miércoles, 1 de febrero de 2012

Cap 14.-



—¿Qué tal se ha portado? —preguntó la invitada con cierta ansiedad.

—Como un ángel, según me ha dicho Lefka, que está loca con el bebé —respondió Nick—. Y no la culpo por ello.

Miley se dio cuenta de que estaba siendo sincero, viendo cómo miraba a la niña.

—Está despierta —repuso Nick—. ¿Quieres tomarla en brazos?

—Oh, sí, por favor —contestó 
Miley.

Solo ella podía saber lo que significaba volver a tener a Melanie a su lado. Desde que había muerto su madre, no se había separado de ella ni un momento.

—Si te sientas y te pones cómoda la puedes poner en tu regazo —le sugirió Nick.
Miley no se lo pensó dos veces. Se instaló en una elegante butaca y tomó al bebé.

En cuanto Melanie reconoció a
Miley su boca diminuta esbozó una sonrisa.

—Te ha reconocido —dijo Nick asombrado.

—Por supuesto, soy su madre adoptiva —adujo
Miley—. ¿No es cierto, pequeña?

Entonces, olvidando por completo a Nick Jonas, la invitada se dedicó a jugar con el bebé, mientras la niña seguía los juegos de su hermana mayor atentamente.

La cena fue muy agradable. No fue nada especial: consistió en arroz blanco con tiras de pollo frito.
Miley fue perfectamente capaz de comerlo utilizando solo una mano.

Nick tomó vino de color rojo oscuro, pero
Miley prefirió beber agua. Charlaron tranquilamente. Mejor dicho, charló ella largo y tendido sobre su vida, animada por las preguntas que le formulaba su acompañante.

Terminaron de cenar y 
Miley no quiso tomar postre. Ambos se instalaron en el salón. Fue entonces cuando le formuló a Nick la pregunta que había tenido en la punta de la lengua todo el día.

¿Solo habían estado juntos un día? Ante tal constatación,
Miley se quedó sorprendida. Le daba la sensación de que había convivido con aquel enigmático desconocido toda una vida.

—¿Por qué mandaste a mi tía al extranjero? —le interrogó ella.

Sentado en una de las butacas, Nick jugó distraidamente con la copa de vino que tenía en la mano, mientras estudiaba el semblante de 
Miley.

—Estaba muy unida a ti y a tu madre, ¿verdad? — dijo él, evitando la contestación con una nueva pregunta.

Sin embargo,
Miley le respondió.

—Nunca se llevaron bien. Mi madre era...
Miley temió emitir una crítica hacia aquella persona a quien adoraba, pero lo cierto era que se trataba de algo de dominio público.

—... un poco frivola —prosiguió ella—. La tía Laura era la hermana mayor: mucho más fuerte... y mucho menos guapa. La gente estaba deseosa de mimar a mi madre.
Miley se quedó pensando que incluso ella lo había hecho.

—A la tía Laura le habría gustado ser como mi madre —continuó 
Miley—. No obstante, es una feminista convencida con un gran talento para los negocios y sabe utilizarlo.

Nick asintió sin decir una palabra, alentándola a seguir.

—Ella no tiene tiempo para sentimentalismos. La tía Laura piensa que cuando algo va mal hay que solucionarlo o deshacerse de ello para empezar de nuevo desde cero.

—¿Y en qué parte estáis incluidas Melanie y tú?

—Ella quiere que deje a Melanie en adopción; explícame tú a qué categoría corresponde eso —adujo
Miley cínicamente.

—Deduzco por tu respuesta que todavía no sabes si seguir su consejo o no —repuso Nick.

«¡Qué tipo tan sagaz!», pensó
Miley, constatando que había dado en el blanco.

—¿Por qué no tratas de contestar a mi pregunta para variar? —le sugirió ella llena de furia—. Dime, ¿por qué la enviaste al extranjero si era evidente que yo la iba a necesitar?

—No necesito contestar a la pregunta —respondió Nick con calma—, porque ya lo has hecho tú por mí.

—¿Qué quieres decir? —continuó
Miley, frunciendo el ceño.

» Esta vez, tampoco mostró mucho interés en responderla. Ella lo estaba estudiando mientras observaba la copa de vino. Parecía como si estuviese sopesando varias opciones.
Miley se preguntó cuales serían esas opciones, inmersa en un mar de confusión. ¡Si ni siquiera sabía por qué le estaba leyendo el pensamiento a aquel hombre! Ella estaba esperando a que Nick se pronunciara de alguna manera, llena de ira y frustración.

Entonces fue cuando él le anunció:

—Tengo que hacerte una propuesta. Y Nick se puso en pie. Estaba claro que ya había tomado una decisión.

—Pero, es mejor que pasemos a mi despacho antes de continuar —prosiguió el hombre—. Quiero que estemos a solas y Lefka y Althea pueden pasar por el salón en cualquier momento.

Dio media vuelta y se introdujo a grandes zancadas en su despacho, esperando que
Miley lo siguiera. Ella accedió pero se mostró muy tensa, tanto como cuando apenas lo conocía.

Cuando
Miley le alcanzó estaba en el centro de su estudio, junto a un aparador de roble antiguo. En la superficie reposaba una bandeja con botellas de licor.

Sin decir una palabra, Nick seleccionó una de ellas y se sirvió una copa.

Era evidente que necesitaba algo más fuerte que el vino para exponerle esa propuesta. Mientras esperaba sus palabras, a
Miley le palpitó el corazón a toda velocidad.

—Envié a tu tía al extranjero en viaje de negocios porque quería mantenerla lo más lejos posible de ti — argüyó Nick.

Dulce se quedó atónita.

—Pero, ¿por qué? ¿Por qué querrías hacer una cosa así?

Nick no contestó de inmediato. En vez de eso, bebió un sorbo de licor, añadiendo más tensión aún.

Aquella tensión era extraña, estaba henchida de una turbia sensación, que incomodaba hasta al mismo Nick. A
Miley le dio la impresión de que a pesar de haber tomado una decisión aún se encontraba luchando consigo mismo

—Tengo un problema personal que puede causarme muchas molestias —dijo finalmente—. No obstante, he encontrado una solución práctica. Pero requiere la presencia de una esposa y una hija en mi vida. Ya que te he conocido hoy y he visto como y donde vives, se me ocurre que puedes ser una buena candidata...

—¿Para qué? —preguntó
Miley, completamente perdida.

Nick se dedicó a agitar ligeramente la copa de licor haciendo una pequeña mueca de esfuerzo.

—Para ser mi esposa.

Y levantando la vista, y mirándola a los ojos, le dijo:

—Te estoy pidiendo que te cases conmigo, Miley...

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