La casa de Selena estaba a las afueras de Jacobsville, a unos diez kilómetros del rancho que había sido de su familia durante generaciones y en el que ahora vivía Nick… La suya era una casita muy agradable, con un porche en el que había un balancín. Estaban en el mes de mayo y había flores por todas partes. En el jardín podían verse todos los colores del arco iris y había una pequeña rosaleda que era el orgullo de Selena. Eran rosas de verdad, no híbridos, y olían como el perfume.
-Se me había olvidado lo bonita que era -suspiró Miley.
-A Howard también le encantaba -dijo Selena, sus ojos oscureciéndose por un momento.
-No le conocí, pero debía ser una persona encantadora.
-Lo era -asintió ella, recordando con tristeza a su difunto marido.
-¡Mira, es el tío Nick -exclamó Dawn, señalando el camino que llevaba a la casa.
Miley se puso tensa, pero intentó disimular mientras se volvía para ver el jaguar rojo detenerse, dejando atrás una nube de polvo. La puerta se abrió y Nick salió de un salto.
Era alto y fibroso, con el pelo negro y los ojos de un verde muy oscuro. Tenía los pómulos altos, los labios delgados... También tenía las orejas y los pies grandes, pero era tan masculino que las mujeres se sentían atraídas por él como si fuera un imán. Había tal sensualidad en su forma de caminar que el corazón de Miley empezó a temblar como una hoja.
-¿Dónde demonios estabais? Os he buscado por todas partes y al final he tenido que volver a casa.
-¿Cómo que dónde estábamos? -le espetó Selena-. Estábamos en la ceremonia de graduación de Miley. Pero, claro, tú no te has molestado en aparecer...
-Estaba en la puerta, buscándolos entre la gente, y no os vi hasta que terminó. Cuando por fin conseguir abrirme paso entre la multitud, ya os habíais marchado.
-Has ido a mi graduación? -preguntó Miley, sorprendida.
El se volvió para mirarla. Sus ojos eran grandes, rodeados de oscuras pestañas.
-Hubo un incendio en el establo y llegué tarde. ¿Crees que me perdería algo tan importante como tu ceremonia de graduación? -le espetó, enfadado. Aunque no la miraba a los ojos mientras hablaba.
El corazón de Miley se estremeció, contra su voluntad. Nick no la quería. La trataba como si fuera una hermana pequeña, pero cualquier contacto con él la hacía temblar. No podía evitar que su rostro se volviera radiante de alegría cuando estaba con él. Y entonces su cara, tan vulgar, se volvía casi hermosa.
Nick miró alrededor con expresión de fastidio antes de tomarla de la mano.
-Ven aquí -murmuró, llevándola al coche.
La colocó en el asiento del pasajero y después dio la vuelta al Jaguar para sentarse tras el volante. Enseguida sacó de la guantera una caja envuelta en papel dorado y se la entregó.
-¿Es para mí? -exclamó Miley, sorprendida.
-Para nadie más -contestó él, con una media sonrisa-. Venga, ábrela.
Miley rasgó el papel. Era una cajita de terciopelo, como de una joyería, pero demasiado grande para contener un anillo. Cuando la abrió, se quedó boquiabierta.
-Qué pasa? ¿No te gusta?
Era un reloj de Mickey Mouse con una correa roja. Y Miley sabía lo que significaba: que su secretaria, la señorita Jarrea, que odiaba que le encargase comprar regalos para sus amigas, por fin había perdido la paciencia. Seguramente habría pensado que Nick quería comprar una joya para alguna de sus rubias y le estaba demostrando que, a partir de entonces, lo mejor sería que comprase los regalos él mismo.
Eso le dolió porque sabía que Nick compraba personalmente los regalos para Selena y las niñas.
Eso no lo dejaba nunca en manos de la señorita Jarrett. Pero, claro, ella no era de su familia.
-Es... muy bonito -consiguió decir, percatándose de que el silencio se alargaba demasiado.
Miley sacó el reloj de la caja y Nick lo vio por primera vez.
Y, naturalmente, soltó una palabrota por lo bajo. No podía admitir delante de Miley que él no había comprado el regalo. Pero se prometió a sí mismo que mataría a la señorita Jarrett.
-Es la última moda -comentó, sin mirarla.
