jueves, 15 de marzo de 2012

Capitulo 8.-

A Grange le gustaba jugar a los bolos. Miley nunca había probado, pero convenció a Selena para que la dejase llevar a las niñas una noche. Selena fue con ellas, pero no se atrevió a jugar. Se sentó a tomar un café, mirando a sus hijas lanzar la bola por el pasillo encerado.
-¡Es divertido! -insistía Miley, dejando a los tres «expertos» que la estaban haciendo quedar fatal.
-Sí, claro, y por eso estás aquí conmigo, ¿no? -sonrió Selena.
-Es que se me da fatal. En realidad, todo se me da fatal.
-Eso no es verdad. Cocinas como un ángel y se te da muy bien la historia.
-Dos éxitos en un mar de fracasos -suspiró Miley.
-Lo que pasa es que estás deprimida porque mi hermano no te habla.
-Sí, bueno, eso también. Quizá debería haberte hecho caso.
-Pero si dejas que Nick te diga lo que debes hacer y con quién debes salir se hará el dueño de tu vida. Cuando tenías catorce años yo me desesperaba pensando en lo que podría pasar si mi hermano se fijaba en ti como mujer. Te habría destrozado la vida, Miley. Te habrías convertido en un felpudo. Y él lo habría odiado tanto como tú.
-¿Tú crees? Pues parece muy incómodo cuando le planto cara.
-Pero te respeta por ello. Miley apoyó los codos en la mesa.
-¿La reina de la belleza le planta cara?
-Lo dirás de broma. No va al baño sin consultarlo con Nick. Por lo visto, cree haber encontrado una mina de oro. La semana pasada mi hermano le regaló un anillo de diamantes por su cumpleaños.
Miley hizo una mueca.
-Y supongo que lo eligió él mismo.
Selena dejó escapar un suspiro.
-No, creo que lo eligió ella misma.
-No puedo creer que haya perdido cuatro años de mi vida pensando en ese hombre -suspiró Miley-. Le dije que no a chicos de la universidad que querían salir conmigo porque estaba colgada por Nick. Bueno, pues eso se acabó.
-¿Qué chicos? -preguntó Selena.
-Uno estudiaba antropología, estaba haciendo el doctorado. Va a de dedicar su vida a hacer agujeros en Montana buscando tumbas paleoindias.
-Fíjate, Miley, tú podrías estar a su lado, ayudándolo a buscar con un cepillo de dientes...
-No seas tonta -rió ella-. Yo no estoy hecha para buscar huesos.
-¿Y qué otros chicos querían salir contigo?
-Pues... el amigo de uno de,mis profesores. Cría purasangres Appaloosa cuando no está buscando meteoritos por todo el mundo. ¡Menudo personaje!
-¿Y por qué busca meteoritos?
-Porque encontró uno y lo vendió por cien mil dólares a un coleccionista -contestó Miley.
Selena lanzó un silbido.

