viernes, 2 de marzo de 2012

Capitulo 6.-

Por segunda vez en muchos meses, Nick hizo un repentino cambio de planes y dio la vuelta cuando iba al aeropuerto.
No tenía opción: Miley estaba muy disgustada. De hecho, parecía histérica. Además del manotazo, algo de lo que jamás la habría imaginado capaz, le había gritado delante de un montón de gente. Era como si le hubiesen hecho un transplante de personalidad. Sin embargo, él sabía que era una persona amable, buena y cariñosa, incapaz de enfadarse. Claramente, Lucas Grabell era responsable de esos cambios. Él había destruido su tranquilidad, confundiéndola por completo.
Por supuesto que Grabell era el padre de ese niño. Pero, evidentemente, Miley no quería que Lucas hiciera ese papel. Era obvio para Nick que el niñato había salido corriendo al conocer la noticia, dejándola en la estacada.
Pero, ¿qué le importaba?, se preguntó. ¿Por qué quería involucrarse? Miley tenía un problema y había acudido a él a pedirle ayuda... ¿Por qué no le demostraba que él era más hombre que Grabell cuando las cosas iban mal?
De vuelta en el apartamento de Demi, Miley estaba metiendo ropa en una bolsa de viaje.
-¿Seguro que puedo irme a la casa de campo?
-Claro que sí. Mi madre está en Jersey y mi tía, la madre de Lucas, se ha vuelto demasiado estirada como para ir al campo. Al menos, podrás airearla un poco -sonrió Demi- Pero, ¿seguro que es buena idea que te vayas de Londres ahora, sola?
-Necesito un poco de paz... tengo que pensar.
-No sobre lo que vas a hacer con el niño, eso ya lo sé. Te encantan los niños. Pero tengo la impresión de que huyes de algo...
Miley levantó la cabeza, con los ojos Azules desafiantes.
-Sólo estaré fuera un par de días. Y no estoy huyendo de nada. Es que no quiero ver a Nick...
-No tienes por qué verlo -la interrumpió Demi-. Supongo que no se ha apuntado al concurso de padre del año, ¿no?
-Cree que el padre del niño es Lucas -suspiró Miley.
-¿Qué? ¿No le has contado que estás de cinco meses?
-No, no me apetecía quedarme para charlar con él -replicó Miley-. Ah, por cierto, también me acusó de intentar cargarle con el niño porque Lucas no quería saber nada.
Su amiga hizo una mueca de asco.
-Menudo imbécil.
Miley se pasó una mano por el pelo.
-He intentado entenderlo... intenté incluso disculparlo por haber creído a su hermana antes que a mí. He intentado ser justa con él porque es lo que hago con todo el mundo, pero se acabó -le confesó, airada-. Ya está bien. Pensé que Nick tenía derecho a saber que iba a tener un hijo, pero ahora desearía no haberle contado nada.
-He de confesarte una cosa -dijo Demi entonces-. Le he contado a Lucas lo del niño... ya, ya lo sé, no es asunto mío. Desgraciadamente, se me escapó.
Miley estaba segura de que Demi se lo había contado a propósito. Quizá no debería, pero no tenía la menor duda de que lo había hecho con la mejor intención. Además, casi se alegraba de no tener que ser ella quien le diese la noticia... contárselo a Nick había sido más que suficiente. Pero, como llevaba tres semanas saliendo con Lucas, él tenía derecho a saberlo, naturalmente.
-Se quedó de piedra -siguió Demi-. Está loco por ti, pero creo que no sabe cómo manejar esta situación.
-No espero que Lucas acepte la situación -sonrió Miley- ¿Qué hombre lo haría?
-Uno muy especial, una buena persona -contestó su amiga-. Pero no sé si Lucas está a la altura, cariño.
-¿Por qué iba a estarlo? Dentro de un mes pareceré una ballena -intentó bromear Miley.
Entonces sonó el timbre.
Las dos mujeres se miraron.
-Seguramente será para ti -vaticinó su amiga.
Miley terminó de cerrar la bolsa de viaje y fue a abrir la puerta.
Era Nick, como habían imaginado.
-¿No me invitas a entrar?
-No.
