miércoles, 1 de febrero de 2012

Cap 11.-



POR el bien de Melanie —había añadido ella, aún sabiendo que iba a resultar hosca. —Entonces te enseñaré tu habitación —dijo Nick, poniéndose en pie ágilmente.

—No es necesario —sostuvo Miley—. Althea va a hacerlo en unos instantes. Pero necesito algunas cosas de mi apartamento. Ropa limpia y cosas así...

Ella notó como Nick se fijaba en el estado de su ropa y sus mejillas se sonrojaron.
Miley se sentía como un trapo viejo.

—Le diré a Althea que escriba en una lista lo que necesitas y que su padre vaya a por ello —repuso
Miley.

Estaba claro que era muy diplomático, siguió pensando 
Miley al oírle hablar en aquel tono neutro.

—Gracias —murmuró ella educadamente—. Pero, ¿quién es su padre?

—Nikos, el chófer —añadió Chris levantándose de la mesa—. Toda la familia vive en el piso de arriba.

Nick se había acercado a
Miley, y eso la había puesto nerviosa sin saber muy bien por qué. De pronto se paró frente a ella, le tomó la barbilla con la mano y la alzó arrogantemente. Miley se vio obligada a mirarlo. Entonces supo por qué sus terminaciones nerviosas le estaban jugando una mala pasada.

A
Miley le gustaba que su piel estuviera en contacto con la del hombre. Eso quería decir que se sentía sexualmente atraída por él, aunque le costara admitirlo.

—Deja de tenerme miedo —le ordenó Nick, descubriendo temor en los ojos de 
Miley.

—No te tengo miedo —contestó ella, alejándose de su mano, no obstante.

El hombre suspiró profundamente y se alejó a su vez, no sin cierta irritación en la mirada.

—Tengo las llaves de tu casa —anunció Nick,con calma.

Ella se quedó atónita porque se había olvidado por completo de ellas. Nick se giró y le dirigió una de sus miradas insondables.

—Cuando ibas en la ambulancia camino del hospital, le dije a Nikos que dejara bien cerrado el apartamento.

—Entonces, si tienes mis llaves no me extrañaría que me hubieses trasladado todo mi hogar a tu mansión... —estalló
Miley.

Ella estaba haciendo alusión al nuevo guardarropa de su hermana, además de otros aditamentos propios de los bebés.

Nick se puso rígido como si le hubiera alcanzado con el dardo de su réplica.

—No habría sido tan mal educado como para sacar cualquier cosa sin tu permiso —le informó él altivamente—. Sería como si te hubiese robado.

—Seguro que no tendrías ningún reparo en ello — respondió
Miley.

El rostro de Nick estaba lleno de ira.

—Sí, os robé a las dos —admitió finalmente—. Por el bien de las dos, teniendo en cuenta que no podéis va-leros por vosotras mismas. Bueno, es mejor que terminemos con esta conversación. Es una pérdida de tiempo y tengo muchas cosas que hacer.

El tono de Nick le había hecho sentirse como una niña difícil que acaba de ser regañada severamente por un adulto. Sin más palabras, 
Miley dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta.

—No, por favor... —dijo la voz grave muy cerca de su oído.

—No, ¿qué? —lo interrogó ella con lágrimas en los ojos.

Nick no contestó. No obstante, puso una mano en el pomo de la puerta impidiéndola salir.

La hizo volverse y
Miley se encontró mirando de nuevo a la pechera de su inmaculada camisa.

Ello lo oyó suspirar y deseó no resultar tan patética. Era humillante estar a punto de llorar constantemente.

—No va a funcionar —prosiguió
Miley sofocadamente.

—Aunque discutamos —dijo Nick sin el menor rastro de irritación—, eso no quiere decir que no podamos llevarnos bien. Lo único que significa es que somos dos personas con un carácter muy fuerte y que siempre queremos tener razón.

A
Miley le daba la impresión de que era él que se había salido con la suya durante todo el día. Lo que dejaba claro hasta que punto ella era fuerte.

—Bueno, pero trata de ser menos arrogante —le aconsejó ella, alejándose de Nick—. Así, quizá podremos acabar sin devorarnos el uno al otro.

Luego, 
Miley abrió la puerta y salió, contenta de haber pronunciado la última palabra. Apenas podía creer que Nick lo hubiese dejado caer.

Althea le enseñó sus habitaciones. La suite estaba decorada en tonos azulados y verdosos. El amplio cuarto de baño era de color blanco y estaba provisto de todo tipo de cosméticos. También tenía un vestidor con estanterías y armarios hechos a la medida.
Miley se quedó pensando lo ridicula que resultaría su ropa en aquel entorno tan elegante. Luego se puso a pensar en qué parte del dormitorio instalaría la cuna de Melanie.

Pero de pronto se dio cuenta de que iba a serle imposible ocuparse de su hermana. ¡Si no podía sujetar un biberón, ni una tetina! Tendrían que ocuparse de ella Lefka o su hija.

—¿Dónde va a dormir Melanie? —le preguntó a Althea, que estaba esperando a que le hiciera la lista de cosas que necesitaba.

¡Pero, si ni siquiera podía escribir en un papel! Tendría que dictársela a Althea.

Con voz tímida y pausada, Althea intervino.

—Mamá sugiere, si le parece bien, que puede dormir junto a mi cama.

Por la noche, estarían separadas no solo por una habitación sino por un piso entero.
Miley se encontraba perdida, como en un barco sin timón.

En un momento confeccionaron la lista. Al fin y al cabo, solo necesitaba algo de ropa limpia y varios artículos de higiene. Cuando Althea se fue a buscar a su padre, a
Miley le asaltó otra idea que la dejó paralizada. La hija del ama de llaves, acostumbrada a aquella mansión, se daría cuenta del destartalado entorno en el que convivían Miley y su hermana

«Pero, ¡ay, Miley Cyrus! El orgullo es un ma de haber caído en aquella trampa. ¿Acaso no había aprendido la lección hacía varios años, cuando perdió a todas sus amistades, su casa e incluso parte de la ropa que la cubría?
Miley divisó un albornoz blanco colgando de la puerta del cuarto de baño y decidió usarlo. Entonces comenzó a quitarse la ropa sucia: fue una lucha desesperada. compañero». Al instante,  Miley se sintió avergonzada

Deseaba que Althea volviera pronto, porque no podría ponerse ninguna prenda hasta que ella volviera Se quedó así desnuda en medio de la habitación, y vio su reflejo en un espejo de tamaño natural.

La imagen que pudo observar la dejó paralizada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario