosas muy tristes.
—¿Cómo cuáles?
—¿No te ha hablado de su padrastro?
—No, ni siquiera sabía que tuviera ningún padrastro.
—Tampoco me extraña. Es algo que Miley quiere olvidar. Creo que no debería haberte dicho nada —se quedó mirando a su hija en silencio durante un rato—. Creo que se siente muy bien contigo y con Beth. Nick, prométeme que no le harás daño o te las tendrás que ver conmigo.
Él sonrió al oír aquello.
—No es broma. Me siento muy culpable por haberla abandonado. Le fallé entonces, pero no volverá a suceder.
—Creo que deberías contarme todo esto más despacio.
—No quiero entrar en detalles, pero te bastará saber que mi primera mujer me dejó por un conquistador, un donjuán... Bueno, yo pensaba que no era nada más que eso, porque si no, nunca lo habría dejado al cuidado de Miley.
Nick lo miró con los ojos entornados.
—Michael era un abogado muy reputado y, en apariencia, un ciudadano honrado, pero resultó que en la intimidad de su hogar era un hombre extremadamente violento.
Graham se quedó mirando su bebida en silencio.
—Te juro que yo no sabía nada. Tengo que reconocer que estaba demasiado ocupado tratando de reconstruir mi vida con Margaret. Cuando Miley vino a vernos alguna vez en vacaciones, me daba cuenta de que era muy reservada, pero pensaba que se debía a que estaba afectada por la muerte de su madre.
Hizo una breve pausa.
—Más tarde, cuando se vino a vivir conmigo, le pregunté por qué no me había contado nada y ella me respondió que no quería dejar sola a su madre con aquel hombre. Tenía miedo de que le pasara algo —Graham sacudió la cabeza—. Tenía once años cuando me contó aquello y no puedes imaginarte cómo me afectó.
Nick se quedó mirando fijamente a Miley y comprendió al fin por qué ella a veces era tan reservada.
—Nunca se lo había contado a nadie que no fuera de la familia —añadió Graham—. Pero creo que puede ayudarte a entenderla. Porque, a pesar de que ella asegura que lo ha superado, a veces pienso que no es así.
En ese momento, Miley se acercó a ellos.
—¿Por qué estáis tan serios? —les preguntó.
—Cosas de hombres —dijo su padre, levantándose para ir a la barra.
Miley se sentó en la silla de él.
—¿Qué te ha estado contando? —le preguntó en un tono alegre—. Espero que no te haya estado interrogando por tus intenciones.
Nick soltó una carcajada.
—Me estaba diciendo que cantas muy bien.
—Bueno, papá piensa que lo hago todo bien.
—Quizá esté en lo cierto —dijo él, sonriendo—. ¿Te apetece que nos vayamos andando a casa?
—Sí.
Aunque el camino no estaba iluminado por farolas, podían orientarse gracias a que había luna llena.
—Parece que mañana va a hacer bueno —comentó Miley.
—Sí, eso parece.
Ella se volvió hacia Nick y se preguntó en qué estaría pensando, porque parecía distraído. Entonces, se dio cuenta de que quizá había llamado al despacho y había recibido malas noticias.
—¿Has llamado al trabajo?
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