-Me gustaría darme un baño -dijo Miley dirigiéndose al cuarto de baño como una zombi.
-Miley, ¿es que Claudia te ha dicho algo que te ha molestado?
Miley se detuvo y se dio la vuelta.
-¿Qué puede haberme dicho?
Nick se aflojó la corbata y la miró fijamente.
-Hace cinco años la conocí en una boda y la invité a una fiesta. A ella le divierte destruir las reputaciones de todas las demás mujeres. Es venenosa. No la volví a ver ni me acosté con ella.
Miley estaba más pálida incluso que de costumbre.
-No tienes que explicarme esas cosas.
-Porque no te importan, ¿verdad?
-No, no es eso... Quiero decir, yo no soy una beep. Ya sé que, evidentemente, tú tienes un pasado.
-Y una esposa que no es nada celosa ni posesiva. Tengo mucha suerte.
-Nick... no me estoy sintiendo muy bien -susurró ella sintiendo el estómago revuelto.
-No es necesario que pongas excusas y tampoco que te escondas en el cuarto de baño. ¡No tengo el menor deseo de compartir la cama contigo hoy!
Miley lo miró extrañada cuando salió del dormitorio. Luego se metió en el cuarto de baño y apoyó la frente sudorosa contra la fresca pared hasta que se sintió capaz de moverse de nuevo y empezó a desnudarse. ¿La habría querido Nick sólo por su parecido con la tal Elisa? Era agonizante pensar que sólo debía su posición presente con él a ese leve parecido, a algo tan superficial.
Sabía que, con esos pensamientos, se estaba apartando de él, en pocas palabras, estaba haciendo exactamente lo que Claudia había querido que hiciera, pero no podía dejar de hacerlo. Aunque, tal vez, Claudia se lo había imaginado todo. Miley se metió en la cama y se hizo una pelota en ella. Le pareció horriblemente grande y vacía. Estaba tan tensa que los músculos le dolían, pero eso no le importaba, porque le parecía que todas las fibras de su ser estaban sufriendo una agonía.
Amaba a Nick... pero, de repente, también lo odiaba. Por tener el poder de ponerla en semejante estado mental. Imágenes de su posible venganza le pasaron por la cabeza. En cada una de ellas, Nick parecía completamente derrotado mientras ella hacía las maletas con una frígida dignidad y lo abandonaba públicamente después de dos semanas de matrimonio. Entonces la puerta se abrió y ella se sentó de golpe en la cama cuando se encendió la luz.
Nick estaba al lado de la cama, magníficamente desnudo y, como siempre, nada preocupado por ello.
-¿Qué quieres? -le preguntó ella ferozmente.
-A ti.
El enfado se reflejó como un huracán en sus ojos. Estaba muy claro que Nick estaba bastante lejos de la derrota total. Con un solo movimiento, la hizo tumbarse de nuevo, aprisionándola con el cuerpo.
-¡Si no te apartas de mí, te pegaré!
Nick la miró provocativamente.
-Como quieras.
Entonces la besó antes de que ella pudiera cumplir sus amenazas. Una oleada de pasión la invadió entonces, sobreponiéndose a todos sus sentidos. Se apartó de ella cuando ya estaba sin respiración y el corazón latiéndole a toda velocidad.
Luego sonó a seda rasgada y ese ruido retumbó en el silencio de la habitación. Miley se quedó helada momentáneamente y luego miró como la mano de él se posaba en su piel desnuda y uno de sus pulgares le acariciaba un pezón. Eso la dejó reducida a una masa fláccida y temblorosa, sin huesos.
Luego Nick pasó la lengua por donde había estado el dedo y a ella se le escapó un grito. Cuando le recorrió la parte interna del muslo hacia arriba y descubrió su parte más femenina, ella perdió más todavía el control.
-No, no creo que me vayas a pegar... -murmuró Nick.
-¿Qué?
-Te toco y serías incapaz de oír la sirena de los bomberos. Te toco en cualquier momento del día o de la noche y te rindes inmediatamente. Eso lo he descubierto en dos cortas semanas. Que puedo tener todo el sexo que quiera siempre que quiera.
-Nick... ¿qué estás...?
