miércoles, 1 de febrero de 2012
Cap 15.-
QUIERES casarte conmigo? —repitió ella sin dar crédito a sus palabras. Luego, Miley pensó que había oído mal y se puso a reír. Pero se arrepintió de ello porque no quería resultar cruel con Nick que estaba de lo más tirante. Pero Miley se dio cuenta que iba en serio y las piernas se pusieron a temblarle. Tuvo que sentarse en uno de los asientos.
—Por favor, no me malinterpretes —dijo él, recuperando su dignidad altiva—. No me estoy refiriendo a una relación íntima, sino solo a una boda de compromiso, si te parece bien. Tan solo guardaríamos las apariencias, pero nada más...
Nada de relaciones íntimas, se repitió a sí misma recordando de inmediato la boca que se había fusionado con la suya.
—Por supuesto, me aseguraré de que el trato sea beneficioso para ti —prosiguió Nick fríamente—. Las ventajas de ser la esposa de un hombre adinerado son obvias. No tiene por qué durar toda la vida. Aunque quiero que quede claro que me convertiré en el padre legal de Melanie, si no, no funcionará.
—¿Qué es lo que no funcionará? —preguntó Miley en vano.
—Solo te lo puedo decir si accedes a mi propuesta —repuso Nick—. Pero si se convierte en mi hija legal, aseguraré su futuro, nombrándola mi única heredera. Y cuando decidas, si es que eso ocurre, que te has cansado de estar conmigo, te podrás marchar libremente. Y no lo harás con las manos vacías.
La mente de Miley estaba empezando a desvariar. Era obvio lo que le estaba diciendo aquel hombre, de modo velado. Quería a Melanie, pero si con ella tenía que ir incluida ella, pues también la aceptaba.
—Creo que estás loco —adujo Miley. Nick hizo una mueca pero no dijo nada.
— ¡Pero, si ni siquiera me conoces! —prosiguió ella.
Esta vez él se encogió de hombros.
—Siempre me he fiado de mi primera impresión con la gente —repuso Nick—. Y me gustas, Miley. Admiro el modo en que te has desenvuelto con un bebé y sin ayuda de nadie.
— ¡Claro que tengo ayuda! —exclamó ella, encolerizada.
—¿Te refieres a esto? —dijo Nick, mostrándole un fajo de billetes que tenía en el bolsillo.
Los billetes captaron rápidamente la atención de Dulce, que tardó un poco en comprender de que se trataba todo aquello.
Al caer en la cuenta, ella lo fulminó con la mirada.
—¿Es el dinero que me ha prestado hoy la tía Laura? —preguntó Dulce finalmente.
— Se cayó al suelo cuando te desmayaste en tu apartamento —le explicó Nick—. Lo recogí y lo puse a salvo en mi bolsillo. Hay cien libras exactamente. Teniendo en cuenta la situación en la que te encuentras y que debes cuatro meses de alquiler, tu tía ha sido tan amable de prestarte la mísera suma de cien libras.
Para Miley que no tenía absolutamente nada, cien libras era una suma de dinero importante. Pero era evidente que no ocurría lo mismo con aquel hombre. Por el modo en que dejó tirado el dinero, sentía más bien repugnancia.
—En efecto, lo que estaba haciendo tu tía —siguió Nick implacable, exponiendo su razonamiento—, era allanar el terreno para convencerte más fácilmente de sus propósitos. Me di cuenta de ello cuando estabas medio en coma. En aquel momento, estaba muy ocupada tratando de explicarme por qué sus parientes más cercanos vivían en ese estado de miseria.
Miley cerró los ojos al oír sus palabras: él la había herido en lo más vivo.
—Sabías lo que pretendía antes de que te lo contara yo —susurró ella sin aliento.
La mujer se sentía traicionada por Nick a pesar de la amabilidad que había mostrado durante la cena.
Él se dio cuenta de ello.
—Lo siento si esto te ofende, pero quiero que tengas las ideas claras a la hora de pensar qué es lo que más os conviene a ti y a Melanie —repuso Nick—. Y si tienes que elegir entre dar a la niña en adopción y mi proposición, creo que la segunda opción es la que más te conviene.
—Pero, entonces, lo sabías, ¿verdad? —dijo ella, poniéndose de pie sofocadamente—. Quiero que me des al bebé ahora mismo. Nos vamos a casa.
El rostro de Nick mostró su irritación.
— ¡No seas tonta! —exclamó él con voz áspera—.
Esa no es una buena solución. Volveréis a vivir en la desgracia.
«Soy desgraciada ahora», pensó Miley tristemente.
—Pensé que eras una buena persona —estalló ella llena de desilusión—. Pensé que realmente te importaba lo que me ocurría a mí. Y, sin embargo, has estado tramando esto desde el principio.
Miley terminó levantando la voz, lo que hizo saltar a Nick.
—Soy buena persona —adujo él, alterado.
Era evidente que le incomodaba el papel que tenía que interpretar.
La expresión de desprecio de Miley hizo que apareciera cierta actitud de advertencia en el rostro de Nick. Luego, se relajó un poco y pareció darle permiso a ella para que lo despreciara.
—Puedo ser buena persona —rectificó con voz ronca, pasándose la mano por los cabellos—. Seré buena persona.
Sus palabras habían sonado a promesa.
Pero no logró convencer a Miley.
—Gracias por tu propuesta, pero no la voy a aceptar —sostuvo ella, e inmediatamente después se dirigió hacia la puerta altivamente.
—Antes de salir por esa puerta, señorita Cyrus, ¿no le parece que debería tener en cuenta cómo va a repercutir su decisión en su hermana?
Con esa voz tan comedida, el hombre había logrado que Miley se paralizara.
—Pero... ¿por qué? —murmuró perpleja Miley, mirando el semblante cruel de Nick—. Si necesitas tan urgentemente legar tus bienes a alguien, ¿por qué no intentas crear tu propia familia?
Todo aquello carecía de sentido. Incluso el modo de reaccionar de Nick, que se puso rígido súbitamente.
—Jamás volveré a casarme —repuso él—. Al menos, no del modo al que tú te refieres.
—¿Has estado casado antes? —preguntó Miley.
—Sí —respondió fríamente él—. Sofía murió hace seis años.
— Oh, lo siento —murmuró Miley, tratando de mostrarse comprensiva.
Pero Nick no quería su compasión.
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