Miley y Demi se habían conocido al entrar en la facultad de Ciencias Empresariales, pero no fue hasta el cuarto y último año de carrera cuando conoció a Nick. Ella tenía entonces veintiún años, y él veintocho. Fue un día que Demi la había invitado a su casa en el rancho Jonas para repasar juntas unos apuntes. Nick había entrado en el salón para preguntarle si lo habían telefoneado en su ausencia, y Demi los había presentado. Nick la había mirado largamente de arriba abajo, y algo en ella debió resultarle ofensivo, porque tras la presentación se marchó como alma que lleva el diablo, y desde ese día, cada vez que Miley fue al rancho, invitada por su amiga, Nick nunca estaba allí o se marchaba justo cuando ella llegaba.
Sin embargo, Jacobsville era una ciudad pequeña, y era imposible que no se encontraran. Una tarde, Miley estaba en la tienda de piensos, grano, y útiles de ganadería de su padre, ayudándolo a despachar, cuando Nick había entrado con el nuevo capataz de su rancho para abrir una cuenta.
Hasta entonces siempre había ido a comprar a otro establecimiento cercano que les hacía la competencia, pero el dueño se mudaba a otra ciudad y había cerrado el negocio, así que Nick se había visto obligado a comprar al padre de Miley. Desde ese día, comenzó a verlo con regularidad. Cada vez que Nick iba allí, se conducía de un modo amable con ella, seguramente porque era amiga de su hermana, pero siempre se cuidaba mucho de guardar las distancias.
Miley, que lo había encontrado fascinante desde el primer momento, no se sintió herida por su rechazo. ¿Por qué iba a fijarse en una chica que apenas había dejado atrás la adolescencia cuando se decía que lo perseguían las mujeres más hermosas de la ciudad?
Sin embargo, a pesar de lo que creía Miley, Nick sí se había fijado en ella y, sin que se diera cuenta, sus ojos la seguían por toda el establecimiento cada vez que iba a comprar algo, aunque seguía mostrándose distante y meramente cortés.
A medida que pasaba el tiempo, Miley iba sabiendo más acerca de Nick por su hermana Demi, y poco a poco fue enamorándose de él. Nick fingía no advertir su interés, pero cada vez le resultaba más difícil hacerlo por lo obvio que resultaba para cualquiera que los viera, ya que, cada vez que iba a la tienda, la joven se trababa al hablar y se le caían las cosas continuamente.
Además, el contacto físico era inevitable, cuando ella le entregaba alguna mercancía, o él le daba una hoja de pedido, y al tocarse sus manos era como si se produjera electricidad. En una ocasión, Miley había salido de detrás del mostrador para mostrarle un nuevo tipo de grano que les había llegado, y de pronta alzar el rostro, sus ojos se encontraron. Estaban cerca que podía oler su colonia, y la intensidad de su mirada hizo que le temblaran las rodillas.
Nick había bajado la vista hacia los labios entreabiertos de ella, y los latidos del corazón de la joven habían disparado. Miley era muy inocente por aquel entonces, pero reconoció al instante que era deseo lo que impregnaba las facciones de Nick. Era la primera vez que lo veía mirarla de verdad, como a una mujer
La entrada de su padre en ese momento rompí hechizo, haciendo que la expresión de Nick se tornara en una de irritación y desprecio por sí mismo, y, sin pronunciar palabra, había abandonado la tienda.
Miley se hizo ilusiones a raíz de aquella mirada que habían compartido, y parecía que Nick se hubiera visto atrapado también por ella, porque a partir de entonces sus visitas a la tienda se hicieron más frecuentes
La joven observó que solía ir los miércoles y viernes, así que empezó a arreglarse esos días, dejando a un lado los pantalones vaqueros, las zapatillas deporte, y las sudaderas, por vestidos entallados, faldas, blusas, zapatos de tacón, y una dosis discreta de bien aplicada de maquillaje. Su esbelta figura se veia favorecida por esos cambios, y a Nick le era ya casi posible disimular su interés por ella. La devoraba con la mirada, y la tensión fue en aumento hasta que día la situación alcanzó un punto crítico.