-¿Por qué no? ¿Está el perro guardián?
-No te atrevas a insultar a mi amiga -replicó Miley.
-Insultarla... ¿estás diciendo que nunca te ha hablado mal de mí?
-Si lo ha hecho, sería con toda la razón del mundo -contestó Miley.
Nunca le contaría que, siendo ridículamente leal, siempre había intentado defenderlo, mientras él jamás había confiado en ella. Ahora se avergonzaba de esa lealtad.
Nick había creído que se acostaba con Lucas mientras estaban juntos, había creído que mentía sobre su infidelidad, que había inventado una sórdida historia sobre su hermana para defenderse. También creía que, al quedarse embarazada, había querido mentirle sobre quién era el padre.
-No entiendo qué haces aquí. No tengo nada más que decirte.
-Pero me llamaste tú...
-Y te dije lo que tenía que decir -lo interrumpió Miley, cruzándose de brazos.
-Sí, pero no yo no he dicho todo lo que tenía que decir -replicó él-. ¿Demi?
-¿Por qué la llamas? -preguntó Miley, sorprendida.

Su amiga asomó la cabeza en el pasillo.
-Sabía que estarías por ahí -dijo Nick.
-Es mi casa, ¿recuerdas? -replicó ella, irónica.
-Miles y yo vamos a salir...
-No, tú y yo no vamos a ninguna parte. Me disponía a tomar el tren...
-Yo debería estar en Atenas.
-Pues peor para ti. No pienso ir a ningún sitio contigo -replicó Miley.
-Muy bien, entonces nos quedaremos aquí. Y no tendrás que decir nada, hablaré yo. Me gusta que la gente me escuche.
-¿No me digas? -intervino Demi, con poca disimulada sorna.
Nick soltó una carcajada.
-Muy buena.
Eso era lo que representaba ella para Nick Jonas, pensó Miley: una broma, algo de lo que podía reírse.
-No quiero verte ni escucharte -dijo entonces, furiosa, dándole con la puerta en las narices.
-¡No me lo puedo creer! -exclamó Demi-. ¡Pero si era el amor de tu vida!
-Debería haber hecho eso hace mucho tiempo. Además, creo que debo empezar a cultivar el buen gusto, hasta ahora lo he tenido atrofiado -suspiró Miley, entrando en su dormitorio.
Le dolía el corazón a pesar de todo. Por primera vez, estaba aprendiendo a decirle que no a Nick y, sin embargo, le dolía. Iba en contra de su naturaleza ser desagradable. Y más con una persona a la que había amado tanto.
Cuatro horas después, salía de un taxi con la llave de la pintoresca casa de los Lovato y los Grabell en la mano. Cubierta por un alto muro de aligustre, no era precisamente una «casita de campo». Una casa con una docena de dormitorios podría muy bien ser considerada una mansión.
Una vez en el encantador dormitorio que había elegido, Miley miró por la ventana el jardín y el riachuelo que serpenteaba al fondo. El silencio y la paz eran maravillosos. El viaje en tren había sido agotador y se le cerraban los ojos...
«Estar embarazada puede ser extenuante para algunas mujeres», le había dicho el ginecólogo. «Tiene que descansar todo lo que pueda».
Llevaba semanas sin pegar ojo. Los recuerdos, las preocupaciones, daban vueltas y vueltas en su cabeza y no la dejaban dormir. Después de quitarse la ropa, Miley se puso un camisón blanco y cayó sobre la cama, exhausta.
Despertó más fresca a la mañana siguiente y, al ver los rayos del sol colándose por las cortinas, se sintió un poco mejor. Hacía un día precioso.
Se puso un ligero vestido sin mangas, intentando meter la panza... sin éxito y, finalmente, bajó a la cocina a desayunar. Por primera vez en varios días, tenía apetito.
Afortunadamente, Demi debía de haber llamado a la señora que se encargaba de la casa, porque en la nevera había comida más que suficiente.
Miley tomó un par de tostadas con mermelada en la terraza que daba al jardín. Y cinco aceitunas. Tenía tantas decisiones que tomar... pero su amiga había acertado sobre una cosa: iba a tener a su hijo pasara lo que pasara. Además, contaba con el cheque que le había dado su hermano.
