viernes, 9 de marzo de 2012

Capitulo 10.- ¡FIN!

La chica estaba anonadada. Nick siempre lo supo.
—Entonces tenía veintidós años y era muy arrogante. No comprendía por qué mi padre amaba a lisa.
Ella recordaba muy bien el antagonismo de Nick por su madre y todas sus consecuencias.
—Con el tiempo, comprendí que la culpable no era tu madre —continuó él en voz baja—. Y que cuando amas a alguien, debes aceptarlo todo de la persona amada, no sólo lo que te agrada.
—Lo sabías... —Miley no acababa de aceptar la realidad—. Sin embargo, nunca lo usaste en contra mía. Ni siquiera cuando acusé a tu padre de tener una amante, aunque en realidad sabías que esa amante era mi madre.
—Así es —suspiró él.
¿Por qué se mostraba tan amable y comprensivo cuando ella estaba tan alterada por los acontecimientos de esa mañana?
— ¿Por qué nunca me lo reprochaste?
—Cuando eras pequeña, jamás te habría lastimado. Cuando ya eras adolescente, tampoco quería lastimarte —Nick pasó un dedo sobre el labio tembloroso de Miley—. Y cuando te convertiste en adulta, descubrí que no podía lastimarte.
— ¿Por qué?
—Porque cuando cumpliste dieciséis años, me enamoré de ti —él dejó escapar el aliento con fuerza—. Y jamás pude dejar de amarte.
La confesión la inmovilizó. Nick estaba de espaldas a ella y los músculos de su cuerpo mostraban la tensión en la que se encontraba.
—Es evidente que soy un hombre de una sola mujer —dijo él en son de burla—. Hace seis años quería casarme contigo porque te amaba. Por supuesto, eras demasiado joven para mí y tú no me amabas.
Miley recordaba al detalle su declaración de cómo aborrecía que su padre le hubiera impuesto la obligación de velar por ella. Ahora lo comprendía.
—Pasé los últimos seis años atormentado por ti. Mandé enmarcar la portada de Vogue. Está en mi dormitorio en el apartamento de Londres.
—Nick... —una sensación de alegría y gratitud la invadía.
—Dio... ¿Crees que quiero tu lástima? —espetó él, volviéndose de pronto—. ¡Tantos años leyendo en las revistas que salías con otros hombres! En ocasiones te odiaba más de lo que te amaba. Te llevé a Toscana porque creía que en realidad eras sólo una fantasía. Si te hacía el amor, quizá la fantasía desaparecería. Pero no fue así. ¡Sólo me hundí más en ella!
—Pensé que sólo era una obsesión sexual —la chica tenía la garganta reseca.

—Puedo vivir con eso —le indicó él con amarga determinación—. Todo, menos perderte.
—No me perderás —le dijo ella con una sonrisa tímida.
—Entonces, ¿quieres decirme por qué has hecho las maletas?
—Fue una tontería. Pensé que cuando te enteraras de lo del periódico tu furia y humillación serían tan grandes...
—De lo único de lo que tuve tiempo fue de preocuparme por ti. ¿Por qué habría de estar molesto? Eran tus sentimientos los que me preocupaban.
Toda la ternura y afecto que siempre había sentido por él brotaron al instante.
—Si me amas, ¿por qué te distanciaste de mí cuando Michelle nació? —Preguntó con desolación...
—Quería estar contigo cuando ella nació. Pero tú no me llamaste y me sentí rechazado. Me había esforzado tanto por hacer que te relajaras en mi presencia... Pero no lo logré... El tratarte como a una hermana fue tan difícil...
—Como lo fue para mí. Consideraba que mi vientre abultado te causaba repulsión. Nunca me tocaste.
—Pensaba que no me lo permitirías. Trataba de crear un lazo de confianza entre nosotros. Lo estropeé todo en la Toscana. Me excedí esa noche en casa de lisa. No confiaba en mí al estar a tu lado. Temía seguir haciendo el ridículo ante ti.
—No lo hiciste esa noche. Si no te hubiera mentido si hubiéramos hablado... —la amargura de Miley era evidente.
—Ansiaba tanto oírte decir que el bebé era mío. ¿No lo advertías?
— ¿Aun cuando pensabas que me acostaba con Corbin?
—Si —reconoció el hombre.
—En lo único que podía pensar era en Selena —manifestó Miley—. Estaba muy dolida en mi orgullo. Estaba amargada, celosa y creía que lo último que querías era que el bebé fuera tuyo.
—Estabas equivocada. Cuando me percaté de que mentías, ese fue el peor de los rechazos para mí. Estaba convencido de que debías odiarme mucho para haber mentido así. Jamás intentaste acercarte a mí para decirme la verdad o pedir mi ayuda durante tu embarazo. Eso estaba entre nosotros desde que me casé contigo: que aun estando embarazada, no querías tener nada que ver conmigo.
—Nunca lo pensé así —manifestó la chica—. Sólo podía pensar en Selena y todas las demás.
—No me he acostado con nadie más que contigo desde Italia —al ver su incredulidad, él no pudo reprimir una sonrisa—. No podía ni acercarme a otra mujer. Sólo te deseaba a ti.
— ¿Ni siquiera a Selena?— Miley se río
—En realidad todo era una mentira, Selena solo me ayudaba.
— ¿Te ayudaba? ¿A que?

— A ponerte celosa, Selena es mi amiga desde hace años— río— Además creo que se sentía más interesada en tu hermano Dylan que en mi—hizo una pausa—. ¿Te gustaron los alimentos que te mandaba?
— ¿Alimentos? ¿De Harrods? ¿Tú los enviaste? Creía que eran de David —gimió Miley— Me dije que después de lo ocurrido en la casa jamás te acordarías de mí.
—Estabas tan delgada... Quería asegurarme que comieras bien.
A Miley la conmovía que se hubiera preocupado por ella, a pesar de creer que el bebé no era de él.
—Te amo, Nick —le indicó con expresión brillante. Era extraño el gran esfuerzo que tuvo que hacer para decírselo.
— ¡No tienes que decirme eso! —exclamó con voz ronca, estrechándola hasta lastimarla.
—Me enamoré de ti en la Toscana. Tal vez fue gracias a las esmeraldas —bromeó, besándole el cuello y aspirando su aroma—. O quizá llevaba seis años enamorada sin saberlo. El hecho es, Nick, que estoy loca por ti.
—Creí que lo único que querías de mí era mi cuerpo...
—Espero que vaya incluido en el trato —la chica pasó una mano posesiva sobre su pecho—. Y a propósito —agregó, sintiéndose generosa—, nunca he tenido otros amantes.
Nick se tensó antes de aplastarla contra su pecho y besarla acalorado. Pasaron un par de horas antes que pudieran pensar con claridad. Miley se soltó de sus brazos de pronto y exclamó:
— ¡Dios mío, Michelle!
—No te preocupes. Ami está con ella —él la atrapó de una mano y volvió a abrazarla.
— ¿Ami?
—Ha venido conmigo de Ginebra. Fue la niñera de los hijos de unos amigos míos durante muchos años y ya no la necesitan. Ante tan buenas recomendaciones, hablé con ella y la contraté en el acto.
— ¿Ami? ¿Una Japonesa?
—Su inglés es excelente.
—Lucas grabeel huyó con la niñera de sus hijos. ¿Es rubia?
—Gatita celosa —murmuró nick a su oído—. Tiene cincuenta años y es robusta como un tanque.
—Oh —Miley se relajó.
—Lamento lo de tu padre —agregó él—. No fue el criminal despiadado que describe el periódico. Nunca participó en un acto violento...
—Pero el asalto al banco...
—Él conducía el coche y hasta en eso se equivocó. Aparcó en doble fila en la calle opuesta, se puso una media en la cabeza para ocultar sus facciones, pero no se dio cuenta de que estaba delante de una comisaría y arruinó la huida de sus cómplices. Bastante inepto, diría yo.
Miley se percató de que Nick trataba de no reír. Todavía le dolía, pero la realidad era mejor que un cuento de hadas. Si su esposo soportaba vivir con ese conocimiento, ella también lo haría con la cabeza en alto.
—Te amo —declaró, mirándolo con firmeza.
— ¿Lo bastante para permanecer aquí para siempre? —Nick le acariciaba una mejilla.
— ¿Serás una buena inversión?
—Muy rentable —le aseguró él, apoderándose de sus labios—. Seré leal, afectuoso y estaré en constante estado de excitación estando cerca de ti.
—Y la próxima vez que tenga un bebé...
—Estaré contigo para compartirlo todo.
—Aprendes rápidamente —provocativa, Miley pasó una mano sobre su vientre plano y sonrió al ver su respuesta instantánea.
—También me muevo rápidamente —entre risas, le sujetó las manos—. ¿Qué te parece la idea de pasar seis semanas en la Toscana?
—En el huerto de cerezos —suspiró ella, lujuriosa.
—Sí —durante mucho rato, ambos olvidaron al resto del mundo, perdidos en su amor.
16 años después Miley y Nick seguían igual de enamorados, habían tenido tres hijos, Michelle de 16 años, Jerry de 12 y Marie de 5. Miley hacia años que había dejado el modelaje y en ese momento mientras hechada en el sofá de la sala pensaba en los buenos momentos escucho el violento golpe que hacia la puerta de entrada al cerrarse. Se incorporo a tiempo de ver pasar a Michelle por la puerta. Preocupada por la cara de enfado de su hija la llamo.
— ¡Michelle! ¿Puedes venir un momento?
— ¿Qué quieres mama? No estoy de humor para una de tus charlas si eso es lo que quieres…
—Michelle esa no es forma de hablarme—Miley miro en enfadada a su hija, lo cierto es que Michelle podía parecerse a ella por fuera; de hecho lisa siempre decía que Michelle era exactamente igual a Miley a su edad y las fotos lo demostraban; el carácter de Michelle , en cambio, era idéntico al de su padre, igual de volátil , igual de posesivo, igual de vengativo… en carácter era muy parecida a Nick. Era la única de sus hijos que se parecía en eso tanto Jerry como Marie eran muy dulces, sobre todo la pequeña, Jerry también era muy protector con sus hermanas, tan protector que hace unos dias había hecho llorar a un niño amigo de Marie, que solo quería jugar con ella, lo cierto es que a veces parecía el él mayor.
— ¡Ahora mismo me vas a explicar lo que te pasa!
—Lo siento mama, pero es que… es que—hizo un mohín con los labios, Michelle era, a sus 16 años, hermosa, a todos le recordaba a una Venus, con su cabello rubio ligeramente ondulado, sus ojos azules, y su piel de alabasto, había recibido muchas ofertas de compañías de modelaje, pero Nick se había encargado de rechazarlas todas, aun con los ruegos de Michelle con que la dejara, detrás de su hija iba la mayor parte de la población masculina de su instituto , pero entre Nick y Jerry siempre los conseguían hacer huir. Miley supuso que no debía parecer muy amistoso que Nick amenazara a los chicos con que Michelle tenia alguna cita, con que limpiaba sus armas a menudo y que si les apetecía jugar con el, con ellos como diana, por supuesto, y acto seguido se reía con una risa que no tenia nada de divertido, y a Jerry siempre con alguna broma pesada. Suspiro y volvió a centrar su atención en Michelle—Es que…
— ¿Es que, que?
— ¡Es que ya estoy cansada de ese Charro montaperos!
— ¿De quien?—pregunto Miley pasmada.
—Pues de…—la frase quedo inacabada ya que alguien se le adelanto
—De Alexander, es el chico de quien Michelle esta enamorada
—De eso nada, antes muerta que enamorada de ese, ese… ¡charro!
—Si, si pero eso no es lo que dices en tu diario. “Mi amor, mi ángel negro con sus cabellos oscuros, su piel broncea…”
— ¡Dame eso enano! —empezaron a pelearse por el diario. Si era cierto, Miley no recordaba que Jerry podía ser muy protector con Michelle, pero también le gustaba mucho enfadarla.
— ¡Bueno vale ya! Michelle no tiene que darte vergüenza el que te guste un chico, es algo normal.
— ¡Qué no me gusta! ¡Mamá parece mentira que no sepas lo difícil que es ser yo, —Jerry la iba imitando por detrás— para que encima me intentéis encasquetar al charro ese! ¡Me voy a mi cuarto!
Al cabo de un rato llego la señora Moss a decirle que tenían visita, Miley no sabia quien podía ser así que fue a recibirla, y al llegar a la puerta encontró a un chico de la edad de Michelle, de cabellos azabaches y piel bronceada, tubo la intuición de que ese debía ser Alexander, la verdad es que se sintió orgullosa, Michelle tenia muy buen gusto.
— ¿Que deseas?—le pregunto. El chico algo avergonzado se tocaba la nuca.
—Esto… yo venia a ver a… a Michelle es que se dejo esto en clase y…—Miley sonrío y sin darle tiempo a nada más lo llevo al dormitorio de Michelle, esta estaba escuchando música y al verlo se sorprendió, y corrió al baño a encerrarse.
— ¿Se puede saber por que lo has traído aquí Mama?—exclamo Michelle desde el baño.
—Vaya gracias, yo también estoy muy contento de verte, y de nada por traerte la libreta que te dejaste en clase. —ya parecía mucho más relajado. Miley sonrío y se dirigió hacia la puerta.
—Michelle me parece haberte enseñado a ser más educadas, así que atiende a tus visitas haz el favor—y con esto se fue cerrando la puerta. Unos minutos después Michelle salio del baño.
— ¿Aun estas aquí? Pensaba que ya te debías haber ido—dijo enfadada— ¿Tienes algo más que darme o no? Por que sino ya te puedes ir, estas contaminando el aire de mi habitación.
— ¿Por que siempre eres así?
— ¿Así como?
— ¡Pues así! Siempre te estas metiendo conmigo
— ¡Y tu conmigo! Pero yo no tengo la culpa de que estés enamorado de mi, y no sepas como atraer mi atención—Michelle dijo todo esto con una confianza que en realidad no sentía. Pero sin darse cuenta se había ido acercando a Alexander, y ya era muy tarde para retroceder sin que se notase que le ponía nerviosa estar cerca.

— ¿Yo enamorado de ti? ¡Ja! ¡Más quisieras! ¿¡Yo enamorado de una niña caprichosa, engreída y frígida!?—aun se había acercado más a ella, estaban a milímetros.
— ¡Pero como te atreves beep! ¡Te lo juro me las vas a pagar!—Michelle no podía mas de la furia ¿como se atrevía a decirle todas esas cosas?
— ¡Ya cálate Barbie, cállate!

— ¡O sino que me harás eh, que!—y Alexander sin decirle nada más la beso, fue un beso que hizo que a Michelle le temblasen las rodillas, y se entrego a el sin demora. Mientras abajo.
—Mamá ya no se oyen gritos, ¿crees que se habrán matado?—pregunto Jerry que estaba jugando con Marie.
— ¡No seas tonto Jerry! A partir de ahora ya no ara falta preocuparse más.
— ¿Y eso porque?
—Pues porque…—no acabo la frase por que vino Nick. Nada más entrar se acerco a Miley, la beso y saludo a Jerry y Marie.
— ¿Donde esta Michelle?—pregunto Nick extrañado, en cuanto llegaba a casa Michelle siempre venia a recibirle.
—Arriba, con un chico que ha venido a verla.
— ¿¡Que?!—Nick se puso furioso y comenzó a subir las escaleras de dos en dos, Miley corrió a alcanzarlo, aunque le costo lo suyo.
— ¡Espérate! ¿Se puede saber que ibas a hacer?
— ¡De iba nada, voy! ¡Voy a echar a patadas a ese niñato del cuarto de MI hija!
—Si haces eso, Michelle si que no te lo perdonara. Además pobre Alexander no va a estar muy contento con la ceja partida.
— ¿Alexander?
—Si Alexander. ¿Lo conoces?
—Claro, Jerry ya me a pasado su informe, si que es un buen candidato para Michelle… De hecho el único candidato, todos los demás se ve que son unos inútiles.
— ¿Candidato? ¿Informes? ¿Has estado espiando a tu hija?—parecía que Nick se avergonzaba un poco que ya era algo.
—Bueno espiar, espiar no era, llámalo protegerla.
—Anda olvida un rato a Michelle y “concéntrate” en mí.
— ¿Concentrarme?—pregunto extrañado. Mientras Miley lo conducía hacia su habitación.
—Si por que para lo que vamos a hacer necesitas mucha concentración—Añadió con tono pícaro. Nick sonrío de forma seductora.
—Concentrarme eh, ¿y se puede saber que vamos a hacer?—ya habían llegado al cuarto y estaban estirados en la cama con Miley desabrochándole la corbata.
—Pues esto…. —y le susurro algo al oído— y esto… y esto…
 
FIN

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