Nick se encogió de hombros.
-Lo pasamos bien juntos y te aprecio en lo que vales, pero no creo que sea apropiado celebrar aniversarios. No somos novios.
Miley se sintió como alguien atado a una vía cuando el tren se acercaba a toda velocidad. Esas palabras aplastaban todos sus sueños, todas sus ilusiones.
De un salto, él se levantó de la cama para ir al baño. Miley se quedó tumbada, atónita, con el corazón roto. Delante de sus ojos, el hombre al que amaba se había convertido en un extraño aterrador de ojos fríos y tono cortante.
Nerviosa, se levantó para ponerse la bata azul que había sobre una silla, pero tuvo que volver a sentarse en la cama porque la cabeza le daba vueltas. Era ese estúpido mareo otra vez. Quizá tuviera una infección de oído...
«Te aprecio en lo que vales». ¿Qué significaba eso? ¿Que había calculado su valor en términos de conveniencia? No, él no era un hombre sentimental y tampoco le importaba herir sus sentimientos, aparentemente. Debía de estar muy seguro de su relación para prohibirle celebrar un aniversario. Mordiéndose los labios, Miley abrochó el cinturón de la bata. Pero una furia desconocida para ella empezaba a emerger en su corazón a causa de la humillante respuesta.
Por otro lado, en el baño, Nick se apoyaba en la pared de la ducha, dejando que el agua cayera sobre su cuerpo. Normalmente, se quedaba en la cama con Miley después de hacer el amor. Tomado por sorpresa, había actuado sin tacto alguno. Furioso consigo mismo, se había liado a golpes con la pared... Su relación era casi perfecta. Miley nunca le exigía nada y no parecía tener más ambición en la vida que hacerlo feliz. Y lo hacía de maravilla, tuvo que reconocer. No quería perderla, pero ¿qué podía hacer con una amante que no sabía que lo era? Una amante que quería celebrar aniversarios como si fuera una esposa.
Nick hizo una mueca. ¿Qué le estaba pasando?
Probablemente, razonó, su amiga Demi fuera la responsable de aquel cambio. ¿Era ella quien había destruido su alegría? ¿Quién si no? Miley le había repetido alguna vez los ácidos comentarios de su amiga sobre los hombres. Y tenía la impresión de que Demi lo freiría en aceite hirviendo si tuviese oportunidad.
Que subestimase su relación con Miley lo sacaba de quicio. Él se sentía orgulloso de cómo la trataba. Cuidaba de ella y era una mujer feliz. ¿Por qué? Porque él mantenía alejada la dura realidad de la vida. Incluso conseguía que sus sueños se hicieran realidad. Aunque ella no lo sospechaba, dieciocho meses antes había usado sus influencias para que entrase en un curso de diseño en la universidad. Gracias a él, había empezado a diseñar bolsos que, en su opinión, ninguna mujer sensata debería comprar. Recordó entonces el bolso en forma de tomate... Pero el asunto era que Miley estaba contenta con su vida... o, al menos, lo había estado hasta que la serpiente entró en el paraíso.
Estaba secándose con la toalla cuando Miley entró en el cuarto de baño.
-Si no podemos celebrar aniversarios, ¿qué podemos celebrar? -le preguntó, muy seria.
Nick se quedó parado con la toalla en la mano, las gotas de agua enredándose en el vello oscuro de su torso. No había esperado un segundo asalto. El primero lo había tomado por sorpresa.
-No sé qué...
Miley se dio cuenta de que tenía un nudo en la garganta, un nudo que crecía con cada segundo.
-Una vez me dijiste que nada permanece igual, qué todo debe progresar -le recordó-. Dijiste que las cosas que permanecen estáticas mueren. Sin embargo, en los dos últimos años nosotros no hemos cambiado en absoluto.
En ese momento, Nick decidió que debía guardarse sus sabias palabras para sí mismo.
Miley hablaba con el corazón. Quería entender lo que estaba pasando entre ellos, necesitaba saber qué eran el uno para el otro.
-¿Qué pasa entonces, nick? ¿Dónde va nuestra relación?
Que Miley le sometiera a tal interrogatorio exasperó a Nick. Pero, decidido a cortarlo de raíz, la atrajo hacia sí y buscó su boca con tal ansiedad, que la dejó temblando, desconcertada.
-¿Vamos a la cama? -murmuró.
