Miley y Shep se hicieron inseparables a partir de entonces. El cachorrillo la seguía en sus paseos por el rancho, y se acurrucaba en un rincón cuando ayudaba a la señora Bird en la cocina.
Una tarde que estaba particularmente aburrida, entró seguida de Shep en el estudio para preguntarle a Nick si, por entretenerse, podía ayudarlo en alguna cosa.
-Ah, aquí vienes con tu perro guardián -farfulló él divertido, al ver al animal, levantando la vista de un libro de cuentas que estaba revisando.
-¿Verdad que es adorable? -se rió Mihley.El cachorro estaba teniendo un efecto extraordinario en ella, devolviéndole la alegría y la vitalidad. Además, la vulnerabilidad del animalillo hacía salir los instintos protectores de la joven, como en una singular ocasión que Demi le había referido a su hermano.
-Me han dicho que ya le estás sacando las castañas del fuego -mencionó refiriéndose a eso.
Ella se sonrojó.
-Bueno, era un perrazo enorme -se excusó-. No podía permitir que le hiciera daño a Shep...
-¿Qué fue lo que le tiraste? -inquirió él, intentando acordarse-. ¡Ah, sí!, unas zanahorias... -dijo entre carcajadas.
Miley se sonrojó aún más.
-Bueno, el caso es que funcionó: lo ahuyenté. Además, como sigas burlándote, azuzaré a Shep contra ti.
Pero el perrito se había acercado al ranchero y estaba lamiéndole la mano y meneando la cola, y Nick le dirigió una mirada elocuente a su dueña.
-Traidor -increpó Miley al animal.
-Déjalo, no puede evitarlo, me adora -replicó Nick moviendo una ceja al estilo James Bond-. Todas las criaturitas pequeñas me adoran: perros, gatos, niños...
Miley se rió.
-¿Alguna vez has pensado en tener hijos? -le preguntó sin pensar.
Los ojos de Nick se elevaron hacia los suyos, y de pronto descendieron hasta el vientre de la joven, permaneciendo allí tanto tiempo, que Miley entreabrió los labios inconscientemente, sintiéndose acalorada, y notó que su cuerpo respondía de maneras que jamás habría imaginado. Sus ojos volvieron a encontrarse, y la joven lo observó sin aliento mientras la ardiente mirada masculina bajaba hasta sus labios y volvía a subir.
Nick se puso de pie, sosteniéndole la mirada mientras rodeaba la mesa para ir junto a ella. Se colocó tan cerca, que la joven podía sentir el calor de su cuerpo, y su aliento contra su frente.
-Hace años que no me permito siquiera pensar en ello -le dijo-. ¿Sabes por qué?
Miley meneó la cabeza muy despacio.
-Porque la gente creería que soy su abuelo en vez de su padre. Sí, Miley, los años no pasan en balde. Además, cuando crecieran, no podría hacer con ellos las cosas que otros padres hacen con sus hijos. Cuando les llegara el momento de ir a la universidad yo sería ya un pensionista.
Sin embargo, ella apenas estaba escuchándolo.
-Pero eres tan guapo... -murmuró involuntariamente-. Sería... una lástima que no tuvieras hijos. Serían unos niños tan preciosos...
El ritmo del corazón de Nick se disparó. Jamás había deseado tanto a una mujer.
-¿Y tú? -inquirió, tratando de controlarse.
-Nunca quise tenerlos con él -murmuró Miley con voz entrecortada-. Me aseguré de evitarlo.
Nick pareció tensarse.
-¿Quieres decir... de modo permanente? -inquirió, con una nota de ansiedad, que Miley no supo a qué atribuir.
- Oh, no, tomaba anticonceptivos -contestó ella.
Nick, que no se había dado cuenta de que estaba conteniendo el aliento, dejó escapar un suspiro de alivio, y Miley, que lo advirtió, lo miró extrañada.
-¿Hay alguna razón por la que te importaría el que no pudiera tener hijos? -inquirió, quedándose de piedra al darse cuenta de lo directa que había sido.
Nick estaba aún más sorprendido que ella. Se quedó mirándola un momento, completamente en blanco, y después frunció el ceño y escudriñó en sus ojos, como buscando la respuesta, hasta hacerla sonrojar.
-No lo sé.
Se acercó a ella, tomó su rostro entre sus manos, y acarició sus labios con los pulgares.
-No cierres los ojos -le dijo con voz ronca, inclinándose despacio hacia ella-. Quiero que sepas todo el tiempo que soy yo. Todo el tiempo...
«Como si pudiera olvidarlo...», se dijo Miley hecha un manojo de nervios. Y la boca masculina descendió sobre la suya, tomándola en un sensual beso.
Miley se tensó, y puso las manos en la pechera de su camisa, como para mantener el espacio vital entre ellos, pero Nick no se detuvo.