Aunque no sabía qué hacer con ese dinero. Quizá, en sus circunstancias, invertirlo en una propiedad inmobiliaria sería lo más sensato.
Los planes de abrir su propio negocio tendrían que esperar un tiempo. Muchos negocios fracasaban y el mundo de la moda era muy cambiante. Cuidar de su hijo era la prioridad en aquel momento. Además, abrir un negocio, contratar empleados y tomar decisiones importantes cuando tendría que cuidar a su hijo sin ayuda alguna le parecía una temeridad.
Lucas llegó cuando estaba diseñando un bolso nuevo, algo que siempre encontraba relajante. Concentrada en lo que hacía, no oyó el coche y, cuando levantó la mirada, vio a Lucas observándola desde una esquina de la casa.
Miley se levantó, incómoda. Con el pelo un poco despeinado y sus brillantes ojos verdes, parecía un crío. Aunque besaba muy bien, debía admitir. Pero no se le aceleraba el corazón cuando estaba a su lado y la emoción, la excitación sin límites que había sentido con Nick no existían cuando estaba con Lucas.
-No tenías que venir hasta aquí para verme.
-Yo creo que sí -suspiró él, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón-. Deberías haber sido tú quien me diera la noticia de tu embarazo.
-Demi no debería haberte dicho nada -suspiró Miley.
-Me ha hecho sentir que no hay sitio para mí en tu vida -dijo Lucas entonces-. No voy a decir que esto no me haya sorprendido, pero de todas formas quiero que sigamos siendo amigos.
Los ojos de Miley se llenaron de lágrimas.
-Perdona, es que últimamente me emociono por todo -dijo, sonriendo.
Lucas le pasó un brazo por los hombros, pero no la atrajo hacia sí como habría hecho unos días antes.
-Supongo que también para ti ha debido de ser una sorpresa. Además, Demi me ha contado que Nick y tú habéis tenido una discusión tremenda. Es culpa mía...
-¿Cómo va a ser culpa tuya?
-Debería haberle explicado que no estábamos juntos, pero quería tener una oportunidad contigo y, si se lo hubiera dicho, no habría podido con el magnate griego. Así que me aproveché, lo admito -suspiró Lucas-Pero me niego a seguir haciéndolo ahora que estás esperando un hijo suyo. Eso hay que solucionarlo.
Lucas la invitó a comer en el pub del pueblo. Su inesperado sentido común la había dejado boquiabierta. Su propio comportamiento le parecía entonces menos sensato. Le había dado a Nick con la puerta en las narices y se lo merecía, desde luego. Pero quizá debería darle una nueva oportunidad... por el niño, naturalmente; al fin y al cabo, iban a tener un hijo y ésa era una gran responsabilidad. El malentendido no era culpa de nadie y debía intentar que Nick aceptase la verdad.

Por la tarde, Nick detuvo el poderoso Lamborghini frente a la casa. Su equipo de seguridad le había dicho dónde encontrar a Miley... cuando Demi se negó a revelar su paradero. Eso lo enfureció. Se negaba a aceptar que su amiga se creyera en la obligación de protegerla de él.
Aunque se había perdido un bautizo en Atenas, sabía que estaba haciendo lo que debía hacer. De hecho, estaba más animado que en mucho tiempo. No le sorprendía. ¿Cuándo había hecho algo menos egoísta en su vida?
Naturalmente, se sentía orgulloso de sí mismo. Había dejado atrás su rabia contra Miley y contra la situación para comprobar que estaba bien.
Miley salió de la bañera y, envolviéndose en una toalla con estampado de animales, entró en el dormitorio. Oyó un ruido y, cuando se asomó a la ventana, vio a Nick saliendo de un deportivo...
-Nick...
Nerviosa, se quitó la cinta del pelo. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Cómo había sabido dónde encontrarla? Y, sobre todo, ¿qué quería?
Entonces recordó que había decidido darle otra oportunidad. Debía intentar convencerlo de que estaba diciendo la verdad por el bien del niño. Y quizá aquél era el momento, pensó, bajando al vestíbulo sin tiempo para vestirse.
Cuando abrió la puerta, él la miró de arriba abajo, desde los labios hasta sus senos.
