jueves, 2 de febrero de 2012

Cap 22.-



Si no hubiera tenido a Melanie en brazos, se habría arrojado sobre ella como un lobo voraz. A continuación, Nick cambió de postura ligeramente. Deslizó la mano que sujetaba el talle de Dulce hacia lo alto de su espalda con tanta ansia y fruición que ambos se vieron sumidos en una vorágine inconmensurable de deseo.

Aquello era una locura, se repetía Miley una y otra vez. Se suponía que no iba a ocurrir nada parecido. Habían hecho un trato en el que no había lugar para la intimidad.

Nada de intimidad. Pues si eso no era intimidad, entonces, ¿qué es lo que sería? Aún podía oler el suave aroma de su colonia de hombre que la envolvía por completo.

Incluso sus costillas magulladas no se atrevían a quejarse por el contacto con el pecho de Nick. El corazón de
Miley palpitaba salvajemente, demasiado ocupado combatiendo el feroz ataque que le estaba infringiendo el hombre.

Entonces, Nick gimió de nuevo y al cabo de un instante soltó a 
Miley, que se tambaleó desorientada. Tenía las piernas de plomo y los ojos llenos de niebla. Ella comenzó a dar tumbos alejándose de la terraza.

—¿Dónde vas? —preguntó él con voz ronca, lo que la hizo inmovilizarse.

—No sé... —contestó
Miley sinceramente, sin pensar en lo estúpida que podía resultar.

Ella tuvo ganas de que la tierra se la tragase para no tener que enfrentarse a él.

Aunque sabía muy bien lo que se encontraría, un granuja que se había apropiado de un beso suyo.

Un granuja, que estaba acunando en sus brazos a un bebé...
Miley  soltó una carcajada que resonó en la quietud de la tarde.

Sin embargo, no actuó como un granuja cuando le dijo:

—Vuelve conmigo,
Miley. Aquí estás a salvo, créeme...

A salvo, se repitió ella. Entonces de sus ojos brotaron las lágrimas. Se las secó y tomó aire antes de dar media vuelta.
Miley no lo miró a los ojos, porque entonces no pararía de temblar. Entonces, fue él quien se acercó a ella. Miley se vio inmersa en un mar de deseo que le impidió articular palabra.

Nick debió de entenderlo y mantuvo el silencio. Ella fue consciente de la facilidad que tenía para leerle el pensamiento.

Aquello la convertía en un ser patéticamente transpárente, se dijo a sí misma mientras caminaban los dos a lo largo de la terraza. Trató desesperadamente de sacar algún tema de conversación para hacer como si el beso no hubiera tenido lugar. Y lo encontró cuando oyó el sonido de un coche que le recordó a Desmona.

—¿Desmona vive en esta casa? —preguntó ella.

—Tiene su propio apartamento en Atenas —contestó Nick—. Pero viene a ver a mi abuela muy a menudo. 
Miley, escúchame...

—Oh, sí —le cortó ella, consciente de que iba a hacer algún comentario acerca del maldito beso que no querría oír—. Entonces no tendré que estar pendiente de que me apuñale por la espalda.

Juntos se dirigieron hacia una amplia escalera pintada de blanco con los muros de color crema. Daba a un rellano que tenía una galería. Todo aquello era realmente señorial.

La mente de
Miley se paralizó cuando de pronto se vio observada por toda una fila de rostros expectantes y sonrientes.

Ella se preguntó con qué la sorprenderían a continuación, mientras se dedicaba a contemplar a los empleados de la casa. Las mujeres llevaban un uniforme de color rosa y los hombres iban vestidos con pantalones oscuros y camisas blancas.

Dulce recordó súbitamente los últimos acontecimientos.

—¿Crees que nos habrán visto? —le preguntó a Nick, muerta de vergüenza.

—Si lo han hecho ya no tendremos que elaborar nuestro plan.

Entonces fue cuando
Miley se dio cuenta del significado del beso. Formaba parte de la trama que se había inventado Nick. En realidad, no había sido algo instintivo sino lo más apropiado para hacer como si su unión fuese auténtica.

Se sintió engañada, o peor aún, utilizada.

—Y ahora, ¿podemos terminar con esto de una vez? —preguntó Nick demostrando lo despiadado que podía llegar a ser.

El hombre la instó a caminar con un ligero toque en la espalda. Durante los cinco minutos siguientes, pasaron revista a toda una serie de rostros que ansiaban ver la cara del bebé que llevaba Nick en brazos.

Sin embargo,
Miley solo se fijó en una chica de la edad de Althea que estaba al final de la fila. Dio un paso adelante y le ofreció a Nick tomar el bebé en sus brazos. Mientras Miley permanecía de pie a la vista de todos, el magnate intercambió unas palabras con la chica y le entregó a Melanie.

—No puedo creer que me hayas hecho pasar por esto —exclamó 
Miley, cuando iban subiendo la escalera camino del primer rellano.

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