Miley se sumergió en la rutina de su trabajo, pero su mente estaba en otra parte. Se sentía como si en algún lugar del camino hubiera dado un paso en falso y todo hubiera cambiado a raíz de ello.
Nick todavía rondaba por la casa. Había contratado a un jubilado para atender a los animales y arar los campos. Ese mismo hombre, que hablaba en voz baja y añoraba la tierra porque vivía en un apartamento, se ocuparía de plantar el huerto en otoño y cuidarlo. Nick también había enviado a un carpintero para reparar el porche y los marcos de las ventanas y había insistido en comprar una canasta de baloncesto para Mack, que colocó encima de la puerta del desvencijado garaje. Desde entonces el niño se dedicaba casi exclusivamente a practicar con su pelota reglamentaria de la NBA y a alabar a Nick.
El abuelo cada día estaba más activo. La mayor parte del tiempo estaba pululando por la granja haciendo alguna cosa y sus movimientos parecían dotados de una nueva energía. Había acudido con Miley a ver a Clay, que aún esperaba ser juzgado. El juicio había sido fijado para dos semanas antes, pero por entonces J. Davis estaba fuera de la ciudad a causa de una emergencia y había tenido que ser aplazado, lo que le fue muy bien a Nick, pues aprovechó ese tiempo extra para trabajar a favor de la causa de Clay.
Nick todavía rondaba por la casa. Había contratado a un jubilado para atender a los animales y arar los campos. Ese mismo hombre, que hablaba en voz baja y añoraba la tierra porque vivía en un apartamento, se ocuparía de plantar el huerto en otoño y cuidarlo. Nick también había enviado a un carpintero para reparar el porche y los marcos de las ventanas y había insistido en comprar una canasta de baloncesto para Mack, que colocó encima de la puerta del desvencijado garaje. Desde entonces el niño se dedicaba casi exclusivamente a practicar con su pelota reglamentaria de la NBA y a alabar a Nick.
El abuelo cada día estaba más activo. La mayor parte del tiempo estaba pululando por la granja haciendo alguna cosa y sus movimientos parecían dotados de una nueva energía. Había acudido con Miley a ver a Clay, que aún esperaba ser juzgado. El juicio había sido fijado para dos semanas antes, pero por entonces J. Davis estaba fuera de la ciudad a causa de una emergencia y había tenido que ser aplazado, lo que le fue muy bien a Nick, pues aprovechó ese tiempo extra para trabajar a favor de la causa de Clay.
Había visitado a Frank Kilmer, un viejo amigo de su tío y un abogado de oficio que tenía los contactos más extraños que cabía imaginar. Corría el rumor sin confirmar, por supuesto de que su jardinero había sido una vez asesino a sueldo para los mafiosos del norte.
—Muy amable de tu parte venir a visitarme, muchacho —comentó alegre mientras recorría su finca con Nick—. Pero por la expresión de tu rostro, creo que me perdonarás si no te pregunto si se trata de una visita puramente social. No sueles parecer tan preocupado cuando vienes a verme.
Nick se volvió hacia el anciano y el viento revolvió su oscuro cabello.
—Necesito consejo.
—No para hacer algo fuera de la ley, espero —puntualizó con una expresión de horror en su rostro el caballero encorvado, de cabello plateado.
—No, desde luego —dijo Nick muy comedido.
Kilmer esbozó una amplia sonrisa.
—¿De qué se trata?
—Quiero conseguir que el crimen organizado local prescinda de dos de sus colegas más dañinos. Incriminaron a un amigo mío, al que espera una larga condena si no consigo que lo admitan.
Kilmer asintió con el entrecejo fruncido.
—El muchacho Cyrus.
—¿Acaso lo llevo escrito en la frente? —preguntó Nick enarcando las cejas.
—Siempre sé lo que está sucediendo. —Miró de reojo a Nick y sonrió con malicia—. También sé lo del bebé, pero fingiré no saberlo para que no te sientas incómodo.
—¡Dios mío!