Con una mano, él le acariciaba la mejilla, y la otra bajó hasta su espalda, atrayéndola hacia él. Mientras se besaban, no dejaron de mirarse a los ojos, y Nick pudo ver cómo se dilataron las pupilas de la joven cuando se movió y sus senos se frotaron contra su ancho tórax.
La mano en el hueco de su espalda la atrajo aún más hacia él, y Miley sintió cómo uno de los fuertes muslos de Nick se introducía entre los suyos, provocando un contacto muy íntimo que era nuevo y excitante para ella.
Nick levantó la cabeza para mirarla. Su respiración se había tomado tan entrecortada como la de ella. La mano que tenía contra la mejilla de Miley descendió hasta los labios, trazando su contorno con los dedos, al tiempo que la otra la atrajo aún más hacia él; esto la hizo apreciar cierto cambio en la anatomía masculina que la turbó. Instintivamente, trató de apartarse de él, pero Nick dio un paso atrás, quedándose sentado en el borde de su escritorio, y tiró de ella al mismo tiempo que abría las piernas y la aprisionaba entre ellas.
Miley se sonrojó profusamente, y no era capaz de alzar su vista más allá de la barbilla de Nick.
-Mírame, Miles -le susurró él.
Ella obedeció, y Nick vio en sus ojos timidez, aprehensión, y también excitación, todo a la vez.
Él entreabrió los labios para dejar escapar el aire que había estado conteniendo, y sus manos la alzaron un poco hacia él, colocándola en una posición todavía más íntima. Gimió ante las maravillosas sensaciones que lo invadieron, y apretó los dientes para contenerse. La mantuvo allí con firmeza, emitiendo un suave gruñido por el placer que le produjo involuntariamente Miley al moverse, nerviosa, para apartarse de él.
-¡Nicholas...! -protestó enfebrecida al ver que él no la dejaba ir.
-Quiero que sientas el placer que me da tenerte tan cerca de mí, Mi -le dijo él mirándose en sus ojos-. ¿Te da vergüenza?
-Es que nunca había hecho esto contigo... -balbució ella.
-No, eso es verdad -asintió Nick. Sus ojos descendieron hasta la blusa de Miley, donde claramente se marcaban los pezones de la joven.
Ella sabía muy bien lo que estaba tratando de averiguar, y no pudo menos que pensar que su cuerpo era un traidor por delatarla.
Una de las largas piernas del ranchero rodeó las de ella a la altura de la rodilla, sosteniéndola contra él, mientras deslizaba una mano por debajo de la blusa.
Nick la miró a los ojos, y fue subiendo la mano hasta alcanzar el sostén de encaje. Acarició un pezón con el índice y el pulgar, y notó cómo Miley se estremecía de arriba abajo.
-¿Es aquí donde te hirió? -inquirió quedamente. Ella tragó saliva.
-No. Es... es el otro -respondió en un hilo de voz.
-Tendré mucho cuidado -le prometió Nick-. No tengas miedo.
Nick alargó la mano por detrás de su espalda para alcanzar el enganche del sostén, lo desabrochó, y segundos más tarde su mano había tomado uno de sus senos desnudos, haciéndola gemir extasiada.
Retiró la mano un momento, y con las dos tomó el dobladillo, y empezó a levantar la tela. Miley trató de detenerlo, agarrando sus muñecas, pero él sacudió la cabeza y siguió subiéndole la camisa y el sostén hasta dejar sus pechos al descubierto.
El impacto de su mirada sobre su cuerpo hizo que Miley se quedara muy quieta. Nick observó en silencio la fina y alargada cicatriz, donde todavía se podían apreciar los lugares donde habían estado los puntos de sutura. Apretó la mandíbula, furioso con el hombre que lo había hecho, y desvió sus ojos hacia el otro seno, admirando largo rato su perfección, su firmeza, y el erecto y oscuro pezón.
Cuando Miley vio cómo inclinaba la cabeza, estaba demasiado hipnotizada como para darse cuenta de lo que iba a hacer, y cuando abrió la boca sobre su seno indemne, y comenzó a succionar, se puso tensa y un gemido ahogado escapó de su garganta.
Nick se apartó al momento, para ver si había sido pasión o temor lo que la había hecho emitir ese sonido.
-¿Te hago daño? -le preguntó suavemente.
Miley se mordió el labio inferior, dudando entre decirle la verdad o una mentira, pero Nick no necesitaba que contestara. Podía leer la respuesta en sus ojos.
-No tienes que avergonzarte -le susurró-. Yo también estoy disfrutando. Eres tan suave... Cuando pongo mis labios sobre tu pecho es como si estuviera tocando pétalos de rosa.
