jueves, 15 de marzo de 2012

Capitulo 12.-

La casa de Nick era más grande de lo que ella recordaba. Nell los recibió en la puerta, toda sonrisas.
-Cómo me alegro de que estés aquí -dijo, abrazándola-. Tengo la habitación preparada para ti.
-No pienses que vas a cuidarme mientras yo me quedo en la cama. No estoy inválida.
-Pero tienes una conmoción cerebral -protestó el ama de llaves-. Eso puede ser muy peligroso. Recuerdo un vaquero que trabajaba aquí...
-¿Por qué no recuerdas que tienes que preparar algo de comer? -la interrumpió Nick.
Ah, sí, claro, es verdad -contestó Nell, haciendo una mueca-. Te han llamado por teléfono mientras estabas fuera. He anotado el número en un papel.
Por su expresión, Nick supuso que sería Bella.
-Ya me encargaré de eso más tarde.
-¿Quién va a traer mis cosas? -preguntó Miley entonces.
-¿Qué cosas?
-Tengo que ir a casa de Selena a buscar mis cosas. No tengo pijama ni nada.
-Iré yo -se ofreció Nell.
-No hace falta. Iré yo –suspiró Nick-. Tú cuida de ella.
-¿Cuándo he dejado de hacerlo? -replicó el ama de llaves, irritada.
-Por favor, dejad de discutir o me quedaré en el porche -les advirtió Miley, que tenía un horrible dolor de cabeza.
Nick y Nell se miraron. Tendrían que dejar la pelea para más tarde.
-Bueno, vamos a subir a tu habitación, ¿eh?
Cuando pasaron por delante del sofá del salón, Miley hizo una mueca. No sabía por qué, pero ese sofá le recordaba algo... ¿Qué? No sabía qué era.
Nell pasó por delante del sofá a toda prisa. Era como si también ella supiera algo... pero no, eso era ridículo. Estaba perdiendo la cabeza.
Miley  quería ver la televisión, pero no había una en su dormitorio. Según Nell, había un problema con la antena parabólica y no funcionaba.
«Qué raro», pensó. Era como si quisiera evitar que viese las noticias.
Tuvo que quedarse en la cama porque Nell insistió, pero después de comer Nick  entró en la habitación, aún con la ropa de trabajo.
Miley estaba apoyada en el cabecero de la cama, con un pijama a rayas rosas que le daba un aspecto extrañamente vulnerable.
-Qué tal?
-Bien. ¿Desde cuándo no funciona la parabólica?
-Desde hace... un par de días. ¿Por qué?
-Quiero ver las noticias. No sé si estamos en marzo o en mayo. Grange me dijo que estábamos en marzo, tú que en mayo... y las niñas están de vacaciones: No entiendo nada. Si estamos en mayo, ¿cómo es que las niñas no van a clase? Y no me mientas.
Nick se apoyó en el quicio de la puerta.
-No tiene sentido engañarte, ¿eh? Muy bien, el golpe le ha hecho algo a tu cabeza. Hay cosas que no recuerdas y, supuestamente, debemos dejar que vayas recuperando la memoria poco a poco.
-¿Qué es lo que no recuerdo?
-Miley, por favor... Ahora no puedo hablar. Tengo que ducharme y luego... luego tengo que ir a un sitio.
-Has quedado con una chica -dijo ella.
Había un brillo de celos en sus ojos, pero intentaba esconderlo. Y Nick se sintió incómodo. Iba a salir con Bella y allí estaba Miley, lesionada, sufriendo amnesia por su culpa. Y había tenido suerte de salvar la vida.
-Podría posponer la cita.
-¿Por qué?
-¿Perdona?
-Tengo diecisiete años -sonrió Miley-. Aunque estuviera loca por ti, es evidente que eres demasiado mayor para mí.
Nick tragó saliva.
-¿Ah, sí?
-Sigo sin entender por qué me dejas salir con Grange. Tiene veintisiete años.
-¿Ah, sí?
Grange tenía siete años menos que él, de modo que estaba más cerca de la edad de Miley. Y eso le dolió.
-Nick, dime la verdad.
-Tengo que irme. Nell subirá a verte dentro de un rato.
Iba a salir de la habitación, pero vaciló un momento. Si Miley  bajaba al salón y encendía el televisor, nadie podría impedírselo.
-No salgas de la cama.
-¿Por qué iba a hacerlo?
-No, por nada. Nos vemos mañana. Que descanses.
Miley  lo observó salir de la habitación, sorprendida por su extraño comportamiento.

