viernes, 16 de marzo de 2012

Capitulo 4.-

Nick y Demi estaban viendo el telediario, apoltronados en los sofás del salón cuando sonó el teléfono.
-Contestaré yo -le dijo la joven a su hermano, incorporándose y levantando el auricular-. ¿Diga?
Desde el otro lado de la línea le llegó la voz de Pete Trow, el veterinario, que se había marchado del rancho hacía apenas media hora tras echar un vistazo a un ternero enfermo.
-¿Demi? Soy Pete. Escucha...
-Ah, hola, Pete -dijo Demi-, ¿qué ocurre?, ¿se te ha olvidado decirle algo a Nick?
-No, no es eso.
Demi frunció las cejas. Parecía algo alterado.
-¿Pete?, ¿es que ha ocurrido algo?
-Se trata de Miley... estoy en el hospital con ella.
Nick, al observar como el color abandonaba el rostro de su hermana, se puso en pie y se acercó a ella.
-¿Qué es?, ¿qué pasa? -inquirió.
Pero Demi le hizo un gesto con la mano para que esperara, pues Pete estaba hablándole:
-... no los vi hasta que los tuve casi encima. El caballo es negro y ya estaba oscuro... Yo volvía a casa... iba sintonizando la radio... Cuando volví a poner la vista en la carretera el caballo venía muy rápido hacia mí...
-Oh, Dios mío... -musitó Demi, llevándose una mano a la boca.
-... te juro que reaccioné al momento: pegué un frenazo, y el jeep se detuvo a unos metros, pero el animal se había asustado, y la tiró al suelo. La he traído al hospital tan rápido como he podido.
-Enseguida vamos para allá -dijo la joven, y colgó el aparato con manos temblorosas-. Miley ha salido a montar con el caballo de Jared, y Pete casi... casi chocó con ella -le explicó a Nick-. Frenó, pero Miley se cayó del caballo... Está en el hospital.
Se pusieron en marcha al momento, y minutos después estaban en el ala de urgencias del hospital de Jacobsville, donde se encontraron con Pete, que ya estaba algo más calmado.
-La tienen ahí -les indicó, señalándoles una enorme sala acristalada frente a ellos-. Una de las enfermeras me ha dicho que está dormida, y que le han dado algo para el dolor, y sedantes. Le he pedido que me dejara pasar a verla, pero me ha dicho que sólo pueden pasar los familiares.
Nick asintió con la cabeza.
-Vete a casa y descansa -le dijo-. Ha debido ser un buen susto para ti. Vete con tu mujer y tus hijos. Te llamaremos para decirte cómo va.
-Gracias. Nora y los chicos deben estar preocupados.
Después de que el veterinario se hubiera marchado, Nick y Demi se acercaron a la sala de observación y abordaron a una enfermera.
-¿Son ustedes familiares? -los interrogó la mujer con voz monocorde, como si fuera una cinta-. Sólo pueden pasar si...
-Lo somos -mintió Nick impaciente.
Lo había dicho con tal vehemencia, que la enfermera ni siquiera le preguntó cuál era su parentesco, y fue a llamar a un médico que estaba pidiendo unos informes al joven que atendía el área de recepción.
-Estas personas son parientes de la señora Murillo, doctor -le dijo presentándole a Nick y Demi.
-¿Cómo están? -los saludó el hombre, estrechándoles la mano a ambos-. Soy el doctor Burns. Acompáñenme.
Lo siguieron hasta uno de los últimos cubículos de la sala, donde, tras las cortinas blancas, estaba Miley dormida en una cama, con el típico camisón de hospital, y magulladuras por la cara y los brazos.
-Por suerte no ha sido grave. Podría haber sido mucho peor -les informó el médico-. Se golpeó en la cabeza al caer y ha sufrido una pequeña conmoción cerebral, pero la hemos examinado y no habrá daños permanentes. Aparté de las magulladuras que le produjo la maleza está bien, excepto por una costilla fracturada. Como les digo, ha tenido mucha suerte.
Demi y Nick suspiraron aliviados.
-Sin embargo, he de decirles que me preocupa su equilibrio emocional -les confesó con franqueza han sido dos accidentes importantes en muy poco tiempo: primero aquella caída practicando ala delta, y ahora salir a cabalgar por una carretera casi de noche... Eso sin contar el corte que se hizo con esa lámina de hojalata en el garaje de su casa...
-¿Cómo dice? -inquirió Nick, frunciendo el ceño.