Ella se puso pálida, como si la hubiera abofeteado. Aparentemente, Nick creía que era muy fácil distraerla.
-¿Ésa es la respuesta? Quiero sentir que soy parte de tu vida, no sólo alguien con quien te acuestas
Él abrió los brazos, suspirando.
-¡Pero eres parte de mi vida!
-Si eso es verdad, ¿por qué no conozco a tus amigos? ¿Te avergüenzas de mí?
-Cuando estamos juntos, prefiero tenerte para mí solo, pedi mu. No voy a pedir disculpas por eso -contestó Nick-. Cálmate. Te estás poniendo nerviosa...
-No estoy nerviosa. Sencillamente, estamos teniendo una discusión -replicó ella, buscando dentro de sí la tranquilidad que le hacía falta.
-No pienso discutir contigo.
-¿Otra cosa más que te niegas a hacer?
En ese momento, empezó a sonar el teléfono y Miley se alegró de la interrupción.
-Dile a Nick que se ponga... -oyó la voz de Denisse.
-Un momento, por favor.
Si Deni no encontraba a Nick en el móvil, no tenía ningún problema en llamar al ático. Los Jonas estaban muy unidos desde que sus padres murieron, cuando Deni era una adolescente, y todavía se apoyaba mucho en su hermano. Pero no parecía saber quién era Miley, porque siempre le hablaba como si fuera alguien del servicio.
Nick tomó el teléfono.
-¿Sí? -murmuró. Pero miraba a Miley. Estaba furioso con ella. ¿Por qué quería estropear lo que había entre ellos? El diálogo telefónico continuó en griego. Miley entendía algo porque llevaba varios meses estudiando ese idioma para darle una sorpresa. Deni estaba recordándole a su hermano que daba una fiesta en su casa la semana siguiente.
Por supuesto, Nick no la invitaría a esa fiesta. Él no tenía prisa por incluirla en su círculo familiar o de amistades. ¿Era porque sólo la utilizaba para el sexo?
Sexo fácil, sin complicaciones, con una mujer que había sido lo suficientemente tonta como para entregarse desde el principio. ¿Cómo iba a quejarse si Nick nunca le había prometido nada y ella no le había exigido promesa alguna?
Angustiada, Miley se apartó. Tenía ganas de llorar, pero no quería hacerlo delante de él.
Sin embargo, no podía dejar de darle vueltas a la situación. Nick era un hombre muy apasionado, con un deseo insaciable. Pero le interesaba más su trabajo que el placer y una mujer que exigía poco era una necesidad para él. Sin duda, se lo había puesto en bandeja. No le exigía nada, no le montaba una escena cuando llegaba tarde, había aceptado un papel secundario en su vida...
¿Por que? Porque Nick era todo lo que ella no era, lo que no sería nunca. No tenía un problema de autoestima, simplemente no podía ignorar el hecho de que Nick Jonas la superaba en todos los sentidos. Era guapísimo, sofisticado, rico, el producto de un mundo privilegiado. Si llovía durante un día de verano, por ejemplo, la llevaba en su avión privado a alguna playa soleada. Tenía la capacidad de cambiar las circunstancias a su antojo. Había recibido una educación superior y era una persona muy inteligente, un perfeccionista obsesivo, raramente satisfecho con los resultados, por buenos que fueran.
¿Qué tenía ella que ofrecer, en comparación? Estudios primarios, una familia de clase media, una inteligencia normal y un físico también normal. ¿Cómo se había atrevido a soñar que algún día Nick Jonas se enamoraría de ella? ¿Cómo había podido creer que un día iba a casarse con un hombre así? Sin embargo, había soñado precisamente eso. Amaba a Nick, lo amaba con todo su corazón, de forma obsesiva. Y, desde el principio, ése había sido el problema. Lo amaba tanto, que era incapaz de usar el sentido común para controlar su relación con un hombre tan impresionante.
Miley levantó la barbilla, orgullosa. Quizá Nick estuviera satisfecho con su relación, pero ella no. Ella quería una relación con futuro. Se ponía enferma sólo de pensar en decirle adiós, pero si para él sólo era una compañera de cama ocasional, tendría que hacerlo.
Costase lo que costase.
Por otro lado, ¿no habría elegido el peor momento para mencionar un tema que para Nick era controvertido? Quizá la palabra «aniversario» lo horrorizara. Quizá estaba sacando las cosas de quicio, quizá sólo se estaba dejando llevar por las palabras de Demi...