-Me encanta, de verdad - Miley se lo puso. Le encantaba porque Nick, se lo había regalado. Le habría gustado una rata muerta si se la hubiera regalado él. Porque no tenía orgullo en lo que se refería a Nick Jonas.
Él hizo una mueca, intentando ver el lado simpático del asunto.
-Serás la única licenciada en Historia que lleve uno como ése.
Miley rió. Cuando reía le cambiaba la cara. Estaba muy guapa.
-Gracias, Nick.
Él tiró de ella entonces, mirando sus labios.
-Puedes hacer algo mejor que darme las gracias -dijo, inclinando la cabeza.
Miley la levantó, cerró los ojos, saboreando la presión de sus labios sobre los suyos.
-No, veo que no -murmuró Nick al ver que mantenía los labios cerrados. Entonces sujetó su cara suavemente, empujando su cabeza contra el asiento.
Miley se sintió mareada. Pero le encantaba la insistencia de su boca en medio del silencio del coche. Suspiró y un gemido escapó de su garganta.
El levantó la cabeza. Los ojos oscuros se clavaban en los suyos, llenos de deseo frustrado.
-Ya estamos otra vez.
Miley tragó saliva.
-Nick…
El puso un dedo sobre sus labios para que no siguiera hablando.
-Ya te dije que no había futuro para nosotros, Miley -dijo con voz ronca-. No quiero una mujer de forma permanente. Nunca. Soy soltero y pienso seguir siéndolo siempre. ¿Lo entiendes?
-Pero si yo no he dicho nada -protestó ella.
-¿Cómo que no? -murmuró Nick, abriendo la puerta del coche.
Miley salió detrás de él para mostrarle el reloj a Selena y a las niñas.
-Mirad lo que me ha regalado. ¿Os gusta?
-¡Yo también quiero uno! -exclamó Brandi.
-Tú no acabas el instituto hasta el año que viene -le recordó Selena.
-Pues quiero que me regale uno entonces.
-Lo tendré en cuenta -le prometió Nick. Estaba sonriendo, pero la sonrisa no llegaba a sus ojos-.
Felicidades otra vez, Miley. Pero debo irme. Tengo una cita esta noche.
Ella intentó sonreír. Aunque no le apetecía nada.
-Gracias por el reloj.
Nick se encogió de hombros.
-Te queda bien -contestó enigmáticamente-. Hasta luego, chicas.
Y luego subió a su deportivo y desapareció por el camino.
-De verdad me gustaría tener un reloj como ése -insistió Brandi.
Selena levantó el brazo de Miley para mirarlo de cerca.
-Hay que tener mala idea -dijo en voz baja. Miley sonrió con tristeza.
-Ha debido comprarlo Jarrett. Ella es la que compra todos los regalos para sus amigas.
-Sí, eso parece -suspiró Selena-. Pero es a ti a quien Nick ha hecho daño.
-Y ella la que va a recibir una reprimenda -intentó sonreír Miley -. Pobre mujer.
-Qué va. Se lo comerá con patatas -dijo Selena-. Y hará muy bien.
-Le gustan las mujeres que le contestan, ¿verdad? La señorita Jarrett, Nell en casa... y menudo carácter tiene Nell.
-Nell es maravillosa. No sé lo que Nick y yo habríamos hecho sin ella. Mi madre murió cuando éramos muy pequeños y mi padre no era una persona muy cariñosa.
-¿Es por eso por lo que Nick es tan seco? -preguntó Miley.
Como siempre, Selena no dijo nada.
-No solemos hablar de eso. No es una historia muy alegre y Nick odia recordar esos años.
-Nadie me cuenta nada -protestó Miley.
-Y nadie te lo contará. A menos que lo haga el propio Nick…
-Sí, y sé cuándo ocurrirá eso: cuando las ranas críen pelo.
-Exactamente -asintió Selena, riendo.
Esa noche, estaban viendo una película en televisión cuando sonó el teléfono. Selena se levantó para contestar y volvió unos segundos después, haciendo una mueca.
-Es Jarrett. Quiere hablar contigo.
-Está enfadada?
Selena se encogió de hombros mientras Miley iba hacia el teléfono.
-¿Dígame?
-¿Miley? Soy Nan Jarrett. Llamo para pedirte disculpas...
-No es culpa suya, señorita Jarrett -la interrumpió Miley -. Y es un reloj muy bonito. Me encanta.
