miércoles, 1 de febrero de 2012

cap 7.-



—No deberías haberte molestado —repuso Miley—. Ya has hecho bastantes cosas por mí.

—No tiene importancia —comentó Nick, mientras elevaba la luna de nuevo.
Miley estaba acomodándose en su sitio cuando la asaltó una idea.

—El asiento no es nuevo, ¿no es cierto? —adujo ella—. Se lo habéis pedido prestado a alguien, ¿verdad?

«¡Ojalá lo hayáis pedido prestado!», pensó
Miley fervientemente.

La mirada que le dirigió Nick fue toda una respuesta.

—Pero, ¡menudo gasto! —exclamó Miley—. No voy a poder pagártelo.

—No esperaba que me lo pagaras —sostuvo Nick.

Era evidente que para él ese gasto no suponía ningún esfuerzo económico. Y como si le aburriera hablar del tema, el hombre miró por la ventana como se deslizaba el coche por la calle.

Pero 
Miley no se iba a dar por vencida.

—Le diré a. mi tía que te devuelva el dinero —insistió ella.

—Olvídalo —dijo Nick.

—Pero no quiero olvidarlo —estalló
Miley—. Detesto que me mantengan.

Con arrogancia, Nick ignoró sus palabras.

—Abróchate el cinturón de seguridad —le sugirió el hombre—. El asiento ya está comprado, cualquier discusión es inútil.
Miley se dispuso a abrocharse el cinturón, con la cabeza baja. Nunca nadie la había intimidado tanto en su vida, ni siquiera la tía Laura.

—No puedo permitirlo —exclamó ella al cabo de unos segundos, con lágrimas en los ojos.

Con un gesto lleno de gracia, Nick se inclinó y tomó el cierre de la mano temblorosa de
Miley y con cuidado de no lastimarla lo enganchó correctamente.

Cuando Nick levantó la mirada, vio que ella estaba llorando y dio un suspiro.

—No te molestes por mi forma de actuar. No estoy acostumbrado a dar explicaciones sobre lo que hago. La culpa es mía...

—Sí, pero no deberías haber comprado...

—Lo hecho, hecho está —adujo Nick, tratando de dominar su impaciencia.

Con un tono más suave prosiguió, cambiando de tema.

—¿Cómo está tu muñeca?
Miley se miró la escayola y notó un dolor persistente alrededor del pulgar.

—Bien, gracias —mintió ella.

Le dolían terriblemente el brazo, la cabeza y las costillas. Cerró los ojos y trató de relajarse. Estaba tan agotada que se habría quedado durmiendo durante todo un año. Pero no iba a poder dormir. Tendría que ocuparse de la niña con la escayola y todo.

La sugerencia de la tía Laura le estaba tentando por momentos. De pronto abrió los ojos espantada.

—¿Qué ocurre? —preguntó Nick alarmado.

—Nada —respondió ella sacudiendo la cabeza.

¿Cómo le iba a contar que la alta ejecutiva que trabajaba con él estaba dispuesta a deshacerse de su propia sobrina antes que a ayudarla? La tía Laura era mala, una mala persona.
Miley se sorprendió de haber barajado de nuevo la idea de dejar a Melanie en adopción.

La ojeras de su rostro se volvieron más pronunciadas: los problemas seguían cerniéndose sobre su futuro.

Entonces Dulce empezó a pensar en otras cosas. De pronto fue consciente de que la zona de Londres que estaban recorriendo le resultaba familiar. Ella había vivido allí hacía unos tres años.

Pero aquello estaba realmente lejos del East End en el que vivía ahora. Sus ojos se encontraron con los de Nick Jonas que la miraba ansiosamente.

—Por aquí no se va a mi apartamento —comentó 
Miley obviamente.

Los ojos negros del griego no pestañearon.

—No —respondió él—. Vamos a mi casa. Su casa... 
Miley trató de poner en funcionamiento el sistema de alarma de su cerebro.

—Entonces, el chófer te va a dejar a ti primero, ¿no es cierto? —adujo ella.

—Vamos todos juntos a casa —repuso Nick.

—Pero, ¿para qué? —preguntó
Miley—. ¿Acaso estará mi tía allí?

Chris la miró a los ojos unos instantes sin contestar.
Miley se fijó en que el hombre era realmente atractivo. Tenía unos rasgos marcados y una piel muy bonita. Era una pena que estuviera cubierto siempre de una fría máscara de indiferencia...

Luego ella pestañeó y se dio cuenta de que no la había respondido. Se encontró con que Nick era plenamente consciente de sus pensamientos. Y lo peor era que no le importaban en absoluto.

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