—Lo que quieres no es tan difícil. Todo lo que tienes que hacer es encontrar a un político que tenga algún tipo de relación con ellos y ponerlo en una situación comprometida.
—Soy un funcionario de los tribunales —le recordó Nick.
—No he dicho que tú tuvieras que crear esa situación comprometida dijo sonriendo con picardía, y añadió—: Además, conozco al político que te interesa. Es un jugador compulsivo. Suele jugar todos los sábados por la noche, y presenta su candidatura para la reelección. También tiene contactos con el caballero al que los Harris le deben sus almas. —Miró a Nick
¿Crees que te servirá?
—Creo que será perfecto —contestó—. Gracias.
—No es necesario que me lo agradezcas. Invítame al bautizo. Siempre he deseado ser padrino de algún recién nacido.
—Pero si eres una figura siniestra. Mi hijo o hija se sentaría en las rodillas de asesinos a sueldo y jugaría a la gallina ciega con falsificadores.
—No es cierto —se defendió el anciano fingiendo haberse ofendido—. ¡Dios mío!, nunca he tenido nada que ver con falsificadores.
Miley invitó a Maggie a cenar un viernes, pues quiso agradecerle el apoyo moral que le había brindado durante todos esos días. La mujer aceptó, y no hubo intención crítica alguna en los breves comentarios que al llegar hizo sobre la casa.
El abuelo ni siquiera abrió la boca cuando descubrió que Maggie, de la que tanto había hablado su nieta, era una mujer negra. Le sonrió con naturalidad y se comportó como un perfecto caballero. Miley esperó que no se le notara cuán sorprendida estaba por la actitud de su abuelo.
—¿Vais a casaros antes de que nazca el bebé o no? —preguntó Maggie más tarde, cuando se hallaban sentadas en el balancín del porche.
—Me pidió que eligiera entre mi familia y él —explicó Miley apenada—. ¿Cómo iba a hacer algo así?
—Dura elección —dijo Maggie tras emitir un silbido de asombro.
—Sí, lo fue. Imposible. No puedo dar a Mack en adopción.
Su amiga rodeó con sus dedos finos y elegantes la cadena que sujetaba el balancín.
—¿No le gusta Mack?
—Por supuesto que sí. Le llevó a un partido de exhibición de los Hawks, y siempre le trae alguna pieza para su tren eléctrico. —Se detuvo en seco. No comprendía por qué Nick estaba tan entusiasmado con su hermano pequeño, ni por qué parecía tan orgulloso del abuelo. De hecho, había sido él quien había conseguido que de nuevo tuviera ganas de vivir.
—Quizá hayas interpretado erróneamente sus intenciones, amiga mía —sugirió Maggie con dulzura—. Pretender ser el primero de tu lista, no tiene mucho que ver con echar a patadas de la casa a tu familia. Nick ha vivido solo, sin padres o hermanos, por eso le cuesta comprender la dependencia y la lealtad familiares. Quizá no sepa que el amor es mayor cuanto más amor das, o que se puede querer a muchas personas sin que la fuente del amor se agote.
—No —dijo Miley muy despacio—. No puede ser tan simple. Dijo que no habría futuro para nosotros mientras colocara a mi familia por delante de él.
—Y tiene razón. Escucha, querida. Yo tampoco tenía familia antes de casarme con Jack, por eso tenía celos de cada minuto que pasaba con sus padres o sus hermanos e hice lo que pude por mantenerlo alejado de ellos. Al final, mis celos acabaron con mi matrimonio, porque le planteé una elección imposible. No hagas tú lo mismo con Nick. Hazle parte de tu familia. Después intenta que comprenda que puedes amarlo y querer de corazón a los demás.
—Si no es demasiado tarde —se lamentó Miley compungida—. ¡Maggie, lo he estropeado todo!
—No, claro que no. Para que un hombre esté dispuesto a asumir una carga como la tuya, tienes que importarle mucho.
—Eso dijo Clay —recordó Miley.
—¿Y no te parece que éste es exactamente el caso de Nick? —añadió Maggie sonriente—. Mira alrededor. Ha arreglado la casa, se ha hecho cargo de las facturas, ha conseguido ese abogado tan famoso para Clay...