-¿Cómo me has encontrado?
-Eso no importa -contestó Nick.
-Claro que no importa. Estoy acostumbrada a que me espíes -replicó Miley-. Pero da igual, quería hablar contigo. Si esperas un momento en el salón, voy a vestirme...
-¿Para qué vas a molestarte? -murmuró Nick, con una sonrisa cínica en los labios.
-No es molestia, te lo aseguro.
-Así estas muy bien, no te vistas por mí.
Miley lo fulminó con la mirada. Pero en ese momento, Nick estaba preocupado por otra cosa: una chaqueta masculina colgada en el perchero.
-¿De quién es?
Desconcertada, Miley comprobó que era la chaqueta de Lucas. Había debido dejársela olvidada.
-Es una chaqueta de hombre -insistió Nick-. ¿Grabell está aquí? ¿Arriba, en el dormitorio?
-Claro que no. No está aquí, pero podría estar. La casa es suya.
Nick dio un paso adelante. Su rostro parecía de piedra, sus ojos fríos como el acero.
-¿Cuándo ha estado aquí?
-No es asunto tuyo -contestó ella.
-Sí es asunto mío. O estás con él o no. Y si es así, quiero saberlo.
-No pienso hablar de Lucas contigo. No tienes ningún derecho a preguntar...
-Si sigues con Grabell, ¿por qué te pusiste en contacto conmigo?
-Porque estoy embarazada y el niño es tuyo -suspiró Miley, intentando ser paciente-. No tiene nada que ver con Lucas, así que déjalo estar.
-Eso es una fantasía. Corté contigo hace meses... ¿Cómo puede ser hijo mío?
-Dentro de una semana, estaré de seis meses. Hace seis meses estaba contigo, si no recuerdo mal.
Nick se quedó callado.
-No puedes estar embarazada de seis meses.
-El ginecólogo me ha dicho que algunas mujeres que... no son delgadas, no parecen estar embarazadas hasta los últimos meses de gestación.
-No puedes estar embarazada de seis meses, es imposible -insistió Nick.
-Te equivocas. Además, si alguien es responsable de este embarazo, ése eres tú.

-¿Yo? Me cuentas una historia absurda...
-¿Qué historia absurda? Estoy embarazada y punto. ¿Quién dijo que se encargaría de tomar precauciones? -le espetó Miley- ¿Quién me aseguró que no pasaría nada porque todo estaba controlado? En la ducha, en el suelo del baño, esa vez en la limusina...
Nick apretó los dientes. Pero se había puesto colorado.
-¿Cómo te arriesgaste así una y otra vez? ¿Y cómo es que ahora tienes la poca vergüenza de insinuar que otro hombre es el padre de mi hijo? Tienes muy poca memoria, Nick...
-No... recuerdo aquella vez en la limusina -dijo él, con el ceño arrugado-. Había vuelto de Oslo... te llamé y... fue un momento inolvidable.
-Me alegro mucho de ser «inolvidable» -replicó Miley, irónica.
Nick miró fijamente el bulto bajo la toalla. Todavía no se le notaba mucho, pero... su hijo. Podría serlo. Estaba perplejo.
-Acepto que hay alguna posibilidad de que el niño sea mío...
-Ah, qué generoso.
-Pero quiero una prueba de ADN, por supuesto -dijo él entonces, mirando la chaqueta de Grabell Aún tenía que lidiar con ese tipo. Un Jonas en miniatura, un niño o una niña, su primer hijo, nacería pronto. Era asombroso.
Pálida, Miley apretó los labios al saber lo de la prueba de ADN. Nick jamás confiaría en ella, por supuesto.
-Haz lo que te dé la gana, pero no es necesario.
-¿Cómo están las cosas entre Grabell y tú?
-Imagínatelo.
La sugerencia de que el embarazo había dado al traste con su relación hizo que Nick sonriera, satisfecho.
-Imagino que, ahora que vas a tener un hijo mío, ya no le gustarás tanto.
-En realidad, Lucas y yo sólo somos amigos.
-Mientras que yo nunca he querido ser tu amigo -dijo Nick-. Yo te quería en mis brazos, en mi cama. No te mentía sobre una falsa amistad.
