Miley estaba agotada cuando el doctor Coltrain terminó con las pruebas. Y sentía curiosidad por el hombre que decía haberla encontrado en la carretera. Era guapo y simpático y ella parecía caerle muy bien, aunque no se conocían.
-Muchas gracias por rescatarme -le había dicho cuando estaban a solas.
-De nada. La próxima vez, tú puedes salvarme a mí.
Ella rió, pero tuvo que dejar de hacerlo enseguida porque le dolía la cabeza.
-No recuerdo tu nombre.
-Grange.
-¿Sólo Grange?
-Sólo Grange.
-¿Nos conocemos desde hace mucho tiempo?
-No, pero hemos salido juntos varias veces.
Miley levantó las cejas.
-¿Y Nick me ha dejado salir contigo? Tú eres mucho mayor que yo.
-Tengo veintisiete años.
-Ah, vaya.
-Tú eres muy madura para tu edad -sonrió Grange-. Nick y yo nos conocemos, además.
Ah, ya entiendo -murmuró Ashley que, en realidad, no entendía nada-. Selena no ha venido a verme. Qué raro.
-Es que... están pintando su casa. Las niñas y ella se han tomado una semana de vacaciones.
-¿En época de colegio? Grange tuvo que pensar a toda velocidad.
-Estamos en las vacaciones... la semana blanca. Miley lo miró, confusa. ¿No estaban en mayo?
-Pero mi ceremonia de graduación en el instituto es dentro de poco.
-Sí, ya falta poco.
-No sé... estoy tan confusa... y me duele mucho la cabeza.
-Van a darte un analgésico, no te preocupes. Ahora tienes que descansar -sonrió Grange.
-No entiendo por qué estaba conduciendo con esta lluvia. Me dan miedo las tormentas, ¿sabes?
-¿Ah, sí?
-Pero supongo que sería por algo. ¿Adónde iba?
-No lo sé, Miley -contestó Grange-. ¿Puedo venir a verte mañana?
-Sí, claro -murmuró ella, pensativa.
Miley despertó por la mañana esperando encontrarse sola. Pero Nick estaba sentado en una silla al lado de la cama, roncando, y parecía haber pasado allí la noche. Una enfermera le tomaba la temperatura mientras miraba al vaquero con expresión divertida.
-¿Lleva mucho tiempo ahí? -preguntó Miley.
-Desde antes de amanecer -contestó ella-. Creo que la enfermera del turno de noche intentó echarlo y el jefe de administración tuvo que venir para pedirle que desistiera. Parece que tu amigo es una persona muy importante.
-El compró esa máquina con la que me hicieron pruebas ayer.
-Ah, ya veo. ¿Es tu novio?
-No, qué va -rió Miley-. Sólo tengo diecisiete años.
La enfermera hizo una mueca. Luego miró su informe y volvió a mirarla a ella con una expresión muy extraña.
-¿Qué pasa?
-No, nada.
-¿Puedo irme a casa hoy?
-Eso depende de lo que diga el doctor Coltrain. Vendrá por la mañana. Y dentro de un rato te traerán el desayuno.
-Gracias.
Cuando la enfermera desapareció, Miley volvió a mirar a Nick. Era un hombre muy guapo, pero ella era demasiado joven como para tener esperanzas.
Era comprensible que tuviese tantas novias porque con ese cuerpazo, esas piernas tan largas, esas manos tan bonitas... Y tenía unos ojos verdes preciosos. Pero no era sólo su aspecto físico lo que lo hacía tan atractivo. Era su voz, tan ronca, tan masculina. Y sus buenas maneras... cuando quería. Porque a veces tenía un mal humor...
¿Por qué le dolía pensar en Nick cuando estaba de mal humor? Normalmente nunca se enfadaba con ella. Pero había algo... algo que no podía recordar y la hacía sentir incómoda.
Justo en ese momento Nick, abrió los ojos y su corazón dio un vuelco. No imaginaba por qué. Ella lo idolatraba, pero nunca había pensado en él como un posible novio. Ahora, su cuerpo parecía saber cosas que su cerebro no sabía.
-¿Cómo te encuentras?
-Mejor. ¿Por qué estás aquí?
-Estaba preocupado -contestó él, encogiéndose de hombros.
