Sus ojos se encontraron de nuevo y en los de Nick, había una pregunta.
-No lo entiendes, ¿verdad? -murmuró. Y entonces, sin previo aviso, alargó una mano para rozar con el dedo uno de los pezones. Miley se arqueó involuntariamente al sentir la caricia. Estaba absolutamente sorprendida.
Los ojos de Nick se oscurecieron. Estaba deseando abrir la camisa del pijama y besar sus pechos. Impensables placeres lo esperaban allí...
Miley estaba asustada. Por lo que sentía y por dejar que Nick viese lo vulnerable que era. Había algo muy perturbador en su forma de mirarla. Le recordaba algo... a Nick riéndose de ella porque... porque se mostraba débil con él...
Entonces levantó los brazos y los cruzó sobre el pecho.
-Aguafiestas -murmuró él.
-¡Nick Jonas, tengo diecisiete años!
Él iba a contradecirla, pero no se atrevió. ¿En qué demonios estaba pensando?
-Tengo que ir a la ciudad para comprar unas cosas. Le diré a Nell que suba con el desayuno.
-Sí, eso estaría bien.
Debería sentirse avergonzado, pero no era así. Era la primera vez que Miley reaccionaba como una mujer y no como una niña. Lo que siempre había deseado.
Miley hizo una mueca. ¿Por qué la miraba así?
¿No estaría pensando...?
-Deja de darle vueltas. Todos somos humanos, Miley. Incluso tú. Nos vemos más tarde.
Mi salió de la habitación a toda velocidad, antes de que su cuerpo lo obligase a hacer cosas más indiscretas de las que ya había hecho.
-No lo entiendes, ¿verdad? -murmuró. Y entonces, sin previo aviso, alargó una mano para rozar con el dedo uno de los pezones. Miley se arqueó involuntariamente al sentir la caricia. Estaba absolutamente sorprendida.
Los ojos de Nick se oscurecieron. Estaba deseando abrir la camisa del pijama y besar sus pechos. Impensables placeres lo esperaban allí...
Miley estaba asustada. Por lo que sentía y por dejar que Nick viese lo vulnerable que era. Había algo muy perturbador en su forma de mirarla. Le recordaba algo... a Nick riéndose de ella porque... porque se mostraba débil con él...
Entonces levantó los brazos y los cruzó sobre el pecho.
-Aguafiestas -murmuró él.
-¡Nick Jonas, tengo diecisiete años!
Él iba a contradecirla, pero no se atrevió. ¿En qué demonios estaba pensando?
-Tengo que ir a la ciudad para comprar unas cosas. Le diré a Nell que suba con el desayuno.
-Sí, eso estaría bien.
Debería sentirse avergonzado, pero no era así. Era la primera vez que Miley reaccionaba como una mujer y no como una niña. Lo que siempre había deseado.
Miley hizo una mueca. ¿Por qué la miraba así?
¿No estaría pensando...?
-Deja de darle vueltas. Todos somos humanos, Miley. Incluso tú. Nos vemos más tarde.
Mi salió de la habitación a toda velocidad, antes de que su cuerpo lo obligase a hacer cosas más indiscretas de las que ya había hecho.
Nell le llevó el desayuno y la miró, preocupada.
-¿Te encuentras mal?
-No, no, estoy bien. Es que me levanté para mirar por la ventana y Nick, entró como una fiera.
-Ya sabes cómo es con las tormentas. No olvides que su abuela murió durante un tornado.
-Sí, lo sé. Me lo contó él anoche.
-¿Ah, sí? Pues no suele hablar de eso.
-No suele hablar de nada personal -asintió Miley-. A lo mejor se lo cuenta a las rubias esas con las que sale.
-Sí, seguro, como son tan listas -bromeó Nell. Por supuesto, esa noche Nick no subió a verla.
Y al día siguiente se fue a trabajar sin decirle una palabra.
A la hora de comer apareció Grange. Como Nick no estaba allí para detenerlo, Nell lo acompañó a la habitación con una sonrisa conspiradora.
-Tienes visita -anunció-. Y puede quedarse a comer. Traeré una bandeja doble.