Más tarde, intentó sacarle información a Nell, pero era como hablar con una pared.
Nicl y tú no queréis contarme nada -la acusó.
-Es por tu bien. Tú relájate y descansa -sonrió el ama de llaves, mirando alrededor-. Qué curioso que Nick te haya puesto —en esta habitación.
-¿Por qué?
-Era la habitación de su abuela. Era una mujer maravillosa. Nick la adoraba. Había sido actriz en Hollywood cuando era joven, ¿sabes? Nos contaba cada historia...
-¿Nick habla de ella?
-Casi nunca -suspiró Nell-. Murió durante un tornado. Uno de los peores que haya visto Texas. Levantó el establo de sus cimientos, atrapando a uno de sus caballos favoritos. La señora Jonas intentó rescatarlo, pero murió en el intento. El tornado la levantó como si fuera una hoja y la depositó, muerta, sobre la copa de un roble. Tuvieron que bajarla de allí con una grúa. Fue una cosa muy triste.
-Ya me imagino -murmuró Miley, sorprendida.
Nick lo vio todo. Desde entonces, odia los tornados y las tormentas. Por eso tenemos refugios en el rancho y el sistema de alarma por radio.
-Y por eso puso esa cara tan rara cuando mencioné lo de los tornados.
-Ya sabes que Nick es un fanático de la seguridad.
-¿Yo he visto un tornado alguna vez?
-¿Por qué lo preguntas?
-Porque Nick me ha dicho que hay cosas que no recuerdo. Supongo que he perdido parte de la memoria o algo así..
Nell se sentó a su lado en la cama.
-Sí, me temo que así es.
-¿Y el médico ha dicho que la recuperaré pronto?
-Él cree que es mejor que vayas acordándote de las cosas poco a poco -contestó el ama de llaves, apretando su mano-. Así que estamos conspirando para mantenerte a oscuras por así decir.
Miley arrugó el ceño.
-Ojalá recordase lo que he olvidado.
Nell soltó una carcajada.
-No tengas prisa. Cuando te acuerdes, nos iremos juntas.
-¿Qué? ¿Es que te vas de aquí? Pero si llevas toda la vida en este rancho.
-Llevo demasiado tiempo -suspiró Nell, levantándose-. Hay jefes que no gritan ni amenazan a la gente.
-Pero tú gritas y amenazas también -le recordó Miley.
-Eso sí lo recuerdas, ¿eh?
-Sí. ¿Por qué quieres irte, Nell?
-Digamos que no me gustan los métodos de Nick -contestó el ama de llaves-. Y no pienso contarte nada más. Me voy a la cocina. Si necesitas algo, llámame por el intercomunicador.
-Muy bien. Gracias.
-De nada. Me gusta tenerte aquí.
-¿Con quien sale Nick esta semana?
-Con otra rubia, como siempre. Ésta tiene el cociente intelectual de una lechuga. Miley soltó una risita.
-Evidentemente, no le gusta competir con mujeres de verdad.
-Pero algún día se encontrará con la horma de su zapato. Y espero vivir para ver ese día.
Miley la observó salir de la habitación, pensativa. Nick siempre había salido con muchas chicas, pero cuando Nell mencionó a una rubia... ¿Por qué había discutido con él?
Ojalá pudiera acordarse.