—¿Qué? —la interrumpió Miley.
Maggie, cuyo rostro se veía bañado por la luz que salía por la ventana, enarcó las cejas.
—Lo sabías, ¿no? fui a comer un día con una de las chicas que trabajan a media jornada en la oficina del fiscal del distrito. Me dijo que era el chisme de moda en los juzgados.
—¿Él consiguió que el señor Davis representara a Clay?
—Sí. Un buen truco si consideramos que Lincoln Davis estaba utilizando a Clay y la relación de Nick contigo para resultar elegido. Pero Nick metió a Davis en el asunto, además de pagar la factura del hospital de tu abuelo. ¿Haría eso un hombre al que no le importaras?
—¡Pero nunca me lo dijo! —se lamentó Miley—. ¡Nunca me dijo una palabra al respecto!
—Ese hombre quiere amor, no gratitud. ¿Estás ciega?
—Creí que sólo quería sexo.
Maggie rió.
—Todos quieren sexo querida —murmuró secamente—, pero si sólo quisiera eso, ¿por qué iba a seguir viéndote después de quedarte embarazada?
—No lo sé. —Miley se cubrió el rostro con las manos—. Ya no sé nada.
—No hay nadie tan ciego como aquel que... bueno, ¿qué es esto? ¿tienes amigos que no conozco? —murmuró Maggie cuando un Lincon Continental gris marengo traspasó la verja de entrada y se detuvo.
—No conozco a nadie que pueda permitirse un coche así —dijo Miley frunciendo el entrecejo.
La portezuela se abrió y un hombre alto y bien vestido salió del vehículo. Parecía un campeón de lucha libre y el cabello espeso y rizado enmarcaba su rostro ancho. Ascendió por los escalones, dirigió a Maggie una breve pero apreciativa mirada y se volvió hacia Miley.
—¿Señorita Cyrus? —preguntó con educación—. Soy J. Lincon Davis, el abogado de su hermano.
—¡Señor Davis! —Miley se levantó y lo abrazó.
Él rió divertido, y su piel oscura pareció sonrojarse.
—No estaba seguro de ser bienvenido...
—Qué absurdo, después de todo lo que está haciendo por Clay. No hay nada que no hiciéramos por usted y por supuesto que es bienvenido. —Le tomó la mano y tiró de él—. Entre a conocer al resto de la familia. ¿Maggie?
—Detrás de ti —murmuró Maggie, y se levantó. Se había percatado, sin presunción alguna, de que Lincon Davis parecía encontrarla tan interesante como ella a él.
El abuelo alzó la vista del televisor y sus cejas se arquearon. El visitante era negro. Llevaba un traje tostado muy caro, corbata de seda y zapatos de piel. El anciano estaba impresionado. Pensó que sólo había un hombre de color que pudiera visitarlo sin una invitación y recordando las palabras de Nick, decidió que un poco de amable hospitalidad no estada de más, a pesar de sus prejuicios racistas. Se levantó.
—El señor Davis, ¿verdad? —preguntó educadamente, al tiempo que tendía la mano hacia él.
Davis la estrechó.
—Señor Cyrus. Es un placer conocerle. Clay habla maravillas de su integridad y su honor.
Granger Cyrus se ruborizó.
—¿Quiere sentarse, señor Davis? —invitó—. Siéntese aquí, en mi butaca.
Davis se sentó y cruzó sus largas piernas.
—Siento irrumpir en su casa tan tarde, pero he estado fuera de la ciudad, y han habido algunas novedades en el caso de Clay, así que creí conveniente comentarlas con ustedes en cuanto dispusiera de unos minutos.
—Debería irme —dijo Maggie en ese momento.
—No —se opuso Miley con firmeza. Miró a Davis—. Maggie es mi amiga. No me importa que escuche lo que vaya a decir. Pero antes, ¿me permite decirle lo orgullosos que nos sentimos de que represente a Clay?