-Pero yo pensé que era para una de esas rubias bobas que no le importan un pimiento y me irritó que no se molestara en comprar el regalo él mismo. Por eso compré el reloj -Nan Jarrett pareció darse cuenta de lo que había dicho entonces-. Con esto no quiero decir que tú no le importes un pimiento.
-Evidentemente, no le importo -dijo Miley.
-Pues yo no estaría tan segura. No sabes cómo vino. ¡No había oído nunca tantas palabrotas... ni siquiera de la boca de ese hombre!
-Es que estaba enfadado porque le había pillado.
-Me ha dicho que hoy era uno de los días más especiales de tu vida y que yo lo había estropeado -dijo la señorita Jarrett.
-No, ya me lo había estropeado él no apareciendo en la ceremonia de graduación -contestó Miley. Estaba a punto de contarle que, en realidad, había ido, pero no se habían visto cuando la secretaria la cortó.
-Ah, sobre eso... Nos dijo a todos que, si preguntabas, debíamos decir que había estado intentando apagar el incendio en el establo. Pero la verdad es que tenía una reunión con un comprador de ganado y se le olvidó la ceremonia. Ya sabes cómo es, lo único que le importa de verdad es el rancho.
El corazón de Miley se rompió en dos.
-Sí -murmuró, conteniendo las lágrimas-. Pero no voy a decirle nada, no se preocupe.
-Ese hombre siempre se sale con la suya.
-Ojalá pudiera hacerlo yo -murmuró Miley -. Gracias por llamar, señorita Jarrett. Ha sido un detalle.
-Sólo quería que supieras que me ha dado mucha rabia que el reloj fuera para ti -suspiró la mujer-. No me gustaría hacerte daño por nada del mundo.
-Lo sé.
-Bueno, enhorabuena por tu graduación.
-Gracias. y colgó. Y luego volvió al salón, sonriendo.
Jamás les diría la verdad sobre lo que había hecho Nick, el día de su graduación. Pero ella no lo olvidaría nunca.
Miley había aprendido a esconder sus sentimientos y eso fue lo que hizo para que Selena y las niñas no se dieran cuenta de su disgusto. Pero estaba cansada de esperar que Nick se diera cuenta de que estaba viva, de que era una persona. Por fin había entendido que no significaba absolutamente nada para él. Bueno, era una especie de hermana adoptada por la que sentía cierto cariño o algo así, pero nada más.
Su ausencia durante la ceremonia de graduación lo dejaba todo claro. Pero iba a tener que convencer a su estúpido corazón para que dejase de latir por él... costase lo que costase.
Cinco días después, el lunes, fue a la oficina de Calhoun y Justin Ballenger dispuesta a ponerse a trabajar.
Justin, el hermano mayor de Calhoun, la saludó cariñosamente. Era un hombre alto, delgadísimo, con el pelo canoso y los ojos oscuros. El y su mujer, Shelby, que era descendiente directa del fundador de Jacobsville, el viejo John Jacobs, tenían tres hijos. Llevaban mucho tiempo casados, como Calhoun y Abby. La mujer de J.D. Langley, Fay, trabajaba como secretaria para Calhoun Ballenger, pero un embarazo complicado la había obligado a guardar cama temporalmente. Y por eso Miley había encontrado trabajo durante el verano.
-Te las arreglarás -le había dicho Ellie, la secretaria de Justin-. Ahora no tenemos tanto trabajo como a finales de otoño. Sólo es trabajo rutinario. Te presentaré a los peones más tarde. Por ahora, deja que te muestre lo que hacemos aquí.
-Siento que te hayas quedado sin vacaciones por esto -se disculpó Justin.
-Aún no puedo permitirme vacaciones -le aseguró Miley -. Sólo soy una pobre estudiante y tengo que pagar tres años más de universidad, así que te estoy muy agradecida.
Justin se encogió de hombros.
-Tú sabes de ganado tanto como Abby y Shelby -le dijo. Y era un buen cumplido porque las dos llevaban años trabajando en aquel establo que se dedicaba, básicamente, a engordar al ganado para la venta-. Aquí eres más que bienvenida. -
Gracias -dijo Miley. -Gracias a ti -replicó él.
Llevo como 3 o 4 novelas y todabia no termino pff si son muchas megor asi no tngo q esperar q suban mm luejo le sigo cuidate.
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