viernes, 16 de marzo de 2012

Capitulo 3.-

Miley no volvió a asistir a ninguna otra reunión del club de tiro, ni aceptó las reiteradas invitaciones de Demi a visitarla en el rancho, y en las raras ocasiones en que se cruzaba con Nick por la calle, apretaba el paso y no lo miraba siquiera. Se sentía avergonzada de cómo había permitido que la besara y la tocara, y dolida por sus crueles palabras y su desprecio. Si le parecía que tenía el cuerpo de una adolescente y los senos muy pequeños, ¿por qué había hecho lo que había hecho? En ese momento no le había dado precisamente la impresión de que lo disgustase, se dijo enfadada. Tal vez sólo lo había hecho para darle un escarmiento, para asustarla y hacer que se apartara de él, pero, si era así, ¿por qué le habían temblado las manos, por qué le había costado tanto recobrar el aliento?
Finalmente, después de darle muchas vueltas al asunto, Miley había terminado por relegar al ranchero a un compartimento de su mente donde se mezclara con los recuerdos del pasado, y trató de olvidar lo ocurrido esa noche en la fiesta, como si nunca hubiera sucedido.
Semanas después, su padre sufrió un ataque al corazón, y el médico le dijo que no podría realizar ningún esfuerzo. Se cansaba muchísimo, y prácticamente se convirtió en un inválido. Miley, que habría querido buscar un empleo relacionado con su licenciatura, tuvo que hacerse cargo de la tienda, pero hacía meses que las cosas no les iban bien, y tuvieron que acabar poniendo a la venta el negocio. Entonces fue cuando Jared Murillo entró en su vida. Lo había atraído el anuncio que su padre había puesto en el periódico, y cuando fue a ver el local y conoció a Miley, la tienda no fue lo único que lo interesó. No adquirió el negocio, sino que les hizo un préstamo, una generosa suma de dinero, y comenzó a frecuentar la tienda y a hacerse indispensable para ellos. A pesar de las quejas de Miley, que no quería caridad, siguió prestándoles dinero aun cuando era obvio que el negocio no salía a flote.
La salud de su padre comenzó a declinar más aún, y Jared, que sabía muy bien qué cartas tenía que jugar, siempre estaba cerca de Miley, ofreciéndole su consuelo, tiernos besos y dulces palabras. Aquello era algo a lo que la joven no podía resistirse, ya que el desprecio de Nick la había dejado muy dolida y hambrienta de un poco de afecto. Por eso, las atenciones de Jared eran como un bálsamo para ella, y pronto se olvidó de su orgullo.
Nick se había enterado de la enfermedad de su padre, y pasó un día a verlo. Cuando habló con Miley se dirigió a ella con amabilidad, incluso vacilante, como si estuviera avergonzado de su comportamiento, pero la joven se dijo que seguramente tenía mala conciencia por el estado de su padre y porque estaban al borde de la quiebra, y eso lo hacía sentir lástima. Había aprendido la lección, y no iba a permitir que la hiriera de nuevo. Lo trató con fría cortesía, mostrándose distante, y la irritación de Nick fue visible.
Nick no volvió a poner los pies en su casa y, a partir de ese día, a pesar de que la joven necesitaba apoyo y comprensión más que nunca, se volvió cruel con ella, lanzándole continuas puyas acerca de su relación con Jared, acusándola de estar intentando cazar a su adinerado primo para que se hiciera cargo de ella.
Su situación era cada vez más desesperada y, irónicamente, los ataques de Nick no hicieron sino empujarla aún más a los brazos de Jared, hasta que finalmente éste asumió sus deudas, quitando aquella carga de los hombros de la joven, pero haciéndola también totalmente dependiente de él.
La noche que murió su padre, Jared se ocupó de todo, pagó el entierro, y le propuso matrimonio a Miley. La joven estaba asustada y confusa, y aceptó.
La mañana que se celebró el entierro, Nick tenía un compromiso ineludible, así que no pudo asistir, pero se acercó después a la casa de Miley a darle sus condolencias. Sin embargo, para su sorpresa, fue Jared quien le abrió la puerta, y le dijo que Miley estaba echada porque no se encontraba bien, y que él mismo le transmitiría su pésame. A su prometida, por supuesto, Jared le ocultó aquella visita, y mintió diciéndole que había sido el cartero, que traía un certificado con la dirección equivocada.