-¿Diciendo? No me estoy quejando. Pero sí creo que hemos desperdiciado un año entero. Fui tan cauteloso que ahora me da vergüenza. Acosarte sexualmente entre los archivos hubiera sido de lo más entretenido. ¡No puedes mantener apartadas las manos de mí ni siquiera en medio de una pelea! Así que, si sigues poniéndote lánguida por ese rubiesito que has perdido, ¿por qué he de sentirme ofendido? Entre las sábanas todavía sigues estando increíblemente deseosa de satisfacer mis necesidades más básicas... y las tuyas.
Miley se quedó rígida por la sorpresa al pensar que realmente Nick podía estar celoso... una sospecha que hizo que esa ofensiva verbal le resbalara.
-Yo no estaba pensando en Liam -dijo tratando de convencerlo.
Nick la destapó entonces, exponiendo a su vista su desnudo cuerpo.
-No, ahora no. Pero, ya ves, espero toda tu atención fuera de la cama también. Siéntete libre para sufrir todo lo que quieras por él, pero de ahora en adelante te sugiero que lo hagas en privado. Tu comportamiento formato reina de la tragedia me pone enfermo.
La idea de que Nick pudiera estar celoso de su ex novio se disolvió entonces brutalmente. El mensaje que acababa de recibir le decía claramente que amara a Liam lo que quisiera, pero que no lo aburriera a él con su estúpido emocionalismo.
Tomó entonces la sábana con una mano y se tapó a su vista, apartándose. Nick frunció el ceño, murmuró algo en italiano y la apretó firmemente contra su cuerpo. Aunque dolorida, ella notó la ya habitual respuesta de su cuerpo al de él.
-No me toques.
Él se puso tenso entonces.
-Miley... Estoy descubriendo que no puedo vivir siendo el premio de consolación. Si quieres seguir casada conmigo vas a tener que olvidarte del amor de tu vida -dijo él duramente.
Miley se puso pálida.
-¿Cómo has hecho tú con Elisa?
-Madre di Dío, ¿qué...?
-Porque no se puede decir que tú te hayas olvidado de ella, ¿verdad?
-¡Elisa no tiene nada que ver con esto!
-Oí a alguien decir... en nuestra boda... que me parezco a ella.
Esas palabras se quedaron colgadas entre ellos. El silencio pareció durar una eternidad y ella contuvo la respiración hasta que ya no pudo más.
-¿Nick?
Entonces se produjo un leve movimiento a su lado y las luces se apagaron.
-No hay comentarios -murmuró Nick completamente inexpresivo.
Esa respuesta sorprendió a Miley y se quedó muy quieta en la oscuridad, pero Nick no intentó acercarse. De todas maneras no hubo nada de tenso en el suspiro de indolente satisfacción que se le escapó. Luego se quedó profundamente dormido... mientras Miley seguía despierta.
La luna de miel había terminado.
Nick la miró mientras cruzaban Londres en una limusina.
-Pareces cansada. Deberías irte directamente a la cama.
-Estoy bien. Tengo que deshacer las maletas.
-Eso lo hará el servicio. Tú deberías descansar. Volveré tarde esta noche.
Miley se puso tensa.
-Entonces yo me iré a Ladymead, para ver cómo van los trabajos.
-Yo debería ir antes a ver a los trabajadores -bromeó él-. Si uno de los obreros se quita la camisa cerca de ti, seré historia antes de que me de cuenta.
-Muy gracioso, Nick -dijo ella ruborizándose.
-Yo no te he contado quién fue mi primer amor.
-¿Te llega tan lejos la memoria?
Nick sonrió.
-Yo tenía doce años y ella trece. Le mentí acerca de mi edad. Se ruborizaba cada vez que me miraba. Tenía una piel como de melocotón, un cabello negro y rizado y un aparato dental. Estuve completamente enamorado durante una semana entera.
-La longevidad de tus afectos es extraordinaria
-¡Cuando descubrió que era más pequeño que ella, me mandó a paseo! -dijo él riéndose y Miley no tuvo más remedio que sonreír involuntariamente.
Una hora más tarde, ella estaba en la misma habitación en que se había despertado hacía ya casi dos meses. En ese tiempo había cambiado mucho. Se miró al espejo y vio a una mujer con un elegante vestido de Christian Lacroix, una mujer que parecía rica y refinada y que mantenía la cabeza alta. Pero la alteración era más que de apariencia. Cuando estaba con Nick se sentía extraordinariamente libre para ser simplemente ella misma.
Más tarde y, como le había dicho a Nick, fue a ver como iban los trabajos en Ladymead. La casa estaba llena de ruido y actividad y todo iba perfectamente y según el tiempo previsto.
