viernes, 16 de marzo de 2012

Capitulo 5.-

Miley no tenía nada que ponerse excepto la ropa que había llevado cuando se había caído del caballo, y, aunque la señora Bird se la había lavado, tenía algunos jirones, producidos seguramente al engancharse con los matorrales. Quería pedirle a Demi que fuera a la casa que había compartido con Jared para que recogiera sus cosas, pero le inquietaba la idea de permitir que alguien viera la habitación que había ocupado. Por suerte, sin embargo, la señora Bird tenía una hija aproximadamente de su talla, y le prestó unas cuantas prendas para que pudiera arreglárselas entre tanto.
Los días siguientes a su llegada al rancho, Demi tuvo que marcharse en un viaje de trabajo a Houston, y su hermano estaba ocupado adiestrando unos caballos que iba a vender a una escuela de equitación, así que la joven pasaba casi todo el tiempo sola en su habitación, a excepción de las visitas de la señora Bird, que subía de vez en cuando a verla por si necesitaba algo.
Después de desayunar y poco con lo que entretenerse a excepción de un par de libros que le había dejado Demi, la joven se sentó junto a la ventana a ver al ranchero trabajar con los caballos en el picadero. Los animales eran nobles y hermosos, y la paciencia y suavidad con que Nick los trataba verdaderamente asombrosas. Si tan sólo fuera igual con ella..., suspiraba para sí la joven.
Sabía que Nick se enfadaría si se daba cuenta de que lo estaba observando, pero siempre parecía demasiado enfrascado en su tarea, y ella no podía reprimir el deseo de admirarlo, aunque sólo pudiera ser así, de lejos. Tenía un cuerpo atlético y la destreza de un cowboy de rodeo. Jamás fallaba cuando arrojaba el lazo, y sabía cabalgar a pelo tan bien como con silla de montar.
Sin embargo, también era un hombre temperamental, y el segundo día Miley lo había visto perder los estribos con uno de sus peones por estar descuidando los utensilios de trabajo. Al oírlo gritar, la joven se había apartado temblorosa de la ventana. Jared siempre le había gritado antes de golpearla. Probablemente debía alegrarse de que Nick no quisiera nada con ella, se había dicho, porque la intimidaban tanto su temperamento como su fuerza.
A pesar de ello, volvió a sentarse junto a la ventana el día siguiente, y finalmente Nick acabó por enterarse. Era algo inevitable, ya que la figura silenciosa asomada a la ventana había atraído la atención de sus hombres, quienes empezaron a tomarle el pelo con «esa chica de la ventana que lo miraba con ojitos tiernos».
Y así, la tarde del día antes del regreso de Demi, Nick subió al cuarto de invitados y se detuvo en el quicio de la puerta abierta.
-¿Vas a cenar aquí, en la habitación, como de costumbre? -le preguntó de repente.
En efecto, desde que llegara, la señora Bird le había subido en una bandeja todas las comidas, y lo cierto era que Miley prefería que así fuera, ya que, de tener que comer con Nick Jonas mirándola fijamente desde el otro extremo de la mesa, estaba segura de que se atragantaría. Sin embargo, precisamente porque nunca había bajado a desayunar, almorzar, ni cenar con él, no comprendía a qué venía la pregunta, y vaciló a la hora de responder.
-Tengo una cita esta noche -añadió él a modo de explicación-, una abogada de Victoria a la que he invitado a cenar. He venido a decírtelo por si tuvieras pensado bajar y no tengas ganas de charlar.
Demasiada consideración para tratarse de Nick Jonas. Su verdadera intención había sido sorprenderla, pero Miley no se percató de ello a tiempo para poder ocultar el asombro que se reflejó en su rostro ante el anuncio de esa cita.
-Oh... yo... no quisiera molestar -balbució atropelladamente -. De hecho pensaba pedirle a la señora Bird que esta noche también me subiera la cena.
A pesar de su respuesta, Nick la miró con suspicacia.
-Bien -murmuró él -. Y otra cosa -añadió con brusquedad-: mientras estés aquí, más vale que te busques algún otro entretenimiento... aparte de observarme por la ventana mientras trabajo.
