lunes, 26 de marzo de 2012

Capitulo 2.-

— ¿Y TÚ QUIÉN eres?
La mujer ataviada con un traje marrón oscuro pareció erguirse, tenía la boca abierta como si algo la hubiera sorprendido mientras lo miraba a la cara. Agarraba la carpeta como si de un escudo de defensa se tratara y, a juzgar por el pequeño tamaño de su cuerpo, no estaba de más un poco de protección.
—Tú no eres Sam —dijo él en tono acusador.
Cerró la boca de golpe y levantó la barbilla. Tenía los ojos chispeantes, unas chispas que aumentaron en el momento en el que sus labios esbozaron una sonrisa.
Nick se relajó momentáneamente. Ya no parecía tan poquita cosa con aquella sonrisa. De hecho, era bastante guapa; de un modo nada sofisticado, pero guapa. Desde luego las gafas de carey y el traje marrón sin forma alguna no la favorecían en absoluto.
—Señor Jonas —dijo ladeando la cabeza y tendiéndole la mano—. Me habían dicho que era un genio. Es obvio que es cierto.
El brillo de sus ojos color avellana le hizo suponer que aquello no había sido un cumplido.
Nick respiró hondo para recuperar el aire que parecían acabar de arrebatarle, mientras ella seguía sonriendo y tendiéndole la mano como si no hubiera un mensaje oculto en lo que acababa de decir.
Soy Miley Cyrus, de Marketing. Encantada de conocerlo.
Miró aquella mano que lo esperaba y después volvió a observar la sonrisa fingida de su rostro y supo que estaba mintiendo. Estaba tan encantada de conocerlo como él de ver a la señorita Ratoncillo Marrón en su despacho. ¿Quién demonios se creía Sam Morgan para enviarla a ella? Le estrechó la mano rápidamente y sintió rabia al comprobar que alguien tan diminuto podía tener una mano tan firme.
— ¿Dónde está Sam? —le preguntó dándose media vuelta para volver a su cómoda butaca de cuero.
Ella se quedó unos segundos titubeando, como si no estuviera segura de si la habían invitado a entrar, pero por fin dio unos pasos hacia el escritorio.
—Supongo que ahora ya estará en casa. Tiene gripe. Hace media hora casi se cae en su despacho, así que se ha ido a casa en un taxi.
— ¿Y a nadie se le ocurrió informarme?
Volvió a ladear la cabeza y frunció el ceño como si pensara que era una grosería preguntarle algo así.
—Pensé que lo habían hecho.
—Pues no es así.
Lo miró unos segundos, parecía a punto de discutir con él, pero después debió de pensárselo mejor.
—En cualquier caso, supongo que lo que importa es que la presentación se desarrolle como estaba previsto. Imagino que tendrá una agenda muy ocupada y quién sabe cuándo volverá al trabajo Sam. Además, necesitamos su aprobación al proyecto hoy mismo si queremos cumplir con los plazos para el lanzamiento del producto.
Y creía que tomando la iniciativa iba a impresionarlo?
Pues no se había equivocado, estaba impresionado. Todo lo que decía parecía lógico, ¿entonces por qué se sentía tan ofendido?
¡Porque deberían habérselo dicho!
Muy a su pesar asintió con la cabeza y emitió una especie de gruñido.
—Pero siempre y cuando tenga algo de idea de en qué consiste el proyecto. No quiero perder el tiempo.
Los músculos de su rostro se pusieron en tensión, pero no se movió de donde estaba.
—Haré todo lo que esté en mi mano para no hacerle perder el tiempo. Pero necesitaría utilizar su ordenador, si no le importa. He preparado una presentación en PowerPoint. Está la copia en papel —dijo señalando la carpeta que tenía en la mano—... es sólo para que conste en sus archivos.
Nick se encogió de hombros y le hizo un gesto dándole acceso al ordenador portátil que tenía sobre la mesa.
—Adelante -dijo sin apartarse un milímetro.
Ella se limitó a parpadear. Bien. ¿De verdad esperaría que le facilitara las cosas después de la insolencia con la que había empezado aquella reunión? Si quería utilizar su ordenador, tendría que ir por él.
—Soy todo oídos —la invitó a hablar sonriendo por vez primera. Parecía que había conseguido volverle las tomas a la señorita Ratoncillo. No le extrañaría verla correr a escabullirse en su agujero en cualquier momento.
La vio respirar hondo y siguió el movimiento de su garganta y de su pecho, que se levantó más de lo que habría esperado. Claro que con la chaqueta abotonada hasta arriba, resultaba imposible imaginar qué se escondía bajo aquel traje informe.
—Muy bien —dijo ella rodeando el escritorio hasta colocarse a su lado. Le miró las piernas, que eran una especie de barrera que le dificultaba el acceso al ordenador; pero como si de un objeto inamovible se tratara, se inclinó sobre ellas hasta poder alcanzar el teclado. Algo dulce y afrutado despertó los sentidos de Nick cuando ella se acercó.
Nick se enorgullecía de conocer los nombres de todos los perfumes importantes y sabía catalogar la personalidad de una mujer dependiendo de su aroma. Carmel era una mujer elegante y pulcra que utilizaba un clásico como Chanel N° 5. Alguien cálido y exuberante como Kandy prefería el aroma embriagador de Opium; mientras que Belinda, bella y delicada había elegido Romance.
Pero aquel perfume era nuevo, no se parecía a ningún otro que él conociera. Resultaba tentador y nada sofisticado. Desde luego le iba a aquella mujer como anillo al dedo.
Parecía inocente, pero por lo que había podido ver cuando se había inclinado sobre él, aquella falda escondía formas de mujer. Al volver a ponerse recta, Nick recibió otra oleada de la fragancia. ¿Albaricoque? Olía a albaricoque. Vaya, eso sí era diferente.
 
