miércoles, 1 de febrero de 2012
Cap 5.-
Miley se sintió avergonzada. Tampoco sabía muy bien por qué: al fin y al cabo se trataba de un extraño.
Sin embargo, se volvió para observar la expresión de desagrado que reflejaba aquel rostro tan atractivo.
Miley se sintió molesta.
Como para humillarla aún más, del otro lado de la habitación se oyó un suave gorgoteo.
Entonces, Miley se quitó a toda prisa la chaqueta del desconocido y se la tiró bruscamente.
Él se quedó perplejo.
—No tenía por qué haber venido —le gritó ella—. Es más, preferiría que no lo hubiera hecho.
— ¡Miley! —exclamó su tía, furiosa.
—Me importa un bledo —sostuvo ella—. Lo único que quiero es que os vayáis de aquí.
Cruzó la habitación y se dirigió hacia donde estaba la cuna de Melanie. La niña estaba durmiendo tranquilamente.
Súbitamente, a Miley le brotaron las lágrimas. Cuando se inclinó para ver al bebé, se dio cuenta de que le dolían la muñeca y las costillas.
Se hizo el silencio. Aún no se habían marchado y ella empezó a notar un temblor acalorado por todo el cuerpo.
—Por favor, vayanse —les rogó.
A continuación, Miley se desmayó.
Puede que el hombre lo viera venir. El caso es que, él la recogió en sus brazos a medida que la cabeza y las piernas de Miley perdían fuerza. Finalmente, se oyó una sirena de ambulancia.
Ella no tuvo certeza de lo que ocurrió a continuación. Solo recordaba el viaje en la ambulancia en compañía del jefe de su tía, que llevaba en sus brazos a Melanie.
La que no estaba era la tía Laura.
—Vendrá más tarde —repuso el desconocido, cuando Miley preguntó por ella—. Tenía que atender unos asuntos urgentes.
Dulce frunció el ceño y se preguntó por qué no se ocupaba él de sus propios asuntos urgentes. Pero entonces llegaron al hospital y a ella la llevaron directamente al servicio de rayos-x.
Los médicos le dijeron a Miley que tenía una contusión en las costillas. Sin embargo, el hueso escafoide de la muñeca estaba fracturado y se lo tendrían que escayolar.
—¿Qué ha pasado con Melanie? —preguntó ella cuando vio que el personal médico de la ambulancia desaparecía—. ¿Cómo me las voy a arreglar con el brazo escayolado? ¿Dónde está la tía Laura?
—Si quiere que venga, vendrá —le dijo una voz grave que empezaba a serle muy familiar.
Miley había imaginado que una vez ingresada en el hospital, el jefe de su tía se marcharía. Pero para su sorpresa, pudo comprobar que había permanecido con ella todo el tiempo.
—No —respondió Miley, compulsivamente.
No es que le importara donde estuviese su tía pero tenía que saber qué era de ella y lo que iba a hacer con Melanie.
—No deje que me quite al bebé —le rogó Miley al desconocido.
—Le prometo que eso no ocurrirá —dijo la voz grave.
Eso es lo último que recordó Miley. No supo si el hombre estuvo con ella a partir de entonces.
Cuando ella recuperó la conciencia, se vio en una cama de hospital con el brazo escayolado y un cabestrillo. Comprobó que le habían dejado sueltos el pulgar y los otros dedos. Aún así, Dulce sabía perfectamente que no iba a ser capaz de ocuparse de una niña de dos meses.
Y la fractura iba a tardar ocho semanas en soldarse.
Ocho semanas...
Con un profundo suspiro, cerró los ojos y trató de imaginarse que aquello era solo una pesadilla.
—¿Preocupándose de nuevo? —preguntó la voz grave.
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