sábado, 31 de marzo de 2012

Capitulo 13.- FIN

EL GUARDIA de seguridad lo llamó a las tres de la mañana. No lo había despertado porque no había conseguido quedarse dormido, pero sí le sobresaltó, sobre todo cuando oyó para qué lo llamaba:
Dos policías querían verlo.
No sabía mucho de métodos policiales, pero algo le hacía sospechar que los agentes no solían hacer visitas de cortesía a esas horas. Así que se puso los pantalones y acudió a abrirles la puerta.
— ¿Qué ocurre?
—Señor Jonas, ¿es suyo un Mercedes deportivo? —le preguntó antes de darle el número de matrícula.
—Es el coche de mi esposa, sí. ¿Hay algún problema?
— ¿Puede describir a su esposa?
—Claro. Es de estatura media, delgada y tiene el pelo rubio. ¿Pueden decirme qué ocurre?
Los policías se miraron mutuamente antes de responder:
—Quizá quiera sentarse. El coche ha sufrido un accidente hace unas horas. Me temo que tenemos malas noticias.
Se le heló la sangre en las venas.
—El coche cayó por un terraplén, dando varias vueltas de campana. La conductora no llevaba cinturón y salió disparada del vehículo.
Nick miró hacia otro lado, intentando asimilar lo que acababa de escuchar, pero resultaba imposible. Aquellas palabras le recordaban demasiado a otra tragedia, a otra época... Pero era el mismo dolor inaguantable.
— ¿Reconoce esto?
El agente le dio un lazo rojo con una llave, la misma que le había colgado al cuello a Miley hacía unas horas. Agarró la tela con las manos temblorosas.
—Mi esposa... ¿está herida? ¿o...?
—Señor Jonas —dijo el otro oficial con compasión—, me temo que es más grave que todo eso. La conductora ha muerto y nos tememos que se trate de su esposa. Nos gustaría que nos acompañara a identificar el cadáver.
¡Miley!
La posibilidad de que fuera ella era tan dolorosa que no podía afrontarla. Mientras se ponía los zapatos como un zombi, sacó el teléfono móvil y llamó a la casa para pedirle al ama de llaves que comprobara si Miley estaba allí. Con un escalofrío de terror, escuchó las palabras que le confirmaban que su esposa no había dormido en casa y que no había ni rastro del coche.
Levantó la mirada hacia los policías, tenía la mente en blanco y se sentía vacío por dentro.
—Vamos.
Debía de haberlo seguido. ¿Cómo demonios no se le había ocurrido que lo haría? Lo había seguido y ahora estaba muerta. Y su hijo también.
¡Y era culpa suya!
Ella había querido hablar, le había pedido que se quedara y la escuchara. Le había dicho que lo amaba y él le había dado la espalda. ¿Por qué lo habría seguido? ¿Por qué se había empeñado en convencerlo? Ya tenía el bebé, la casa y todo lo que quería...
Claro que quizá todo eso no fuera suficiente. ¿Sería cierto que lo necesitaba? ¿De verdad lo había amado?
Se había estrellado con el coche que él le había regalado, un coche que no sabía manejar. Él le había infligido el mismo destino que habían seguido todos los miembros de su familia. La había empujado a la muerte porque nunca había sido lo bastante valiente de aceptar su amor y enfrentarse a lo que él también sentía.
También él la necesitaba, ella le hacía sentir especial y fuerte. Quería cuidarla...
Porque la amaba.
¡Dios! La amaba y ahora era demasiado tarde.
Nunca había querido amar porque sabía que conllevaba demasiado sufrimiento, pero no se había dado cuenta de que no podía huir del amor negando su existencia, o callando lo que sentía por aquella mujer. Quizá si no se hubiera enamorado de ella, no estaría sintiendo tanto dolor; sin embargo lo que más lo atormentaba en ese momento era no habérselo dicho, no haberle dicho que la amaba.
Al llegar al enorme edificio de hormigón, se dio cuenta de que no quería entrar, quería seguir negando la verdad porque sabía que aquél iba a ser uno de los momentos más duros de su vida. Aunque le esperaba uno aún mayor.
¿Cómo iba a decírselo a Daphne?
Recorrió el largo pasillo del hospital sin dejar de repetirse lo injusto que había sido con ella, la prepotencia con que la había tratado incluso al hacerla que se casara con él.
— ¿Señor Jonas? —le dijo el médico con una mirada llena de preocupación.
—Estaba embarazada —murmuró Nick ausente—. Iba a ser nuestro primer hijo.
El doctor le dio una palmadita en la espalda y lo condujo hasta la sala donde se encontraba la camilla tapada con una sábana.
El corazón le dio un vuelco al ver el rostro que se escondía bajo la tela. A pesar de los arañazos y las contusiones, seguía siendo bastante bella. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta. Parecía estar en paz.
Pero no era ella.
—No es Miley —anunció con un suspiro que lo llenó de alivio, pero sólo unos segundos porque inmediatamente lo invadió otro temor—. ¿Entonces dónde está mi mujer?