Grange se acercó a la cama con el sombrero en la mano. Se había cortado el pelo y tenía un aspecto muy masculino. Y la miraba con una expresión... Miley se subió la sábana hasta la barbilla.
-¿Te encuentras mal?
-No, no, estoy bien. Es que me levanté para mirar por la ventana y Nick, entró como una fiera.
-Ya sabes cómo es con las tormentas. No olvides que su abuela murió durante un tornado.
-Sí, lo sé. Me lo contó él anoche.
-¿Ah, sí? Pues no suele hablar de eso.
-No suele hablar de nada personal -asintió Miley-. A lo mejor se lo cuenta a las rubias esas con las que sale.
-Sí, seguro, como son tan listas -bromeó Nell. Por supuesto, esa noche Nick no subió a verla.
Y al día siguiente se fue a trabajar sin decirle una palabra.
A la hora de comer apareció Grange. Como Nick no estaba allí para detenerlo, Nell lo acompañó a la habitación con una sonrisa conspiradora.
-Tienes visita -anunció-. Y puede quedarse a comer. Traeré una bandeja doble.
Grange se acercó a la cama con el sombrero en la mano. Se había cortado el pelo y tenía un aspecto muy masculino. Y la miraba con una expresión... Miley se subió la sábana hasta la barbilla.
Perdona.
-No, no... es que no estoy acostumbrada a que me vean en pijama.
-Cómo te encuentras?
-Mucho mejor, gracias. Oye, ¿tienes familia en Jacobsville?
-No.
-Ah, lo siento. Es que no me acuerdo de ti.
-Ya lo sé. Hay muchas cosas de las que no te acuerdas, Miley -sonrió Grange-. Pero las irás recordando poco a poco. No te preocupes.
-Es como si estuviera caminando entre la niebla. Todo el mundo me esconde cosas.
-Es necesario. Sólo durante una semana o dos.
-Pero tú me conoces, ¿verdad? ¿No puedes decirme eso por lo menos?
-Prefiero no meter la pata con Jonas. No quiero que me eche de aquí.
-¿No te llevas bien con él?
-Casi nadie se lleva bien con él. Especialmente en este momento.
-¿Qué le has hecho?
-Es una historia muy larga y no te concierne personalmente -sonrió Grange.
-Ah, vaya.
-No te enfades, Miley. Ahora lo único importante es que te pongas bien.
Nell entró poco después con una bandeja llena de platos.
-Pensé que no llegaría arriba con todo intacto, pero lo he conseguido -sonrió el ama de llaves.
-¿Y ese ramo de rosas? -exclamó Miley-. ¡Qué bonitas!
-La has traído tu amigo.
-¿Tú me has traído rosas?
-Me alegro de que te gusten -dijo Grange-. Rosas amarillas de Texas.
-Muchas gracias -dijo ella, perpleja. ¿Por qué un chico de veintisiete años le llevaría rosas a ella precisamente?
-No, no... es que no estoy acostumbrada a que me vean en pijama.
-Cómo te encuentras?
-Mucho mejor, gracias. Oye, ¿tienes familia en Jacobsville?
-No.
-Ah, lo siento. Es que no me acuerdo de ti.
-Ya lo sé. Hay muchas cosas de las que no te acuerdas, Miley -sonrió Grange-. Pero las irás recordando poco a poco. No te preocupes.
-Es como si estuviera caminando entre la niebla. Todo el mundo me esconde cosas.
-Es necesario. Sólo durante una semana o dos.
-Pero tú me conoces, ¿verdad? ¿No puedes decirme eso por lo menos?
-Prefiero no meter la pata con Jonas. No quiero que me eche de aquí.
-¿No te llevas bien con él?
-Casi nadie se lleva bien con él. Especialmente en este momento.
-¿Qué le has hecho?
-Es una historia muy larga y no te concierne personalmente -sonrió Grange.
-Ah, vaya.
-No te enfades, Miley. Ahora lo único importante es que te pongas bien.
Nell entró poco después con una bandeja llena de platos.
-Pensé que no llegaría arriba con todo intacto, pero lo he conseguido -sonrió el ama de llaves.
