La misma ropa que Miley había llevado desde Los Ángeles, la había acompañado al norte de Inglaterra. Para la fiesta había escogido un vestido negro y azul, que habría sido un verdadero desastre en alguien que no tuviera un cuerpo tan perfecto como el de ella.
Los Hollister vivían en una moderna casa de dos pisos, situada al otro lado de la población. Isabel y su marido, de edad avanzada, se dirigieron hacia Miley en cuanto entró.
-Estaré muy orgullosa de presentarte a todo el mundo. ¡Oye, qué vestido más bonito! ¿Valentino, verdad? En esta temporada yo sigo a Saint Laurent.
Era una fiesta de categoría. Miley percibió pequeños y bruscos silencios, así como frases rápidas mientras su anfitriona la presentaba. La joven sonrió y charló hasta cansarse.
Al final todo se volvió en su contra. Se encontraba bailando en los brazos de George Hollister, que había bebido más de la cuenta, cuando de pronto apareció Nick y los interrumpió.
-Con tu permiso, George -hábilmente la liberó de George, y luego se dirigió a ella-. Dentro de poco tu anfitriona se pondrá como una fiera.
-Debió ponerle un collar y una cadena, aunque te diré que podría haberme librado sin necesidad del escuadrón de rescate -declaró malhumorada.
-¿Dónde está Drew?
-Ha ido a traerme una copa. ¿Dónde estabas que no te vi antes?
-Paula y yo llegamos tarde. Dime una cosa, ¿siempre bailas a medio metro de distancia de tu compañero? -con una mano la atrajo hacia sí, obligándola a que posara las manos en sus hombros.
Un calor incontenible la invadió. El latido del deseo que corría por sus venas destruía su autocontrol, fundiéndola con él en una dolorosa angustia.
Terminó la música y él la apartó cruelmente de la fuente de esa necesidad. Un sexto sentido le dijo a Miley que muchos ojos los estaban espiando, y con una risa chispeante se alejó de Nick. Isabel la esperaba.
-A Drew lo han llamado para atender a un cerdito -comentó entre dientes-. Dijo que estaría aquí dentro de una hora, más o menos. Pobre Drew. Nada le sale bien.
-¿De verdad?
Miley no la oía. Paula, radiante con su vestido rojo que realzaba su encanto, bailaba animadamente con Nick. Luego se puso de puntillas para besarlo levemente en los labios y echó hacia atrás la cabeza con un desafiante aire triunfal.
Miley tomó una copa de una bandeja; estaba muy celosa.
-Drew es mi primo -declaró Isabel, acercándose para dar un toque confidencial a sus palabras-. Está loco por Paula, pero de momento no tiene ninguna oportunidad. Paula va detrás de una presa mayor.
Miley se enfrentó a la mirada maliciosa de Isabel.
-Nick y yo somos amigos desde hace muchos años.
-Si George tuviera una amiga así, le sacaría los ojos. Tú has dejado a Paula en la línea de salida -sonrió Isabel-. El caso es que Nick las prefiere rubias. Selena era una rubia pequeñita, parecida a ti a simple vista.
Las palabras se quedaron flotando en el aire.
-¿De verdad?
Isabel la estudió con gran intensidad.
-Sí. Fue el matrimonio más extraño del mundo. Ella habría matado por conseguirlo, pero la verdad es que no pudo soportar la altivez de Nick. Trató de ponerlo celoso, pero él ni se inmutaba. Las mujeres se estrellaban contra un muro. Nick no es un inofensivo gatito al que se puede provocar sin peligro.
Mike, el hermano de Isabel, interrumpió la conversación para pedirle a Miley que bailara con él. Ella asintió con alivio y eso le dio algún tiempo de descanso. Luego fue al cuarto de baño, se refrescó un poco y por último se refugió en el invernadero.
-Y Dios creó a la mujer...
Miley se volvió. Nick surgió de entre las enredaderas que flanqueaban la puerta.
-Pero Maxwell creó a Miley -concluyó en voz baja.
-Sí. Me enseñó a caminar, a hablar, a vestirme...
-La muñequita de Maxwell -declaró con cierto tono de pena.
-No le veo la gracia.
-No es gracioso, es triste. ¿Te diviertes cuando actúas de todo corazón? Evidentemente a ti te encanta. No aprecio el arte de la actuación, aun suponiendo que todo fuera de mi agrado.
-¿Tu agrado? -lo interrumpió con violencia. Nick le sonrió con ternura.
-Miley, no me engañes. Me puedes asestar una puñalada en el corazón y seguiría riendo. Creo que ha llegado el momento de hacer una tregua.
