jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 26.-



La habitación permanecía en penumbra, dado que un biombo plegable estaba colocado ante la ventana. El aire era agobiantemente caliente. Aún así, la señora estaba envuelta en una manta desde la barbilla hasta los pies. Era evidente que necesitaba calentar el débil paso de la sangre por sus venas.

No obstante, sus ojos pequeños y redondos de color ámbar tenían una expresión bien despierta. Le dijo algo a su nieto en griego y él le contestó con amabilidad.

—Deberías estar avergonzado —le regañó ella, hablando esta vez en inglés.

—Lo que estoy es resignado —contestó Nick—. Por lo pasado y por lo reciente. Las dos cosas me han amargado la vida.

A Miley le sorprendió que la abuela estallara en una sonora carcajada.

—Hablaré más tarde contigo —le dijo la anciana a su nieto cuando se recuperó de la risa.

Tan perceptiva como su nieto, la abuela logró leerle el pensamiento a
Miley.

—Estás asustada, ¿verdad? —dijo la vieja dama—. Sin duda, tienes miedo de lo que pueda pensar de ti apareciendo junto a mi nieto con esa falda tan corta. ¿Acaso no te ha dicho tu madre que la carne de los hombres es débil?

—Mi madre ha muerto —respondió
Miley.

—Pues, entonces tu padre —insistió la abuela.

—También está muerto —contestó esta vez Nick—. Y deberías saber, abuela, que molestar a la gente con preguntas inoportunas es algo que no deben hacer ni las ancianas como tú...

La vieja dama ignoró la expresión de asombro de
Miley y le rogó a su nieto que se acercara.

—Oh, vamos. Dame un beso.

Nick dio unos pasos y se inclinó sobre su abuela, la besó y ambos intercambiaron unas palabras en griego. Sin saber por qué,
Miley se sintió triste.

—Y ahora, tú —le dijo la abuela a la joven. 
Miley se acercó y la besó en la mejilla llena de arrugas.

—¿Qué te has hecho en la mano? —le preguntó la vieja dama.

Dulce se lo explicó. Entonces, la anciana se descubrió el brazo izquierdo y trató de levantarlo, en vano.

— Yo tampoco lo puedo mover —murmuró ella tristemente.

Entonces,
Miley llena de comprensión, la besó impulsivamente en la otra mejilla. La vieja dama aceptó su reacción mostrando cierta tristeza.

Sin embargo, su voz era arisca como nunca cuando tomó de nuevo la palabra.

—Ahora, marchaos —les ordenó—. Estoy cansada. Te veré luego, Nick, antes de retirarme. 
Miley se acercó a Nick.

—Por supuesto —accedió el hombre.

—Pero quiero que vuelvas mañana para hablar del vestido de novia —le dijo la anciana a
Miley—. Veremos si podemos añadirte unos diez años más y así evitar un nuevo escándalo en la familia.

Dulce se quedó pensando a qué otro escándalo se referiría. Pero Nick le puso la mano en la espalda y la instó a caminar.

—A mí me gusta tal y como es —dijo el hombre antes de salir, con firmeza.

—¿Piensas que acaso no lo sé? —repuso la anciana. Nick se echó a reír y siguió haciéndolo mientras cerraba la puerta.

—Le hace sentirse fuerte discutir conmigo —le explicó él a 
Miley.

—Sí, ya me lo imagino —sostuvo ella, mientras se alejaban por el pasillo.

—Sé que resulta arisca —añadió Nick—. Pero es, simplemente, que se siente impotente por la edad.
Miley pareció comprenderlo y aquello alivió a Nick.

—La abuela va directamente al grano —continuó explicando el hombre—. Pero no tenía la intención de ofenderte respecto a tus padres.

—Lo sé —dijo
Miley—. No tienes que darme más explicaciones. Ella me gusta.

— ¡Estupendo! —exclamó Nick, mientras llegaban al arco que dividía las dos zonas del pasillo.

Ambos por separado se hicieron a un lado para dejar pasar al otro, de forma que se encontraron frente a frente.
Miley dejó de respirar, y tuvo la sensación de que había ocurrido lo mismo con Nick. Ante tal tensión, Miley intentó escapar pero Nick le puso la mano en el talle. La estrechó contra él y la besó apasionadamente.

Era inútil intentar darle otro significado al beso: era puro y simple deseo. Incluso ella que apenas tenía experiencia lo había reconocido y no lo iba a ignorar.

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