-¿Y ese ramo de rosas? -exclamó Miley-. ¡Qué bonitas!
-La has traído tu amigo.
-¿Tú me has traído rosas?
-Me alegro de que te gusten -dijo Grange-. Rosas amarillas de Texas.
-Muchas gracias -dijo ella, perpleja. ¿Por qué un chico de veintisiete años le llevaría rosas a ella precisamente?
Grange la entretuvo con historias de su infancia que Miley encontraba muy divertidas. La verdad, era un chico encantador. Y muy guapo.
-Bueno, ahora tengo que irme.
-Vendrás a verme mañana?
-En cuanto no haya moros en la costa -sonrió Grange-. Si Nell no nos traiciona, claro.
-Nell no nos traicionará.- Está furiosa con Nick. Nadie me cuenta nada, pero la he oído decir que había decidido marcharse y sólo estaba aquí por mí. Aparentemente, Nick y ella tuvieron una bronca tremenda, pero no sé por qué.
-Uno de estos días lo sabrás, Miley. No te preocupes.
-¿Cómo no voy a preocuparme? Esto es horroroso. No me acuerdo de nada.
Grange sonrió.
-Ponte bien, guapa.
-Lo intentaré. Y gracias otra vez. Por las rosas y por venir a verme.
-Gracias a ti por la comida.
-La próxima vez, cocinaré yo.
Ah, estupendo. Entonces, vendré corriendo -sonrió Grange.
Nick, fue a verla por la noche. Aparentemente, había salido con alguna de sus novias porque llevaba un traje de chaqueta y olía a perfume. Pero parecía más preocupado que cansado y no estaba sonriendo.-Bueno, ahora tengo que irme.
-Vendrás a verme mañana?
-En cuanto no haya moros en la costa -sonrió Grange-. Si Nell no nos traiciona, claro.
-Nell no nos traicionará.- Está furiosa con Nick. Nadie me cuenta nada, pero la he oído decir que había decidido marcharse y sólo estaba aquí por mí. Aparentemente, Nick y ella tuvieron una bronca tremenda, pero no sé por qué.
-Uno de estos días lo sabrás, Miley. No te preocupes.
-¿Cómo no voy a preocuparme? Esto es horroroso. No me acuerdo de nada.
Grange sonrió.
-Ponte bien, guapa.
-Lo intentaré. Y gracias otra vez. Por las rosas y por venir a verme.
-Gracias a ti por la comida.
-La próxima vez, cocinaré yo.
Ah, estupendo. Entonces, vendré corriendo -sonrió Grange.
-¿Ocurre algo? -preguntó Miley.
-No, nada.
En realidad, estaba preocupado por Selena, que había sufrido un mareo esa mañana. Nick había llamado al doctor Coltrain y él le aseguró que el tratamiento para la hipertensión a veces provocaba mareos. Pero la pobre Selena echaba de menos a Miley y estaba muy preocupada por ella. Nick le dijo que Miley estaba perfectamente, pero su hermana quería verla.
Y eso no podía ser. Todavía no.
Estaba mirando alrededor cuando vio el ramo de rosas amarillas.
-¿De dónde han salido esas rosas?
-Son un regalo.
-¿De quién?
Miley no quería contárselo. Porque Nick se enfadaría mucho cuando le dijera que había tenido visita. No había que ser muy listo para adivinar que Grange no le caía bien.
-Me las trajo Grange.
-¿Cuándo?
-Esta mañana. Pasó a verme un rato y me trajo las flores. No hay nada malo en tener compañía cuando una está enferma.
-¡Pero estás en pijama!
-¿Y qué? Tú también me estás viendo en pijama, ¿no?
-Pero no es lo mismo.
-Ah, claro, ya lo entiendo.
No lo entendía, pero sabía que era mejor no discutir con un loco, que era lo que Nick parecía en ese momento.
-Yo soy de la familia.
Miley podía haber creído eso hasta el día anterior, cuando la tocó de una forma tan íntima. Al recordarlo se puso colorada. Nick se percató y sonrió de forma posesiva. Eso la hizo sentirse aún más avergonzada.
