miércoles, 1 de febrero de 2012
Cap 6.-
LOS ojos de Miley se abrieron al notar la caricia de una mano. Era el jefe de su tía, el importante magnate de la banca.
—¿Cómo se encuentra? —le preguntó el hombre educadamente.
—Un poco aturdida —contestó Miley con una mueca. El hombre sacudió su oscura cabellera.
—Necesita cierto tiempo para recuperarse de la anestesia —le aconsejó—. Cuando se haya repuesto podrá marcharse a casa.
Volver a casa... ¡Sonaba tan bien! Tanto que inmediatamente se sentó e intentó ponerse de pie. Fue entonces cuando se dio cuenta del estado en que estaba su ropa. Los vaqueros tenían manchas de polvo y alquitrán y la camisa había perdido la mitad de los botones.
Con razón el hombre la había tapado con su chaqueta. Pero al fin y al cabo, era normal que tuviera ese aspecto después de un día tan ajetreado. Sin embargo, aquel desconocido que la estaba observando penetrantemente, tenía un aspecto impecable. Y eso que se había pasado el día rescatando a damas en apuros y bebés abandonados...
— ¿Dónde está Melanie? —preguntó Miley de pronto.
Se sentía culpable de haber olvidado a su hermana con tanta facilidad.
Por primera vez, el hombre pareció enfurecerse.
—Había imaginado que confiaría en mí para poner en buenas manos a su hija —dijo él con cierta impaciencia.
—¿Por qué? —le desafió Miley—. ¿Solo porque mi tía Laura trabaja para usted?
La espalda robusta del banquero se puso rígida. Y aquel movimiento le afectó a ella de inmediato.
—El hecho de que me haya recogido de la calle y me haya traído hasta aquí en vez de haberse marchado a Milán no le otorga mi confianza —exclamó Miley , poniéndose de pie temblorosamente.
—Madrid —la corrigió ausentemente el banquero. ¡Como si eso tuviese mucha importancia!
—No lo conozco de nada —continuó Miley—. Pero podría ser perfectamente uno de esos tipos raros que se aprovechan de las mujeres jóvenes e inocentes en situaciones difíciles.
Lo que acababa de decirle era algo realmente duro. Sobre todo, teniendo en cuenta todo lo que había hecho por ella a lo largo del día. El hombre frunció el ceño, y Miley se arrepintió de sus palabras al instante.
Ella iba a disculparse, pero el magnate la interrumpió.
—Debe de ser muy joven, seguro que no tiene más de dieciocho años. Y está claro que está en apuros. Cualquiera que la vea puede darse cuenta de que las ojeras y la cara de cansancio no se deben a un leve accidente de tráfico. Pero lo que no creo es que sea una criatura inocente, habiendo dado a luz a una niña, señorita Cyrus. Es completamente imposible.
Era evidente que el hombre había cometido dos errores. El primero al pensar que solo tenía dieciocho años. Y el segundo creyendo que Melanie era su hija.
La tía Laura no se había molestado en darle ninguna explicación. Entonces, ¿quién se creía que era juzgando de ese modo a las personas?
—No tengo dieciocho años, tengo veintiuno — sostuvo Miley furiosa—. Y Melanie no es mi hija... es mi hermana. Nuestra madre murió dos semanas después del parto. Y si usted no hubiera mandado a mi tía a solucionar asuntos urgentemente, ella misma se lo estaría explicando todo. Por lo tanto, por favor no me insulte. Si soy inocente o no, no es algo de suincumbencia.
Antes de que él pudiera responder, se abrió la puerta y apareció una enfermera con Melanie en brazos.
—Oh, veo que está despierta —comentó la mujer sonriendo, ajena al enrarecido ambiente.
Se acercó a la cama y depositó suavemente al bebé en el regazo de Miley.
—Le hemos dado el biberón, la hemos cambiado el pañal y sobre todo la hemos estado mimando —prosiguió la enfermera—. Por lo tanto, no tiene que preocuparse por su bienestar en las próximas horas.
—Gracias —murmuró Miley educadamente—. Han sido ustedes muy amables.
—No hay de qué —respondió la enfermera—. Cuando se encuentre bien puede abandonar el hospital.
Dio media vuelta y se marchó cerrando la puerta y dejando tras de sí el ambiente hostil de antes.
Como Miley no podía hablar ni apenas respirar, se entretuvo comprobando como estaba la pequeña. Como la enfermera le había asegurado, Melanie estaba encantada. Miley le acarició su suave mejilla con la mano izquierda.
—Lo siento —se disculpó el hombre de pronto—. Por... el altercado de hace unos instantes. No tenía ningún derecho a hacer comentarios sobre su vida o su comportamiento moral. Me siento avergonzado.
Miley aceptó sus disculpas asintiendo con la cabeza.
—¿Quién es usted? —preguntó ella—. Quiero decir, ¿cómo se llama? Es ridículo pensar que llevamos todo el día juntos y todavía no sabemos como nos llamamos.
—¿Tu tía nunca te ha hablado mí?
—Solo me ha dicho que trabajaba con el presidente de un banco mercantil.
El hombre pareció desconcertado por sus palabras.
—Me llamo Nicholas Jonas, Nick —se presentó él—, y soy griego. Miley asintió con la cabeza.
De nuevo se hizo el silencio, pero ahora era menos hostil. Sin embargo, no resultaba menos embarazoso. Era todo muy raro, como si fuera un sueño.
Luego, él se dirigió hacia el otro lado de la cama.
—Quizás sea mejor que nos vayamos —sugirió el hombre finalmente.
—Oh, sí —contestó Miley, dispuesta a sujetar al bebé con el brazo sano. Pero él se anticipó.
—Yo la llevaré —insistió el hombre, tratando de no herir sus sentimientos—. Puede que te venga bien llevar otra vez mi chaqueta. Está oscureciendo y hace frío fuera...
Miley asintió y él se quitó la prenda y se la puso sobre los hombros. Tomando a Melanie en brazos, el hombre sin más palabras acompañó a Miley a la salida del hospital.
Como muy bien decía él, hacía frío. Sin embargo, tras un par de segundos apareció su coche del que salió un chófer uniformado.
Saludó al banquero con el sombrero y abrió la puerta trasera invitando a entrar a Miley.
Una vez acomodada, tardó unos instantes en recuperar el aliento por el esfuerzo que aquello había supuesto para sus costillas contusionadas. Entonces fue consciente del lujo que la rodeaba: la tapicería de cuero y toda la parafernalia de mandos y aparatos de telecomunicaciones.
Era todo muy decadente, muy Nicholas Jonas, se dijo a sí misma Miley, mientras su acompañante se sentaba a su lado, sin Melanie
—No te preocupes por la niña —dijo Nick anticipándose a su preocupación—. Está perfectamente.
Y alzando la ventanilla que dividía el compartimento de los pasajeros con el del conductor, Miley se inclinó con cuidado. Allí estaba Melanie, sentada en un asiento de coche especial para bebés al lado del chófer sonriente.
¿Habían comprado un asiento de coche exclusivamente para Melanie?
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