El doctor Burns enarcó una ceja.
-Creía que eran parientes suyos.
-La verdad es que no directamente, pero su marido era primo nuestro -explicó Nick-. Falleció ayer.
-Lo sé, nos lo dijo el hombre que la trajo.
-Ya veo. Bien, respecto a esos accidentes... verá, el caso es que en los últimos meses yo tuve un contacto bastante regular con su marido, y me extraña que no mencionara nada.
El médico se encogió de hombros por toda respuesta.
-Sea como sea, esa joven necesita que la vigilen, como mínimo hasta que se haya restablecido. Su comportamiento temerario de hoy... no sé, parece una actitud escapista, como si necesitara huir de algo, como si algo la atormentara.
Mientras estaban en la sala de espera, aguardando a que pasaran a Miley a planta, Nick no podía dejar de dar vueltas en su mente esas últimas palabras del médico.
-¿Sabías tú algo de esos accidentes? -le preguntó a su hermana.
-Sabía lo del ala delta. Fui a verla al hospital, aunque Jared no me dejó quedarme mucho tiempo. Ni siquiera entonces me dejó estar a su lado... Hasta ese punto era posesivo -farfulló meneando la cabeza.
 -¿Y por qué no me dijiste nada?
-Porque tú no querías saber nada de ella -contestó Demi abruptamente.
Nick se inclinó, apoyando los codos en las rodillas, y se frotó la nuca con la mano. ¿Y si había sido su actitud con ella durante todo el día lo que la había empujado a hacer la locura de aquella noche? No pretendía ser tan duro con ella, pero había sentido aprecio por su primo, que siempre le había pedido consejo y ayuda, como si fuera su hermano mayor. Además, Miley lo había dejado conducir bebido, y aquello no podía perdonárselo. Era como si lo hubiera condenado a muerte.
-Mañana me acercaré a la casa y le pediré la llave a Henry para poder sacar las cosas de Miley - dijo Demi-. Conociendo a la tía Tina, es capaz de cambiar las cerraduras, y Miles no tiene dónde ir. Cuando esté mejor me la llevaré conmigo a nuestro apartamento en Victoria y...
-No -replicó Nick con firmeza-, la llevaremos al rancho. El médico ha dicho que debe estar vigilada, y si te las llevas a Victoria no podrás hacerlo cuando estés trabajando. En el rancho, si no estás tú o no estoy yo, la señora Bird siempre puede echarle un ojo.
La señora Bird era la empleada del hogar que trabajaba para ellos, una mujer entrada en años,-bonachona y discreta.
Demi escrutó el rostro de su hermano.
-¿Y no volverás a atormentarla?, ¿ni a ser cruel con ella?
La mandíbula de Nick se puso rígida ante la insinuación de su propia hermana de que fuera capaz de hacerle daño a la joven cuando estaba convaleciente.
-Por supuesto que no -masculló irritado.
Se levantó y salió al pasillo, y Demi lo observó alejarse con verdadera curiosidad. ¿Por qué de repente quería ocuparse de Miley? ¿Entendería alguna vez a su hermano?
Cuando Nick entró en la habitación a la que habían subido a Miley, la joven estaba incorporada en la cama, recostada sobre un par de almohadones, sintiendo todo su cuerpo dolorido.
-Hola -farfulló, aún aturdida por la medicación, al verlo aparecer-. ¿Has venido a recrearte en mi desgracia? Siento' decepcionarte, pero no habrá más entierros esta semana.
Él se metió las manos en los bolsillos y escrutó el rostro de la joven. «Todo bravata», concluyó al advertir que tras esa actitud desafiante estaba nerviosa por su presencia.
-¿Cómo estás? -le preguntó.
Miley se llevó una mano a su magullada frente.
-Cansada -respondió.
-Salir a cabalgar por una carretera... -masculló él reprobador, mirándola con ojos relampagueantes-. ¡Y cuando estaba oscureciendo! No has madurado en absoluto.
Miley apartó el rostro.-Déjame tranquila, Nick -le suplicó-. Ahora mismo no tengo fuerzas para combatir tus ataques.
El tono apagado de su voz tocó la fibra sensible al ranchero, que, por un momento, volvió a verla como aquella chica de años atrás: inocente, frágil... Se acercó a la cama, y, antes de que Miley pudiera reaccionar, se inclinó sobre ella, tomando sus labios en los suyos.
La joven dio un respingo y, al sentirlo, Nick levantó la cabeza extrañado. Miley se había puesto rígida, y sus ojos rehuían su intensa mirada.