-Y tampoco mencionaste el hecho de que me veías como tu amante.
-Las etiquetas no importan. Muchas mujeres estarían orgullosas de ser mis amantes...
-Pero tú sabías que yo no. Por eso nunca lo dijiste -lo interrumpió ella.
-No tenemos por qué discutir. No hace falta. Por el momento, aceptaré tu palabra de que el niño es mío.
Miley se encogió de hombros, como si el asunto no fuera importante para ella. Y no lo era, en realidad. Lo único que le importaba era su hijo. Los desprecios de Nick Jonas habían dejado de afectarla.
-¿Por que tardaste tanto en saber que estabas embarazada?
-Porque siempre he tenido un período irregular. Además, en los últimos meses tenía demasiadas cosas en la cabeza.
-Eso ha quedado en el pasado -dijo Nick entonces, con una media sonrisa en los labios-. Veo que has sido muy infeliz, pedi mu.
Entonces miró de nuevo la chaqueta colgada en el perchero...
¿Se habría acostado con Grabell allí? «¿Tú qué crees, Nick?», se preguntó a sí mismo, irónico. ¿No era el dueño de la casa? ¿Cómo podía confiar en Miley? Todos los hombres eran vulnerables a una falsa reclamación de paternidad. Sin una prueba de ADN, ¿cómo podía saber Miley que era su hijo? Seguramente, esperaba que lo fuera. Pero lo último que haría era admitir algo que renovaría sus sospechas.
Y, en un segundo, las sospechas habían vuelto a entrar en su corazón. El amargo recuerdo de su traición seguía grabado a fuego en su cerebro. ¿Cómo podía perdonarla? ¿Cómo podía perdonar lo que le había hecho? Sólo un estúpido podría hacerlo, un hombre débil cuya dependencia de una mujer mentirosa le había privado de su orgullo.
Pero él no era uno de esos hombres. Su única debilidad con Miley era la lujuria, pensó Nick. El sexo, nada más. Se acostaría con ella como y cuando quisiera. Pero perdonarla era imposible.
-Si haces la maleta ahora, yo mismo te llevaré a Londres -le dijo-. El ático ya tiene comprador, así que tendré que buscar otro sitio para ti...
-¿Qué quieres ahora, comprarme con diamantes?
Nick la fulminó con la mirada.
-¿Qué has dicho?
-Se supone que a una amante hay que inundarla de joyas, ¿no? Pero yo no quiero eso. Nunca he querido eso.

Él no contestó. No le parecía el mejor momento para decirle que algunos de los colgantes de la pulsera eran de diamantes de la mejor calidad.
-El ático era tuyo, pero la comida que comías allí la pagaba yo... ¿te convierte eso en un mantenido? -le espetó Miley entonces con aparente tranquilidad.
-¿Que quieres decir con eso?
-Yo compraba la comida, yo pagaba la luz, yo pagaba el teléfono, el gas... mis pequeñas contribuciones -le informó ella-. Pero tú pensabas que me habías comprado, claro.
-Nunca he pensado eso... ¿Tú pagabas las facturas? -murmuró Nick, sorprendido-. No tenía ni idea...
-¿Quién creías que lo hacía? -le espetó Miley antes de subir a su habitación.
La oyó cerrar el pestillo y murmuró una palabrota mientras miraba hacia arriba, como si esperase una intervención divina. Miley siempre había sido una persona dulce, pero aparentemente también eso había cambiado. Ahora le hablaba con los ojos encendidos de furia...
¿De quien era la culpa, de Grabell? ¿Habría aceptado hablar con él porque Grabell la había rechazado? No podía confiar en ella, se recordó a sí mismo.
Miley entró en su habitación y sacó la bolsa de viaje del armario. Iría a Londres con él para intentar llegar a un acuerdo beneficioso para su hijo, pero tenía que olvidar que una vez lo había amado. Su hijo era la única prioridad en aquel momento. Nunca, jamás, volvería a acostarse con Nick... aunque debía admitir que aquel hombre, aquel egoísta compulsivo, seguía encendiéndola con una sola mirada. Una aventura con Nick Jonas no tendría futuro porque nunca se comprometería con ella. La relación con un hombre así estaba condenada al fracaso.