Se inclinó de nuevo, y esa vez ella no se resistió en absoluto, sino que le dejó hacer, jadeando suavemente mientras él succionaba hasta hacerla temblar.
Nick la alzó en sus brazos y de pronto Miley se encontró tumbada sobre la mesa, entre un mar de papeles. Los labios masculinos se posaron de nuevo sobre los suyos, besándola con insistencia, mientras que una mano se introducía por entre sus muslos, abriéndole las piernas. Nick empujó sus caderas contra las de ella, y la joven pudo sentir su excitación, a pesar incluso de la tela de los pantalones entre ellos. Miley jadeó y se impulsó hacia arriba frenética, tratando de estar aún más cerca de él, al tiempo que las manos de Nick se colocaron debajo de sus nalgas, empujándola también hacia él en un ritmo enloquecedor.
Miley le clavó las uñas en los hombros y se estremeció, emitiendo unos gemidos tan intensos que los labios de Nick, que habían vuelto a apoderarse de su seno, tuvieron que abandonarlo para ahogarlos.
Nick estaba casi tan perdido en el placer como ella, y siguió sacudiendo sus caderas contra las de ella en un auténtico delirio, y de su garganta escapó un gruñido gutural de placer.
Miley nunca hubiera imaginado que algo así pudiese ocurrir entre un hombre y una mujer cuando estaban completamente vestidos. Mordió el labio inferior de Nick, hundiendo sus dedos entre sus cabellos plateados, sin dejar de moverse debajo de él, dejándose llevar por el frenesí hasta que las oleadas de placer que la invadían comenzaron a hacerla convulsionarse. Y, a pesar de todo, aquello no era suficiente, y no había manera de estar más cerca de él de lo que ya lo estaba a menos que...
Nick se dio cuenta entonces de lo lejos que estaban yendo, y sus manos se aferraron con brusquedad a las caderas femeninas, intentando detener su movimiento.
-No... -jadeó él, apartándose de ella mientras aún estaba a tiempo, y apoyándose en la pared-. Dios, Miles, no...
Ella se incorporó, mirándolo sin comprender, y con el movimiento la camisa volvió a caer, ocultando su torso desnudo.
-¿Por qué has parado, Nick? -inquirió, consumida por el deseo-. No quería que pararas...
Pero él había cerrado los ojos con fuerza y estaba apretando los dientes, luchando por controlar la desesperada necesidad de poseerla.
-Nick, por favor... -le rogó ella yendo hacia él, y poniendo las manos sobre su pecho.
Él abrió los ojos, y apartó el rostro.
-No. Si seguimos podría dejarte embarazada - masculló.
Tal y como lo había dicho, parecía que aquello pudiera ser el fin del mundo para él. Y entonces Miley recordó sus palabras: no quería tener hijos, no quería ataduras... Lo había olvidado en medio de los besos y las caricias, pero él no. Se había dejado llevar, igual que ella, pero no hasta el punto de olvidar las posibles consecuencias. Miley inspiró temblorosa.
-Sí -musitó al cabo de un rato, bajando la vista-. Qué tonta soy... haber olvidado eso...
Nick apenas podía oírla. Su cuerpo estaba paralizado por un dolor que no había experimentado desde sus años de adolescente.
- Miley, no lo hagas más difícil... -le rogó.
Ella se apartó, mientras él se concentraba en su respiración, hasta que la rigidez de su cuerpo empezó a disiparse. Miley lo observó, registrando en su mente cada uno de los detalles que delataban su deseo y cómo lentamente, muy lentamente, iba logrando dominarlo.
-Deja de mirarme, ¿quieres? -masculló él azorado.
-Tengo curiosidad -dijo ella con sinceridad-. Nunca te había visto en ese estado.
Nick la atravesó con la mirada.
-Estarás orgullosa de haberme puesto así -le dijo sarcástico.
-En cierto modo sí -respondió ella-. Ningún hombre me había deseado jamás hasta ese punto. ¿Siempre os duele cuando intentáis conteneros?
El soltó una risa de incredulidad.
-Oh, por amor de Dios... -farfulló, como si no pudiera creer que estuvieran teniendo esa conversación.
-Bueno, pero, ¿os pasa siempre, o no? -insistió Miley-. En algunas revistas he leído que sí, y en otras que no, pero todas coinciden en que podéis controlaros. Jared decía que él no podía controlarse y que le dolía mucho, pero eso no es cierto, ¿verdad?
Nick resopló. -Depende de lo excitado que uno esté -masculló entornando los ojos-. ¿Lo excitabas hasta el punto que me has excitado a mí y luego lo rechazabas?
Miley se puso lívida. No comprendía que era la frustración de Nick la que hablaba, la frustración por no permitirse a sí mismo amarla, como deseaba, y ella atribuyó sus crueles palabras a que seguía sin creer que ella no tenía la culpa de la muerte de su primo. Miley dio un paso atrás.