—Dígalo cuantas veces quiera —murmuró él con sequedad—. Sentí que se lo debía después de que algunas de mis declaraciones fueran tergiversadas. —La observó detenidamente, y luego su mirada aguda descendió hasta el leve abultamiento bajo el vestido acampanado. Después, mirándola a los ojos, preguntó—: ¿Se puede saber cuándo demonios hará Nick lo que se considera propio en estos casos y se casará con usted?
Granger Cyrus soltó una carcajada.
—Lo está intentando —explicó al abogado—. Pero Miley no quiere aceptar.
—¿Por qué no? —preguntó Lincoln a Miley—. ¡Está loco por usted!
—¿Por qué no? —preguntó Lincoln a Miley—. ¡Está loco por usted!
—Eso no es lo que me dijo —contestó ella con remilgo. Se retorció las manos en el regazo y preguntó de forma evasiva—: ¿Qué hay de Clay?
—Sí, Clay. Bueno, el juicio se celebrará dentro de dos semanas. Como ya sabe, se declara inocente de tres cargos: uno por posesión de una droga catalogada de segundo grado, cocaína en este caso; otro por posesión con intenciones de reventa; y otro por posesión con intenciones de distribución. Cada uno de estos cargos supone una sentencia de diez años, por lo menos, con o sin sanción adicional. Después queda el cargo por asalto con agravante, el atentado contra la vida de Nick. Si lo condenaran, este último podría significar una condena de diez años más.
—¿El asalto con agravante es un crimen capital? —preguntó Miley con amargura.
—No Sólo el asesinato. Se le acusa de intento de asesinato. Si le hubieran acusado de un crimen capital, según las leyes de Georgia, no se hubiera permitido una fianza.
—Entiendo —dijo Miley apenada y haciendo esfuerzos para no llorar—. Nadie me dijo cuál sería la pena si lo condenaban. Creía que se trataría de muchos menos años.
—¡Vaya, lo siento! —exclamó Davis con sinceridad—. Pensé que estaba al corriente.
—Clay no me lo dijo —explicó Miley con expresión solemne. Ni Nick.
—Supongo que trataban de ahorrarle disgustos, pero los periódicos y la televisión han informado sobre ello.
—No hemos leído ni visto nada sobre el caso de Clay —contestó Nick—. Creímos que sería mejor que Mack no escuchara todas las acusaciones infundadas que le hacen a Clay, de modo que le protegimos. No tenía idea.
—Es mejor saber la verdad —intervino el abuelo. Su voz sonó tranquila en la quietud de la habitación—. ¿Qué posibilidades tiene mi nieto?
—Estamos intentando invalidar ciertas pruebas, e intentaré otras maniobras legales si ésta no funciona. No es un caso tan cerrado como tratan de hacernos creer, y tenemos a Francine Harris, la prima de Son y Bubba, que piensa testificar a favor de Clay.
—¿Sus parientes la dejarán? —preguntó Miley.
—Buena pregunta. No lo sabemos. De hecho, hace una semana que no visita a Clay y nadie la ha visto en la ciudad —contestó Davis. Se inclinó y se dirigió a Miley—. Quiero que suba al banquillo de los testigos. Su forma de ser y su buena reputación son bien conocidos por toda la comunidad. Quizá Clay goce de mayores posibilidades si mostramos al jurado que su familia no tiene nada que ver con asuntos tan escabrosos como la droga.
—Les puede salir el tiro por la culata —intervino el abuelo—. Mi hijo estuvo involucrado en varios asuntos turbios antes de irse a vivir a Alabama. Si esto sale a la luz, perjudicaría el caso de Clay.
—¿Ha tenido noticias de su hijo últimamente? —preguntó Davis frunciendo el entrecejo.
—No sé nada de él desde hace dos años —contesto el abuelo con tristeza—. No nos ha necesitado.
—¿Cumplió condena alguna vez? —preguntó el abogado.
—No. No hubo pruebas suficientes para condenarlo.