No añadió que se sentía culpable por lo que había pasado. Estaba tan inquieto que sólo había dormido unos minutos. Y eso era muy raro en él. Nunca dejaba que una mujer le afectase de tal forma. Ni siquiera después de aquel episodio en el sofá... Porque entonces se dio cuenta de que Miley no estaba preparada, que seguía siendo una niña. Por eso la apartó de su vida... bueno, casi siempre, excepto cuando no podía evitar besarla o acariciarla. Aunque eso ocurría muy raras veces.
Pero Miley lo había pillado con Bella y toda su vida había cambiado de repente. Nunca había sentido un dolor tan profundo como cuando la vio en la camilla... Nada volvería a ser igual. Lo único peor que verla en esas condiciones sería el día que recuperase la memoria.
Porque ese día Miley iba a odiarlo.
-Voy a ponerme bien, no te preocupes -le aseguró ella-. ¿Crees que el doctor Coltrain dejará que me vaya a casa?
-Se lo preguntaré -contestó Nick.-. Nell está preparando la habitación para ti. Mientras Selena y las niñas están fuera, te quedarás en mi casa.
-Ojalá Selena estuviera aquí -suspiró Miley.
Nick suspiró también. Selena mejoraba de su infarto, pero estaba muy preocupada por Miley. Aunque él le había dicho que iba a ponerse bien, que recuperaría la memoria, seguía muy angustiada. Sabía que intuía algo, pero no pensaba contarle lo que había pasado. Bastantes problemas tenía la pobre.
-Pero yo no quiero molestar -protestó Miley.
-No molestarás en absoluto. A Nell le alegrará tener compañía.
Miley se miró las manos.
-Hay algo que... quiero preguntarte, Nick.
-Dime.
-¿Qué hacía en tu casa? ¿Y adónde iba?
Nick se quedó inmóvil. No había pensado que empezaría a hacer preguntas tan pronto.
-Estabas enfadado conmigo, ¿verdad?
-Bueno, habíamos discutido, pero...
-Ya me lo imaginaba. Pero no me acuerdo por qué.
-Por una tontería, Miley. No tiene ninguna importancia.
De modo que había ocurrido algo. Pero Nick no parecía dispuesto a contárselo.
-¿Te vas?
-Los chicos tienen que llevar a los toros a los pastos del norte.
-¿A los pastos del norte? ¿Eso no se hace en mayo?
Nick, carraspeó.
-Voy a ver si encuentro a Coltrain.
-Pero aún no estamos en mayo... ¿o sí? Mayo es la época de los tornados, así que llevarías al ganado a los pastos del norte, por si acaso.
El apartó la mirada, nervioso. ¿Qué podía decirle?
-Me parece que he visto al doctor Coltrain cuando venía para acá. Tenía una operación, pero supongo que ya habrá terminado.
-¿Quién es ese hombre, Grange? Me dijo que tenía veintisiete años y yo sólo tengo diecisiete. Cuando salí con Billy Johns tú te subiste por las paredes y sólo tenía veintidós.
-No me subí por las paredes -replicó Nick.
-Por qué me dejas salir con Grange?
-Esta mañana hace usted muchas preguntas, jovencita.
-Pues contesta alguna de ellas -replicó Miley.
-Más tarde. Ahora tengo que irme a trabajar. ¿Quieres que te traiga algo?
-Una lima y una escalerilla -contestó ella con resignación-. Sácame de aquí, Nick.
-En cuanto estés lista para salir -le prometió él-. Pero no te muevas hasta que vuelva.
-Si no queda más remedio... -suspiró Miley.
Horas después, el doctor Coltrain dijo que iba a darle el alta.
-Pero tienes que descansar durante una semana o dos -le recomendó-. Nada de salir por ahí. No te muevas de casa. Nada de fiestas, nada de ir a trabajar...
-Pensé que sólo era una leve conmoción.
-Lo es -murmuró el doctor Coltrain sin mirarla a los ojos-. Pero no quiero arriesgarme. Tienes que descansar.
-Si usted lo dice... ¿Puedo nadar, montar a caballo...?
-Puedes nadar, pero no salgas del rancho.
-¿Se puede saber qué me pasa, doctor Coltrain?
-Es un secreto -sonrió él-. Ya te lo contaré, ¿de acuerdo?
-Cuándo me lo contará?
-Cuando llegue el momento. Y cuida de Nick, ¿de acuerdo?
-¿Qué le pasa? -preguntó Miley.
-Nada. Pero vigílalo.
-Como usted diga -murmuró Miley, atónita.
-Buena chica -sonrió Copper Coltrain.
Después de darle un golpecito en la mano, el médico salió de la habitación, dejándola con más dudas que antes.
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