-No me había dado cuenta de que estuviéramos peleando.
Nick cogió entre los dedos un mechón de su cabello. El brillo de sus ojos la dejó paralizada.
-No puedes luchar contra ti misma, Miley. Sólo lograrás desgarrarte en dos partes. Y si peleas contra mí perderás, porque siempre he sido más fuerte que tú... -trató de provocarla-. Te llevaré a dar un paseo mañana por la tarde. Aunque el tiempo no está para dar paseos, ¿verdad?
A pesar del provocativo susurro de Nick, Miley respondió con un «no» rotundo. Él la soltó.
-Gracias a Dios por eso. ¿Crees que George daría rienda suelta a sus fantasías de Tarzán entre estas enredaderas?
Miley se echó a reír de buena gana.
-Lo que debemos hacer es ir a buscar a nuestros respectivos compañeros.
Él aceptó con una mueca y Miley consiguió recuperarse del todo.
Drew se encontraba en el salón charlando con George. Durante todo el camino de vuelta a casa estuvo disculpándose.
-Permíteme que te invite a comer el viernes -le rogó con tal insistencia, que ella no tuvo otro remedio que aceptar.
Miley tardó una eternidad en dormirse. Casi era mediodía cuando despertó.
Cuando terminó de comer le devolvieron su coche. El mecánico le entregó las llaves.
-Ha quedado como nuevo, señorita Cyrus. No ha sido un trabajo muy difícil.
-¿Cuánto le debo?
El mecánico la miró sorprendido.
-Nick Jonas nos ha pagado por la mañana.
A Miley le ardía la piel. ¿Cómo se había atrevido a hacerlo? Rápidamente fue hacia su coche. En un instante llegó a Torbeck.
Nick salía de los establos.
-Pensaba ir a buscarte dentro de media hora.
-No he venido para ir a ninguna parte contigo -le espetó-. Quiero pagarte lo de mi coche. ¿Cuánto te debo?
-Bien, podías empezar disculpándote.
-¿Disculpándome? -preguntó con sorna.
-El taller sólo entrega los vehículos cuando se ha pagado la cuenta. Ya te he evitado la molestia de ir al taller. El recibo está en mi oficina. Y no recuerdo la cantidad exacta.
-Según parece, he cometido un error.
-En eso siempre te llevas un premio -la miró con acritud y entró en los establos.
-Discúlpame -declaró ella.
-Dime una cosa. ¿Siempre te vales de cualquier excusa para pelear y mantenerte a distancia, o se trata de algo que no puedes dominar?
-Te he pedido disculpas...
Él la miró fijamente y luego se apartó de la yegua que estaba ensillando.
-Me gustaría que diéramos un paseo a caballo.
-Nick, no puedo quedarme -musitó.
La estudió y en seguida ella empezó a justificarse.
-No tengo botas adecuadas.
-Yo tengo de sobra -le sugirió con tono cordial-. ¿Cuánto tiempo hace que no montas?
-Grant tiene un rancho en Texas. Casi siempre vamos allí en primavera -tragó saliva.
Nick salió llevando de las riendas a un semental mientras ella montaba una yegua.
-¿Cómo se llama? -preguntó Miley.
-Misty.
-¿Es de Merrill?
-No. A veces la monta, pero yo la compré para Selena.
En cuanto salieron a campo abierto, Nick soltó las riendas de su caballo y Miley hizo lo mismo. Estaba tan segura en la silla de montar como lo había estado en sus primeros años. Misty respondió con un galope entusiasta que a pesar de todo no le sirvió para alcanzar al corcel de Nick. Una vez en el páramo, él se detuvo para esperarla.
-Va a llover. Debemos regresar.
-¡No! Me lo estoy pasando maravillosamente bien.
-Como quieras. Entonces iremos a Tor -señaló las rocas del despeñadero de la colina-. Allí nos protegeremos.
-¿Cómo está Tina? -preguntó ella con voz amable.
-Ayer pilló un resfriado, pero hoy ha amanecido mejor.
-Es muy... tímida -comentó Miley, escogiendo con cuidado las palabras.
-Selena no fue una buena madre. En cuanto se disipó la novedad de tener una hija, cuidarla le pareció una carga, lo cual hizo muy insegura a la niña.
La mente de Miley era un torbellino. Los años transcurridos empezaban a pesarle.
-Dime... ¿Selena te dejó?