¿Qué pretendía ese tipo? ¿No se daba cuenta de que le estaba haciendo un favor? La próxima vez tendría que esperar a que Sam se recuperara de la gripe. Desde luego ella no estaba dispuesta a soportar ese comportamiento precisamente en aquel momento.
Agarró el ordenador y lo colocó en su lado del escritorio para no tener que seguir inclinándose sobre las piernas del jefe. Prácticamente podía sentir sus ojos taladrándole la espalda, inspeccionando su piel hasta hacerla arder; la ponía nerviosa saber que estaba allí, a menos de un metro de ella, observándola detenidamente.
El hecho de que fuera su jefe no hacía disminuir las sensaciones que estaba experimentando en ese instante. Era pura sexualidad que emanaba de él a oleadas. Ni siquiera el modo en el que se repanchingaba tranquilamente en su butaca podía ocultar el poder que contenía aquel cuerpo. Miley estaba acostumbrada a tratar a sus jefes de igual a igual... pero ninguno le había transmitido tanta sexualidad.
Ninguno la había hecho tan consciente de que estaba con un hombre o de que ella era una mujer.
Cambió de postura, incómoda por el camino que habían seguido sus pensamientos y por el hormigueo que le recorría el cuerpo. Desde luego aquel tipo no estaba poniéndole fácil las cosas; quizá por eso nadie había descrito nunca a Nick Jonas como una persona fácil.
Imposible, arrogante, genio... ésas eran las palabras que había oído asociadas a su nombre. Pero fácil, jamás. Cuanto antes acabara con aquella reunión y pudiera salir de allí, mucho mejor. Si al menos pudiera concentrarse en la presentación.
Lo cierto era que al verlo desde la puerta le había parecido adivinar en él algo más que lo que había oído de él, otro ángulo, otra dimensión. Pero había sido una alucinación. Ahora que su rostro había salido de las sombras, no era más que otro adicto al trabajo guapo, con éxito y sin demasiada habilidad para tratar a sus empleados.
Con sólo mover la cabeza un milímetro, vio la expresión petulante con la que la observaba mientras ella abría el archivo de la presentación. Bueno, quizá la descripción no era del todo justa; en realidad era un adicto al trabajo increíblemente guapo que desprendía testosterona por cada poro de su piel. Eso sí se ajustaba a la realidad.
Tenía que admitir que las fotografías que había visto de él en los archivos de marketing no le hacían justicia. Lo primero que haría al regresar al departamento de marketing sería buscar un buen fotógrafo que supiera sacarle partido al impresionante material del que disponía. Porque, tuviera los defectos que tuviera, era evidente que aquel tipo tenía unos genes envidiables. Sin duda con su aspecto y su cociente intelectual, sus hijos estaban predestinados a ser guapos e inteligentes, igual que su papá.
Quizá lo que ella necesitaba era un tipo como él...
Los dedos se le quedaron paralizados sobre el ratón y la boca se le secó de golpe. ¿Por qué demonios se le había ocurrido algo así? Parecía que su otro problema estaba empezando a afectarle el cerebro. Ahora estaba teniendo fantasías con sus compañeros de trabajo; o al menos con ése. Y tener fantasías con Nick Jonas precisamente no tenía ningún sentido; estaba completamente fuera de su alcance. Y, aunque no lo estuviera, había oído que era un soltero empedernido y, a juzgar por cómo trataba a la gente, el tipo de hombre al que sería una locura acercarse...
— ¿Ocurre algo?
Miley pegó un bote como si la hubieran pinchado con algo.
—No, no —respondió tratando de ocultar el rubor de su rostro que la delataba—. Ya está..., aquí está el archivo.
Tardó varios segundos en reunir fuerzas para volver a mirarlo y comenzar con la presentación.
 