Estaba en la cocina cuando uno de los obreros se asomó por la puerta y le dijo:
-Hay una mujer que la busca. Está fuera, delante de la casa.
Era la hermana de Nick, Donatella. Miley se quedó momentáneamente sorprendida y luego se acercó a ella, sonriendo.
-No tenía ni idea de que estuvieras aquí todavía.
-Bueno, es que se me han pasado las dos semanas volando. He visto a Nick en su oficina y, cuando me dijo que estarías aquí, decidí venir a verte. ¿Te importa?
-Me encanta que me hagas compañía.
-Me moría de ganas de ver la casa. Todavía no puedo creer a mis ojos. Es una maravillosa casa antigua, muy pintoresca. Cuando papá me dijo que Nick se había comprado una ruina, todos nos reímos porque Nick no puede soportar estar incómodo en casa. En ese aspecto está muy mimado. El polvo y la suciedad lo ponen enfermo... pero el amor debió hacerle cerrar los ojos a todas las imperfecciones y comprarla.
-Zac sabe que a mí me gusta mucho. Y debe ser muy consciente de todo lo que hay que hacer aquí. El palazzo de Venecia debe necesitar una atención constante también.
-Pero eso es diferente. Para Nick ese es su hogar, donde tiene sus primeros recuerdos. Es el que más lo utilizaba. Papá raramente va a Venecia ahora, desde que la madre de Nick murió en el palazzo, le dejó de gustar ir allí.
-¿La amó mucho?
-Él te podría decir que sí, pero sólo estuvieran juntos tres años. Yo soy más cínica. Ha tenido hijos con cada una de sus demás esposas, menos con Francine. Eso le ha entretenido un tiempo, pero luego ha perdido el interés y se ha divorciado. Yo creo que, simplemente, le gustan demasiado las mujeres, pero a él le gusta pensar que es un hombre de familia.
-Sus hijos parecéis estar sorprendentemente unidos.
-Eso se lo tenemos que agradecer a Nick. Nos ha mantenido siempre en contacto mientras crecíamos. Aunque él tuvo una infancia dura. Tuvo tres madrastras y ninguna de ellas sustituyó a una madre. Desafortunadamente para él, siempre fue el favorito de papá. Incluso mi propia madre estaba resentida con Nick, lo que era triste. Sólo era un niño cuando su madre murió. No fue culpa suya que cada nueva esposa se sintiera insegura y pensara que su propio retoño estaba siendo desfavorecido en comparación con Nick.
-Tal vez... tal vez sea por eso por lo que se enamoró de una mujer mayor que él.
-¿Como la figura de una madre? -le preguntó Donatella riéndose y agitando luego la cabeza-. No lo creo, Miley. Elisa se quedó colgada con Nick. Se apoyó en él. Él era, con mucho, la personalidad más fuerte.
-¿Cómo era ella?
-Como amiga de la familia, nos caía bien a todos... Eso es, hasta que se lió con Nick. Todo el mundo sabía que su matrimonio iba muy mal. Su marido no era nada de fiar y ella no podía tener hijos. Supongo que ella debía ser muy desgraciada, pero no se quejaba nunca. Trabajaba incansablemente en obras de caridad y era muy conocida por sus buenas obras.
-Estás describiéndome a una santa.
-Mucha gente la veía así, así que ya te puedes imaginar la sorpresa y el escándalo que se organizó cuando se fue con Nick. Nadie se lo pudo creer al principio, pero yo la había visto con él.Nick era muy maduro para su edad y, con él, Elisa era una persona diferente. Era como si brillara, no podía esconder su amor. Todos nos quedamos muy sorprendidos cuando dejó a Nick después de que se divorciara de su marido, pero para serte sincera, también nos alivió.
-¿Por qué? ¿Por la diferencia de edades?
Donatella dudó un momento y luego suspiró.
-Por favor, no te lo tomes a mal, pero es que hablar de Elisa me hace sentir incómoda. En cualquier caso, sólo puedo repetirte los cotilleos y mis impresiones no dejaban de ser las de una adolescente. Nick nunca ha hablado de ella con ninguno de nosotros.
-Lo siento, me he dejado llevar por la curiosidad.
-¿Por qué preocuparte? Todo eso pasó hace ya mucho tiempo, fue un episodio que todos nos hemos alegrado de olvidar.