—Entonces no hay problema. —El abogado se inclinó con las manos sobre las rodillas—. Escuchen, tenemos algo en la trastienda. No puedo tomarme la libertad de decirles qué es, pero he facilitado a la policía cierta información confidencial que quizá nos reporte una buena posibilidad de lucha en el juicio. —No se atrevió a involucrar a Nick. Su participación en el desmantelamiento del círculo de los Harris podía tener serias repercusiones. No era exactamente poco ético o ilegal, pero la prensa podía convertirlo en un asunto desagradable. El problema será que funcione. Un animal acorralado es peligroso y los Harris tienen mucho más que perder que Clay. Quiero que permita que Nick contrate un guardaespaldas para velar por su seguridad.
—¡Un guardaespaldas! —exclamó Nick.
Él asintió.
—Ambos creemos que es necesario. Además tenemos al hombre adecuado. Trabaja para un viejo amigo del tío de Nick. Digamos que es una especie de... jardinero —añadió titubeante. Observó los rostros que le rodeaban. No. No pensaba comentarles esos estúpidos rumores—. Sin embargo, es duro y sabrá cómo mantenerles a salvo. No dejará que les ocurra nada. Acceden a ello?
—Yo le pagaré —puntualizó Miley con obstinación.
—Nick lo hará. Fue idea suya —contradijo Davis.
—Por Dios, Miley —intervino Maggie con suavidad—. Hay que rendirse en algún momento y éste es el momento.
—Buen consejo —opinó Davis sonriendo a Maggie.
—Gracias, abogado —dijo ella sonriéndole a su vez.
—Trabaja en el mismo bufete que Miley, ¿verdad? —preguntó Davis amistosamente.
Maggie asintió.
—Hace mucho tiempo que estoy allí.
—Tengo la impresión de haberla visto antes. Usted se casó con Jack Barnes ¿verdad?
—Me divorcié de Jack Barnes hace años —puntualizó. Los ojos de Davis brillaron.
—¿Ah, sí? —Se inclinó—. ¿Qué opina de los reptiles?
"Oh, Maggie —pensó Miley—, no le menciones a tu serpiente." Detestaba ver cómo a su amiga se le frustraban las citas a causa de su mascota.
—¿Ah, sí? —Se inclinó—. ¿Qué opina de los reptiles?
"Oh, Maggie —pensó Miley—, no le menciones a tu serpiente." Detestaba ver cómo a su amiga se le frustraban las citas a causa de su mascota.
Pero Maggie no era capaz de leer su mente. Miró fijamente a Davis.
—Bueno —titubeó— no me apasionan los lagartos, pero tengo una gran afición por las serpientes. He conseguido una cría de pitón
—Bueno —titubeó— no me apasionan los lagartos, pero tengo una gran afición por las serpientes. He conseguido una cría de pitón
¿Cenará conmigo mañana por la noche? — exclamó Davis con evidente regocijo.
—He dicho que me gustan las serpientes —insistió ella— Tengo una, en mi propio apartamento.
—Es cierto —confirmó Miley, sin poder evitar estremecerse al recordar el animal—. Ni siquiera me atrevo a entrar en su casa.
—Yo tengo una pitón de más de cuatro metros, Henry —admitió Davis—. La tengo desde que era una cría. Podríamos hablar de herpetología.
Maggie estaba radiante.
—¿De veras?
—Claro aro que sí. ¿Está lista para irse? La llevaré a su casa.
—He venido en mi propio coche —dijo Maggie titubeante.
—Haré que vengan a recogerlo —dijo él levantándose y añadió dirigiéndose a Miley—: Me pondré en contacto con usted en cuanto tenga noticias de los Harris. Entretanto, Turk se presentará aquí a primera hora dé la mañana. Es agradable. Dele un bocadillo de vez en cuando y acabará adorándola. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —contestó Miley de mala gana y preguntó debilmente : ¿Vendrá Nick con él?
—He dicho que me gustan las serpientes —insistió ella— Tengo una, en mi propio apartamento.
—Es cierto —confirmó Miley, sin poder evitar estremecerse al recordar el animal—. Ni siquiera me atrevo a entrar en su casa.