-Selena era hija única. Cuando nos casamos estuvo a la altura de sus deberes en cuanto al trabajo y las responsabilidades. Yo no tenía tiempo suficiente para darle la atención necesaria, por lo cual la buscó en otra parte. Sus coqueteos tenían por finalidad obligarme a dedicarle más atención, pero la verdad es que no reaccioné como ella supuso que debía hacerlo -sonrió con amargura-. Yo tenía veintitrés años y me faltaba paciencia. Selena anhelaba vivir en el campo, pero en cuanto descubrió lo que era en realidad, me pidió que lo vendiera todo y que nos mudáramos. En aquel tiempo no podía permitirme el lujo de hacerlo. Trabajaba dieciocho horas diarias y en mi casa me esperaban escenas de histeria. En cierto momento dejé de hacerle caso. Me desconecté.
-No creo que puedas culparte por eso -declaró Miley en voz baja.
-¿Tú crees? Selena vivía en la periferia de mi vida y siempre lo supo. Tener a Tina fue el último intento de reconciliación, pero no funcionó -reconoció bruscamente-. Selena se sintió atrapada por Tina y luego tuvo una aventura. A decir verdad; a mí no me importó.
Miley palideció ante el fiero destello de sus ojos, mientras él continuaba:
-A veces la maldije por la manera en que trataba a Tina. Cuando se fue, nunca más volvió a visitarla. Tina se sintió abrumada. Comencé a tramitar el divorcio. Selena me telefoneó para decirme que iba a abandonar al hombre con quien estaba viviendo y que quería volver conmigo. Se dirigía a Torbeck cuando sufrió un accidente.
-Obviamente no fue culpa tuya. Se necesitan dos personas para estropear una relación.
-También se necesitan dos para que vuelva a funcionar.
Miley esquivó su mirada. Había empezado a llover.
-Creo que ahora necesitamos ese refugio.
Miley llegó a Tor un minuto después que él. La ayudó a bajar de la silla.
-Oye, estás empapada.
La lluvia caía a menos de un metro de distancia del abrigo rocoso bajo el que estaban refugiados. Miley tiritaba bajo su grueso suéter de lana, y parpadeando se sacudió el agua de los ojos. Nick se quitó su impermeable.
-Quítatelo.
-Es que no llevo nada debajo.
Nick se echó a reír, mientras el corazón de Miley se aceleraba.
-Compréndelo, por favor, no te estoy proponiendo que te quedes desnuda bajo la lluvia.
-Se me secará puesto -musitó, abrazándose.
-No te engañes -murmuró él envolviéndola con su chaqueta.
-Creo que esta lluvia durará todo el día. No tiene sentido quedarnos aquí.
De pronto Miley se encontró entre sus brazos.
-¡No me toques! Sabes bien que detesto que me toques!.
-¡Santo Dios! ¡Qué mentirosa eres! -murmuró con malicia.
Miley se aferró al cuello de Nick, atrayéndolo febrilmente hacia sí, como si deseara ser absorbida por él. A unos metros, Misty empezó a inquietarse y la joven se apartó de Nick, que volvió a atraparla.
-Cálmate.
-¡No! No permitiré que me lo hagas -declaró a la defensiva.
-¿Alguna vez aceptarás responsabilizarte de tus ansiedades sexuales, o es que siempre te considerarás una víctima de elementos y circunstancias incontrolables? -preguntó burlón.
-Quiero irme a casa. Nunca debí aceptar venir aquí.
La lluvia estaba amainando y Miley se dirigió hacia Misty. Al llegar a Torbeck, desmontó y se dirigió a su coche.
-¿Aceptarías cenar conmigo esta noche?
Sorprendida por su invitación, se dio la vuelta. Temblando respondió:
-No.
-No volveré a insistir -replicó él, endureciendo su expresión.
Miley soltó una risita forzada. Estaba a punto de llorar. Como pudo, subió a su coche y se alejó.
Al día siguiente, Drew llegó muy puntual para invitarla a comer fuera. Miley se había olvidado de esa invitación. Durante veinticuatro largas horas, sus pensamientos habían girado sin parar dentro de su cabeza.
La chimenea del vestíbulo de la posada Bardsley les dio una cálida bienvenida. Inmediatamente un camarero les sirvió unas copas. Drew le sonrió.
-¡Vaya servicio! Estoy seguro de que no es por mí.
No había nadie en el bar. Miley estiró las piernas y lentamente se relajó en un cómodo sillón. La conversación superficial de Drew aplacó sus tensos nervios. De repente entraron otros clientes.
-Esto no se parece en absoluto a una comida usual, Drew.
La inconfundible voz de Nick sonaba burlona. Miley cerró los puños. Él la miró y sonrió forzadamente. Un cambio siempre es bueno -contestó riendo Drew, al parecer indiferente a la sonrisa sardónica de Nick-. Y dada la compañía y el tiempo infernal que hace afuera, me siento contento.
