viernes, 2 de marzo de 2012

Capitulo 5.-

Lo primero que llamó la atención de Nick fue una artística fotografía de tres bolsos de diseño. Era parte de un artículo en una revista, dedicado a una exposición de Demi Lovato. En la costura de uno de los bolsos había una etiqueta con el nombre de Miley... estaban colocados frente a un muro de piedra, como si fueran obras de arte. Nick hizo una mueca, preguntándose por qué leía un artículo tan superficial.
Al pasar la página, sin embargo, se quedó atónito al ver una fotografía de Miley sentada sobre una piedra, cerca de un río. A su alrededor había otras personas mucho más conocidas, en un epígrafe del artículo llamado sencillamente Mis amigos, pero él sólo podía ver el rostro de Miley. Con un top multicolor de escote redondo, el rostro bañado por la luz del sol y los ojos Azules más brillantes que nunca, estaba sencillamente preciosa. Pero apretó los dientes al ver al hombre que estaba a su lado; era Grabell, que tenía una mano apoyada sobre su hombro.
Nick soltó la revista como si le quemara. Tenía ganas de liarse a golpes con algo... Pero en lugar de hacerlo se sirvió una copa. Eran sólo las diez de la mañana.
Estaba nervioso porque trabajaba demasiado, se dijo. No había tiempo para ataques de furia con una agenda tan apretada como la suya. Todas las emociones, irracionales o no, debían ser controladas y suprimidas. Pero después de beberse la copa de un trago, lanzó la copa de cristal contra la chimenea.
Miley salió de la consulta del ginecólogo con las piernas temblorosas. Demi, que estaba esperando en el pasillo, se lanzó sobre ella.
-Estás embarazada, ¿verdad? ¡Se te nota en la cara!
Miley asintió, pero no dijo nada hasta que llegaron a la calle. El ginecólogo le había dicho que estaba embarazada de cinco meses y aún no se había recuperado de la sorpresa.
-Lo raro es que no peso demasiado para estar embarazada... ¿te lo puedes creer? Yo que siempre he tenido problemas de sobrepeso.
-Nick Jonas te ha destrozado la vida -suspiró su amiga, sin poder disimular su resentimiento-. Acabas de empezar a salir con Lu, estás a punto de abrir tu propio negocio y ahora, de repente, todo se va al garete. ¿Cómo es posible que no tuvieras cuidado?
Sí había tenido cuidado. Nick, no. Las píldoras anticonceptivas le sentaban mal y él insistió en que dejara de tomarlas, preocupado por su salud. Nueve meses atrás le había dicho que, a partir de entonces, él aceptaba la responsabilidad. Desgraciadamente, se había olvidado de tomar precauciones en más de una ocasión. Algunos métodos anticonceptivos podían estropear la espontaneidad del momento, según él. Y Nick era un hombre muy espontáneo, pensó, sacudiendo la cabeza.
-¿De cuántos meses estás?
-Más de cinco -suspiró Miley-. Tendré el niño dentro de tres meses y medio.
Demi se detuvo en medio de la calle, boquiabierta.
-¡No puede ser!
-Me temo que sí.
-Pero, ¿cómo es posible que no te hayas dado cuenta hasta ahora? -exclamó su amiga-. Por favor... dale una medalla a tu hermano. Estás embarazada y nadie más que él se había dado cuenta.
-Es que, como uso ropa ancha... Y la gente sólo ve lo que espera ver.
Había estado tan obsesionada por Nick, que no se había dado cuenta de que no le llegaba el periodo. Los otros síntomas de embarazo también le habían pasado desapercibidos. Nunca había tenido problemas de salud y estaba convencida de que las náuseas eran debidas a un virus. Y, últimamente, la depresión y las preocupaciones habían hecho que se olvidase de todo.
-¿Qué piensas hacer?
-Tengo que contárselo a Nick.
Demi hizo una mueca.
-Cuéntaselo a Lucas primero.
Miley no aceptó la sugerencia. Y, por primera vez en dos meses y medio, llamó al móvil de Nick y dejó un mensaje en el buzón de voz diciendo que tenía algo importante que contarle.
