-Dile que lo siento -murmuró-. No lo creerá, pero díselo de todas formas.
-Qué es lo que sientes?
-Todo lo que le he hecho.
-Muy bien. No te preocupes, Miley es más fuerte de lo que parece.
-Pero ha tenido tan poco amor en su vida... Su madre no era precisamente una mujer cariñosa y perdió a su abuelo cuando era muy joven. Siempre me ha visto como una especie de héroe...
-¡Ja!
Nick levantó una ceja, irritado.
-Un chico intentó atacarla cuando era pequeña, ¿sabes? Cuando la saqué de la casa de acogida. Sólo tuvo que ir a un par de sesiones con un psicólogo, pero quizá esos recuerdos permanecen con ella...
-¿Tú crees? Miley le dio una paliza a ese sinvergüenza y luego testificó contra él en el juicio. Miley sabe defenderse solita, te lo aseguro.
-Aunque sea así. Yo la he hecho daño porque estaba encandilada conmigo...
Parecía asqueado consigo mismo.
-Bueno, tranquilízate -dijo Selena, compasiva-. Deja que pase un tiempo y luego podrás hablar con ella. Por el momento, es mejor que no lo hagas.
Nick dejó escapar un suspiro.
-Muy bien. ¿Tú cómo estás? Perdóname, ni siquiera te he preguntado...
-No te preocupes por eso. Estoy bien. Y con nell aquí encargándose de todo, me tratan como a una reina.
-Me alegro -murmuró él-. Bueno, me voy. Te llamaré mañana para ver cómo va todo.
-Muy bien. Que descanses -sonrió Selena.
-Tú también -dijo Nick abrazándola-. Buenas noches, cariño.
Unos días más tarde volvió a soplar una tormenta de las que dejaban el cielo negro como la noche. Poco después, empezó a sonar la alarma que avisaba de los tornados.
-Tenemos que bajar al refugio -dijo Nell-. Venga, vamos, ahora mismo.
Bajaron las cinco al sótano y encendieron la radio para saber lo que estaba pasando. Había un incendio y varios coches volcados en Caldwell. Las carreteras estaban cortadas, un tejado había salido volando, se había desplomado un establo en Jacobsville, los árboles caían sobre los coches... Era la peor tormenta que habían sufrido en muchos años.
Miley pensó en Nick, solo en su casa, recordando la muerte de su abuela. Ojalá dejase de importarle lo que le pasara, pero era imposible. Era parte de su vida, a pesar de cómo la había tratado.
-Espero que tu hermano esté bien -murmuró.
-No te preocupes -sonrió Selena-. En su casa hay un refugio como éste.
La violencia de la tormenta aumentaba por segundos. La casa era sacudida por el viento como si quisiera arrancarla y Miley cerró los ojos, rezando para que no muriese nadie.
Unas horas después, Nell abrió la puerta y se quedó escuchando un momento antes de subir la escalera. Volvió unos minutos más tarde.
-Ya ha terminado. Los truenos empiezan a sonar muy lejos, pero han caído dos robles en el jardín.
-Espero que no haya pasado nada más -murmuró Selena, mientras subían la escalera.
-Llama a tu hermano para ver cómo está -sugirió Miley.
Pero cuando intentaron llamar por teléfono comprobaron que no había línea.
-La tormenta debe haber tirado los postes de teléfono.
-¿Qué hacemos, vamos a su casa?
-No podemos salir de aquí. Uno de los robles está en medio del camino -dijo Selena.
-Dame tu móvil -dijo Nell entonces-. Voy a llamar a mi primo, el policía, para que vaya a echar un vistazo al rancho.
Los beneficios de vivir en una ciudad tan pequeña, pensó Miley. Pero cuando Nell le devolvió el teléfono parecía preocupada.
-El tornado ha golpeado la casa de Nick y ha tirado la esquina donde tiene el estudio. Lo han llevado al hospital...
-¿Qué?
-Mi primo no sabe si está herido de gravedad. Ha habido algunos muertos -añadió Nell, haciendo una mueca al ver la expresión de horror en el rostro Selena. Miley y las niñas.
A pesar de todo, Nick era un tesoro para todas ellas.
-Yo me voy al hospital -dijo Miley entonces-. ¡Aunque tenga que ir andando diez kilómetros!
Las recogió un camión de bomberos en la autopista y cuando llegaron al hospital Nick estaba sentado en una camilla, sonriendo de oreja a oreja. Tenía un corte en la frente y un hematoma en el hombro, pero nada más.
Parecía estar perfectamente y Miley decidió quedarse en la sala de espera. No quería verlo, no quería hablar con él. Sólo quería arrancarlo de su cabeza y de su corazón y seguir adelante.