Habían pasado al almacén, en busca de un tipo de bocado especial para caballos que Nick le había pedido, Miley había estado a punto de golpearse la cabeza con unos azadones que tenían colgados del techo.
Cuidado murmuró Nick agarrándola de la cintura para apartarla.
Con aquel inesperado movimiento, la joven quedó delante de él, casi pegada a su cuerpo, pero ninguno de los dos hizo ademán de separarse del otro.
Gracias -musitó Miley con una risa nerviosa Soy tan despistada... Mi padre siempre lo dice, que nunca miro por dónde voy...
Sin embargo la risa se cortó en su garganta al ver la intensa expresión en el rostro de Nick, y al sentir cómo su tórax subía y bajaba, rozando su pecho, con la respiración tan entrecortada como la suya.
Y en ese momento, de pronto, él inclinó la cabeza y tomó sus labios en un beso muy distinto a los que Miley había recibido hasta entonces. Al principio se tensó un poco, y él levantó la cabeza un instante para mirarla, pero volvió a besarla, y esa vez, al despegar sus labios de los de ella, Miley se quedó de puntillas, con la barbilla levantada, y los ojos cerrados, como ofreciéndose a él. Cuando los abrió, Nick estaba observándola fijamente, estudiándola.
-¿Te das cuenta de que tengo siete años más que tú, Miley? -murmuró contra sus labios con voz ronca.
-No me importa... -respondió ella sin aliento.
Nick la miró con dureza.
-Esto no nos llevará a ninguna parte -le dijo-. Tu estás cegada por algo que no es más que un enamoramiento juvenil, y yo no pienso prestarme para satisfacer tu curiosidad. Hace mucho que pasé esa edad en la que uno se conforma con tomar a una chica de la mano e intercambiar ingenuas caricias con ella.
Miley no alcanzaba a comprender lo que le estaba diciendo, ansiosa como estaba por volver a sentir sus labios sobre los de ella, con todo el cuerpo latiéndole por esas nuevas e intensas emociones.
-Ni siquiera me estás escuchando -le reprochó él, sin poder evitar que su vista descendiera de nuevo a la boca de la joven-. ¿Sabes qué es lo que estás pidiendo con esa actitud?
Tomándola por los hombros, la atrajo hacia sí y la besó de nuevo, abriendo sus labios para introducir entre ellos su lengua, de un modo sensual e insistente que asustó a la joven.
-No -la detuvo él al ver que intentaba apartarse-, si no te enseño otra cosa, al menos te enseñaré que el deseo no es algo con lo que se deba jugar.
Una de sus grandes manos subió hasta la nuca de Miley, sosteniéndole la cabeza, y la otra siguió asiéndole con firmeza la cintura, mientras sus labios volvían a atormentarla con besos ardientes a la vez que bruscos. La joven estaba llena de temor, pero al mismo tiempo se sentía tan excitada, tan sedienta de más, que se dejó llevar, abandonándose.
Mientras que ella, joven e inocente, había perdido el control por completo, Nick no lo había perdido ni un instante, y eso precisamente era lo que él quería hacerle ver, que no estaba preparada para una relación, y mucho menos con un hombre experimentado. Minutos después del tempestuoso intercambio, Nick despegó sus labios de los de ella y se apartó para mirarla.
-¿Comienzas a ver lo peligroso que es? -le preguntó en un tono deliberadamente suave a la vez que algo amenazador-. Podría tomarte ahora mismo si quisiera, porque tienes demasiada curiosidad como para negarte a mi deseo. Y yo, Miley, soy humano, no un santo.
-Pero tú... ¿no... no sientes nada por mí? -balbució ella.
Él apretó los puños y una de las comisuras de sus labios se torció hacia arriba en una mueca cruel.
-Siento deseo por ti, como lo sentiría por cualquier otra mujer que se muestre tan dispuesta. Eso es todo.
Aquella brusca revelación aplastó el orgullo de Miley.
-Oh. Oh, ya... ya veo.