Tres horas después, él le devolvió la llamada.
-¿Qué pasa? -dijo, sin saludo preliminar.
-Tengo que verte y no puedo hablar de ello por teléfono. ¿Dónde estás?
A su lado, oyó la risa de una mujer.
-En Londres... y muy ocupado -contestó él.
Miley apretó los dientes. No quería hablar con Nick y, sobre todo, no quería saber que estaba con otra mujer. En realidad, esa llamada era una tortura para ella.
-Me marcho a Atenas mañana por la tarde -le informó él, con frialdad-. Si quieres hablar conmigo, hazlo ahora.
-No, tengo que verte en persona. No creo que sea mucho pedir.
-Quizá no, pero la idea me apetece poco -replicó Nick  -. No tengo ganas de verte.
-¿Quieres que te suplique cinco minutos de tu tiempo? -exclamó Miley, airada.
-Muy bien, si insistes, nos veremos en mi gimnasio mañana, a las siete de la mañana.
Después de eso, colgó sin decir una palabra más.
¿Cómo iba a contarle a una persona tan fría, tan desagradable, que estaba esperando un hijo suyo?, se preguntó Miley. A Nick no le gustaría recibir esa noticia. Incluso cuando estaban juntos, no habría querido tenerlo. ¿Cómo iba a contárselo después de todo lo que había pasado? Además, con refinada crueldad, le pedía que fuese al gimnasio prácticamente al amanecer... porque sabía que no le gustaba madrugar. Un gesto infantil, pero tan cruel como tantos otros a los que Nick Jonas la tenía acostumbrada.
Nick iba a ese lujoso gimnasio varias veces por semana, aunque tenía uno en su dúplex. Una vez le había contado que iba allí porque boxeaba con un instructor y podía entrenar sin distracciones.
Al día siguiente, cuando Miley pasó por delante de la limusina aparcada a la puerta del gimnasio, el chófer la saludó con la cabeza. ¿Qué más daba dónde estuvieran cuando le comunicase la noticia?, se preguntó a sí misma. Habría dado igual que se lo contara en la oficina o en su dúplex, al que nunca la había invitado. Además, Nick Jonas era un hombre muy ocupado. Y debía aceptar que ella ya no ocupaba un sitio especial en su vida.
Después de pedirle una identificación, el recepcionista del gimnasio le indicó dónde encontrar a Nick. Secándose el sudor de las manos en el ligero abriguito de lana negro, Miley empujó la puerta.
Con un pantalón corto y una camiseta negra, Nick estaba golpeando un saco de arena con tanta energía, que no se percató de su presencia.
Miley siempre había sentido curiosidad por verlo entrenando... y ahora tenía la oportunidad de hacerlo. Estaba guapísimo, pensó, aunque ese pensamiento estaba fuera de lugar. Cada músculo de su cuerpo emanaba fuerza masculina. Echaba de menos mirarlo, estar con él, tocarlo, hablar con él. Incluso echaba de menos pensar en él sin sentirse culpable.
-Nick...
Aunque pensó que no la había oído, él dejó de golpear el saco y se volvió. Unos ojos oscuros, brillantes como el granito, la inspeccionaron de arriba abajo.
Para Nick no fue fácil volver a verla. Había elegido el gimnasio a propósito. Le había parecido un sitio donde Miley no le montaría una escena, pero allí estaba, con un abrigo negro que le recordaba la noche en el granero, el pelo rubio cayendo sobre sus hombros, esos labios rosados, tan jugosos... que ahora eran de Lucas Grabell, se recordó a sí mismo. Ese pensamiento lo enfureció.
-¿Qué querías? -preguntó, con tono helado.
-Verás...
Miley tenía un discurso planeado, pero de repente había desaparecido de su memoria. Su cerebro parecía envuelto en algodón.
Nick descubrió que, como un adolescente, la estaba imaginando desnuda bajo el abrigo. Ese pensamiento lo avergonzó. Se había librado de ella, se dijo a sí mismo. Odiaba que lo afectase de tal forma.