Aprovechando su vulnerabilidad en esos momentos tan difíciles, a los pocos días, Jared prácticamente la obligó a firmar la licencia de matrimonio. Tina Murillo se oponía al matrimonio, porque consideraba a Miley inferior a su hijo, pero a Jared lo aburría el clasismo de su madre, y desoyó sus protestas.
La llevó con él al rancho Jonas, pues quería pedirle a su primo que fuera su padrino. Cuando anunció su enlace, Demi tardó en reaccionar y darles la enhorabuena. No podía creer que fuese a hacer algo así, a dar un paso tan apresurado. El ranchero, por su parte, dedicó a la joven una mirada de auténtico desprecio, como si estuviera espetándole «al fin has conseguido lo que querías, ¿no es así?» Se negó a tomar parte alguna en la boda, y salió de la casa sin decir una palabra más. Esa misma tarde tomó un avión a Londres.
Aunque no necesitaba ninguna, aquella fue la confirmación definitiva para la joven de que Nicholas Jonas no quería saber nada más de ella, y que no le importaba lo que hiciera con su vida mientras lo dejara tranquilo. Después de aquello, Miley ya no volvió a plantearse si hacía lo correcto al haber aceptado la proposición de Jared. Ya todo le daba igual.
La boda se llevó a cabo en el registro civil, con la única presencia de un testigo, un socio de Jared, ya que Miley no tenía más familia; Demi no había querido asistir, por temor a irritar a su hermano; y los parientes de Jared tampoco, por no soliviantar a Tina.
Poco podía imaginar Miley que estaba metiéndose en la boca de la serpiente. A sus veintidós años era demasiado inocente respecto a los deberes conyugales, y no sabía la clase de hombre que era Jared Murillo bajo la máscara que llevaba en público.
Despechado por la negativa de su primo a ser el padrino en su boda, Jared prohibió a Miley visitar a Demi, aunque tampoco hubiera podido hacerlo, ya que su amiga y Nick se mudaron por aquella época a Victoria, dejando el rancho a cargo de un nuevo capataz, un hombre llamado Emmett Deverell.
Jared acabó enterándose por las malas lenguas de lo que Miley sentía por Nick y, siendo muy celoso, comenzó a vigilar todos y cada uno de sus movimientos y actos, en busca de algo que la delatara, haciendo que la joven se sintiera acosada y agobiada.
Además, Jared era impotente y, al no permitirle su orgullo ir a un médico, y ser incapaz de obtener satisfacción por los métodos usuales, recurría a otros crueles, haciendo daño a Miley, hasta minar su autoestima y convertirla en una persona torpe, nerviosa todo el tiempo, y encerrada en sí misma. Hacía del acto sexual algo degradante, un calvario repugnante que la hacía sentirse sucia. Después las cosas empeoraron, porque él se dio a la bebida, y empezó a tratarla aún con más brutalidad, a echarle la culpa de su impotencia por sus sentimientos por Nick, quien, además, se convirtió en su arma favorita para machacar su ya dañado amor propio, y para reafirmar su poder sobre ella, lanzándole puyas acerca de cómo su primo ni siquiera la había deseado.
Trató de abandonarlo en varias ocasiones, pero siendo un hombre tan rico e influyente, Jared tenía medios para dar con ella, y también para hacérselo pagar a quienes tratasen de ayudarla, así que finalmente terminó por resignarse a su suerte, temerosa de causar una tragedia.
Al cabo de un tiempo, Jared empezó a tener amantes, y aquello fue en cierto modo un alivio para Miley, pero la tranquilidad le duró poco. Jared coincidió con Nick en un congreso de ganaderos y, a raíz de ese encuentro, comenzó a atormentar de nuevo a la joven, a pesar de que ella no había vuelto a mencionar siquiera el nombre de su primo en todo ese tiempo.
A partir de ese día los encuentros entre Jared y Nick se hicieron más frecuentes. Miley no imaginaba por qué su marido había vuelto a tolerar a su primo después de su desaire y de saber que estaba enamorada de él, pero, inexplicablemente, así era.
Jared parecía disfrutar repitiéndole a Miley lo mucho que lo compadecía el ranchero por haberse casado con alguien como ella, y la joven estaba segura de que le contaba mentiras, que la hacía responsable de sus problemas, pero no le importaba, ya nada le importaba...
Su existencia había perdido la razón de ser. Con el tiempo, Jared ya no se molestó en seguir intentando ocultarle que se veía con otras mujeres, aunque ella siempre lo había sabido. Bebía cada vez más, y pasaba mucho tiempo fuera de casa.