Una vez vestida, Ash bajó de nuevo al salón.
-¿Nos vamos?
-Sí, pero antes vamos a dejar las cosas claras. Estoy intentando ser sensata por el niño. No voy a ser tu amante, Nick.
-Es por Grabell, ¿no?
-¿Qué tiene que ver Lucas en todo esto? Te estoy diciendo que quiero llegar a un acuerdo contigo. Por el niño, nada más. Sé lo peligroso que eres.
Él la miró, impaciente.
-Eso son tonterías.
-No lo son.
-Si ese niño es mío, tú tendrás un papel en mi vida -dijo Nick entonces.
-Un papel secundario, claro, el de una amante siempre disponible. No, gracias. No quiero que mi hijo me desprecie. Quiero vivir mi vida, conocer a alguien que me ame de verdad... y si termino sola, será cosa mía.
Fue entonces cuando Nick se percató de que Miley había cambiado las reglas del juego sin contar con él. Pero él nunca había aceptado un chantaje... Estaba embarazada de su hijo, pero acababa de decir que pensaba seguir viviendo su vida, por si se le presentaba una oportunidad mejor...
-Si el niño es mío, estoy dispuesto a darle mi apellido y a cumplir con mis obligaciones -dijo Nick. Se negaba a pensar lo que diría su conservadora familia sobre un Jonas ilegítimo-. Por supuesto, pagaré todos los gastos y abriré una cuenta para que el niño y tú tengáis el futuro asegurado.
-Yo no estoy hablando de dinero.
-La seguridad económica es lo único que pienso poner sobre la mesa -replicó él-. No tengo intención de casarme contigo. Ni ahora ni nunca.
Tampoco ella hablaba de matrimonio. Había esperado que se reconciliasen, que pudieran mantener una relación amistosa por su hijo. Pero Nick no estaba dispuesto a eso. No estaba dispuesto a nada, como siempre.
-Yo no te he pedido que te cases conmigo -suspiró Miley-. Y acabo de tomar una decisión: quiero que te vayas. Estoy realmente agotada, he decidido que no quiero volver a Londres esta noche.
Nick descendió de su torre de marfil en un segundo.
-Deja que te lleve a Londres...
-No, gracias. Estoy demasiado cansada como para ir a ningún sitio.
-Teos... creo que deberíamos llamar al médico.
-No seas bobo, no estoy enferma.
Nick siempre había admirado su buena salud. Miley nunca estaba enferma. Si se metía en la cama antes de las once de la noche, le pasaba algo raro. Además, parecía agotada y se sintió culpable. Era culpa suya que estuviera tan estresada. Y eso tenía que terminar.
No debería haber mencionado a Lucas Grabell. Era comprensible que se hubiera apartado al saber que esperaba un hijo de otro hombre, pero a Miley debió dolerle el rechazo...
En ese momento, sonó su móvil.
-¿Dónde estás? -preguntó Denisse, alterada-. Tienes que venir ahora mismo y hablar con Zac.
Nick enarcó una ceja, sorprendido. Él nunca había cometido el error de interferir en el matrimonio de su hermana. Denisse era una chica un poco frívola y, aunque Zac la adoraba, debía de estar un poco harto.
-¿Qué pasa, Deni?
-¡Esto es muy serio! -sollozó su hermana-. ¡Zac ha dicho que va a dejarme!
Unos minutos después, Nick cortaba la comunicación, con expresión seria.
-Vuelve a Londres conmigo, Mi. No quiero dejarte sola aquí.
Ella negó con la cabeza y Nick tuvo que contener el deseo de tomarla en brazos para meterla en el coche. Su vida era tan agradable cuando Miley hacía lo que le pedía... Ahora todo era una pelea y lo sacaba de quicio.
Tenía que encontrar la forma de convencerla. Una casa en el campo, pensó, un sitio del que Miley se enamorase a primera vista. Un edificio histórico, antiguo, con artesonado en el techo, un buen jardín, muchos cuartos de baño...
Al menos, sería una buena inversión. Llamaría a su agente de la propiedad en cuanto llegase a Londres, decidió.

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