Allí estaba, discutiendo con Nick por primera vez desde que se conocieron en aquella carretera solitaria, poniendo en peligro su relación. Miley tuvo que apretar los puños para contener las lágrimas. ¿Qué le pasaba? Sentía tantas emociones dentro de ella, que no podía contenerlas... Nerviosa, respiró profundamente, intentando recuperar la tranquilidad que había sido siempre parte de su naturaleza.
-Miles... -Nick entró en el salón en ropa interior y la encontró frente a la ventana. Acercándose de dos zancadas, tomó su cara entre las manos-. ¿Te gustaría ir a la fiesta de mi hermana la semana que viene?
Atónita, ella levantó la mirada.
-¿Lo dices en serio? ¡Claro que me gustaría ir!
Al ver el brillo de felicidad en sus ojos Azules y esa sonrisa tan generosa que iluminaba su cara, Nick se alegró. Había hecho bien. Un fin de semana en París habría comprometido sus principios en lo que se refería a aniversarios. Que Denisse apenas fuera a fijarse en Miley entre tantos invitados era irrelevante. No había razón para que no fuese a la fiesta, pero no tenía intención de convertir esa invitación en una costumbre.
Algún día, para cumplir con su obligación como heredero de la familia Jonas, tendría un heredero. Por eso, debía hacer una distinción clara entre su vida pública y su vida privada. Y ser discreto. A Miley le dolería, naturalmente, pero cuanto más tiempo formase parte de su vida, más difícil le resultaría separarse de él y más fácilmente se acostumbraría a aceptar las inevitables restricciones, pensó Nick, decidido.
Con el corazón acelerado, Miley apoyó la cabeza en su pecho. Se sentía como una tonta por su falta de fe. Evidentemente, debería haber hablado antes con él. Quizá Nick sólo necesitaba un empujoncito en la dirección adecuada.
-Y ahora... -dijo él, levantando su cara con un dedo. Su mirada oscura la mareaba. Se excitó incluso antes de que besara sus labios abiertos con un ansia devastadora, antes de que la tomase en brazos para llevarla de vuelta al dormitorio
-Lo pasamos bien juntos y te aprecio en lo que vales, pero no creo que sea apropiado celebrar aniversarios. No somos novios.
Miley se sintió como alguien atado a una vía cuando el tren se acercaba a toda velocidad. Esas palabras aplastaban todos sus sueños, todas sus ilusiones.
De un salto, él se levantó de la cama para ir al baño. Miley se quedó tumbada, atónita, con el corazón roto. Delante de sus ojos, el hombre al que amaba se había convertido en un extraño aterrador de ojos fríos y tono cortante.
Nerviosa, se levantó para ponerse la bata azul que había sobre una silla, pero tuvo que volver a sentarse en la cama porque la cabeza le daba vueltas. Era ese estúpido mareo otra vez. Quizá tuviera una infección de oído...
«Te aprecio en lo que vales». ¿Qué significaba eso? ¿Que había calculado su valor en términos de conveniencia? No, él no era un hombre sentimental y tampoco le importaba herir sus sentimientos, aparentemente. Debía de estar muy seguro de su relación para prohibirle celebrar un aniversario. Mordiéndose los labios, Miley abrochó el cinturón de la bata. Pero una furia desconocida para ella empezaba a emerger en su corazón a causa de la humillante respuesta.
Por otro lado, en el baño, Nick se apoyaba en la pared de la ducha, dejando que el agua cayera sobre su cuerpo. Normalmente, se quedaba en la cama con Miley después de hacer el amor. Tomado por sorpresa, había actuado sin tacto alguno. Furioso consigo mismo, se había liado a golpes con la pared... Su relación era casi perfecta. Miley nunca le exigía nada y no parecía tener más ambición en la vida que hacerlo feliz. Y lo hacía de maravilla, tuvo que reconocer. No quería perderla, pero ¿qué podía hacer con una amante que no sabía que lo era? Una amante que quería celebrar aniversarios como si fuera una esposa.
Nick hizo una mueca. ¿Qué le estaba pasando?
Probablemente, razonó, su amiga Demi fuera la responsable de aquel cambio. ¿Era ella quien había destruido su alegría? ¿Quién si no? Miley le había repetido alguna vez los ácidos comentarios de su amiga sobre los hombres. Y tenía la impresión de que Demi lo freiría en aceite hirviendo si tuviese oportunidad.