Miley se puso roja como una amapola y apartó el rostro.
-Estaba mirando a los caballos, no a ti.
-Sea como sea, será mejor para ti que tengas alguna ocupación -le dijo Nick. «Y para mí también», añadió para sus adentros.
Las manos de la joven, ocultas bajo las sábanas, apretaron la tela de la bata que llevaba puesta. De nuevo estaba ensañándose con ella. Había sido una ingenua al creer que su estado convaleciente lo haría sentir la suficiente compasión de ella como para mantener a raya su hostilidad durante unos días.
-Sí -asintió sin alzar la vista-, será lo mejor.
Nick observó la cabeza gacha de la joven con sentimientos encontrados, el más fuerte de los cuales era la culpabilidad. Miley había empujado a su marido, a la bebida y eso lo había matado, y todo porque deseaba a un hombre al que no podía tener, por el que había rechazado una y otra vez a su marido.
Él se había sentido culpable desde el día en que Jared empezara a hablarle de lo infeliz que era en su matrimonio; al enterarse de su muerte esa carga se había triplicado; y, ahora, la presencia de Miley en su propia casa estaba agravando el desprecio que sentía por sí mismo, ya que le recordaba constantemente el dolor que había causado a su primo.
Por eso había invitado a Delta a cenar, no porque tuviera ganas de aguantar su interminable cháchara, sino porque quería dejar bien claro a Miley que no estaba interesado en ella. No podía soportar que su huésped no deseada se pasara el día observándolo anhelante desde la ventana de su habitación. ¡Ni siquiera mientras estaba trabajando podía evitarla, por todos los demonios!
-Esto no va a funcionar -masculló sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.
-Seguro que no me creerás, pero es lo que intentaba decirle a Demi cuando me propuso que viniera aquí con vosotros -dijo ella con una leve sonrisa. Alzó la vista hacia él-. Empezaré a buscar un apartamento para alquilar en cuanto pueda ponerme de pie sin caerme.
Nick la miró incómodo.
-Trataré de ayudarte a encontrarlo.
-Gracias. Y nada demasiado caro, por favor: todavía tengo que encontrar un empleo.
-Tal vez haya algún modo de anular algunas de las disposiciones del testamento de Jared -le dijo él-. Se lo consultaré al notario. Y, aun en caso de que no pudiese hacerse, me aseguraré de que al menos tengas una asignación que te permita arreglártelas hasta que tengas un trabajo.
Miley iba a darle de nuevo las gracias, pero sabía que él no quería su gratitud, y tampoco ella quería sentirse en deuda con él, así que se limitó a asentir con la cabeza.
-Le diré a la señora Bird que suba para preguntarte qué quieres comer.
-Lo que esté haciendo estará bien -contestó ella con una cortesía un tanto forzada-. No quiero causar más molestias de las que ya os he causado.
Nick no contestó a eso, pero la mirada fría y acusadora en sus ojos no se había desvanecido cuando se dio la vuelta y salió al pasillo. Sólo cuando entró en su propio dormitorio recordó todo por lo que Miley había pasado aquella semana: hubiera amado o no a Jared, se había quedado viuda, había sufrido un accidente, había perdido su hogar, y se había quedado sin un dólar. Tal vez estaba siendo demasiado injusto al culparla como la había culpado. Parecía muy frágil postrada en aquella cama, y lo cierto era que se detestaba por el modo cruel en que la trataba aun sin pretenderlo.
A pesar de todo, se deshizo de ese sentimiento de culpabilidad junto con la ropa de trabajo cuando entró en la ducha, y se cambió para su cita.
Miley estaba sintiéndose más y más deprimida por momentos. Desde su habitación podía escuchar a Nick y a su cita charlando y riendo. La señora Bird le había subido una bandeja con la cena, echando pestes de la invitada:
-Esta señoritinga me saca de quicio cada vez que viene. No quiere el café tan cargado, y la ensalada sin aliñar, porque le gusta hacerlo ella misma -refunfuñó mientras colocaba la bandeja sobre el regazo de Miley -. Tampoco ha querido el bistec porque tiene colesterol, y nada de postre, por supuesto.