—Yo tengo una pitón de más de cuatro metros, Henry —admitió Davis—. La tengo desde que era una cría. Podríamos hablar de herpetología.
Maggie estaba radiante.
—¿De veras?
—Claro aro que sí. ¿Está lista para irse? La llevaré a su casa.
—He venido en mi propio coche —dijo Maggie titubeante.
—Haré que vengan a recogerlo —dijo él levantándose y añadió dirigiéndose a Miley—: Me pondré en contacto con usted en cuanto tenga noticias de los Harris. Entretanto, Turk se presentará aquí a primera hora dé la mañana. Es agradable. Dele un bocadillo de vez en cuando y acabará adorándola. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —contestó Miley de mala gana y preguntó debilmente : ¿Vendrá Nick con él?
Davis la miró con curiosidad y sonrió.
—Quizá. Cuídese. Siento llevarme a su invitada a cenar, pero encontrar a una dama que le gusten las serpientes es demasiado bueno para pasarlo por alto.
—Lo entiendo muy bien —dijo Miley y rió. Estrechó su mano. Gracias, señor Davis.
—Ha sido un placer.
Granger Cyrus se levantó y tendió la mano.
—¿Nunca ha sido luchador? —preguntó a Davis—. Parece un profesional de la lucha libre.
—Jugué en el equipo de rugby de la Universidad de Georgia —contestó Davis con una amplia sonrisa—. Pero de eso hace ya algunos años. La abogacía requiere menos esfuerzos y es más divertida.
—Gracias por lo que está haciendo por mi nieto —dijo el anciano.
Davis clavó la mirada en los ojos rodeados de arrugas del viejo caballero y no sonrió.
—Mi abuelo fue a la cárcel por un crimen que no cometió. Descubrieron el error cuando ya habían pasado treinta años, y todo porque no pudo permitirse un buen abogado. Por esa razón me dediqué a la abogacía. Gano mucho dinero, pero nunca olvido el motivo que me llevó a ejercer esta profesión. La gente pobre merece las mismas oportunidades que las personas pudientes. Clay es una víctima de la sociedad. Creo que es inocente de los cargos que se le acusa y voy a probarlo.
—Si alguna vez se mete en líos, cuente conmigo —dijo muy serio el anciano.
Davis estrechó su mano con firmeza.
—Gracias, lo mismo digo.
Sonrió a Miley y cogió a Maggie del brazo.
—Y ahora, en cuanto a las serpientes...
—Gracias por la cena, querida —bromeó Maggie mientras prácticamente era arrastrada hacia la puerta—. ¡Nos vemos el lunes!
—Muy bien. Adiós —se despidió Miley con una sonrisa.
Mack volvió a la salita de estar después de haber pasado más de media hora hablando por teléfono con su amigo John.
—¿Quién era ese hombre? —preguntó con interés.
—El abogado de Clay —explicó Miley.
El niño frunció el entrecejo pensativo.
—Quizá me dedique a la abogacía. Cuando haya acabado mi carrera en el baloncesto, claro.
Miley sonrió y lo abrazó. A pesar de los graves problemas que tenían, parecía que las cosas se estaban arreglando poco a poco.
A la mañana siguiente, Nick se presentó temprano en la granja con un hombre grueso, de rostro perruno, al que le colgaban los carrillos y cuyos ojos de pesados párpados no traslucían emoción alguna. Su complexión robusta y sus movimientos lentos y patosos hicieron que Miley se preguntara cómo un individuo como ése iba a protegerlos, pero le sonrió y trató de que se sintiera bienvenido.
—Éste es Turk —dijo Nick. Trabaja para un amigo mío y te será útil en la casa, además de ser uno de los mejores guardaespaldas que existen.
—Encantado de conocerla, señora —saludó el gigantón con cordialidad, al tiempo que sonreía de forma inexpresiva.
—Apreciamos tu ayuda, Turk. ¿Has comido?
—El señor Nick me ha invitado a una hamburguesa —contestó—. Me gustan las hamburguesas. ¿Tiene jardín?
