Miley, querida, lo has conseguido! —Exclamó monique al apreciar la belleza del dormitorio de la pequeña—. ¿Hay algo que no le hayas comprado a la niña, Miley? ¿El cepillo de dientes de oro para su primer diente?
—Pregúntaselo a Nick —declaró Miley tensa, al dejar a su hija en la cuna—. Es el comprador más compulsivo del mundo.
— ¿Y te quejas? Hay hombres que jamás se ocupan de sus hijos.
—Nadie podrá acusar jamás a Nick de eso.
— ¿Me parece que no todo es perfecto en el paraíso?
—No —sonrió Miley—, sólo estoy muy cansada.
— ¿Estás quemando la vela por ambos extremos? —Se rió su amiga—. Aún no habéis ido de luna de miel. No me extraña que tengas ojeras.
Miley se obligó a reír. No quería usar a su amiga como paño de lágrimas. La realidad la abrumaba. Miley ya tenía siete semanas y su matrimonio todavía no había sido consumado. Nick y ella ocupaban habitaciones separadas. Era evidente que él se proponía pedir la anulación del matrimonio, no un divorcio.
Miley se obligó a reír. No quería usar a su amiga como paño de lágrimas. La realidad la abrumaba. Miley ya tenía siete semanas y su matrimonio todavía no había sido consumado. Nick y ella ocupaban habitaciones separadas. Era evidente que él se proponía pedir la anulación del matrimonio, no un divorcio.
—Si no tuviera a Corbin, estaría verde de envidia —suspiró monique—. Nick es maravilloso, y está loco por Michelle.
La pequeña era lo único que compartían. Si Miley no adorara a su hija con igual pasión, los celos la habrían matado. Pero se sentía utilizada. Nick quería que su hija llevara su nombre, quería los derechos sobre la pequeña y eso sólo se lo otorgaba el matrimonio.
Él la convenció de que debía casarse por motivos muy válidos. Pero todos estaban relacionados con Michelle. Tal vez Miley lo habría perdonado si no hubiera fingido que la deseaba a ella también. Le dolía recordar las esperanzas que había albergado de que tuvieran un matrimonio real. Estaba tan segura de que Nick la deseaba... hasta que se casó con él. Ahora sabía que las cosas eran diferentes.
Debía hacer algo, se dijo con tristeza. Ya era hora de que se hiciera cargo de su propio futuro. El matrimonio con Nick no funcionaba. No lo necesitaba a él para sobrevivir. Su agente la había llamado el mes anterior para convencerla de que volviera al trabajo.
Él se esmeró en ser atento durante la cena, impresionando a Corbin y a monique. La furia de Miley crecía. Cuando cenaba sola con él, se mantenía cortés y distante. Tan pronto como sus amigos se marcharon, Nick fue a encerrarse en su estudio. Cinco minutos después. Miley decidió interrumpirlo.
No lo encontró trabajando, como suponía. Estaba de pie frente a la chimenea, tenso, con un vaso de whisky en la mano.
Él la convenció de que debía casarse por motivos muy válidos. Pero todos estaban relacionados con Michelle. Tal vez Miley lo habría perdonado si no hubiera fingido que la deseaba a ella también. Le dolía recordar las esperanzas que había albergado de que tuvieran un matrimonio real. Estaba tan segura de que Nick la deseaba... hasta que se casó con él. Ahora sabía que las cosas eran diferentes.
Debía hacer algo, se dijo con tristeza. Ya era hora de que se hiciera cargo de su propio futuro. El matrimonio con Nick no funcionaba. No lo necesitaba a él para sobrevivir. Su agente la había llamado el mes anterior para convencerla de que volviera al trabajo.
Él se esmeró en ser atento durante la cena, impresionando a Corbin y a monique. La furia de Miley crecía. Cuando cenaba sola con él, se mantenía cortés y distante. Tan pronto como sus amigos se marcharon, Nick fue a encerrarse en su estudio. Cinco minutos después. Miley decidió interrumpirlo.
No lo encontró trabajando, como suponía. Estaba de pie frente a la chimenea, tenso, con un vaso de whisky en la mano.
—Tenemos que hablar —anunció la chica, reprimiendo la aceleración del pulso que la invadía cada vez que estaba cerca de él. La avergonzaba esa atracción sexual—. Creo que debemos pedir la anulación del matrimonio —agregó, decidiendo dar el primer paso.
— ¿Perdón? —Nick se volvió, perforándola con la mirada.
—Escucha, esto no funciona para ninguno de los dos —apuntó, yendo hacia la ventana—. Me iré de aquí...
—Si quieres llevarte a Michelle de aquí tendrás que pasar por encima de mi cadáver —le indicó él.
—Si quieres llevarte a Michelle de aquí tendrás que pasar por encima de mi cadáver —le indicó él.
—Podrás verla cuando quieras. Pienso volver a trabajar.
— ¿De veras?
— ¿Por qué no habría de hacerlo? —replicó Miley, ruborizada.
— ¿La vida en el campo es demasiado tranquila para ti?
—Nuestro matrimonio no es real —quería gritarle que la tranquilidad excesiva era por las noches.
—Eso puedo cambiarlo en el momento en que me lo pidas.
—Quiero la anulación y no puedes impedírmelo —le indicó y salió del estudio apresurada.
Ya estaba dicho. Nick no dijo mucho, pero a él era a quien le gustaba poner las cartas sobre la mesa y ella le había robado ese privilegio. Era evidente que quería que la farsa se prolongara unos meses más. Santo cielo, ¿por qué había aceptado casarse con él?
Cuando le habló de matrimonio la primera vez fue sincero. Le propuso un matrimonio fingido para mantener feliz a la familia y darle un nombre a su hijo. Una boda por conveniencia y luego una separación y divorcio amistosos. ¿Y cómo reaccionó ella? Con ira, negándose a participar en tamaña hipocresía. