miércoles, 1 de febrero de 2012

Cap 8.-



No es que fuera distante, sino que estaba encantado de serlo. Miley sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

De pronto, el coche se paró.

—Ya hemos llegado —anunció Nick inclinándose para desabrocharle el cinturón de seguridad

De inmediato, 
Miley notó cómo se le aceleraba el ritmo cardíaco tratando de separarse de su contacto.

—No tengas miedo —le susurró él al oído—. No debes temer nada de mí.

—¿No? —repuso
Miley.

Ella deseó que aquello fuera posible. Una hora antes lo habría podido creer. Pero ahora, aquel hombre había logrado alterarla, produciéndole cierto malestar.

Nikos, el chófer, abrió la puerta y le ofreció su ayuda para salir. Sintiéndose confusa ignoró tercamente su ofrecimiento y bajó del vehículo por sus propios medios. Aquello le costó caro: súbitamente sintió todo tipo de dolores y tuvo que asirse al maletero para no caer.

Podía reconocer esa calle y los alrededores. Ese lugar se encontraba varias calles más arriba de la residencia donde solía vivir cuando vivía su padre. No obstante, aquella parte de Holland Park era mil veces más distinguida.

Por lo menos, ya sabía donde estaba si tenía que salir corriendo. Con ese consuelo, observó como el chófer sacaba a Melanie de su asiento y se la entregaba a Nick Jonas.

El bebé estaba feliz, envuelto en una mantilla que le había tejido amorosamente su madre durante el embarazo. Sin saber por qué y en ese preciso momento, sintió un ataque de posesividad. Entonces arrancó a la niña de los brazos del hombre.

Puede que él notara su resentimiento porque se volvió y dijo:

—¿Estás bien?

«No», pensó 
Miley, «no estoy bien. Quiero que me des a mi hermana y que podamos marcharnos a casa. Porque mi instinto me dice que no me fíe de ti».

Tía Laura..., tía Laura... le canturreaba el cerebro a 
Miley, tratando de usarla como excusa por estar en aquella casa.

En cuanto llegaron a la entrada abrió la puerta una señora regordeta con una cálida sonrisa en los labios. Tenía el mismo color oscuro de pelo que el chófer. En cuanto vio a Melanie soltó un grito de alegría y se puso a batir pahuas antes de recibir al bebé.

—Es Lefka, mi ama de llaves —le informó Nick Jonas mientras dejaba a la cría en brazos de la mujer—. Como verás, está encantada de cuidar a Melanie, mientras estés aquí.

—Pero... —
Miley comenzó a protestar.

El ama de llaves empezó a hablar en griego y se dirigió con la niña hacia el interior de la casa.

— ¡Habitualmente tiene muy buenos modales, no como hoy! —comentó Nick secamente.

Luego, el banquero invitó a 
Miley a entrar en la mansión.

El interior era aproximadamente como se lo había imaginado ella. Era un lugar amplio y cálido, decorado con una mezcla de estilos clásico y moderno.

Unas manos diestras retiraron la chaqueta de sus hombros. 
Miley miró a su alrededor.

—Gracias —murmuró, a pesar suyo, puesto que sin la prenda se encontraba incómoda.

Cuando atravesó el vestíbulo deseó con toda su alma encontrar a la tía Laura en el salón contiguo.

El estudio del banquero era realmente acogedor, con el fuego encendido en la chimeneay las paredes forradas con madera de roble. Paseó la mirada por toda la estancia, pero no había ni rastro de la tía Laura.

Tras 
Miley la puerta se cerró. Ella se lanzó contra Nick.

—¿Dónde está mi tía?

—Yo nunca te dije que tu tía estaría aquí —repuso él echando chispas con la mirada.

El despacho estaba presidido por una mesa perfectamente ordenada.

Pero
Miley no estaba segura de lo que había dicho realmente. No obstante, había tenido la sensación de que se la encontraría allí.

—Entonces, ¿por qué nos has traído aquí?~—le preguntó ella desconcertada.

Nick estaba de pie junto a su escritorio y se había puesto a manejar un ordenador portátil. Dejó de mirar la pantalla para fijar sus ojos en los de
Miley. A ella se le pusieron los pelos de punta.

—Pensé que era algo evidente —repuso él, volviendo su mirada al portátil—. Estás hecha una pena, francamente. Y no puedes ocuparte de ti misma y menos aún de un bebé. Por eso te quedarás aquí conmigo.

—Pero, yo no quiero quedarme —exclamó
Miley,horrorizada.

—No era consciente de que tuvieses otra opción —prosiguió Nick.

Pero, ¿quién se creía que era?

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