—Bueno, uno pequeño. Han crecido bastantes malas hierbas. Está en la parte de atrás.
—¿Tiene un rastrillo?
—No, lo siento.
—¿Y una azada?
——Sí, en el granero.
—Gracias, señora.
Se dirigió a la puerta trasera y Miley lo observó salir. Luego miró a Nick.
—¿Estás seguro de que es un guardaespaldas? —preguntó.
—Lo estoy. —La miró detenidamente.¿Davis ha estado aquí?
—Anoche. ¿Qué ocurre? ¿Lo sabes?
—No tengo idea —mintió con el rostro inexpresivo—. ¿Cómo está el abuelo?
—Está bien. Está echando una cabezada. Mack ha ido a casa de John. No le pasará nada, ¿verdad?
—No, sí Turk lo acompaña de vuelta a casa. Llámalo y díselo.
—De acuerdo.
Miley llamó a casa de John, mientras Nick tomaba asiento en una silla con su purito y un cenicero. Parecía cansado. Miley advirtió algunas canas en su cabello espeso y oscuro. Se preguntó si estaba preocupado por ella, y pensó que probablemente sí. Después de todo llevaba a su hijo en sus entrañas.
Colgó el auricular después de que Mack accediera a esperar al guardaespaldas y se sentó en el sofá frente a la silla de Nick.
—¿Quieres que te prepare café? —ofreció con dulzura.
Él negó con la cabeza.
—Tengo que estar de vuelta en los juzgados a la una. ¿Por qué no has ido a trabajar?
—Esta mañana me encontraba demasiado mal para ir. No me ocurre muy a menudo —dijo bajando la vista hasta su deslucida falda.
Nick se inclinó.
—Si te casaras conmigo, podrías quedarte en casa.
—Conozco tus condiciones para el matrimonio y no puedo cumplirlas —dijo Miley inflexible . Gracias de todos modos.
Él frunció el entrecejo y entonces recordó lo que ella le había dicho acerca de abandonar a su familia. Abrió la boca para hablar, pero le pareció que no era la ocasión idónea. Se encogió de hombros y se levantó.
—Tengo que volver al trabajo.
Miley también se levantó. Sus ojos color zafiro buscaron los oscuros de él.
—Nick, ¿por qué no me dijiste que habías hablado con el señor Davis para que defendiera a Clay? ¿o que habías ayudado a pagar las facturas de hospital del abuelo?
Su rostro se endureció.
—¿Quién te lo dijo? —preguntó con brusquedad.
Ella negó con la cabeza.
—No te lo diré, pero no fue el señor Davis. —Añadió con suavidad——: ¿Por qué?
Él dio una calada y volvió la cabeza para exhalar el humo.
—Tenía un interés especial en Clay desde que lo envié inadvertidamente a la cárcel. —Añadió con una sonrisa burlona—: Quizá me sintiera culpable. Dejémoslo así.
Miley sintió una enorme decepción. Había esperado que Nick admitiera que ella le importaba un poco, pero ya había perdido toda esperanza.
—Bueno, gracias de todos modos —contestó muy seria Miley.
Él le tomó el mentón y alzó su rostro para clavar en él su mirada penetrante.
—No quiero tu gratitud.
—Entonces ¿qué quieres? —preguntó ella, y sonriendo amargamente añadió—: ¿Mi cuerpo? Ya lo has tenido.
Él paseó con suavidad el dedo pulgar por sus dulces labios.
—¿Y eso es todo lo que quería? ¿Estás segura?
Miley suspiró con desdicha.
—Quieres al bebé —añadió bajando la mirada hasta su pecho.
—Al menos me concedes eso. Sí, quiero al bebé.
—Pero no a mí —añadió temerosa.
—Sólo si tú me amas —contestó él—. Pero es algo que no sucederá, ¿verdad? —preguntó con una voz profunda llena de amargura—. Porque soy el hombre que delató a tu hermano.