Selena entró en la sala de espera unos minutos después.
-Está perfectamente. No tiene más que algunas magulladuras. Podemos irnos a casa.
Miley sonrió, pero había tristeza en sus ojos.
Al día siguiente. Nick apareció en casa de Selena. Nell le abrió la puerta y tuvo que hacer un esfuerzo para no abrazarlo. Pero no pensaba ceder.
-Cómo estás? -preguntó, fingiendo una indiferencia que no sentía.
-Mucho mejor, gracias. ¿Dónde está todo el mundo?
-Comiendo -contestó el ama de llaves-. ¿Quieres comer con nosotras?
Nick le pasó un brazo por los hombros y la besó en la frente con genuino afecto.
-Sí, por favor.
Pero cuando entró en la cocina, vio que Miley no estaba.
-¿Dónde está? -preguntó, sin molestarse en decir su nombre.
-Se ha ido.
-¿Adónde?
-A Houston -contestó Nell-. Ya te dije que se iba.
-Pero no me dijiste que se iba tan pronto...
-Pues lo siento, Nick-suspiró su hermana-. Se ha ido y no volverá en algún tiempo.
El tragó saliva. ¿Qué podía hacer? Tenía que hablar con ella, tenía que pedirle perdón. Pero, ¿cómo? En realidad, él nunca había cortejado a Miley. Tendría que hacerlo. Y tendría que convencerla de que, por increíble que le pareciese, estaba loco por ella.
La encontró en uno de los cafés de la universidad unas semanas después. Estaba tomando un té mientras leía un libro de historia y, al verlo, estuvo a punto de tirárselo encima.
-Qué haces aquí?
-He venido a verte -contestó Nick.
-Ya, claro. ¿Qué tal van las obras en el rancho? Selena me ha dicho que estás reparando el daño que hizo el tornado.
-Va todo bien. En unos días habrá quedado como nuevo -sonrió Nick, nervioso-. Mira, te he traído una cosa -dijo entonces, mostrándole una bolsa de colores.
-¿Un regalo? -preguntó Miley, levantando una ceja.
-Abrela.
Ella la abrió y encontró dentro una preciosa mantilla negra con flores rojas bordadas.
-¿Y esto?
-Era de mi abuela -contestó Nick-. Estaba guardada en uno de sus arcones y he pensado que te gustaría.
-Muchas gracias -murmuró ella, atónita.
-Pero hay otra cosa.
-¿Qué? -murmuró Miley, estupefacta.
-En la bolsa, hay otra cosa.
Miley miró en el fondo de la bolsa y vio una caja de terciopelo. ¿Otro reloj de Mickey Mouse?
-¿Qué es?
-Abrela -suspiró él, con un nudo en la garganta.
Miley obedeció. Dentro de la caja había otra caja. Y dentro de ésta, otra más pequeña. Y dentro de esa caja pequeña había un anillo con un diamante. Ni muy grande ni muy pequeño, perfecto. Un diamante de color amarillo. Estaba montado en una banda de platino rodeada de diminutos diamantes.
-No entiendo...
Nick sacó el solitario de la caja y se lo puso en el dedo.
-Ahora lo entiendes?
Miley tenía miedo de entender. Aquello tenía que ser un sueño. Si no, era una broma muy cruel.
-Pero tú no me quieres. Soy sólo una huérfana...
-Calla, por Dios -la interrumpió él-. Me dio tanta vergüenza que me encontrases así con Bella que dije todo lo que pudiera herirte. Pero no es verdad. Nunca ha sido verdad. Tú eres para mí... -Nick no pudo terminar la frase, emocionado, y la abrazó, enterrando la cara en su pelo-. Miley, tú lo eres todo para mí. Desde siempre. Llevo esperándote todos estos años y me sentía tan frustrado porque seguías siendo una niña... Pero ya no lo eres. Ahora eres una mujer. Y quiero que seas mi mujer.
-Nick...
-La desesperación me volvió cruel, pero te amo. Te he amado siempre. La espera me volvió loco, Miley -intentó explicar él, conteniendo el aliento-. Te quiero con todo mi corazón y espero que puedas perdonarme... porque si no lo haces Selena me matará.
-Selena? ¿Qué tiene que ver Selena?
-Me temo que mi hermana lleva días enviando invitaciones, contratando el catering, comprando cosas... Ah, por cierto, espero que estés libre el sábado porque vamos a casarnos.
-¿Qué?
-Que vamos a casarnos. ¿Para qué crees que te he comprado un anillo? -contestó Nick
-Pero si tú nunca has querido casarte.
-Eso no es verdad.
-Bueno, ya sabes lo que quiero decir.
