miércoles, 1 de febrero de 2012

Cap 10.-

Nick no se dignó a contestarla.

—Te llevaré a la cocina para que le des instrucciones a Lefka —repuso él.

Miley pensó que hablar con ese hombre era como tratar con un tanque acorazado. Pasaba por encima de cualquier obstáculo que se pusiera en su camino.

—Vayamos —accedió ella, otorgándole la pequeña victoria.

Todo fuera por el bien de Melanie, pensó Miley mientras caminaban hacia la parte trasera de la casa.

La cocina era como el sueño de toda ama de casa Estaba amueblada toda de madera y tenía baldosas de cerámica en el suelo. Había varios pucheros que desprendían un olor de lo más estimulante para el estómago hambriento de Dulce.

Junto a la cocina había una mujer morena de su misma edad aproximadamente. A sus pies estaba Mela-nie en una cuna de viaje. Cuando Miley se acercó para ver a la niña, ella se retiró silenciosamente.

Melanie estaba bien despierta, observándolo todo a su alrededor. La habían cambiado y llevaba puesto un nuevo pijama de color rosa pálido, que ponía en evidencia su piel y sus cabellos morenos.

No había nada en ella que recordara a su madre, pensó tristemente 
Miley, cuyos ojos se inundaron de lágrimas. No podía evitar esa reacción cuando se acordaba de la muerte de su madre.

—Por favor, necesito tomarla en mis brazos —pidió Miley a Nick—. ¿Puedes dármela?

Su sentido común le impidió agacharse y sujetar al bebé por sí misma.

—Por supuesto —respondió él. Y con suma agilidad se inclinó y tomó a la niña para entregársela a su hermana.

—¿Podrás con ella? —preguntó Nick—. No deberías poner peso sobre las costillas.
Miley miró a su alrededor. Decidió sentarse en una silla y apoyar luego el bebé contra la mesa de la cocina.

En efecto, Melanie se instaló en su regazo de ese modo. Al verla así, 
Miley dio un profundo suspiro y acercó su cara a la mejilla aterciopelada del bebé.

Ante esa escena, era evidente que 
Miley quería con locura a aquella niña.

Y Nick Jonas no estaba ciego. Sin embargo, estaba observando a la hermana mayor de forma sorprendente.

Parecía estar enfadado, sí, pura y simplemente enfadado.

— ¡Ah, ya está usted aquí! —exclamó Lefka al ver a
Miley, cuando entraba en la habitación.

Al verla con Melanie en sus brazos, el ama de llaves esbozó una cálida sonrisa.

—Usted quiere a la niña —prosiguió Lefka, exponiendo un hecho incuestionable—. Eso está muy bien, porque es un verdadero ángel. Me ha robado el corazón.
Miley tuvo la sensación de que estaba siendo sincera, por la forma en que estaba mirando a Melanie.

—Pero no estará contenta conmigo si no le doy el biberón en seguida —continuó Lefka—. Por favor, explíqueme como lo hace usted. Mi hija Althea la sostendrá mientras tanto.

Cuando 
Miley salió de la cocina, convencida de que Melanie estaba en buenas manos, había tomado una decisión.

Fue en busca de su anfitrión. Lo encontró sentado en el despacho tecleando el portátil que estaba sobre la mesa y atendiendo el teléfono al mismo tiempo.

Como ya había oscurecido, las cortinas de raso rojo estaban cerradas. Varios puntos de luz estratégicamente dispuestos no llegaban a empañar el brillo del fuego en la chimenea.

Cuando Nick alzó la mirada y la divisó, 
Miley se dio cuenta de que el ambiente del estudio había realzado el tono mediterráneo de su piel y había suavizado los ángulos de sus facciones. Parecía más joven... y menos intimidante que cuando le vio por primera vez.

—He pensado que me voy a quedar —le anunció 
Miley.

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