-No... no hagas eso -musitó sin aliento.
A Nick lo irritó ese repentino rechazo, y creyó que se sentía culpable por cómo se había portado con Jared.
-¿Por qué no? -le espetó enfadado-. Una vez quisiste mis besos. Tus ojos los suplicaban cada vez que me mirabas. Pero ahora no puedes, ¿no es así? - masculló con veneno en la voz-. ¿Sabías que Jared lloraba al contarme que no querías que te tocara?
La joven estaba demasiado sensible como para poder soportar sus puyas, y prorrumpió en amargos sollozos, tapándose los oídos con manos temblorosas y cerrando los ojos con fuerza.
-¡Déjame, déjame!
Nick se sintió avergonzado de sí mismo. ¿Cómo podía estar haciéndole aquello cuando acababa de sufrir un accidente?
-Dios... lo siento, Miley, lo siento...
La joven abrió los ojos y bajó las manos, apretando los puños.
-¿Qué es lo que sientes? -lo interpeló, temblando de furia -. ¿Que no me matara al caer del caballo?
Nck contrajo el rostro.
-¿Eso es lo que crees?, ¿que habría querido que hubieras muerto? -le preguntó.
Miley lo miró con dureza.
-¿Me has dado otra razón para creer lo contrario? -le espetó, dejando escapar una risa amarga-. Dime, Nick, ¿me perdonarías por la muerte de Jared si yo muriese también?
Las palabras se clavaron en el corazón del ranchero como una daga afilada, y comprendió que sus ataques la habían herido profundamente, más de lo que él había pretendido.
Iba a decir algo, pero en ese momento llamaron a la puerta, y entró Demi, que miró reprobadora a su hermano al ver los ojos enrojecidos de su amiga y la expresión angustiada en su rostro.
-¿Te ha dicho Nick que vas a venirte al rancho con nosotros? -le preguntó suavemente.
Tal y como Demi había esperado, a Miley la idea no la agradó en absoluto. Intentó incorporarse para protestar, pero el dolor la hizo volver a tumbarse con una mueca.
-No es necesario que... -comenzó.
-Sí que lo es -la calló Nick cortante-. Alguien tiene que encargarse de ti mientras estés convaleciente.
- ¡No puedes obligarme! -casi le chilló Miley -. ¡No iré!
-Ya lo creo que vendrás -le contestó él, acostumbrado a que sus órdenes se acataran sin rechistar-. ¡Vendrás aunque tenga que agarrarte del pelo y llevarte a rastras!
Miley habría seguido negándose, pero la actitud tajante de Nick hizo que se bloqueara. Jared solía amenazarla de esa manera cuando se negaba a obedecerlo.
-Necesitas descansar -intervino Demi-. Te veremos luego.
Besó la frente de su amiga y salió de la habitación. Nick, sin embargo, no la siguió al momento, sino que permaneció junto a la cama, como debatiéndose consigo mismo.
-Perdona lo del beso -le dijo de pronto-. Sé que no debería haberlo hecho, pero la verdad es que me asustaste.
Ella alzó la vista, mirándolo sin comprender. -Nos temimos lo peor cuando Pete nos llamó - le explicó él.
-No soy una suicida -le dijo Miley con firmeza-, pero necesitaba salir de la casa, no podía aguantar un segundo más allí. Sólo quería alejarme de todo por unos momentos.
-Y casi te matas.
-Cuando salí aún no había oscurecido -se defendió ella, pero no pareció convencerlo-. ¿Es que nunca has hecho una locura? -le espetó irritada.
Nick la miró de un modo extraño.
-Sí -respondió mirándola a los ojos-: besarte.
Y salió de la habitación antes de que ella pudiera contestar.

Nick tomó a Miley en brazos, levantándola de la silla de ruedas en que la habían sentado para bajarla hasta el aparcamiento del hospital, mientras Demi se adelantó para ir a abrir la puerta del asiento trasero.
-No hace falta que hagas esto -protestó Miley azorada-, puedo sola. Además, peso mucho.
-No digas bobadas, no pesas nada -repuso él.
-Pues es lo que dijo ese enfermero bajito que tuvo que levantarme de la cama para sentarme en la silla de ruedas -farfulló Miley.
Nick se rió. Miley observó cómo la risa transformaba sus facciones y lo hacía parecer más joven y menos áspero.