-Eso espero, porque últimamente estabas siendo demasiado obvia, Miley. Vas a nuestro rancho día sí y día no con la excusa de ver a Demi, te arreglas los días que vengo a la tienda... Entiéndeme, es halagador, pero no quiero tus atenciones de adolescente, ni ese incomprensible encaprichamiento que te ha dado conmigo. Siento ser tan poco delicado, pero así es como están las cosas.
Miley se puso roja como la grana, y dio un paso atrás, rodeándose incómoda la cintura con los brazos. Se sentía destrozada.
La mandíbula de Nick se contrajo al ver la expresión dolida de ella, pero no se retractó.
-No te lo tomes tan a pecho -le dijo-. Pronto comprenderás que es mejor conformarse con lo que la vida nos ofrece que aspirar a imposibles. A partir de ahora mandaré a Billy por los pedidos. Y tú, encontrarás alguna excusa para no venir al rancho a ver a Demi, ¿verdad que lo harás?
La pobre Miley asintió con la cabeza en silencio, y subió las escaleras del almacén conteniendo a duras penas las lágrimas. Nick la siguió, y cuando fue a salir de la tienda, se detuvo un momento, girándose para mirarla una última vez. Sus facciones estaban contraídas en lo que a Miley le pareció un gesto de arrepentimiento, y por un instante creyó que iba a volver a entrar para decirle que lo perdonara, que no había querido decir aquello, pero él se caló el sombrero y se marchó.
A partir de ese día, tal y como había dicho, Nick envió a su capataz para comprar lo que necesitaban, y no volvió a poner el pie en la tienda. Miley lo veía de modo ocasional por la calle, algo imposible de evitar en una ciudad tan pequeña como Jacobsville.
En una ocasión fueron a almorzar a la misma cafetería, pero Miley se levantó, dejando la comida a medio acabar, y salió por la puerta trasera mientras el maitre sentaba a Nick y al hombre que lo acompañaba. Esa misma tarde, al levantar la vista de un escaparate y girarse, se encontró con que él estaba observándola desde el otro lado de la calle, con expresión confundida, pero en cuanto advirtió que ella lo había visto, continuó caminando y desapareció tras una esquina.
Otro día, para su sorpresa, Demi la invitó a visitarla en el rancho. Miley aceptó la invitación, pero no sin antes asegurarse de que Nick no iba a estar allí. A su amiga la extrañó esa insistencia, pero por más que le preguntó al respecto, no logró sonsacar nada a Miley.
Y aquella no sería la única sorpresa. Unos días después, durante un acto social, Nick llegó a abordarla. Era el vigésimo segundo cumpleaños de Demi, y ésta le había pedido que fuera con ella a un baile para el que tenía invitación, pero no pareja con la que ir. Demi sólo le ocultó un pequeño detalle: no mencionó que su hermano iba a asistir. Y así, en medio de una pieza en la que se iba cambiando de pareja, Miley se encontró de pronto cara a cara con un furibundo Nick. Sin embargo, para estupefacción del ranchero y los demás asistentes, Miley se apartó de él, se giró sobre los talones y se marchó.
Tras ese incidente los rumores anduvieron como la pólvora por toda la ciudad. Era la primera vez que una mujer rechazaba públicamente a Nick Jonas. Miley se juró no volver a ir a ningún acto público; Demi se sintió fatal y se prometió no volver a hacer de Celestina; y Nick estuvo de un humor de perros durante varios días.
Sin embargo, había un evento al que Miley no había previsto que tendría que asistir; un evento en el que estaría Nick.
El padre de Miley pertenecía a un club de tiro, a cuyas reuniones siempre trataba de arrastrar a Miley «para que encontrara marido», y del que Nick era presidente. Miley se había negado en redondo a acudir a las últimas reuniones desde el día que el ranchero le diera el ultimátum en la tienda, pero cuando llegó el decimoquinto aniversario del club, tuvo que terminar accediendo ante la insistencia de su padre: «va a ser una gran fiesta, cariño, y tú hace tanto que no sales a divertirte...»
