jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 33.-



—¿Qué crees que estás haciendo? —se quejó Miley, tratando de soltarse.

—Estás bebida —repuso él—. Y eso no lo tolero. O sea que es mejor que guardes silencio.

— ¡No estoy bebida! —exclamó
Miley, aunque tenía la ligera sensación de que a lo mejor era cierto—. ¿Dónde vamos?

Nick la estaba llevando al interior de sus habitaciones a través de la piscina cubierta en vez de ir por la entrada principal.

Él no contestó, pero la instó a que subiera las escaleras para acceder a la planta superior, lleno de furia.

Abrió la puerta de su dormitorio, que estaba iluminado únicamente por una lámpara en una esquina.

—Ahora vas a serenarte y te vas a poner decente para volver con nuestros invitados —le ordenó Nick a Miley.

—Yo estaba con nuestros invitados, y lo estábamos pasando en grande hasta que tú nos aguaste la fiesta.

—¿Quieres decir que te gustaba tener la zarpa de ese tipo en la cintura? —preguntó Nick.

—¿Y qué ocurre si digo que sí? —replicó
Miley, desafiante—. Que yo recuerde no hemos hecho votos de castidad cuando planeamos toda esta farsa.

Él la miró a los ojos frunciendo el ceño.

—¿Qué quieres decir con eso?
Miley quería mandarlo al infierno, pero aquella mirada insondable la paralizó.

— ¡Suéltame! —le pidió ella.

Pero en vez de hacerlo, Nick insistió.

—Te he hecho una pregunta.

—¿Que qué quiero decir? —repitió 
Miley—. Si crees que voy a sentarme pacientemente a esperar que vuelvas de tus correrías amorosas y seguir adelante con esta boda, vas listo...

El ambiente se cargó de electricidad. Él sabía perfectamente a qué estaba haciendo referencia
Miley.

El hombre frunció el ceño más aún. A
Miley le palpitaba fuertemente el corazón y tenía un nudo en el estómago. Trató de soltarse con un golpe seco, pero Nick la tenía bien sujeta.

—No vas a tener un amante mientras estés casada conmigo —le advirtió él, de forma que a
Miley se le puso la carne de gallina.

—No puedes imponerte de esa manera —protestó
Miley mientras daba un paso hacia atrás, luego otro y otro hasta que topó con la cama—. Dijiste que podía hacer lo que quisiera. Me lo prometiste cuando acepté todo este engaño.

—Y lo que quieres es tener un amante —se repitió Nick sin poder creerlo.

—¿Acaso estás celoso? —le retó
Miley, imprudentemente.

Nick la miró de un modo tan extraño que ella puso la muñeca ante su pecho, como defendiéndose de un posible ataque.

—No... No quise decir eso —continuó diciendo
Miley en un susurro.

Nick no dijo nada pero su mirada era del todo reveladora.

Estaba mirando el busto de 
Miley como recordando las manos de su supuesto amante en la cintura. Ella enseguida supo que había desatado los demonios primigenios que existían en lo más recóndito de su ser.
Miley sabía que tenía que salir de esa habitación y huir de Nick hasta que se le pasara el ataque de ira.

Sin embargo, no se movió y permaneció allí, temblorosa.

Se le escapó un pequeño gemido.

Fue lo suficiente para que los ojos de Nick sé unieran a los de
Miley. Eran tan profundos y oscuros que ella se quedó sin respiración.

Pero
Miley se dio cuenta de que a él no le había ido mejor. Su corazón estaba acelerado; Miley podía notar cómo le latía bajo su muñeca. Era abrumador sentir su calor y la fortaleza de su pecho tan masculino.

— ¡No! —exclamó ella tratando de empujarlo en vano.

Fue entonces, durante el forcejeo, cuando
Miley notó que deseaba a aquel hombre, pero que también le temía. Suponía para ella una tentación tremenda.

Pero lo peor era que podía sentir esa misma tentación dentro de él. Estaba inmóvil, tenso y vibrante de deseo. No lo podía negar.

Los ojos de
Miley buscaron los de Nick y trataron de leer lo que pensaba en su mirada.

—No —dijo ella—. Tú no me deseas.

Dejándola atónita, Chris lanzó una carcajada en un tono tan burlón que
Miley no pudo evitar una mueca de dolor. Él se estaba mofando de ella.

—Eres tonta —murmuró Nick.

Y deslizando una mano tras su espalda desnuda, el hombre le tomó la cabeza con la otra. Con un gesto brusco la impulsó contra él y la besó salvajemente.

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