-No hubiera podido excitarlo de ningún modo aunque hubiera sido una Mata Hari -le dijo herida-. El siempre me acusaba de ser frígida, pero la realidad era que él era...
La ira por la actitud de Nick la estaba sacudiendo de, tal modo, que no pudo terminar la frase.
-¿Qué era? -inquirió él.
Miley dejó escapar una risa amarga. ¿La creería siquiera si se lo dijera?
-¿Acaso importa ya? -le espetó-. Está muerto.
Y salió del estudio sin mirar atrás…
A la hora de la cena, Miley se encontró con que sólo había dos platos en la mesa. Demi y ella se sentaron a comer sin esperar a Nick, y observó que su amiga parecía muy callada, pero no dijo nada al respecto.
-¿Ha ocurrido algo? -se decidió a preguntarle al fin.
Demi contrajo el rostro.
-La verdad es que no estoy muy segura -contestó-. ¿Habéis discutido Nick y tú?
Miley bajó rápidamente la vista.
-Más o menos -murmuró-. ¿Por qué?
-Parece ser que esta tarde salió a ver a un proveedor, y llamó a la señora Bird desde el aeropuerto para decirle que se iba a Nassau... sin cambiarse, ni hacer maletas...
Miley sintió como si la hubieran golpeado. Sabía muy bien porqué se había marchado. Tras lo ocurrido entre ellos en el estudio, su mente retorcida debía estar imaginando que iba detrás de él, que había estado tratando de seducirlo para que se casara con ella, y por eso se había apresurado a poner tierra de por medio. Podía esperar cualquier cosa de él después de que le hubiera dado a entender que creía que ella había sido la culpable de que Jared se diera a la bebida y se hubiera matado por negarle su cuerpo.
-Ya veo -murmuró al darse cuenta de que Demi estaba esperando a que dijera algo.
-Y parece ser que se marchaba con Delta.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Miley soltó el tenedor y rompió a llorar amargamente.
-Oh, Dios mío, esto es exactamente lo que me temía -murmuró Demi con tristeza, levantándose y yendo a sentarse junto a su amiga, abrazándola en un intento de consolarla-. Pobre Miles, el amor no muere por mucho que uno trate de ignorarlo, ¿no es cierto? A pesar del modo en que te ha tratado sigues enamorada de él.
- ¡Lo odio!, ¡lo odio! -sollozó Miley angustiada.
-Lo sé. Es un bruto -asintió Demi, sacando un pañuelo de su bolsillo y poniéndolo en su mano.
-Sigue pensando que Jared murió por mi culpa -gimoteó Miley.
-Por supuesto que no piensa eso -replicó Demi-. Lo que pasa es que está convencido de que es demasiado mayor para ti y no quiere aceptar el hecho de que estáis hechos el uno para el otro. Le van quedando cada vez menos excusas, y por esa razón salta con las cosas más absurdas. No creas nada de lo que te diga, Mi. Ha dejado que lo que le ocurrió a nuestro padre lo obsesione, y está afectando a su vida. Y lo peor es que no sólo se está haciendo daño a sí mismo, sino que también te lo está haciendo a ti.
A pesar de sus palabras, Miley lloró hasta que se notó la garganta en carne viva.
-No puedo quedarme aquí -dijo sonándose con el pañuelo que le había dado Demi cuando estuvo más calmada-. Todo esto está destrozándome...
-Lo sé, Miles, pero, ¿crees que estás bien como para...?
-Estoy bien -la cortó ;oley tajante-. El otro día, Nick me adelantó algo de dinero del fideicomiso, y de momento me las apañaré con eso. Además, no voy a quedarme de brazos cruzados. Voy a buscar un trabajo, y lo encontraré. Tiene que haber algún puesto libre que pueda ocupar en Victoria, como camarera, o secretaria, o lo que sea.
Demi contrajo el rostro.
-Pero, escucha, Miles, no puedes...
-¡Tengo que hacerlo! -exclamó Miley atormentada-. Si me quedo terminaré hincándome de rodillas ante él, suplicándole un poco de afecto. ¿Es que no lo ves, Demi? ¡Lo amo!
Su amiga se mordió el labio inferior.
-Te lo está poniendo realmente difícil, ¿no es verdad?
-Es mucho peor -murmuró Miley, dejando escapar una risa amarga-. No quiere ninguna clase de compromiso, no quiere niños, y mucho menos a mí. Me lo dijo antes de marcharse -añadió, sin referirle lo que había ocurrido en el estudio.
-Nick me matará cuando vuelva y vea que te has ido -dijo Demi.
-No es verdad -replicó su amiga con pesadumbre-. Se sentirá aliviado.
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