HACÍA frío. Dos minutos bajo la lluvia habían bastado para dejarla empapada. En aquel momento no estaba a la intemperie, pero resultaba imposible entrar en calor allí dentro. Estaba tan encogida que le dolían todos los músculos y no tenía la menor idea de la hora que sería o de cuánto tiempo llevaba allí encerrada. Pero lo que más le preocupaba era que nadie la echaría en falta en toda la noche.
¿Cuánto tiempo aguantaría allí? Tenían que encontrarla. Nick tenía que encontrarla antes de que muriera...
Y de que muriera su bebé.
Se puso la mano en el abdomen, rezando por que el dolor que sentía fuera la presión de la vejiga y no un problema más grave. Siguió acariciándose el vientre como si tratara de calmar a su pequeño. Sólo esperaba aguantar lo suficiente.

La policía había dicho que lo llamarían en cuanto supieran algo, pero debían de estar locos si creían que iba a irse a casa sabiendo que su mujer estaba por ahí sola.
Los agentes le habían preguntado con mucho tacto cómo era posible que unos recién casados estuvieran pasando la noche separados. Nick les había explicado que habían discutido por un malentendido y al oírselo decir a sí mismo, se había dado cuenta de lo ridículo que parecía en tales circunstancias. Ahora lo único que importaba era que estuviera viva y a salvo.
Estuvo a punto de pasar de largo, pero entre los arbustos distinguió los faros de un coche. Estaba claro que alguien había tratado de esconderlo. Salió del coche con el corazón en un puño, miró a su alrededor por si había alguien... silencio. Hasta que oyó un golpe y luego otro y se dio cuenta de que procedían del maletero del vehículo escondido.
Tenía que ser ella.
— ¿Miley? —gritó pegando la cara a la chapa—. ¿Me oyes?
Aquel grito de alivio era el sonido más bello que había oído en su vida.
Estaba viva.
Examinó el maletero, no parecía tener ningún botón exterior; sin la llave, iba a tener que romperlo. A no ser que... ¡Bingo! Bajo el volante, encontró la palanca para abrir el maletero desde el interior. Sólo unos segundos después tenía a Miley en sus brazos y no podía parar de abrazarla y de besarla. No olía precisamente a albaricoque, pero era una maravilla haberla encontrado sana y salva.
—Me has encontrado —murmuró con lágrimas en los ojos.
—Pensé que te había perdido para siempre. ¿Estás bien? ¿Te han hecho algo?
—Me duele todo el cuerpo, pero estoy bien. Una mujer me robó el coche, tenía una pistola y me obligó a meterme en el maletero.
Tenía una pistola. Nick prefirió no pensar lo que podría haber pasado por su culpa. La llevó a su coche y, después de informar a la policía, la abrazó una y otra vez.
—Lo siento mucho —dijo ella—. Siento haber ocasionado tanto problema.
—No es culpa tuya. No debería haberme marchado así. Me estabas siguiendo, ¿verdad?
—No podía dejarte marchar pensando lo que pensabas de mí. Tenía que hablar contigo.
—Me equivoqué al pensar todo eso. Me equivoqué.
—Nick —comenzó a decir llorando—... No estabas del todo equivocado.
—No hace falta que digas nada.
—Tengo que hacerlo. Es cierto que estaba desesperada por tener un hijo, hasta pensé en tener una aventura de una noche con algún desconocido en un bar. Pero la noche del baile ya me había hecho a la idea de que no podría quedarme embarazada y te prometo que no pensé en ello siquiera.
Nick se puso tenso sin saber si realmente quería escuchar aquello.
—Y no pensé en ello por ti, por lo bien que me hiciste sentir. De pronto nada importaba... Y no me di cuenta de lo que habíamos hecho hasta más tarde. Me asusté mucho y no sabía qué hacer. Sin embargo en cuanto supe que me había quedado embarazada, supe que tenía que decírtelo, eso nunca lo dudé. Sólo siento haber tardado tanto en decírtelo. Por eso te resulté tan difícil de creer.
—Yo hice que fuera tan difícil —aseguró él pasándole la mano por la mejilla—. No quería sentirme cerca de nadie, pero te deseaba demasiado. Si no te creía, me resultaba más sencillo mantenerme alejado de ti. No podía confiar en ti, ni sentir nada por ti. Ahora sé que era una locura. Hasta que no pensé que te había perdido no caí en la cuenta de cuánto significas para mí.
— ¿Significo mucho? —preguntó ella con una sonrisa tierna y llena de esperanza.
Él se acercó un poco más y la besó en los labios.
—Muchísimo. ¿Te he dicho últimamente... -comenzó a decir separándose de ella sólo unos centímetros—... que te amo?
Esa vez fue ella la que se alejó y lo miró con los ojos abiertos de par en par.
—No me lo has dicho nunca.
—Pues ya va siendo hora. Te amo, Miley. Te amo y estoy orgulloso de que seas mi familia, quiero que seas mi familia para siempre... si todavía me quieres después de todo lo que te he hecho.
Siguió mirándolo como si tuviera miedo de creer lo que estaba oyendo.
—Nick... —consiguió decir por fin—. Te quiero tanto. No puedo imaginar estar sin ti. Me has salvado la vida.
—Era lo justo. Tú me has devuelto la mía.
Miley abrió la boca para protestar, pero sus labios se lo impidieron...
                               FIN!

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