La mirada colérica con que la obsequió Nick al verla entrar en el club del brazo de su padre fue aún peor de lo que había esperado. Se había puesto un vestido violeta de lentejuelas, de tirantes finos y escote en uve, con unos zapatos de tacón a juego. Estaba realmente espectacular, y así se lo hicieron saber varios de los caballeros asistentes, que le hicieron numerosos cumplidos y la invitaron a bailar. Nick no bailaba con nadie, sino que se limitaba a andar de un lado a otro, con un whisky en la mano, hablando con otros hombres y mirando a Miley irritado.
Y entonces, de pronto, cuando hubo concluido la pieza que la orquesta estaba tocando, Nick se acercó a Miley y, sin pedirle permiso a ella ni al joven con el que estaba bailando, la tomó de la mano y la atrajo hacia sí. Las notas de una nueva melodía inundaron la sala, y Nick la arrastró consigo, haciéndola girar por la pista de baile, mientras Miley tenía la impresión de que el corazón quisiera salírsele del pecho. Por la mirada punzante de sus ojos entornados, a Miley no le resultó difícil imaginar que no se trataba precisamente de un baile de compromiso. Cuando se estaba acabando la pieza y las luces se atenuaron para dar paso a la siguiente, una melodía romántica, Nick aprovechó para conducir a Miley hasta la puerta lateral y llevarla fuera, al pórtico que daba paso a los jardines, en medio de la penumbra de la noche. Una vez allí, lejos de las miradas de los curiosos, prácticamente la acorraló contra la pared.
-¿Qué crees que estás haciendo? -le espetó sin alzar la voz, pero en tono áspero-. ¿Por qué has venido? -sus ojos marrones relampagueaban.
-No por ti, te lo aseguro -se apresuró a contestar ella.
-¿Ah, no? -la desafió él-. Me deseas. Tus ojos me lo dicen cada vez que me miran. Puedes apartarte de mi camino o negarte a saludarme en la calle, pero te estás engañando a ti misma si crees que no puedo leer en ti como en un libro abierto.
Los ojos de la joven lo observaron de hito en hito, debatiéndose entre la irritación y la incredulidad.
-Eres el hombre más presuntuoso que he conocido, Nick Jonas.
-No es presunción -masculló él pegándose a ella.
Antes de que Miley pudiera reaccionar, la había tomado por la nuca, haciéndole echar la cabeza hacia atrás, mientras que se inclinaba hacia ella para tomar sus labios.
La mirada sorprendida en los ojos de la joven lo hizo vacilar un instante, pero entonces advirtió que, a pesar de sus rechazos en público, a pesar de que acababa de negar que no estaba allí por él, la expresión en su rostro parecía indicar que sintiera que estaba ofreciéndole el cielo. Hasta su respiración se había tomado entrecortada.
Aquello lo excitó. Puso la mano libre sobre la cálida y suave piel que dejaba al descubierto el escote en uve y, al aspirar Miley sorprendida, aprovechó para posar su boca en los labios entreabiertos de la joven.
El gemido ahogado de Miley lo hizo perder la cabeza por completo. En cuanto la joven empezó a responder al beso, Nick olvidó la diferencia de edad entre ellos, se olvidó de todo lo que los rodeaba. Por más que lo había intentado, no había logrado olvidar el sabor de los labios de Miley. Durante aquellas últimas semanas el recuerdo lo había atormentado noche y día, y había llegado a pensar que debía haber imaginado ese placer sin igual, pero no era así.
Sin poder ya contenerse, la mano que tenía en la nuca de la joven se contrajo, atrayendo su boca aún más cerca de la de él, mientras que la otra se deslizó dentro del cuerpo del vestido, cubriendo uno de los pequeños senos de Miley.
Ella emitió un gemido de protesta, pero el íntimo contacto de la mano de Nick en su piel, desencadenó en ella toda una serie de deliciosas sensaciones, y sólo pudo rodearle el cuello con los brazos, aferrándose a él para no perderse en aquel intenso oleaje de placer. Nick deslizó uno de los finos tirantes hacia abajo, despegó su boca lentamente de la de ella, y Miley notó cómo sus labios fueron descendiendo en húmedos besos por su garganta hasta la suave y cálida circunferencia del seno que había quedado al descubierto. Dejó escapar un intenso gemido, y sus uñas se hundieron en los brazos de Nick.