-¿No crees que seamos familia?
Miley sólo quería meterse bajo las sábanas. Pero él alargó la mano para acariciar sus labios, primero el de arriba y luego el de abajo, con una sensualidad que la hizo sentir extraña.
-Tengo... diecisiete años -murmuró Miley, buscando aire.
-No, no los tienes -dijo Nick, entonces-. No creo que te haga daño saber tu verdadera edad. Vas a cumplir veintidós.
Ella lo miró, atónita.
-No puede ser...
-Sí puede ser, Miley. Y yo llevo mucho tiempo esperando para esto -dijo él enigmático-. No tengas miedo. No pasa nada -añadió, tumbándose a su lado.
Miley tragó saliva. Le gustaba tenerlo tan cerca, sentir el calor de su cuerpo. Le gustó que metiera la mano por debajo de la camisa del pijama. Tenía la mano caliente. Pero no debería tocarla así. No estaba bien. Ella era demasiado joven para experimentar ese... ese ardor. Sin embargo, Nick había dicho que no tenía diecisiete años. ¿Por qué no podía recordar su edad? Era completamente absurdo.
-Deja de pensar -murmuró él con voz ronca-. Bésame, Miley.
Ella se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Pero cuando sintió el roce de sus dedos sobre un delicado pezón, una corriente de deseo la hizo estremecer de arriba abajo. Nick aumentó la presión, lo suficiente como para excitarla. Miley se arqueó involuntariamente, dejando escapar un gemido.
-Sí, así -murmuró él.
Sin dejar de acariciarla con la mano, inclinó la cabeza para buscar su boca, explorando, exigiendo.Miley se había quedado sin defensas. No existía el mañana, no existía nada más que Nick, sus brazos, sus labios. Daba igual que estuviera mal o no, no podía resistirse. No quería resistirse. No sabía que su cuerpo pudiera experimentar ese deseo por un hombre. Se sentía como hinchada. Quería tenerlo más cerca. Quería tocarlo como la tocaba él. ¡Lo quería... todo!
Sentía su lengua dentro de la boca y eso la hizo temblar. Nunca la habían besado así. Nunca había querido que la besaran así. Pero aquello era delicioso. Era lo más delicioso que le había pasado nunca.
Y quería más.
Nick no había querido que las cosas llegaran tan lejos, pero se dejó llevar sin darse cuenta. Empezó a desabrochar la camisa del pijama y Miley dijo algo, pero no lo entendió. Estaba ciego, sordo. No oía ni veía nada que no fuera el sabor de su inocencia.
La besó de nuevo, ardientemente, y después de abrir la camisa del pijama desabrochó su propia camisa para sentir el roce de su piel.
Miley gemía, con los ojos cerrados. Aquello era... demasiado. El roce del vello masculino contra su pecho desnudo sólo consiguió acentuar el placer que sentía.
Cuando Nick se colocó encima, no pudo protestar. Sus piernas se abrieron como por voluntad propia y tembló al sentir que la rozaba. No sabía lo que se sentía cuando un hombre estaba excitado, aunque había leído algo sobre ello.
Otras chicas contaban sus experiencias en el instituto y Miley había aprendido de escucharlas. Pero ella pensaba que jamás sentiría eso, que nunca sentiría la tentación de ceder sin pensar en otra cosa más que en su propia satisfacción.
Lo que sentía en aquel momento era tan nuevo para ella... Se sentía tan vulnerable como cualquier mujer enamorada.
Y saber que Nick estaba más interesado en su cuerpo que en otra cosa no la ayudó a resistir. No quería que parase. Estaba ahogándose en sensaciones, estremecida por el deseo más dulce, más apasionado que había sentido en toda su vida.
-He esperado tanto tiempo, Miley-murmuró Zac.-. Cariño, estoy ardiendo.
También ella, pero no podía ponerlo en palabras. Se arqueó hacia él, sin darse cuenta de que Nick estaba mirando sus pechos desnudos con expresión hambrienta. Luego vio que inclinaba la cabeza y notó el roce de sus labios sobre uno de los pezones...