Miley pensó entonces que, visto de aquella manera, sus inseguridades parecían neuróticas.
-Y tú has sido buena para mi hermano, Miley -continuó Donatella-. Hoy he visto un cambio en él. Está más relajado, menos distante. No me parece que seas consciente del milagro que has realizado. Ninguno de nosotros se esperaba de verdad que se fuera a casar algún día. Cuando te crías como nosotros, en casas distintas, es muy difícil tener fe en el matrimonio.
Nick entró en el salón poco después de la medianoche y se encontró con Ashley acurrucada en la esquina de un sofá, rodeada por un montón de revistas.
-Creí que ya estarías en la cama. Me has esperado levantada...
Miley no pudo evitar sonreír.
-Nick, me dijiste que descansara esta tarde para que no estuviera demasiado cansada como para esperarte. ¿O es que he equivocado tus instrucciones?
Él se rió entonces.
-No me había dado cuenta de que fuera tan transparente.
-Normalmente, no lo eres. ¿Quieres comer algo?
-Nada -dijo él mirándola de una forma que hizo que se le aceleraran los latidos del corazón-. Así que cuéntame cómo te ha ido en Ladymead.
-Todo va como la seda.
-¿Cuándo nos podremos mudar?
-Eso depende de lo rápidamente que pueda amueblarla y decorarla.
-Me sorprende que no nos hayamos instalado ya en una tienda de campaña en medio de ese campo que el agente de la propiedad tuvo la osadía de llamar finca.
-No me hago la idea de verte en una tienda de campaña. Y, si no quieres vivir allí, siempre podrás vender la casa cuando termine la restauración.
Nick levantó las cejas.
-¿Por qué?
-Yo no decidí casarme contigo porque me prometieras comprarla.
-Pero ayudó...
-Cuando yo fui contigo a Ladymead ese día no tenía ni idea de que estabas a punto de pedirme que nos casáramos ni de que hubiera alguna posibilidad de que aquello fuera a ser mi hogar.
Nick sonrió entonces.
-Pero admite por lo menos que te la imaginaste como una foto de revista. Con troncos ardiendo y echando humo en las chimeneas, perros, gatos, niños...
-Me parece a mí que tú debías andar por la misma longitud de onda.
-La tuya. A mí no me importa donde vivir si tú estás a gusto. Cuando era niño aprendí a no echar raíces en ninguna parte porque Paul y yo no parábamos de ir de un sitio para otro. Las esposas e hijas abandonadas se quedaban siempre con el domicilio conyugal. Eso de sentirse demasiado cómodo o atado al techo bajo el que estaba nunca fue una buena idea. Pero tú... tú te criaste en una casa donde parecías ser una intrusa, donde nada era realmente tuyo y donde no pertenecías, pero donde tratabas de encajar con todas tus fuerzas. Ahora puedo entender por qué tu sueño es tener un hogar propio y por qué eso es tan importante para ti. Pero tengo que confesarte que hace un mes no lo comprendía.
Miley pensó entonces que era en momentos como ese en los que comprendía por qué lo amaba. Entonces Nick la rodeó con sus brazos y ella hizo lo mismo.
-Si las chimeneas echan humo haré que las arreglen y podemos empezar teniendo un cachorro...
-Eso sería llevar demasiado lejos la mesura, cara. Con los ratones que tiene que haber en esa casa, vamos a necesitar un ejército de gatos.
-O un desratizador. Y ya han estado. Tres veces.
-Sólo una advertencia, bella mía, si te vas a llevar los libros de papeles pintados a la cama...
-¿La pondrías de nuevo en venta?
-No podría hacerlo. Ladymead es tuya.
-¿Mía?
-Está a tu nombre. Tómatelo como un regalo de bodas.
-¿Es qué vas a vender esta casa? -le preguntó ella, sorprendida.
-¿Por qué? Es útil cuando quiero dar fiestas o algo así.
Las esposas abandonadas siempre se quedaban los domicilios conyugales, ¿era eso lo que él estaba haciendo? Y Nick se estaba quedando con la casa de la ciudad para su propio uso, asegurándose con ello que, si rompían, él sufriría las molestias mínimas. ¿Era una locura por parte de ella pensar así? Mientras pensaba, Nick inclinó la cabeza y la besó apasionadamente.
Mucho más tarde, mientras estaba tumbada en medio de una pacífica saciedad, Miley frotó la mejilla amorosamente contra el pecho de él y pensó en la insegura infancia que Nick debía haber tenido.