-¡Cien mil dólares! Me voy a comprar un detector de metales ahora mismo.
Una broma, porque Selena había heredado la mitad de todo lo que había dejado su padre. Vivía en una casa muy sencilla porque ella era una persona sencilla, pero podría tenerlo todo si quisiera. Sin embargo, Selena pensaba que era mejor criar a sus hijas en un ambiente de sencillez y no de lujos. Y había hecho muy bien porque, desde luego, Brandi y Dawn eran unas niñas estupendas. Buenas estudiantes, respetuosas, alegres, jamás tenían problemas con sus compañeras o con sus profesores.
Miley miró hacia Grange, que estaba lanzando la bola en ese momento. Tenía un cuerpazo, desde luego. Caderas delgadas, hombros anchos, piernas largas. Y se movía como un cazador.
-Está muy bueno -murmuro,, pensativa.
Selena asintió.
-Sí, tiene un aspecto inusual. Y es simpático.
Nick dice que lo echaron del ejército -dijo Miley entonces.
Ella la miró, sorprendida.
-¿Te contó eso? ¿Y cómo lo sabe él?
-Supongo que ha contratado a un detective o algo así. A Nick le gusta reunir información cuando le declara la guerra a alguien.
-No creo que moleste a Grange. Sólo quiere comprobar que no es una amenaza para ti.
-No, lo que quiere es decidir con quién tengo que casarme y cuántos niños debo tener -replicó Miley-. Pero no pienso dejar que lo haga.
-Así me gusta, cariño -rió selena.
-Pero me gustaría que volviese a hablarme. Empiezo a sentirme como la mujer fantasma.
-Se le pasará.
-¿Tú crees? Yo no estoy tan segura
El sábado por la mañana, Miley estaba fregando el suelo de la cocina cuando Nick entró con una rubia explosiva del brazo. Era alta y guapa, con tipo de modelo, dientes blanquísimos y el pelo hasta la cintura.
-Pensé que habían abolido la esclavitud -murmuró Nick al verla de rodillas.
Miley levantó la mirada, apartándose el pelo de la cara.
-Esto se llama hacer la limpieza, perdona. Y estoy segura de que no sabes de lo que hablo.
-Nell se encarga de eso en el rancho. Te presento a Bella Dean -dijo él entonces, pasándole un brazo por la cintura.
-Encantada de conocerte -murmuró Miley, haciendo un esfuerzo para sonreír-. Te daría la mano, pero las tengo sucias.
Bella no contestó. Ni se molestó en mirarla porque estaba mirando a Nick con cara de adoración.
-¿No habíamos venido para invitar a tu hermana y a tus sobrinas a comer? Estoy segura de que la criada no necesita perder el tiempo charlando.
Miley se levantó, tiró el estropajo al suelo y se acercó a la rubia, que dio un paso atrás, asustada.
-¿Y tú qué sabes del trabajo que hace una criada, bonita? A menos que a tumbarte de espaldas lo llames trabajar...
-¡Miley! -gritó Nick.
-¡Pero bueno...! ¿Cómo te atreves?
-¿Cómo me atrevo a qué? Para tu información, yo no trabajo aquí, guapa. Selena me dio un hogar cuando mi madre murió y cuando no estoy limpiando suelos voy a la universidad donde, por cierto, me he sacado un título en Historia, para poder ganarme la vida en cuanto termine el Doctorado. ¿Sabes lo que es eso? No, supongo que no. Tú sólo entiendes de maquillaje.
-¡Miley! -repitió Nick.
-Yo prefiero ser guapa antes que lista -replicó la rubia-. ¿Quién te regalaría a ti un anillo de diamantes como éste?
Miley apretó los puños.
-Ve a decirle a Selena que estamos aquí -dijo Nick entonces.
-Díselo tu mismo. Yo no soy la criada de nadie -repicó ella.
Luego se dio la vuelta y salió de la cocina, indignada. Pero Nick la siguió hasta su dormitorio y cerró la puerta.
-¿Se puede saber por qué te has puesto así?
-¡Porque no pienso dejar que una petarda como esa me trate como si fuera una criada!
-¡Te has portado como una niñata!
-Ha empezado ella.
-Bella pensaba que eras el ama de llaves o algo así. No te conoce de nada.
-Pues para la próxima vez ya me conoce -replicó Miley.
-Estás celosa -dijo Nick, entonces-. Estás loca por mí.
Miley apretó los puños.
-Eso no es verdad.
Él dio un paso adelante y levantó la mano para acariciar su cara.
-Me deseas, lo sé. Casi puedo oír los latidos de tu corazón. Estás deseando tocarme.
-Nick... deja de hacer tonterías. Para ahora mismo.
-Tú no quieres que pare, cariño -murmuró él, acariciando sus labios con un dedo-. Es lo último que deseas. Podría hacerte lo que quisiera y los dos lo sabemos.
De la garganta de Miley escapó un gemido. Se odiaba a sí misma por ello, pero nunca había sido capaz de resistirse.
Y él lo sabía. Por eso se echó a reír, apartándose con un gesto arrogante.
-A ella también le gusta besarme, Miley. Pero no es tan mojigata. Le gusta quitarse la ropa y no tengo que pedírselo siquiera...
Miley le dio un bofetón. Se sentía humillada, dolida, furiosa.
Nick no reaccionó, si acaso para sonreír aún con más arrogancia.
-La próxima vez que venga con Bella espero que seas más amable. O haré esto mismo delante de ella.
Miley se quedó horrorizada. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero habría muerto antes que dejar que él las viera.
-No hay insultos suficientes en el diccionario para describir lo que tú eres, Nick.
-Bueno, ya se te ocurrirán, no te preocupes. Y si no, siempre puedes regalarme otra de esas horrible corbatas.
-¡Tengo cajas llenas! -le espetó Miley.
Nick soltó una carcajada antes de salir de la habitación.
-Dónde has estado? -preguntó la rubia desde el pasillo.
-Estaba manteniendo una pequeña charla... que debería haber mantenido hace mucho tiempo.
-Oye...
La rubia le dijo algo que Miley no entendió. Pero sí oyó el tono furioso de Nick cuando contestó:
-Muy bien, entonces será mejor que nos vayamos. Adiós, Selena.

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