Miley le clavó las uñas en la espalda sin darse cuenta siquiera, moviéndose con él, perdiéndose en la espiral de deseo que él había desencadenado.
Nick le estaba bajando los pantalones del pijama con manos ansiosas cuando oyeron unos pasos en la escalera, acompañados de un familiar murmullo de protesta.
Entonces, nervioso, miró hacia la puerta y comprobó que estaba abierta.
Lanzando una furiosa maldición, se puso en pie de un salto, tapándola un segundo antes de que Nell entrase en la habitación. Afortunadamente para los dos, el ama de llaves estaba demasiado preocupada por no tirar la leche y las galletas como para darse cuenta de que estaban despeinados y rojos hasta la raíz del pelo.
Nick se abrochó la camisa a toda velocidad y Ashley estaba tapada hasta la barbilla.
-Pensé que te gustaría comer algo ante de dormir -sonrió Nell.
-Gracias -consiguió decir ella.
-Bueno, yo tengo que hacer una llamada. Que duermas bien, Miley.
-Tú también, Nick -dijo ella, asombrada de su habilidad interpretativa.
Cuando desapareció, Nell se inclinó para oler las rosas.
-Son preciosas, ¿verdad? Grange tiene muy buen gusto.
-Sí, es cierto.
Nell la miró con curiosidad.
-Estás muy colorada. No tendrás fiebre, ¿verdad?
-No, no, estoy bien. Es que Nick y yo... hemos discutido.
-Por qué
-Por las rosas. No le ha gustado que haya venido Grange.
-Pues es su problema -replicó Nell, airada-. Aunque ya me lo imaginaba.
-¿Sabes por qué le cae tan mal?
A Nick todo el mundo le cae mal -respondió el ama de llaves.
-Lo que no entiendo es que me deje salir con él. Después de todo, tiene veintisiete años y yo todavía no soy mayor de edad.
-Claro que eres mayor de edad. Estás a punto de cumplir los... -Nell se llevó una mano a la boca.
-Los veintidós años ¿verdad? Me he... acordarlo.
-Ah, bueno, entonces estás haciendo progresos -sonrió la mujer, aliviada.
-Sí, creo que sí.
Si Nell no hubiese aparecido en aquel preciso instante, no sabía lo que habría pasado. No quería ni pensarlo. ¿Qué había hecho? Sabía que Nick era un mujeriego. El no quería a las mujeres. Miley sabía eso... aunque no sabía por qué. Y le había permitido que se tomara libertades a las que no tenía ningún derecho. ¿Por qué?
-Pareces cansada -dijo nell entonces-. Será mejor que me vaya. Tómate la leche y a dormir, ¿eh?
-Sí. Gracias por todo, Nell.
-De nada, cariño. Que duermas bien.
-Tú también.
Cuando el ama de llaves desapareció, Miley se incorporó para abrocharse la camisa del pijama. Sus pechos aún tenían la marca de la boca de Nick
Se excitó de nuevo al recordarlo. ¿Qué había pasado? Sabía que él nunca la había tocado así antes. o sí?
Estuvo despierta casi toda la noche, intentando encontrar respuestas a todas esas preguntas.
Miley no se sorprendió. Quizá también él se sentía avergonzado después de lo que pasó por la noche.
-Pero no se ha llevado a su novia con él. Es muy raro porque la lleva a todas partes.
-¿Su novia?
-Lo siento. Es que se me olvida lo de la memoria -suspiró Nell, enfadada consigo misma.
-¿Va en serio con ella?
-Nick nunca va en serio con ninguna chica. Pero se queda a dormir aquí muchas veces -contestó el ama de llaves, haciendo una mueca de disgusto.
Miley tragó saliva. Si aquella chica se quedaba a dormir era porque se acostaba con Nick. El estaba acostumbrado a que las mujeres cayeran a sus pies, claro, como ella misma había caído. Estaba saliendo con una mujer y tocándola a ella de forma inapropiada... cuando estaba enferma, además. ¿Qué le pasaba?
Por otro lado, ¿qué le pasaba a ella? Ésa era la pregunta para la que necesitaba respuesta urgentemente.
Miley saltó de la cama y empezó a ayudar a Nell a arreglar la casa, a pesar de sus protestas.