-Me sorprende cuando pienso en lo travieso que era Marco entonces, siempre bromeando y contando cuentos. Donatella... era muy tranquila y seria. Solía seguirme a todas partes. Las gemelas... nacieron poco antes de que yo me apartara de la complicada vida amorosa de mi padre. Su madre estaba convencida de que yo estaba patológicamente celoso de ellas. Dío... le entraba el pánico cada vez que me acercaba a ellas. Por suerte, ya no es así. No se ha vuelto a casar y odia a Francine, así que siempre tenemos problemas cuando Cara o Lucilla vienen a verme.
-¿Por qué no van con su padre?
-Paul pondría cualquier excusa para quitarse de enmedio y, normalmente, esa excusa sería Francine. Ella lo controla con mano de hierro. Es muy consciente de que ha sobrevivido más tiempo que cualquiera de sus predecesoras. Es una mujer muy dura, pero de vez en cuando siento un poco de lástima por ella. Tiene treinta y siete años y sospecho que le gustaría tener algún hijo, pero está convencida de que un hijo la llevaría directamente al divorcio y, teniendo en cuenta los antecedentes, probablemente tenga razón. Como yo, Francine descubrió hace ya tiempo que Paul piensa que una esposa que sea madre al mismo tiempo es una opción a rechazar.
-Pero tú no eres así -dijo Miley poniéndose tensa.
-Sería muy estúpido si te dijera que lo soy.
-Nick, en serio...
-¿Por qué? Cualquier posibilidad de que nosotros tengamos un hijo está muy lejos.
Miley frunció el ceño, sorprendida por el hecho de que él pudiera pensar que ella no tenía nada que decir al respecto.
-¿Cuánto es muy lejos?
-Deja que te lo diga de esta manera. No tengo ninguna intención de competir con tu antiguo novio en el campo de la fertilidad.
-¿Perdona?
-Ni tengo ninguna intención de cambiar de opinión en un futuro próximo. Y no es un tema en el que esté abierto al debate. ¿Por qué te crees que soy yo el que se hace cargo de las responsabilidades con el control de natalidad? Hace ya semanas que veo la nube amenazante en mi horizonte.
-¿Amenazante? -dijo ella ruborizándose.
-La vi en el mismo momento en que me dijiste que tu prima estaba embarazada. Tú no estás en competición con ella.
-¿De qué me estás hablando? Sólo te hice una pregunta simple.
-Y yo te di una respuesta simple. No. Sublima tus instintos maternales con los gatos y los perros.
Miley se apartó de él como si la hubiera mordido una serpiente de cascabel.
-¡No tengo ni idea de por qué tienes que meter en esto a Selena!
Nick apagó entonces la luz y le dijo:
-Duérmete.
-¡No me trates como si fuera una niña!
-Me niego a discutir de esto contigo.
-Eres igual que tu padre.
-Mira, si yo hubiera sido Paul te habría dejado antes de que se hubiera secado la tinta del certificado de matrimonio.
Miley se quedó rígida en la oscuridad, incrédula. Ese hombre peleaba sucio. ¿Por qué le sorprendía?
-Y, ¿por qué no lo haces tú?
-No me lo preguntes ahora, con el humor que tengo.
-¡Quiero saberlo!
-Es como si un elástico no dejara de tirar de mí... ¡Pero en este momento está muy tenso!
-¡Pues consíguete unas tijeras!
Nick soltó una imprecación en italiano y Miley se calló haciendo un gran esfuerzo. Dentro sentía como un volcán de ira. Todo eso por una pequeña pregunta hecha con toda la inocencia del mundo... Se lo creyera o no él, no se estaba muriendo de ganas de tener un hijo y no le habría molestado si él le hubiera dicho que prefería esperar uno o dos años. Sí, quería un hijo de Nick, pero sólo cuando se sintiera segura en su relación y sólo cuando él sintiera lo mismo. Entonces, ¿qué demonios tenía que ver Selena con todo aquello? ¿De verdad pensaba él que trataría de competir con su prima de una forma tan estúpida?
¿O es que Nick se pasaba de listo? Pudiera ser que él no quisiera tener hijos y que no se iba a arriesgar a un embarazo involuntario si pensaba que ese matrimonio no iba a durar mucho. ¿Era eso lo que estaba haciendo?
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