-No tengo mucho tiempo -le recordó-. Pero a lo mejor sólo has venido a mirarme.
-No, he venido a decirte algo que me resulta difícil decir -murmuró Miley .
-A esta hora del día no estoy de humor para jueguecitos -replicó Nick mientras se quitaba los mitones de cuero y flexionaba los dedos.
-Tú siempre ves el lado malo de cualquier situación, de modo que quizá seas capaz de adivinarlo.
-¿Qué te pasa? Tú nunca has tenido ningún problema para ir al grano.
-Eso era cuando me mirabas como si fuera un ser humano -contestó Miley.
Nick estaba poniéndose unos guantes de boxeo, pero se detuvo al oír esa frase. Acababa de sentir un pellizco en el corazón.
-¿Estás enferma? ¿Eso es lo que has venido a decirme?
-No, no es eso.
Él dejó escapar un suspiro de alivio.
-Entonces dime qué es. No tengo tanta paciencia -murmuró, volviéndose de nuevo hacia el saco de arena.
-Estoy embarazada.
Nick se quedó inmóvil, de espaldas.
-Si es una broma, no tiene ninguna gracia.
-Yo no bromearía sobre algo así.
No podía mirarla. No podía hacerlo. Una furia ciega se lo impedía. Miley estaba enamorada de Grabell, eso había tenido que aceptarlo. Pero que ese niñato la hubiera utilizado, abandonándola después al descubrir que estaba embarazada lo sacaba de quicio. No confiaba en sí mismo y decidió contar hasta diez. Si decía algo, sería algún comentario cruel y eso no sería un consuelo para ninguno de los dos.
¿Cómo demonios podía haber sido tan tonta? ¿No había aprendido nada estando con él? Por supuesto, Miley podía confiar en que cuidase de ella, pensó Nick. Y sin él, no era capaz de sobrevivir. Miley confiaba en todo el mundo, sin hacer diferencias, pero Grabell había sido una mala apuesta. Era un niñato inmaduro con demasiado dinero y ningún sentido de la responsabilidad.
¿Le sorprendía que hubiese acudido a él para pedirle ayuda? No, ¿a quién más podía acudir? ¿Qué quería de él? ¿Qué esperaba, un consejo? ¿Dinero? De repente,Nick agradeció que llevase el abrigo. No quería ver la evidencia del embarazo. Dios... llevaba el hijo de otro hombre en el vientre. La mera idea lo llenaba de antipatía y otra emoción, más poderosa, que se negaba reconocer. Una imagen de Grabell, con su cara de niño bueno, apareció entonces ante sus ojos y Nick golpeó el saco de arena con la fuerza de una apisonadora.
Paralizada, Miley se quedó mirando sin saber qué hacer. Lo observó golpear el saco y luego quitarse los guantes, pensativo. Después, se pasó los dedos por el pelo, murmurando una maldición.
-Necesito una ducha -dijo entre dientes-. Ven.
¿Quería que lo acompañase a la ducha? Si era sincera consigo misma, Miley debía reconocer que habría ido a cualquier sitio con él. Incluso en aquellas circunstancias era asombroso estar de nuevo con Nick.
-¿No vas a decir nada? -preguntó, desconcertada, cuando él cerró la puerta del vestuario.

Nick la miró entonces, con una rabia que no era necesario poner en palabras.
-¿Qué quieres que diga?
-Sé que te has llevado una sorpresa. Yo también. Pero estoy intentando ver esto de forma positiva...
-¿Ah, sí?
-Este niño ha sido cosa del destino.
-No me vengas con sensiblerías -replicó él, su acento tan pronunciado, que casi no entendió sus palabras.
Se inclinó para tomar una botella de agua de la nevera y bebió un largo trago. Mientras se secaba la boca, Miley se percató de que le temblaban las manos. Estaba tan nervioso como ella, aunque quisiera disimularlo.
-Quizá debería irme. Te he dicho lo que he venido a decirte y supongo que querrás pensarlo...