La luz de la habitación seguía encendida cuando Nick volvió a casa por la noche. Miley estaba leyendo un libro particularmente interesante, una autobiografía de Libbie Custer, la esposa del famoso general Custer, el de la batalla de Little Big Horn. Era una historia de coraje, de valentía, muy emocionante.
-¿Qué haces despierta a estas horas?
-Estoy leyendo.
-Ah, ya veo. Libbie Custer era una de las heroínas de mi abuela. La conoció personalmente en Nueva York cuando fue a visitar a unos parientes.
-¿En serio?
-Sí. Por lo visto, la señora Custer fue una oradora extraordinaria y vivió pasados los noventa años.
-Y escribió un libro muy interesante.
-Son tres tomos. Los otros dos están en la misma estantería, si no me equivoco. También está la biografía del general Custer... Estos son los primeros libros que leí de niño. Mi madre sólo leía libros de física y química, pero mi abuela era una lectora más ecléctica.
-Tu madre se dedicaba a la ciencia, ¿verdad?
-Sí, era investigadora química. Murió cuando yo era pequeño.
-No te caía muy bien, ¿no?
-La odiaba -contestó Nick-. Le hizo la vida imposible a mi abuela, riéndose de sus gustos, de cómo vestía, de sus habilidades como ama de casa. La humillaba continuamente.
-¿Tú  abuela era la madre de tu madre?
-No, la de mi padre. En su día fue una amazona muy elegante. Ganó varios trofeos y fue actriz antes de casarse. Era una mujer española guapísima. Pero todo eso para mi madre no valía nada. Ella sólo admiraba a las personas con alto cociente intelectual.
-¿Y tu padre? ¿No podía evitar que atormentase a tu abuela?
-Mi padre nunca estaba en casa. Estaba demasiado ocupado ganando dinero como para prestar atención a lo que pasaba aquí.
-Pues debes haber tenido una infancia muy interesante.
Nick levantó una ceja.
-Hay una vieja maldición china: «Que vivas tiempos interesantes». Eso suena bastante apropiado.
Miley no sabía qué decir. Parecía tan solitario...
-Nell me ha dicho que tu abuela murió durante un tornado.
-Sí, estaba intentando salvar a su caballo favorito. Lo había montado en varias competiciones y, aunque ya era viejo, le tenía mucho cariño. Lo quería más que a nada... bueno, excepto a Selena y a mí, claro. Nunca olvidaré cuando la bajaron de aquel árbol. Parecía una muñeca rota, pobrecita -suspiró Nick-. Me temo que no tengo mucha suerte con las mujeres de mi vida.
Esa frase resultaba curiosa, pensó Miley, que sintió algo raro por dentro. Pero no sabía qué.
-Supongo que la vida no es más que una serie de golpes -murmuró.
-Tu propia vida no ha sido precisamente un camino de rosas. No conociste a tu padre y tu abuelo y tu madre murieron con una diferencia de seis meses.
-¿Ah, sí?
Nick hizo una mueca.
-No debería haberte contado eso.
-No te preocupes, no ha despertado ningún recuerdo. Bueno, ahora que lo pienso... Pero no me acuerdo de casi nada de lo que ha pasado recientemente. Recuerdo que tengo que graduarme... y que le pedí prestado el coche a Selena para ir a tu casa... el coche de Selena...
-No intentes forzarlo, Miley. Ya te acordarás cuando tengas que acordarte.
-Nell me ha dicho que piensa marcharse. ¿Te has peleado con ella?
-¿Te ha contado eso?
-Bueno, la verdad es que... no me ha dicho nada concreto. No logro que nadie me conteste directamente a una sola pregunta -suspiró Miley, frustrada—. ¿Y ese chico del hospital? ¿Ha venido a verme?
-¿Por qué me preguntas a mí? -murmuró Nick, incómodo.
-¡Ha venido a verme! -exclamó ella entonces-. ¡Ha venido y tú no le has dejado subir!.

No hay comentarios:

Publicar un comentario