No podía negar que era cierto lo que decía. Pero de alguna forma, aunque hubiera hecho su trabajo, no parecía propio de Nick utilizar información obtenida por medios poco ortodoxos. Miley lo consideraba demasiado honesto para actuar así.
Buscó con la mirada sus ojos oscuros.
—Supongo que parece absurdo —murmuró titubeante—. Pero no es propio de ti hacer esa clase de cosas, ¿verdad?
El rostro de Nick se suavizó. La miró con deseo.
—¿No, pequeña? —preguntó con ternura sonriendo.
Miley exhaló un largo suspiro y enmarcó su rostro anguloso con las manos.
—A veces me parece que no te conozco. ¡Ven aquí! —susurró ella tirando de él hacia sí.
Nick dejó que ella atrajera su rostro, y su cuerpo poderoso fue sacudido por punzadas de un cálido placer cuando le besó con un ardor puro y dulce.
—¡Miles! —exclamó. Contrajo los brazos y la levantó apretándola contra él, saboreando el tosco beso hasta que su cuerpo le avisó de que no podía ir más allá sin pagar por ello.
La dejó resbalar hasta el suelo y rió con aspereza al ver la expresión de su rostro cuando notó la rabiosa fuerza de su erección.
—Di que te casarás conmigo y ayúdame, o te arrojaré al suelo y te haré el amor aquí mismo —la amenazó con rudeza.
—Eres un pervertido, señor fiscal de distrito —murmuró ella. Recostó la cabeza contra su pecho y cerró los ojos para saborear su cercanía. Resultaba tan agradable apoyarse en él. Lo quería tanto. Todas las discusiones y las peleas parecían no importar en momentos como ése—. Pues sí, me casaré contigo, si no me obligas a deshacerme de mi familia. Puedo conseguir una enfermera para el abuelo. Pero Mack... —Su rostro se tensó ante la perspectiva de dar al niño en adopción.
Él la estrechó entre sus brazos con pasión cuando comprendió a lo que ella pretendía renunciar.
—¡Nunca te he pedido que los echaras de casa! Cuando tu abuelo no pueda valerse por sí mismo, encontraremos a alguien que se ocupe de él. Pero Mack vivirá con nosotros. Mi pequeña alocada, sólo quería saber si me amabas. —Sus bocas se encontraron y ahogaron las palabras.
—¡Nunca te he pedido que los echaras de casa! Cuando tu abuelo no pueda valerse por sí mismo, encontraremos a alguien que se ocupe de él. Pero Mack vivirá con nosotros. Mi pequeña alocada, sólo quería saber si me amabas. —Sus bocas se encontraron y ahogaron las palabras.
Miley se alzó hacia él y las lágrimas que brotaron de sus ojos alcanzaron sus labios unidos.
—¿Que si te amo? —consiguió articular junto a su boca—. ¡Moriría por ti!
Él la besó aún con más fuerza. La levantó del suelo en sus brazos y la sostuvo en lo alto en medio de la habitación, con el purito olvidado entre sus dedos, mientras su boca devoraba la de ella.
—¿Miley? —preguntó titubeante el abuelo desde la puerta, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
Miley se volvió hacia él resplandeciente de alegría.
—Vamos a casarnos —susurró.
El abuelo esbozó una sonrisa maliciosa.
—Ya era hora. Detesto interrumpir, pero ¿puedes prepararme un bocadillo? Ha pasado mucho tiempo desde el desayuno.
—Sí, te prepararé un bocadillo —dijo. Luego levantó su rostro radiante hacia Nick y preguntó—: ¿Quieres uno?
—Me he tomado una hamburguesa con Turk —le recordó. La besó una vez más, la dejó en el suelo y se apartó con el cigarro en la mano, aunque siguió devorándola con los ojos—. Hay un banquete el próximo viernes por la noche en honor al juez Kilmer. Podrías ponerte aquel vestido negro tan atrevido. El viernes siguiente nos casaremos.
—Lo que usted diga, señor Nick —contestó Miley con dulzura—. Pero ¿qué pasa con Clay?
Él esbozó una sonrisa malvada.
—Espera y verás.
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