Que subestimase su relación con Miley lo sacaba de quicio. Él se sentía orgulloso de cómo la trataba. Cuidaba de ella y era una mujer feliz. ¿Por qué? Porque él mantenía alejada la dura realidad de la vida. Incluso conseguía que sus sueños se hicieran realidad. Aunque ella no lo sospechaba, dieciocho meses antes había usado sus influencias para que entrase en un curso de diseño en la universidad. Gracias a él, había empezado a diseñar bolsos que, en su opinión, ninguna mujer sensata debería comprar. Recordó entonces el bolso en forma de tomate... Pero el asunto era que Miley estaba contenta con su vida... o, al menos, lo había estado hasta que la serpiente entró en el paraíso.
Estaba secándose con la toalla cuando Miley entró en el cuarto de baño.
-Si no podemos celebrar aniversarios, ¿qué podemos celebrar? -le preguntó, muy seria.
Nick se quedó parado con la toalla en la mano, las gotas de agua enredándose en el vello oscuro de su torso. No había esperado un segundo asalto. El primero lo había tomado por sorpresa.
-No sé qué...
Miley se dio cuenta de que tenía un nudo en la garganta, un nudo que crecía con cada segundo.
-Una vez me dijiste que nada permanece igual, qué todo debe progresar -le recordó-. Dijiste que las cosas que permanecen estáticas mueren. Sin embargo, en los dos últimos años nosotros no hemos cambiado en absoluto.
En ese momento, Nick decidió que debía guardarse sus sabias palabras para sí mismo.
Miley hablaba con el corazón. Quería entender lo que estaba pasando entre ellos, necesitaba saber qué eran el uno para el otro.
-¿Qué pasa entonces, nick? ¿Dónde va nuestra relación?
Que Miley le sometiera a tal interrogatorio exasperó a Nick. Pero, decidido a cortarlo de raíz, la atrajo hacia sí y buscó su boca con tal ansiedad, que la dejó temblando, desconcertada.
-¿Vamos a la cama? -murmuró.
Ella se puso pálida, como si la hubiera abofeteado. Aparentemente, Nick creía que era muy fácil distraerla.
-¿Ésa es la respuesta? Quiero sentir que soy parte de tu vida, no sólo alguien con quien te acuestas
Él abrió los brazos, suspirando.
-¡Pero eres parte de mi vida!
-Si eso es verdad, ¿por qué no conozco a tus amigos? ¿Te avergüenzas de mí?
-Cuando estamos juntos, prefiero tenerte para mí solo, pedi mu. No voy a pedir disculpas por eso -contestó Nick-. Cálmate. Te estás poniendo nerviosa...
-No estoy nerviosa. Sencillamente, estamos teniendo una discusión -replicó ella, buscando dentro de sí la tranquilidad que le hacía falta.
-No pienso discutir contigo.
-¿Otra cosa más que te niegas a hacer?
En ese momento, empezó a sonar el teléfono y Miley se alegró de la interrupción.
-Dile a Nick que se ponga... -oyó la voz de Denisse.
-Un momento, por favor.
Si Deni no encontraba a Nick en el móvil, no tenía ningún problema en llamar al ático. Los Jonas estaban muy unidos desde que sus padres murieron, cuando Deni era una adolescente, y todavía se apoyaba mucho en su hermano. Pero no parecía saber quién era Miley, porque siempre le hablaba como si fuera alguien del servicio.
Nick tomó el teléfono.
-¿Sí? -murmuró. Pero miraba a Miley. Estaba furioso con ella. ¿Por qué quería estropear lo que había entre ellos? El diálogo telefónico continuó en griego. Miley entendía algo porque llevaba varios meses estudiando ese idioma para darle una sorpresa. Deni estaba recordándole a su hermano que daba una fiesta en su casa la semana siguiente.
Por supuesto, Nick no la invitaría a esa fiesta. Él no tenía prisa por incluirla en su círculo familiar o de amistades. ¿Era porque sólo la utilizaba para el sexo?
Sexo fácil, sin complicaciones, con una mujer que había sido lo suficientemente tonta como para entregarse desde el principio. ¿Cómo iba a quejarse si Nick nunca le había prometido nada y ella no le había exigido promesa alguna?