Por aquel entonces uno de sus múltiples negocios había empezado a dar beneficios, y aquello pareció ponerlo de buen humor por una temporada, aplacarlo, y dejó de maltratar a Miley. Seguía tratándola como si fuera un felpudo, pero al menos no la golpeaba. Pasaron dos semanas; pasaron tres..., y la joven empezó a confiarse, a decirse que quizá se había hartado de ella y la dejaría marchar... pero se equivocaba.
Una noche, Jared estaba bebiendo como de costumbre en su estudio, repasando la correspondencia de la semana, mientras Miley fregaba los platos de la cena, cuando de pronto entró en la cocina lanzando improperios y blandiendo furioso un sobre rasgado y una tarjeta. Miley, aturdida, no comprendió qué lo había puesto fuera de sí hasta que él puso irritado la tarjeta en sus manos, exigiéndole a gritos una explicación. Era una felicitación de cumpleaños que le enviaba Demi y, sorprendentemente, llevaba también la firma de Nick. Aquello era lo que lo había enfurecido. Miley le había jurado y perjurado que hacía más de un año que no veía a su primo, pero Jared no la creía, y no hacía más que acusarla de tener un romance con él mientras la golpeaba. Como Miley siguiera asegurándole que se equivocaba, Jared, que, bajo los efectos del alcohol no era dueño de sí mismo, tomó un cuchillo y la persiguió hasta el salón, donde la acorraló, inmovilizándola sobre el sofá mientras la insultaba y apretaba el filo del cuchillo contra su garganta, diciéndole que la iba a despedazar...
El carraspeo del notario devolvió a la joven al momento presente. Se estremeció por el horrible recuerdo y levantó el rostro hacia la enorme mesa de roble del estudio, donde el notario estaba sentado, leyendo el testamento.
-Y eso es todo, me temo -concluía el hombre en ese momento, observándolos a todos a través de sus pequeñas gafas-. La práctica totalidad de los bienes del difunto señor Murillo van a parar a su madre, excepto el pura sangre que le deja a su primo, el señor Nick Jonas, y el fideicomiso de cien mil dólares que deja a nombre de su viuda, fideicomiso que, según lo dispuesto en este testamento, habrá de ser administrado por usted, señor Jonas, hasta que ella cumpla los veinticinco años de edad. ¿Alguna pregunta?
Nick frunció el ceño, incrédulo, y se volvió hacia Miley, pero la joven, que tenía la cabeza gacha, no dijo una palabra.
Tina se puso de pie, se volvió hacia la joven viuda y, dirigiéndole una mirada gélida, le dijo:
-Te daré unos días para que abandones la casa. No porque sienta lástima de ti, no te equivoques, sino para evitar las habladurías de la gente. Tú eres la única culpable de la muerte de mi hijo, y no te lo perdonaré jamás -se giró sobre los talones y salió del estudio con altivez.
Miley no tuvo tiempo de replicar nada, pero tampoco lo habría hecho. Se sentía sin fuerzas, y no levantó siquiera la vista de las manos enlazadas sobre su regazo. No tenía dónde ir, y Nick controlaba ahora el poco dinero que tenía. No podría soportar tener que arrodillarse ante él para pedirle unos dólares para comprarse medias o un paquete de harina. Tenía que conseguir un trabajo cuanto antes, como fuera.
Nick y Demi salieron del estudio al salón, dejando al notario recogiendo sus cosas, y a Miley sentada, como en trance.
-La mujer del corazón de oro... -masculló Demi mientras observaban cómo su tía Tina se alejaba en su Lincoln.
-¿Cómo ha podido hacer Jared algo así? -exclamó su hermano en un susurro indignado-. ¿Y por qué ha tenido que involucrarme a mí?
-¿Es eso lo único que te preocupa? -le espetó su hermana-. A pesar de que tenía millones la ha dejado en la miseria, ¿y a ti sólo te preocupa que te haya involucrado?
-Por supuesto que no, eso es lo que trato de decirte -replicó él con irritación-. ¡Miley no cobrará hasta dentro de un año! ¡Tendrá que pedirme dinero hasta para pagarse el autobús!
Demi lo miró sorprendida. No hubiera esperado que su hermano se preocupase por Miley, sobre todo cuando, hasta unos minutos antes de la lectura del testamento había estado atormentándola, diciéndole que no se hiciera ilusiones respecto a la herencia. Sin duda había esperado que Jared le diera un escarmiento con el testamento, pero no tan extremo.
-Se las arreglará. Es fuerte, y estaba preparada para esta noticia -le dijo-. Ella sabía que Jared no le iba a dejar demasiado, y me dijo que no le importaba.