-Vaya, pues debe estar sanísima.
-¿Sanísima? Está delgada como una espina de pescado -contestó la mujer.
-Mmm..., creía que no tenía apetito, pero viendo este festín se me hace la boca agua -dijo Miley, inhalando el delicioso aroma de la sopa de verduras, el bistec con ensalada, y el bollo de pan recién horneado.
La señora Bird sonrió.
-Pues también le he subido un poco de tarta de queso casera -murmuró destapando una pequeña fuente.
- ¡Me encanta la tarta de queso! -exclamó Miley, entusiasmada como una niña.
Y la señora Bird sonrió aún más ampliamente.
Cuando termine déjelo sobre la mesilla. Subiré luego a recogerlo, cuando se hayan marchado. El señor Jonas mencionó que se iban al centro, a ver una obra de teatro, creo, y que luego iba a llevarla al aeropuerto.
-¿Cómo es ella? ¿Es agradable? -inquirió Miley curiosa.
La mujer se quedó dudando un momento.
-Bueno, supongo que a su manera -contestó-. Es muy elegante, e inteligente, y conoce al señor Jonas desde hace años. Empezaron a salir y ella, que está loca por él, creía que terminaría proponiéndole matrimonio. Pero no fue así -añadió encogiéndose de hombros-. Cuando el señor Jonas vio que la cosa se estaba poniendo demasiado seria y que ella estaba empezando a albergar esperanzas, le dijo que no creía en el matrimonio. Le partió el corazón a la pobre señorita Delta -murmuró meneando la cabeza-. Siguen siendo amigos, pero estoy segura de que ella no lo dejará escapar si ve que tiene la más mínima oportunidad. En fin, se le va a enfriar la comida, así que la dejaré -dijo dirigiéndose hacia la puerta.
-Señora Bird -la llamó Miley cuando la mujer tenía ya puesta la mano sobre el pomo.
-¿Sí?
-Gracias -murmuró la joven esbozando una sonrisa.
-No hay de qué, querida -respondió la señora Bird sonriendo también.
Y salió de la habitación dejándola de nuevo a solas. Miley comió todo lo que la buena mujer le había preparado y, cuando hubo terminado, puso la bandeja sobre la mesilla de noche.
Trató de seguir leyendo una de las novelas que le había prestado Demi, pero las risas que provenían del piso de abajo la estaban poniendo de los nervios. Por un momento intentó imaginarse que era ella la que estaba en el comedor, cenando y charlando con Nick, que él disfrutaba de su compañía, pero la fantasía se esfumaba en cuanto intentaba conjurarla. Era imposible, se dijo. ¿Cómo no iba a serlo cuando Nick sólo tenía miradas furiosas y acusadoras para ella? Esa tal Delta debía ser muy especial para él, pensó, sintiendo el aguijón de los celos en su pecho. ¡No, no tenía derecho a sentirse celosa! Él no le pertenecía, y nunca había sentido nada por ella, ni la había alentado. Sin embargo, cuando volvieron a oírse risas, Miley no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Al día siguiente no se acercó siquiera a la ventana. Se puso una camiseta y unos pantalones vaqueros de la hija de la señora Bird, y se acurrucó en la mecedora que tenía en la habitación, hojeando un periódico del día anterior que la mujer había tenido la amabilidad de subirle para que se entretuviese. Las noticias, como siempre, eran deprimentes, así que empezó a mirar la sección de cultura, y acabó haciendo el crucigrama para no acordarse todo el tiempo de que Nick no la quería en su casa.
No sabía qué iba a hacer. Aunque quisiese empezar a buscar un empleo, todavía estaba demasiado débil física y emocionalmente como para poder hacer nada. Estaba deseando que llegara Demi.
Y al fin, contestando a sus plegarias, después del almuerzo se oyó un coche y a los pocos minutos su amiga entraba en la habitación con su habitual sonrisa.
-¡Dios, estoy muerta! -gimió dejándose caer en la cama-. Creía que nunca acabaríamos de instalarle el nuevo sistema informático a ese cliente. Pero se acabó, al fin se acabó, y ahora podré tomarme unos días libres y pasar un poco de tiempo contigo. ¿Cómo han ido las cosas por aquí?