-No hagas eso -susurró él sin levantar la cabeza-, ahoga esos excitantes gemidos o nos convertiremos en el espectáculo de la velada.
Y entonces, tomando el seno en su mano, lo levantó hasta su boca, engulló la areola, y comenzó a succionar lenta y suavemente mientras lamía el endurecido pezón. Miley sollozaba extasiada, estremeciéndose de placer,. y aun cuando Nick liberó su seno y levantó la cabeza, se quedó muy quieta, con los ojos entornados y la visión enturbiada por la excitación. Él la estudió en silencio antes de bajarle el otro tirante. El cuerpo del vestido cayó hasta la cintura de la joven, y las fuertes manos de Nick la arquearon hacia él, al tiempo que volvía a agachar la cabeza. Tras detenerse un momento para admirar hipnotizado su desnudez, tomó el otro seno en su boca y la hizo volar de nuevo con él hasta las estrellas.
Cuando finalmente Nick logró controlarse, Miley se derrumbó contra él, y lo escuchó respirar jadeante mientras volvía a subir los tirantes a sus hombros y le ponía bien el vestido.
-¿He sido el primero? -le preguntó con voz ronca.
Miley no se sentía con fuerzas para mentir.
-Sí -musitó.
Las manos de Nick se contrajeron bruscamente en torno a su cintura, y maldijo con furia entre dientes.
-¡Esto es un error! ¡ un error! -masculló-. Eres tan joven...
Miley frotó su mejilla contra la garganta de Nick.
-Pero yo te quiero... -murmuró-, te quiero más que a mi vida...
-¡Basta! -la cortó él bruscamente, apartándose de ella. Sus ojos relampagueaban de ira, pero sus facciones estaban rígidas por la pasión apenas controlada, llenas de tormento-. ¡No quiero tu amor!
Miley alzó la vista hacia él, con una mirada vulnerable y entristecida en sus grandes ojos azules.
-Lo sé.
Las facciones del ranchero se tensaron hasta parecer una máscara sobre los marcados pómulos, y apretó los puños.
-Mantente alejada de mí, Miley -le dijo con voz ronca-. No tengo nada que darte, nada en absoluto.
Las piernas le temblaban a la joven cuando contestó.
-Sé que no lo creerás, pero si he venido aquí esta noche ha sido sólo porque mi padre insistió.
Aquello no aplacó a Nick.
-No te hagas ilusiones por lo que acaba de ocurrir -le advirtió con aspereza-, no ha sido más que sexo. No voy a casarme contigo, y la palabra «amor» no figura en mi vocabulario.
-Porque no dejas que ocurra -murmuró ella quedamente.
-Eso no es asunto tuyo -le espetó él.
Miley sintió el frío de su mirada como si la cortara hasta los huesos. Dentro la orquesta había empezado a tocar otra canción, que la joven reconoció como Gracias por el recuerdo, y estuvo a punto de dejar escapar una risa amarga ante lo apropiada que resultaba para el momento.
-No te engañes creyendo que esto ha sido una especie de interludio romántico -volvió a advertirle él-. No eres más que una adolescente, larguirucha y plana como una tabla de planchar. Olvídame, haz el favor. ¡Olvídame y no vuelvas a acercarte a mí!
Se giró sobre los talones y volvió dentro, dejándola sola. Miley, hondamente herida por esas crueles palabras, recogió los trozos de su herido orgullo, y se fue a sentarse en el coche de su padre. Necesitaba estar sola. Éste salió en su busca al cabo de un rato, extrañado por su prolongada ausencia y, al hallarla en el coche, le preguntó que le ocurría. Miley le dijo que le dolía la cabeza, pero su padre no se dejó engañar. La había visto salir con Nick Jonas momentos antes, y leyó al instante el dolor en su rostro, así que, sin hacer más preguntas, volvió dentro para excusarse con los demás y regresó a casa con ella.
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