 
— ¿Qué sabes de ella?
Sin levantar la vista del monitor del ordenador, ni dejar de escribir a la velocidad de la luz, Enid respondió con sequedad:
— ¿Por qué debería saber algo?
—Porque lo sabes todo de todos los trabajadores de esta empresa, Enid, ya lo sabes.
Siguió sin mirarlo, pero Nick adivinó algo parecido a una sonrisa en sus labios.
—Se llama Miley, su diminutivo de Destiny, y vive con su madre, que es viuda. Tenía un hermano, pero tengo entendido que murió en trágicas circunstancias.
— ¿Algo más? —preguntó Nick enarcando las cejas.
—Tiene 27 años, es soltera... aunque parece ser que hace un mes estuvo a punto de casarse pero ocurrió algo. Quizá la abandonaran en el altar.
Sí, eso encajaba. Había tenido la impresión de que, a pesar de su brillante presentación, tenía algo en contra de los hombres.
—Por cierto —siguió diciendo su secretaria—. Ya que ha acabado temprano, quizá le gustaría echar un vistazo a sus mensajes —dijo señalando una pila de notas—. Supongo que el más importante ya no le interesará; Sam dejó un mensaje en mi contestador cuando yo no estaba para decir que no iba a poder venir a la presentación.
Lo que quería decir que Miley no se había equivocado, sí que le habían avisado. Así que ahora no tenía nada que echarle en cara y no sabía si eso le gustaba.
—Muchacha insolente —murmuró apoyándose en la mesa de Enid y agarrando uno de los mensajes—. Aunque la verdad es que ha hecho la presentación de un modo muy profesional. Sam habría tardado tres veces más. Pero creo que no le gusto.
—Usted no le gusta a nadie en Delucatek. Es la personificación del jefe maligno y le encanta serlo.
—Pero a ti sí te gusto, ¿verdad, Enid?
Por fin dejó de teclear un segundo para mirarlo por encima de las gafas.
—Le tengo mucho respeto, eso es cierto. Y tengo que admitir que sin usted mi situación económica empeoraría considerablemente. Pero gustarme, lo que se dice gustarme...
Nick levantó la mano antes de que pudiera decir nada más.
—Está bien —dijo con una sonora carcajada porque sabía que estaba bromeando. Estaba loca por él—. ¿Por qué será que eres la única persona en este edificio que no me toma en serio?
—Alguien tiene que hacerlo —respondió con un gesto travieso antes de volver a centrarse en el teclado.
Entonces miró la nota y la leyó.
— ¿A quién se le ocurrió que la fiesta de Navidad de la empresa fuera un baile de máscaras?
—A usted —replicó Enid escuetamente—. Dijo que ayudaría a eliminar las barreras entre los empleados. Y a mí me parece buena idea.
— ¿Y tú de qué vas a ir disfrazada, Enid?
—Eso tendrá que averiguarlo durante la fiesta, nadie puede quitarse la máscara hasta medianoche.
Nick se encogió de hombros. En realidad era buena idea relacionarse con los empleados. Si tenía en cuenta el ejemplo del departamento de marketing, había muchas cosas en su empresa que él no sabía no tenía la menor idea de que existiera una mujer con tanto potencial como Miley... Desde luego Sam nunca la había mencionado.
Además sería interesante ver de qué se disfrazaban sus empleados. Algunos no tendrían que pensárselo mucho; ya podía ver a la señorita Ratoncillo Marrón... sólo necesitaba unas orejas rosas y un rabo para resultar completamente convincente.

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