miércoles, 1 de febrero de 2012
Cap 16 .-
—No tengo ganas de discutirlo —adujo él, en un tono que impidió cualquier otra pregunta por parte de Miley.
Pero ella se sentía curiosa, realmente curiosa acerca de la mujer a quien él había amado tanto como para no querer volver a casarse. Aunque él le acabara de proponer matrimonio.
—Pero hay otras maneras de tener hijos sin tener que comprometerse en matrimonio —argüyó Miley—. Las investigaciones médicas han evolucionado mucho en ese sentido, ¿no es verdad?
—Soy griego —adujo Nick, como si aquello lo explicara todo.
Y no dio más explicaciones. Al contrario volvió al tema de antes.
—Quiero que tengas bien en cuenta todo lo que puedes ganar si te casas conmigo —continuó el magnate—. Cuidarás de la niña como si fueras su madre, rodeada de todo tipo de lujos.
No se podía decir que Nick fuera precisamente humilde.
—Piénsalo bien —insistió él—. No tendríais que carecer de nada. Estarías plenamente segura de que Melanie iba a estar bien alimentada y vestida. No tendrías que preocuparte por el alquiler del piso... Al contrario, recibirías todos los meses una cuantiosa suma de dinero que te permitirá adquirir todo lo que quieras.
En este aspecto, sus argumentos se parecían mucho a los de la tía Laura cuando la intentó convencer para que dejara en adopción a su hermana. Nick continuó enumerando ventajas.
—Y teniendo en cuenta que todas nuestras casas cuentan con servicio doméstico, no tendrías que ocuparte de las tareas propias del cuidado de un bebé. Podrías emplear todo el tiempo posible en hacer tu voluntad sin tener que sacrificarte por tu hermana.
—Yo no lo veo como un sacrificio —repuso Miley, alzando la barbilla y con los ojos brillantes de indignación—. Además, me ofende que tú pienses eso.
—Lo siento —se retractó Nick automáticamente—. No era esa mi intención.
Era evidente para Miley. Aquel tema era demasiado importante para él como para correr el riesgo de ofenderla. Lo que le llevó a formular la pregunta siguiente.
—¿Por qué significa tanto para ti conseguirnos a mí y a Melanie? Podrías salir a la calle y encontrar cientos de mujeres con sus bebés que podrían desempeñar el papel tan bien como nosotras.
—Os quiero a vosotras —repuso Nick simplemente—. ¿Por qué no te preguntas qué es lo que te da tanto miedo de mi proposición?
—Porque es algo impropio —contestó Miley —. Además, soy demasiado joven para desempeñar ese papel.
—¿O quizá soy yo el que sea demasiado viejo? — sugirió él.
Nick era el tipo de hombre que nunca envejece.
—¿Cuántos años tienes? —preguntó Miley —. Y no me des una evasiva como la última vez. En serio, si me voy a plantear tu propuesta, necesito saberlo.
—Treinta y seis —respondió Nick, e hizo una mueca al gesto de sorpresa que esbozó Miley .
Ella suspiró profundamente y se colocó de espaldas a la puerta que estaba cerrada.
—Esto es una locura —adujo Miley, pensando en alto.
Pero lo que realmente era una locura era que estaba empezando a vacilar.
No habría más preocupaciones. No tendría que vivir al día, en un lugar que detestaba, y del que no tenía la menor esperanza de poder dejar por uno mejor... Además debía tener en cuenta también a Melanie. Su hermana, a la que no le faltaría de nada en toda su vida, suponiendo que Nick fuera fiel a su palabra.
Todo aquello era muy seductor y mientras lo pensaba, Miley se frotó el chichón de la cabeza que le empezaba a doler.
Nada más verlo, Nick se preocupó.
—Está claro que ya has tenido bastante por un día —dijo él con voz grave—. Es mejor que lo dejemos. Retomaremos la cuestión mañana cuando estés más descansada.
Tenía razón... pensó Miley fatigadamente. Sin embargo, contestó:
—No, no pienso irme a la cama hasta que hayamos aclarado esto.
La joven levantó su mirada cansada y ansiosa.
—Puedes decirme por qué quieres adquirir de este modo una esposa y una hija —prosiguió Miley .
Hubo una pausa que rompió Nick con un susurro.
—¿Estás diciéndome que aceptas mi proposición? «No va a soltar prenda», se dijo a sí misma Miley.
—Me lo estoy pensando —contestó ella.
—Pues cuando me des una respuesta, yo te daré la mía.
Aquello era ridículo.
—Entonces, hasta mañana —repuso Miley, dando media vuelta para salir.
—Por cierto, me gusta tu pelo —comentó Nick. ¿Su pelo? Inmediatamente, se llevó la mano al cabello ondulado.
—Tiene un color tan bonito... —prosiguió Nick.
—Gracias —murmuró Miley, sonrojándose ligeramente ante el cumplido inesperado.
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