-Dejémoslo en que han ido -murmuró Miley-. Demi, ¿podrías ayudarme a encontrar un apartamento?
Su amiga giró el rostro hacia ella con los labios fruncidos.
-¿Nick ha estado molestándote otra vez? -adivinó.
-¿Qué esperabas? -suspiró Miley-. Ya sabes lo que piensa de mí, y también que no me quiere aquí. Ayer me acusó de pasarme todo el tiempo observándolo por la ventana mientras trabaja, y... bueno, es verdad que he estado haciéndolo -admitió-, pero no todo el tiempo. Lo cierto es que no podía evitarlo -murmuró mordiéndose el labio.
Demi se incorporó, quedándose sentada y se volvió hacia su amiga.
-Tal vez si hablarais, si trataras de hacerle ver que te está haciendo daño con esa actitud...
-¿Y de qué serviría? -farfulló Miley sacudiendo la cabeza-. No quiere saber nada de mí, ni de mi matrimonio, y se ha encargado de dejarme muy claro que si estoy aquí es sólo porque estoy convaleciente.
Demi resopló irritada con su hermano.
-Es un bruto. Lo siento, Mi, esto es culpa mía por haber creído que esto funcionaría. Es sólo que creí que tal vez... en fin, ahora ya eso no importa. ¿Quieres salir de aquí?
-Sí, por favor -contestó Miley al momento.
-De acuerdo. Te diré lo que haremos: nos iremos juntas al apartamento donde estuvimos viviendo Nick y yo cuando nos mudamos a Victoria. Allí no tendrás que enfrentarte cada día a la fiera de mi hermano.
-Pero, ¿y tu trabajo...?
-¿Ya no te acuerdas de que soy la copropietaria de la empresa? Trabajo tanto en las oficinas centrales de Houston como en las de la sucursal de Victoria, así que le diré a Joe, mi socio, que voy a centrarme una temporada en la sucursal. No le importará.
-Pero es que no quiero causarte molestias.
-No seas boba, eres mi mejor amiga. Tú nunca molestas.
Miley se quedó dudando un momento.
-Necesitaré mis cosas -comenzó-. Odio tener que pedir favores, pero, ¿podrías...?
-Por supuesto que puedo. Iré a la casa y te traeré lo que me digas.
-Henry tiene una llave, y estoy segura de que aún estará viviendo en la cabaña cerca de la casa, porque Tina necesitará que guarde la propiedad hasta que ella organice la venta. Mi ropa está en el armario de la segunda habitación a mano derecha al subir las escaleras. No hay mucho, y encontrarás una bolsa de viaje con mis libros, cintas, y las cosas que me dejaron mis padres.
-De acuerdo. Esta misma tarde me pasaré por allí.
-Gracias, Demi.
-¿Para qué están las amigas? -le dijo la otra joven con una sonrisa-. Anda, y ahora deja de preocuparte. A principios de la semana que viene estaremos en Victoria.
Sin embargo, las cosas iban a dar un giro inesperado antes de que llegase la siguiente semana. Cuando Demi fue a cambiarse y buscar un par de maletas para recoger las cosas de su amiga, Nick subió las escaleras y entró en el cuarto de invitados.
Miley seguía sentada en la mecedora junto a la ventana, y estaba absorta en sus pensamientos, preguntándose qué clase de empleo podría buscar. Al notar la presencia del ranchero, mirándola fijamente desde el quicio de la puerta abierta, levantó la cabeza y se sonrojó.
-Estaba charlando con Demi, no observándote por la ventana -se apresuró a aclararle, claramente a la defensiva.
Nick entornó los ojos.
-Lástima que no fueras capaz siquiera de fingir un mínimo de ese anhelo con el pobre Jared -masculló con soma.
Las facciones de la joven se tensaron.
-Tenía varias amantes -le dijo.