Angustiada, Miley se apartó. Tenía ganas de llorar, pero no quería hacerlo delante de él.
Sin embargo, no podía dejar de darle vueltas a la situación. Nick era un hombre muy apasionado, con un deseo insaciable. Pero le interesaba más su trabajo que el placer y una mujer que exigía poco era una necesidad para él. Sin duda, se lo había puesto en bandeja. No le exigía nada, no le montaba una escena cuando llegaba tarde, había aceptado un papel secundario en su vida...
¿Por que? Porque Nick era todo lo que ella no era, lo que no sería nunca. No tenía un problema de autoestima, simplemente no podía ignorar el hecho de que Nick Jonas la superaba en todos los sentidos. Era guapísimo, sofisticado, rico, el producto de un mundo privilegiado. Si llovía durante un día de verano, por ejemplo, la llevaba en su avión privado a alguna playa soleada. Tenía la capacidad de cambiar las circunstancias a su antojo. Había recibido una educación superior y era una persona muy inteligente, un perfeccionista obsesivo, raramente satisfecho con los resultados, por buenos que fueran.
¿Qué tenía ella que ofrecer, en comparación? Estudios primarios, una familia de clase media, una inteligencia normal y un físico también normal. ¿Cómo se había atrevido a soñar que algún día Nick Jonas se enamoraría de ella? ¿Cómo había podido creer que un día iba a casarse con un hombre así? Sin embargo, había soñado precisamente eso. Amaba a Nick, lo amaba con todo su corazón, de forma obsesiva. Y, desde el principio, ése había sido el problema. Lo amaba tanto, que era incapaz de usar el sentido común para controlar su relación con un hombre tan impresionante.
Miley levantó la barbilla, orgullosa. Quizá Nick estuviera satisfecho con su relación, pero ella no. Ella quería una relación con futuro. Se ponía enferma sólo de pensar en decirle adiós, pero si para él sólo era una compañera de cama ocasional, tendría que hacerlo.
Costase lo que costase.
Por otro lado, ¿no habría elegido el peor momento para mencionar un tema que para Nick era controvertido? Quizá la palabra «aniversario» lo horrorizara. Quizá estaba sacando las cosas de quicio, quizá sólo se estaba dejando llevar por las palabras de Demi...
Allí estaba, discutiendo con Nick por primera vez desde que se conocieron en aquella carretera solitaria, poniendo en peligro su relación. Miley tuvo que apretar los puños para contener las lágrimas. ¿Qué le pasaba? Sentía tantas emociones dentro de ella, que no podía contenerlas... Nerviosa, respiró profundamente, intentando recuperar la tranquilidad que había sido siempre parte de su naturaleza.
-Miles... -Nick entró en el salón en ropa interior y la encontró frente a la ventana. Acercándose de dos zancadas, tomó su cara entre las manos-. ¿Te gustaría ir a la fiesta de mi hermana la semana que viene?
Atónita, ella levantó la mirada.
-¿Lo dices en serio? ¡Claro que me gustaría ir!
Al ver el brillo de felicidad en sus ojos Azules y esa sonrisa tan generosa que iluminaba su cara, Nick se alegró. Había hecho bien. Un fin de semana en París habría comprometido sus principios en lo que se refería a aniversarios. Que Denisse apenas fuera a fijarse en Miley entre tantos invitados era irrelevante. No había razón para que no fuese a la fiesta, pero no tenía intención de convertir esa invitación en una costumbre.
Algún día, para cumplir con su obligación como heredero de la familia Jonas, tendría un heredero. Por eso, debía hacer una distinción clara entre su vida pública y su vida privada. Y ser discreto. A Miley le dolería, naturalmente, pero cuanto más tiempo formase parte de su vida, más difícil le resultaría separarse de él y más fácilmente se acostumbraría a aceptar las inevitables restricciones, pensó Nick, decidido.
Con el corazón acelerado, Miley apoyó la cabeza en su pecho. Se sentía como una tonta por su falta de fe. Evidentemente, debería haber hablado antes con él. Quizá Nick sólo necesitaba un empujoncito en la dirección adecuada.
-Y ahora... -dijo él, levantando su cara con un dedo. Su mirada oscura la mareaba. Se excitó incluso antes de que besara sus labios abiertos con un ansia devastadora, antes de que la tomase en brazos para llevarla de vuelta al dormitorio
No hay comentarios:
Publicar un comentario