-¿Cómo diablos no va a importarle? ¡Alguien tiene que hacerla entrar en razón! Tina no puede privarla de lo que le pertenece por ley. Tiene derecho a exigir una pensión de viudedad.
-Dudo que lo haga -respondió su hermana-. El dinero nunca le ha importado. ¿O acaso no lo sabías? -le espetó Demi con toda la intención.
Nick no dijo nada. De pronto había algo que lo reconcomía por dentro. Era como si hubiera piezas del rompecabezas que no encajaran. Por más puyas que le había lanzado, no veía por ninguna parte a la Miley que Jared le había descrito; y esa falta de interés por el dinero... Confundido, salió fuera, y se sentó en el coche a esperar a su hermana mientras se despedía de su amiga.
-¿Seguro que no quieres venirte con nosotros al rancho, Miles? -le insistió una vez más.
-¿Para que tu hermano me provoque una crisis nerviosa? -respondió la joven viuda con una risa amarga-. No, gracias.
-Nick es un idiot@, pero si vienes con nosotros, te prometo que me aseguraré de que no te moleste.
Pero su amiga sacudió la cabeza.
-Te agradezco el ofrecimiento, Demi, pero no es una buena idea. Dile a Nick que haga lo que quiera con el fideicomiso. No lo necesitaré. Encontraré un empleo y me las arreglaré.
Sin embargo, cuando también el notario se hubo marchado y se quedó sola, la valentía de Miley se esfumó. Se había cambiado el vestido por un gastado pantalón y un jersey, y había empezado a dar vueltas por la casa, tratando de idear un plan, de pensar por dónde empezar a partir del día siguiente. No podía imaginar cómo lograría encontrar un trabajo sin ninguna experiencia, ni un apartamento que alquilar sin un centavo en el bolsillo, y cada rincón de la enorme casa vacía parecía recordarle el horror que había vivido. Una intensa punzada de angustia se alojó en su pecho, y de pronto sintió que casi no podía respirar.
Necesitaba aire, espacio abierto, y, desesperada, salió fuera y comenzó a vagar por los terrenos de la finca sin un rumbo fijo. Estaba atardeciendo, empezaba a hacer algo de fresco y Miley no se había puesto la chaqueta, pero no quería volver dentro.
De pronto se encontró con que sus pasos la habían llevado hasta el establo, y entró para ver por última vez a Imperioso, el caballo pura sangre que pronto pasaría a formar parte del patrimonio de Nick Jonas. Era un animal muy hermoso, de negro pelaje y porte orgulloso.
A Miley le encantaban los caballos, y Demi le había enseñado a montar en la época en la que su hermano todavía le permitía visitarla en el rancho, pero Jared jamás le había dejado acercarse a su pura sangre, igual que nunca le había dejado que tocase ninguna de sus posesiones más preciadas.
Estando admirando al animal, una sed de venganza invadió a la joven, y casi sintió deseos de reír y gritarle a Jared: « ¡Mírame, bastardo!, ¡estoy aquí y no puedes impedirme que haga lo que quiera!»
Entró en el pesebre y acarició al caballo, con una idea rondándole por la cabeza. Y entonces, sin pensárselo dos veces, lo ensilló y le puso los arreos, lo sacó del establo, y montó en él.
Espoleó suavemente a Imperioso con los talones y agitó las riendas, y el animal comenzó a trotar por la finca. Cuando llevaban un rato así, Miley sintió que necesitaba un poco de adrenalina, pero la limitada extensión de aquellos terrenos no permitiría al animal cabalgar más deprisa, de modo que lo condujo fuera, a la carretera de tierra que discurría entre las haciendas y ranchos de las afueras de Jacobsville, y lo espoleó con más fuerza, haciéndolo cabalgar a galope tendido.
Avanzaban veloces, devorando kilómetros, y Miley disfrutaba con aquella maravillosa sensación de libertad, y el azote del viento golpeándole en la cara y despeinándola, pero, de pronto, sin que la joven supiera de dónde había salido, apareció un todoterreno en el camino, a unos kilómetros, que se dirigía hacia ellos. Miley tiró de las riendas con todas sus fuerzas para que Imperioso se detuviera, pero los faros del vehículo habían deslumbrado al animal, y se encabritó furiosamente, dejándola caer.
Miley dio con su cuerpo entre las raíces de un árbol, que sobresalían del suelo, y quedó allí postrada, perdiendo el conocimiento. Lo último que oyó fue un frenazo, y cómo alguien corría hacia ella.

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