-No es de extrañar cuando su esposa no le dejaba siquiera que la tocara -le espetó él. Había en su rostro tal expresión de desprecio que Miley se revolvió en su asiento-. Lo atormentaste mientras duró vuestro matrimonio y permitiste que se subiera a un coche habiendo bebido -la acusó una vez más-. Nunca olvidaré eso, ni te lo perdonaré. Has acabado sin nada y es lo que mereces. ¡Dios, sólo con verte me pongo enfermo! -masculló, y el desprecio en su mirada se clavó en el alma de Miley como un dardo envenenado.
Nick se giró sobre los talones y salió de la habitación, pero Miley no se movió hasta que escuchó sus pisadas descendiendo por la escalera. El dolor era demasiado profundo incluso para que aflorasen lágrimas a sus ojos, y en ese momento sólo pudo pensar en que aún habría de pasar otra semana en aquella casa, teniendo que soportar el desdén y los ataques de él. ¡No podría aguantarlo, no podría...! Tenía que irse ya.
Su mente empezó a trabajar a marchas forzadas. Si esperaba a que Demi se fuera a recoger sus cosas y a que su hermano volviera a las tareas del rancho, tal vez pudiera aprovechar para marcharse sin que se enteraran. Pediría un taxi por teléfono para que la llevase a la estación de autobuses, y allí tomaría el primero que saliese hacia Houston. Apenas tenía dinero, pero le bastaría para esos trayectos, y una vez en Houston, trataría de encontrar algún albergue juvenil donde alojarse. Quizá incluso existiese en Houston un albergue de la YWCA, la asociación de jóvenes cristianas, donde además podría pedir ayuda para que la ayudaran a encontrar un empleo. Cualquier cosa sería mejor que quedarse allí y dejar que Nick Jonas siguiera atormentándola por la muerte de su primo. En otro momento le habría plantado cara, le habría respondido, pero débil y cansada. Demi, que no sabía que Nick se había pasado por el cuarto de invitados, asomó en ese momento la cabeza y le dijo a Miley alegremente:
-Me voy, Mi, Nick me ha dicho que me llevará a la casa. Volveremos dentro de un par de horas. ¡Chao!
Miley contestó quedamente, con tristeza por ocultarle a su amiga que se iba, y se quedó esperando en silencio hasta que oyó a la señora Bird despedirlos, las puertas del coche cerrándose y cómo el coche se alejaba.
Salió al pasillo, y llamó por teléfono al servicio de radio-taxi. Regresó a su habitación, se puso unos zapatos, una chaqueta, se colgó el bolso del hombro, y bajó las escaleras con mucho sigilo, pero se tropezó con la señora Bird en el salón.
-Señorita Miley... -murmuró la mujer sorprendida.
La joven tuvo que improvisar una excusa.
-Me he acordado de algunas cosas que necesito de la casa -balbució-, y he olvidado decírselo a Demi, así que he pensado en acercarme hasta allí.
-Pero, querida, no está en condiciones para salir.
-Estoy bien -le aseguró Miley, forzando una sonrisa-, no se preocupe por mí.
-Pues yo creo que debería esperar a que vuelvan el señor Jonas y la señorita Demi. Ya irán mañana otra vez a por esas cosas que se le han olvidado. O déjeme al menos llamar a la casa para decirles que va para allá -añadió al ver que no iba a convencerla-. ¿Y si llega y ya se han ido?
-No se preocupe, ellos se han ido hace poco, y yo he llamado un taxi y estaré allí enseguida -insistió Miley, tratando a toda costa de ocultar su nerviosismo. Justo en ese momento se escuchó un claxon fuera-. Ah, ya está ahí -dijo aliviada.
-Pero, señorita, está tan pálida, y aún no se ha repuesto del todo...
-Tranquila, estaré bien. Estoy mucho mejor, de verdad. Llamaré en cuanto llegue allí, ¿de acuerdo?
La mujer pareció calmarse un poco con esa promesa.
-Está bien. Tenga mucho cuidado.
-Lo tendré. Adiós, señora Bird.
Poco podía imaginar la mujer que ese adiós era literal. Miley salió fuera y avanzó hacia el taxi. Se notaba temblorosa, y el corazón le martilleaba con fuerza contra las costillas, pero no se detuvo ni miró atrás.

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