-No puedo quedarme todo el día en la cama. Estoy aburrida.
-Pero el médico ha dicho que debías descansar.
-Lo haré, lo haré -sonrió Miley.
Pero cuando estaba pasando la aspiradora, el sofá volvió a llamar su atención. Miley pasó la mano por el respaldo, pensativa...
Nell la miró, vacilante. Evidentemente, no sabía qué contestar.
-¿Quizá por otra mujer? -insistió Miley.
El ama de llaves no contestó, pero se había puesto colorada.
De modo que era eso. Debía estar celosa de la misteriosa novia de Nick Pero, ¿por qué iba a estar celosa? Estaba segura de que Nick no la había tocado íntimamente en el pasado.
-Cariño, no intentes recordar. Los recuerdos aparecerán cuando tengan que aparecer.
-¿Fue una pelea horrible?
-En cierto sentido, sí. Pero no puedo decirte nada más, no me líes -protestó Nell-. El doctor Coltrain dejó muy claro que no había que contarte nada.
Miley se mordió los labios.
-Ya he terminado el instituto, ¿verdad?
-Sí.
-¿Tengo un trabajo?
-Trabajaste... un verano, en el establo de los Ballenger. Allí fue donde conociste a Grange.
Miley arrugó el ceño. Los Ballenger... Había algo entre Grange y Zac, algo sobre una mujer. Había un secreto...
Empezaba a dolerle la cabeza de tanto pensar.
-Deja de forzarte, cariño -le advirtió Nell-. Ve paso a paso, ¿de acuerdo? Venga, vamos a hacer un pastel. Puedes invitar a Grange a comer si quieres Nick no puede protestar porque está en Las Vegas.
Miley sonrió.
-Sí, eso es verdad.
Venga, le llamaremos cuando hayamos terminado de pasar la aspiradora.
-Muy bien.
Miley se puso un vestido rosa que no recordaba haber comprado. Luego se pasó el cepillo por el pelo y se dio un poquito de colorete antes de que llegase Grange..
-Estás muy guapa -la saludó él-. Y me alegra que ya no estés en la cama.
-Gracias.
Grange le ofreció un ramo de flores.
-¿Otro?
-¿No te gustan?
-Claro que me gusta, me encantan las flores. Voy a ponerlas en agua. Siéntate. Nell y yo hemos echado a Albert de la cocina para hacer el almuerzo. Creo que está en el estanque del jardín, cortándose las venas.
-¡No es verdad! ¡No digas eso! -exclamó Nell. Miley sonrió.
-Lo siento, no he podido resistirlo. Es que Albert se cree el dueño de la cocina.
Pues no es verdad. No lo será hasta que yo me vaya.
«Hasta que yo me vaya». Nell iba a marcharse del rancho. Miley frunció el ceño.
Nell había dicho que se iba. Ella había llorado... nell estaba gritando. Nick estaba gritando. Llovía a mares...
Grange la sujetó antes de que cayera al suelo y la depositó en el sofá.
-¿Estás bien?
-Sí, sí.. Pero recuerdo una discusión. Nick y tú estabais gritándoos el uno al otro, Nell.
-No pudiste oírnos. Ya te habías ido.
Miley podía ver la carretera, la lluvia, casi podía oír el ruido de los neumáticos en el suelo mojado, el coche patinando hacia un terraplén...
-¡El accidente! ¡Lo veo, Nell, lo veo!
Nell se sentó a su lado y apretó su mano.
-Grange te salvó la vida porque estabas a punto de ahogarte.
-¿Te he dado las gracias? -murmuró Miley.
-Sí, aunque no hacía falta. ¿Cómo te encuentras ahora?
-Mal, no sé... Lo siento. Recuerdo cosas, no todas. No entiendo algunas...
-No te esfuerces, cariño. Vamos a comer algo. Es hora de descansar.
Miley se levantó, sujetándose a Grange para no perder el equilibrio.
-De una forma o de otra, han sido unos días muy raros.
-Y no sabes la mitad -murmuró Nell. Pero, afortunadamente, Miley no la oyó.
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