jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 25.-



EXPECTANTE y nerviosa ante la dura prueba que iba a pasar, Miley buscó desordenadamente entre las perchas de su nuevo guardarropa y decidió ponerse un vestido de lino gris piedra. Lo llevó al dormitorio y lo puso sobre la cama.

Cuando estaba intentando ponerse unas medias de seda, se dio cuenta de que le iba a ser imposible hacerlo únicamente con una mano. También cayó en la cuenta de que no iba a poder subirse la cremallera del vestido sola.

Jadeante a causa del esfuerzo, 
Miley estaba en bragas y sujetador a punto de elegir otra cosa que ponerse cuando de pronto alguien golpeó suavemente la puerta que daba al pasillo.

Entreabrió ligeramente y escudriñó de quien podía tratarse. Era la chica que se parecía a Althea.
Miley estaba tan aliviada de que no fuera Nick el que la pillara desnuda otra vez, la recibió entusiasmada.

— ¡Gracias a Dios! —exclamó
Miley, aliviada—.

¿Hablas inglés? Sí... Entonces me vas a ayudar a abrocharme la cremallera del vestido, ¿verdad?

Corriendo hacia la cama tomó el traje, consciente del paso de los segundos. En vez de pasar aquella prueba, lo que le apetecía era tumbarse en la cama cómodamente. Le empezaba a doler el cuello por haber sostenido el cabestrillo durante todo el día.

Además estaba tremendamente tensa por la presión de los acontecimientos.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó
Miley a la doncella, mientras ella le subía la cremallera.

—Me llamo Lissa —contestó tímidamente la chica.

Con toda seguridad, se estaría preguntando si
Miley tenía cerebro, puesto que hacía menos de una hora que le había dicho como se llamaba.
Miley pensó que estaba en lo cierto, porque su mente se había quedado en blanco desde el momento en que Nick la había besado en el jardín.
Miley intentó esforzarse por no pensar en ello.

Para su consternación, cuando Nick fue a recogerla, emitió una risa ridicula y sacudió la cabeza, incapaz de creer lo que estaba viendo. 
Miley siguió el rastro de su mirada y descubrió qué era lo que le preocupaba.

Ella cayó en la cuenta de que el vestido era demasiado corto. Trató de ponerse en el lugar de una anciana de noventa y dos años. La iba a ver como a una mujer alta, de largas piernas que sería sin duda una descarada lagarta.

—Ahora mismo me cambio —le anunció a Nick bruscamente.

—No lo harás —repuso él—. Estás muy bien así.

—Estoy segura de que no era lo que pensabas nada más verme.

Nuevamente, Nick se echó a reír.

—No vas a querer saber cuales fueron mis pensamientos.

Y antes de que
Miley pudiera decir nada, añadió:

—Es mejor que nos vayamos ya.

Nick le tomó firmemente la mano y cruzaron la habitación en dirección a la galería del rellano. El hombre caminaba primero y el calor de su mano reconfortó a
Miley, lo que no dejó de sorprenderla.

Una vez en el piso de arriba atravesaron un arco que daba acceso a otra ala de la mansión.

El pasillo estaba oscuro y el ambiente era sofocante y excesivamente silencioso. Finalmente, llegaron a una puerta doble.

—¿Dónde está Melanie? —preguntó
Miley en voz baja.

—El cuarto de los niños está en la otra parte de la casa —respondió Nick—. Mi abuela no la conocerá hoy.

—Pues yo pensé que era precisamente por ella por lo que estábamos aquí —adujo
Miley, confusa.

—Mi abuela tiene noventa y dos años —explicó Nick—. Tiene un código moral muy distinto al nuestro. No querrá ver a la niña hasta que estemos casados.
Miley pensó lo estupendo que sería conocer a una anciana cuyo código moral la definiría como una mujer fácil, e irresponsable.

Enseguida pensó que había hecho mal eligiendo ese vestido tan corto, pero entonces ya estaban frente a la abuela de Nick. Este, tenía un brazo sobre los hombros de
Miley, mientras la anciana la taladraba con la mirada.

La joven estudió a su vez a la anciana. Era delgada y tenía un aspecto muy frágil. Estaba sentada en una butaca pasada de moda que no desentonaba con el entorno de sus otras pertenencias.

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