-No quería levantarte la voz -dijo Nick entonces. Lo último que deseaba era quedarse a solas después de recibir esa noticia-. Siéntate.
-Pero vas a ducharte...
-Siéntate -repitió él-. Por favor.
-Aquí hace calor -murmuró Miley, empezando a desabrochar su abrigo.
-¡No te lo quites! -exclamó Nick, como si le hubiera amenazado con quitárselo y pasear desnuda por el gimnasio.
Se estaba portando como un tonto, pensó. Abrumado, decidió que una ducha fría aliviaría la tensión.Miley estaba embarazada y un hombre honorable no perdía los nervios con una mujer en su estado.
-Dame cinco minutos. Vuelvo enseguida.
Miley se sentó en uno de los bancos de madera, un poco más calmada. Entendía que quisiera estar solo aunque fuera unos segundos para pensar en lo que acababa de contarle. Sabía que a Nick Jonas no le gustaban las sorpresas, todo lo contrario; su vida estaba perfectamente ordenada y organizada. Nunca habían hablado de tener hijos, por supuesto. Era posible que no le gustasen los niños. Y aunque no fuera así, podría no querer saber nada del suyo.
Nick se quitó los pantalones cortos y entró en la ducha. Miley apartó la mirada al verlo desnudo. Seguía siendo magníficamente masculino, con la espalda ancha, el torso cubierto de vello castaño, los muslos poderosos...
En las actuales circunstancias, su falta de inhibición era una señal de que estaba nervioso.
Pero, sin querer, Miley recordó los momentos felices... y lo desesperadamente frágil que era la felicidad, se dijo a sí misma.
Cinco minutos después, Nick salía de la ducha y, después de secarse, se puso un traje azul marino. Exquisitamente cortado, seguramente hecho a medida, era de diseño italiano. Tenía aspecto de millonario, algo que jamás había querido disimular, por supuesto.
-Dime... ¿qué es lo que quieres de mí? -le preguntó al fin, abriendo la puerta del vestuario y dejándola pasar delante de él.
-No quiero nada. Sólo quería contártelo porque creo que tienes derecho a saberlo.
-Gracias por la consideración. No me habría gustado enterarme por otra persona. ¿Cómo ha reaccionado Grabell?
-¿Lucas? Él no lo sabe todavía. No sé cómo decírselo...
-¿Y me lo has contado a mí antes? -la interrumpió Nick.
-¿A quién si no? ¿Qué tiene que ver Lucas con esto?
-Él es el padre de tu hijo.
Miley se detuvo, incrédula.
-¿Eso es lo que piensas? ¿Qué Lucas es el padre del niño? ¡Por favor, esto es increíble! -exclamó, furiosa-. ¿Cómo te atreves a decir eso? Siento mucho decepcionarte, pero tú eres el padre.
Nick soltó una carcajada de incredulidad.
-Lo dirás de broma. ¿Para eso querías verme? ¿Crees que vas a cargarme con ese niño? ¡Pero si te dejé hace meses!
Miley palideció.
-No tengo intención de rebajarme discutiendo contigo y menos en un sitio público. He hecho lo que tenía que hacer, contártelo. No voy a tolerar que me ofendas...
-Pero lo que acabas de decir es ridículo -insistió él, tomándola del brazo para llevarla a la limusina. No estaba acostumbrado a montar escenas en público y quería salir de allí lo antes posible-. Supongo que Grabell se ha portado como era de esperar en un momento de crisis. Pero intentar engañarme no te servirá de nada.
Miley apartó su mano de un manotazo.
-Me da vergüenza haberte amado una vez. Y puedes dejar de mostrarte tan superior...
-Cálmate.
-Estoy perfectamente calmada -replicó ella-. Al menos, Lucas no intentó seducirme antes de invitarme a salir. Lucas está buscando una novia, no una amante... ¿y sabes una cosa? Ojala este niño fuera suyo porque él es mucho mejor persona que tú.
-Miley...
-Déjame en paz. ¡Y aléjate de mí! -le gritó Miley, sin importarle que las voces hubiesen llamado la atención de la gente.

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