jueves, 15 de marzo de 2012

Capitulo 13.-

Nick no sólo parecía enfadado sino frustrado.
-El doctor Coltrain dijo que no podías recibir visitas durante unos días.
Ella lo miraba con los ojos muy abiertos.
-Por qué no quieres que le vea? Grange no puede contarme nada porque no le conozco. Y cada vez que le hacía una pregunta, él se hacía el sordo. Como tú.
Nick le dio un golpecito en la pierna.
-Sólo queremos evitarte un disgusto innecesario.
-¿Un disgusto? Entonces, ¿ha ocurrido algo malo? ¿Tuvimos una pelea muy gorda?
-La vida es dura, Miley. Y tú y yo solemos discutir a menudo.
-Pero si tú eres una persona encantadora.
-¡Ja! -oyeron una exclamación desde la puerta.
Los dos se volvieron para ver a Nell con una bata y rulos en la cabeza.
-Soy una persona encantadora -repitió Nick.
-Sí, seguro. Pero la niña tendría que estar dormida.
-Sí, eso es verdad. Venga, a dormir.
-¿Quieres que te suba algo, Miley? -preguntó el ama de llaves.
-No, gracias.
Nick le colocó las almohadas y la arropó antes de darle un beso en la frente.
-Que duermas bien, cariño.
-No hace falta que me arropes.
-No le hace daño a nadie -sonrió él-. ¿Vas a quedarte ahí toda la noche, Nell? Miley tiene que dormir.
-¡Eres tú el que la mantenía despierta!
-¡Yo no...!
Sus voces airadas resonaban por el pasillo. Miley cerró los ojos, suspirando. Qué pareja.
A la mañana siguiente llovía a cántaros. Se había desatado una tormenta y los truenos parecían sacudir toda la casa. Alarmada, Miley encendió el equipo de radio que usaban para casos de emergencia. Había un aviso de tornado en el condado de Jacobs y en otras partes del sur de Texas.
Miley hizo una mueca. Había visto un tornado cuando era pequeña y Jamás olvidaría el color de las nubes. Eran de un color verde oscuro, como algas en un estanque sucio. Se levantó, con las piernas temblorosas y se acercó a la ventana para mirar...
-¡Apártate de esa ventana! -gritó Nick desde la puerta.
Ella se volvió, sorprendida.
-Sólo estaba mirando...
Nick se acercó en dos zancadas y la tomó en sus brazos.
-¿Qué haces?
-Los rayos caen sobre las zonas más altas y alrededor de la casa no hay árboles grandes. ¿Lo entiendes?
-Sí, lo entiendo -contestó ella, echándole los brazos al cuello.
-¿Qué tal la cabeza? -preguntó Nick, mientras la dejaba sobre la cama.
-Mejor. Pero aún me duele un poco.
-No me extraña -murmuró él, mirando su pijama con una expresión rara-. Sigues siendo una niña, Miley. ¿Quieres desayunar?
-¿Por qué has dicho eso?
Nick metió las manos en los bolsillos del pantalón y se acercó a la ventana.
-Ten cuidado. A lo mejor te cae un rayo.
-No lo creo.
-Odias las tormentas, ¿verdad?
-La mayoría de la gente odia las tormentas -murmuró él, distraído.
-¿En qué estás pensando?
-Sólo saliste con dos chicos durante todo la época del instituto, ¿verdad?
Miley no se percató de que parecía hablar en pasado.
-Bueno, es que siempre he sido tímida con los chicos. Además, no me gusta ninguno en especial. Se pasan el día haciendo deporte.
-¿Por eso no salías con ninguno?
-Si, bueno, en fin, supongo que te habrás dado cuenta de que no soy ni atlética ni guapa precisamente.
-¿Qué tiene eso que ver?
-En el instituto, todo -contestó Miley-. Además, la mayoría de los chicos quieren salir con chicas que... bueno, que no les pongan pegas. Y yo sí lo hago. Todo el mundo se enteró de que le tiré una taza de chocolate caliente a Barry Cramer cuando intentó meterme la mano bajo la falda.
-¿Que hizo qué? -exclamó Nick, furioso.
Su enfado la sorprendió. Nunca había mostrado ninguna emoción especial cuando salía con sus amigos.
-Le dije que una hamburguesa y una película no le daban derecho a nada.
-Deberías habérmelo contado a mí -suspiró él-. Yo le habría dicho cuatro cosas.
-Entonces todo el mundo se enteraría y nadie querría salir conmigo.
Nick se acercó a la cama-y la estudió como si fuera un insecto sujeto con un alfiler.
-Supongo que tú nunca animarías a un chico para que te tocase.
-¡No! ¿Por qué dices eso?
-Miley... ¿tú nunca...? ¿Nunca has sentido nada con un chico?
-Sentir qué?
-El deseo de tocarlo, de que te tocase.
Miley se puso colorada hasta la raíz del pelo. No podía ni mirarlo a los ojos.
-Yo no... no, yo no siento eso.
-¿Nunca?
-¿Qué te pasa, Nick? Sólo tengo diecisiete años. Ya tendré tiempo para esas cosas cuando sea mayor y quiera casarme.
Nick apretó los puños. Era cierto. Miley jamás se había mostrado interesada por un chico como sus compañeras. La única vez que la había besado, en el sofá, ella lo apartó de un empujón. No sabía por qué, pero le turbaba pensar que no podía conseguir que Miley lo deseara.
-¿Por eso antes has dicho que seguía siendo una niña?
-Sí, eso es lo que quería decir. En este siglo, es casi increíble que una chica de tu edad sepa tan poco sobre los hombres.
-Jo, entonces tendré que salir corriendo a la farmacia, comprar la píldora y ponerme a ello cuanto antes, ¿no? -replicó Miley, irónica-. Que Dios, no quiera que haya una estrecha en esa casa. ¿No fuiste tú el que escribió el libro sobre la liberación sexual?
Nick carraspeó, incómodo.
-Tú debes hacer lo que creas oportuno. Debes ser valiente y defender tus convicciones.
-¿No acabas de decirme que soy rara?
-No he dicho eso.
-Entonces, ¿de qué te dejas? -le espetó Miley.
-¡No estaba quejándome!
-Oye, no me grites. Estoy enferma.
-Yo también me estoy poniendo enfermo -suspiró Nick, pasándose una mano por el pelo.
-Has cambiado mucho desde el accidente -murmuró ella entonces, mirándolo con curiosidad-. Pensé que jamás me aconsejarías que me acostara con un chico...
-¡Yo no he dicho eso, Miley!
-Bueno, de todas formas pareces muy interesado por lo que hago con los chicos. Pero ahora puedo pedirle consejo a Grange. Parece un hombre experimentado.
Nick empezaba a parecerse cada vez más a la tormenta que soplaba fuera.
-No tienes que pedirle a Grange que te dé lecciones de nada. Si quieres que alguien te enseñe, lo haré yo.
Miley se quedó sin aliento al ver que miraba la camisa de su pijama con los ojos brillantes. Y curiosamente, sintió un escalofrío.
Entonces miró hacia abajo, pero no vio nada fuera de lo normal. Bueno, se marcaban sus pezones bajo la tela del pijama, pero eso era porque había sentido un escalofrío, ¿no?

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