-Quise casarme contigo cuando tenías dieciocho años, Miley -suspiró él, apretando su mano-. Era demasiado pronto, pero me habría casado contigo entonces si tú hubieras sentido lo mismo que yo.
Miley le echó los brazos al cuello.
-Era demasiado pronto. Tenía que ir a la universidad, tenía que ser una mujer independiente.
-¿Y ahora qué vas a hacer? -preguntó Nick
-Bueno, siempre puedo esperar un año para empezar el Master. o dos. Me gustaría estar contigo durante un par de años -sonrió Miley-. Incluso podríamos tener un niño.
-Podríamos tener un niño? ¿Tú sabes cómo se hacen los niños?
-Claro que lo sé, tonto. Lo que no tengo es práctica -rió ella.
-Te juro que seré muy tierno contigo, cariño -murmuró Nick, acariciando su pelo-. Tengo mucha ternura guardada para ti. Toda mi ternura.
Nell se emocionó cuando Miley entró en casa de Selena del brazo de Nick
-¿Pero cómo... cuándo... qué ha pasado?
Nick levantó la mano de Miley para mostrarle el anillo.
-La he convencido.
-¡Ay, Dios mío, qué diamante! ¿Se lo has contado a Selena?
-Selena lleva días preparándolo todo para la boda -rió él-. Se lo ha contado a las niñas, pero parece que lo guardaba como sorpresa para ti.
-¿Cuándo os casáis? -preguntó el ama de llaves, llevándose una mano al corazón.
-El sábado.
-¡No me lo puedo creer! ¡Qué alegría más grande! No había sido más feliz en toda mi vida -exclamó la mujer, abrazándolos con todo cariño.
La boda se celebró en el rancho y Miley llevó un glorioso vestido de tul bordado, con mangas chinas y escote en pico. El velo iba sujeto por dos pasadores de plata y caía hasta el suelo.
Nunca había estado más guapa.
A la boda sólo acudieron parientes y amigos íntimos, pero también un par de reporteros cámara en mano. Y Grange, con un traje de terciopelo azul marino. Desde luego, no parecía el vaquero con el que Miley solía ir al cine. También estaban los Ballenger, por supuesto. Y Albert, el chef francés.
Cuando el sacerdote los declaró marido y mujer, Nick le regaló la mirada más profunda, más hermosa y más tierna del mundo.
La quería. Estaba enamorado de ella. No era un sueño, pensaba Miley.
Cinco meses después, Nick entraba en casa empapado, con los zahones y las botas llenos de barro. Pero cuando vio a Miley con su Musita premamá el cansancio desapareció como por ensalmo.
-¿Cómo estás, cariño?
-Bien -contestó ella, muy seria.
-Ocurre algo?
-No.
-¿Entonces?
-¡Por fin llegas a casa! ¡Ya era hora! -oyó una exclamación en la puerta de la cocina.
-¿Nell?
-Sí, ¿qué pasa?
-¿Por fin has vuelto? ¿Para quedarte?
-Sí, para quedarme. ¿Te parece mal?
-No, por Dios. Pensé que no volverías nunca -sonrió Nick, abrazándola.
-He venido para cuidar de Miley y para comprobar que come bien. Yo la veo delgadísima. Selena tiene una chica que la ayuda, así que no la he dejado en la estacada. Además, le he dado a Albert, ¿te parece bien?
-¿Le has dado a Albert? -repitió Nick, intentando contener la risa.
-Sí... bueno, se lo he prestado por un tiempo -contestó el ama de llaves-. Así que problema resuelto.
-Estupendo. Voy a ducharme y luego tendremos una cena romántica para...
-Seis -dijo Nell.
-¿Seis?
Miley soltó una carcajada.
-Van a venir Selena y las niñas. Pero será una cena romántica, te lo prometo. Pondremos velas por todas partes.
Nick dejó escapar un suspiro.
-Muy bien, una cena romántica para seis. De todas formas, te quiero con todo mi corazón -le dijo, antes de subir corriendo al dormitorio.
Vaya, vaya, ¿quién iba a pensar que ese cabezota se portaría como un tonto enamorado?
-Soy yo -contestó Miley-. Le inspiro.
Luego se volvió para seguir a Nell a la cocina. La vida era dulce, sí. Nick no era perfecto, pero era todo lo que ella había soñado. Se harían viejos juntos, a salvo en el capullo de su amor, con una vida entera para compartir, con hijos, nietos...
Y aquello, pensó, llevándose una mano al vientre, era sólo el principio. La vida era mucho más hermosa de lo que ella hubiera podido soñar nunca. Más hermosa que cualquiera de sus sueños.
FIN.
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