La suave mirada de Miley reavivó en él los sentimientos que se empeñaba en negar, y, frunciendo el ceño, se dirigió hacia el coche.
-¿Fue así como cazaste a Jared? -la atacó, irritado consigo mismo-, ¿lanzándole esas miraditas insinuantes?
La joven apartó el rostro, tensándose en sus brazos.
-Piensa lo que quieras de mí -murmuró-. No me importa.
-Por supuesto que te importa -masculló él-, y eso es lo que lo hace imperdonable.
-¿El qué? -inquirió ella, mirándolo desafiante.
Nick la observó irritado.
-Que te casaras con él cuando seguías encaprichada conmigo -le dijo con dureza-. Esa era la razón por la que no le dejabas siquiera que se acercara a ti, y él lo sabía. Eso lo llevó a la bebida, y fue la bebida lo que lo mató -añadió, devorado por la culpabilidad. No debía haber permitido que se casaran-. ¿Crees que podré jamás perdonarte por eso?
Miley no alcanzaba a comprender de dónde procedía todo aquel rencor, pero no se molestó en contestarle. ¿De qué serviría? Ella no lo había utilizado para herir a Jared; había sido al revés, pero Nick jamás la creería.
Habían llegado junto al coche. El ranchero la depositó en el asiento trasero para que pudiera estirar las piernas si quería. Demi, notando la tensión en el ambiente, trató de sacar conversación cuando Nick puso el vehículo en marcha, pero Miley sólo contestaba con monosílabos y Nick tenía la vista fija en la carretera con expresión malhumorada, así que finalmente se dio por vencida y optó por dedicarse a contemplar el paisaje por la ventanilla.
Cuando llegaron a la casa del rancho Jonas, Nick volvió a tomarla en brazos, y la subió al cuarto de invitados, marchándose al momento, farfullando que tenía unas llamadas importantes que hacer.
La habitación estaba decorada en tonos beige y rosas, y resultaba muy acogedora, pero Miley dudó que pudiera conciliar el sueño con facilidad estando bajo el mismo techo que Nick Jonas.
-¿Tienes hambre? -le preguntó Demi entrando en ese momento con un camisón en la mano.
-Bueno, en el hospital me dieron un poco de caldo y un yogurt, pero la verdad es que no le diría que no a algo más consistente -contestó Miley esbozando una pequeña sonrisa.
-Bien. Entonces iré a preguntarle a la señora Bird si hay algo preparado que pueda subirte -iba a darse la vuelta, cuando de pronto reparó en el camisón, aún en su mano-. Oh, casi me olvido. Te he traído esto. Te quedará un poco corto porque yo soy más baja que tú, pero al menos estarás más cómoda que con esos vaqueros. Espera, te ayudaré a ponértelo y...
-No.
Sorprendida por la brusca negativa, Demi alzó la vista hacia su amiga, sentada en la cama. Miley se dio cuenta de la expresión de temor que debía tener escrita en el rostro, y se apresuró a distender sus facciones.
-No hace falta, de verdad, Demi. Puedo yo sola, pero gracias.
-Como quieras -murmuró su amiga al cabo de un rato-. Bueno, ahora vuelvo.
Y, entregándole el camisón, salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Miley suspiró y desdobló el camisón, observando aliviada que tenía el cuello redondo. Ya no podría volver a ponerse ninguna prenda con escote, se dijo acariciando los bordados que tenía el camisón a la altura del pecho, no después de... Sacudió la cabeza, queriendo apartar el horrible recuerdo.
Estaba ya metida en la cama cuando llamaron a la puerta, y Miley dijo «pasa» confiadamente, pensando que se trataría de Demi, pero quien apareció fue Nick. El ranchero se había desabrochado los primeros botones de la camisa de cuadros que llevaba puesta, y la joven no pudo evitar fijarse en la mata de vello que asomaba.
Y entonces, al levantar la vista hasta sus ojos, se dio cuenta de que él también estaba mirándola, o, más bien, mirando su pecho, como si encontrara muy interesante el dibujo bordado.
Miley torció el gesto y tiró irritada de la sábana hasta el cuello.
-¿Qué estás mirando? -le espetó-. Estoy más plana que una tabla de planchar -farfulló con amarga ironía, recordándole las palabras que pronunció la noche de la fiesta del club de tiro.
-No exactamente -murmuró Nick.
Se acercó a la cama, sentándose junto a ella, la miró a los ojos, y de repente tiró de la sábana, apartándola. Miley trató de quitársela, pero él no se lo permitió.