-Drew me ha estado contando algunas cosas muy divertidas -Miley dedicó a Nick una lánguida sonrisa. Él no podía controlar la necesidad de mirarla fijamente. Miley apuró su copa de un solo trago.
-Me despido -repuso nick en voz baja. Cruzó el salón y se dirigió a otra mesa, donde se hallaban sentados dos hombres mayores.
-Por lo que veo, no está con Paula -comentó Drew.
-¿Pensabas que debía de estar con ella? ¿Por eso me trajiste aquí?
La expresión de Drew se ensombreció por una oleada de rubor. Una vez satisfecha su curiosidad, Miley decidió aflojar la presión.
-¿Lleváis mucho tiempo juntos?
Drew estudió su copa antes de contestarle.
-Paula vino aquí en otoño. Acababa de salir bien librada de un divorcio muy problemático. En ese tiempo no pensaba que estuviera buscando un compromiso serio, pero sospecho que sus sentimientos han cambiado. Aunque, por otra parte, creo que ella estaría mejor sin él.
El dueño del negocio los interrumpió para informarles que su mesa estaba lista. Drew no volvió a hablar de Paula. Estaban tomando el café cuando una joven norteamericana se acercó a la mesa para pedirle a Miley un autógrafo.
-¿De verdad usted y Grant han terminado? -preguntó alzando tanto la voz, que la gente del salón guardó un momentáneo silencio-. Espero que se reconcilien, de verdad. Siempre me ha parecido que estaban hechos el uno para el otro.
Cuando la mujer se alejaba con renuencia, Drew declaró:
-Retiro lo dicho sobre envidiar tu condición de celebridad.
-Ya estoy acostumbrada. Es inevitable.
Mientras se dirigían hacia el coche, Drew le comentó:
-Debo ir a la finca. ¿Me permites hacerlo ahora?
Ella asintió con la cabeza.
En las afueras del pueblo, Drew entró en una antigua finca flanqueada por dos pilares de piedra con sendos leones.
Drew salió bruscamente del camino principal. La antigua casa del vigilante era ahora la oficina de la finca. Mientras aparcaba el coche, Miley le preguntó si al señor Creighton le molestaría que echara un vistazo.
-Me encantaría volver a verla, y como está vacía...
-Claro que no. A mí también me gustaría verla. No tardaré mucho con Bob. Él se dedica a revisar todas las ventas que le enviamos. Podré acompañarte en cuanto termine con él.
Miley no quería compañía, pero disimuló su desagrado.
El administrador era un hombre corpulento, de poco más de cuarenta años. Se mostró muy cordial, y la habría retenido charlando si Drew no le hubiera transmitido su deseo de ver la finca. Bob Creighton le hizo una mirada de sorpresa.
-Aquí no hay nada que merezca la pena ver. Es un enorme granero que además no está amueblado. El último inquilino pensaba que el mantenimiento era muy caro, pero claro, con mucho gusto les entregaré las llaves.
Las consecuencias del secreto en que tanto había insistido la hicieron sonrojarse. No le parecía correcto tratar a ese hombre sin confesarle que ella era su jefe.
Un empleado la acompañó hasta el sendero, para luego dejarla gustoso con su deseo de explorar. Al recorrer una habitación tras otra, descubrió graves signos de abandono. Se sintió muy mal. Para ella, en aquel entonces, esa casa había sido la última palabra en cuanto a lujo. Indudablemente, los muebles antiguos y el buen gusto de Sofía Jonas habían ocultado todos esos defectos. A Miley no le sorprendía que no hubiera nadie interesado por la finca, que obviamente necesitaba una buena renovación.
Sonrió al ver las persianas del cuarto de recepción. Pensó que, cuando lo arreglara, la luz entraría a raudales. Pondría cortinas de tonos alegres en las ventanas, compraría una alfombra persa y mobiliario apropiado.
Sin embargo el suelo estaba en muy mal estado. Subió por la escalera al piso superior. Inconscientemente entró en el cuarto donde ella durmió aquella noche, en una época que en ese momento le parecía muy remota.
Tembló y cruzó los brazos sobre el pecho, tratando de esa forma de contener la tremenda fuerza de sus temores. ¿Seguía amando a Nick? ¿Podría seguir siendo tan estúpida? Conforme le iban llegando las respuestas, fue refugiándose en sí misma, y salió a toda prisa de la habitación.
Afuera, en el descansillo, se detuvo paralizada.
Al pie de la escalera se encontraba Nick, apoyado contra una pared y mirándola fijamente. Una curiosa satisfacción jugueteaba en su mirada implacable, despiadada y dominante.
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