-Nick, suéltala ahora mismo -le dijo ella en el tono más amenazador del que fue capaz.
-¿De qué tienes miedo? -inquirió él con una sonrisa burlona.
-Si no dejas de molestarme, te juro que llamaré a Demi y... -le dijo Miley, haciendo ademán de incorporarse.
Pero, antes de que se hubiera apartado cinco centímetros de la almohada, él puso la palma abierta de su mano sobre su esternón y la empujó suave pero firmemente para que volviera a recostarse.
-Está bien, está bien... ya te dejo tranquila - murmuró para aplacarla, soltando la sábana.
Sin embargo, no retiró la mano al advertir con curiosidad la fuerza con que estaba latiéndole el corazón.
Miley se sentía incómoda con aquel turbador contacto, más cuando la mano de Nick era tan grande que las puntas de sus dedos tocaban la parte superior de su seno izquierdo. Si llegara a notar los puntos... Frenética, lo agarró de la muñeca y apartó su mano, y volvió a taparse con la sábana, mirándolo con los ojos abiertos como platos.
Nick estaba perplejo. Jared le había dicho que era frígida, pero, si como también le había asegurado había seguido amándolo durante su matrimonio, ¿por qué de repente rehuía su contacto? Dos años atrás no había sido así en absoluto.
-¿Qué creías que estabas haciendo? -le preguntó Miley furiosa y roja como la grana, cuando se hubo repuesto del susto.
-Para ser una mujer que me desea ardientemente, te muestras sorprendentemente reacia a que te toque siquiera.
-Yo no te... no te deseo -balbució ella, apartando la mirada.
-Eso me ha parecido -murmuró él-. ¿Por qué me utilizabas entonces para hacer sufrir a Jared? Aquella injusta acusación estaba revolviéndole de tal modo el estómago a Miley, que mantuvo la calma a duras penas.
-Yo jamás hice eso.
-¿Tienes el valor de negarlo? -le espetó él, inclinándose hacia ella.
Miley se echó hacia atrás y apretó la sábana contra su cuerpo.
-Deja de comportarte como un animal asustado- masculló él, irritado-. Ni siquiera te he tocado, y tampoco tengo ningún interés en hacerlo.
-Eso ya lo sé -farfulló ella sonrojándose-, y no hace falta que me lo recuerdes. Me lo dejaste muy claro hace dos años.
-Del modo más cruel posible -asintió él con una nota de arrepentimiento en su voz-. ¿Nunca te ha dicho Demi por qué lo hice?
-Sí, pero yo jamás te hice daño alguno.
-No, pero llegaste a ser muy persistente -murmuró él quedamente-, y te quería fuera de mi vida.
–Felicidades, lo conseguiste. La mandíbula de Nick se tensó. -¿Por qué te casaste con Jared?
Miley sintió como si la golpeara un rayo, y dio un respingo ante la pregunta. No podía decirle la verdad. -Porque me lo pidió -respondió apartando la mirada.
-¿Y tú aceptaste, sólo porque sí? -inquirió él irritado.
-Se preocupó de mi padre y de mí cuando a nadie más le importábamos -contestó ella-. Estábamos casi sin un centavo, y no sólo compró la tienda, sino que también, mientras se hacía el papeleo, nos anticipó el dinero para pagar las facturas del cardiólogo. Me sentía en deuda con él, y el matrimonio me pareció un precio pequeño por lo que había hecho por nosotros.
No añadió, sin embargo, que fue sobre todo su actitud lo que terminó por empujarla en brazos de su primo. Si tan sólo hubiera estado a su lado cuando necesitaba una mano amiga...
De pronto, Nick se puso de pie y fue hasta la ventana. Se quedó contemplando los verdes campos donde pastaban las reses.
-¿Sentías al menos algo por él? -le preguntó a Miley.
La joven retorció el ribete de la sábana entre sus dedos. -Sentía afecto por él... al principio -dijo, siendo sincera.
Nick giró la cabeza hacia ella.
-¿Y deseo, sentiste alguna vez deseo por él?
Miley se estremeció sin poder evitarlo.
-No, claro que no -masculló él con frialdad, tomando su silencio como una confirmación de lo que Jared le había contado-. Pero me deseabas a mí. Oh, sí, no he olvidado cómo reaccionaste en la fiesta del club de tiro. Aquella noche me habrías dado lo que quisiera.
-Pero no había nada que tú hubieras querido tomar -murmuró Miley mirándolo fijamente.

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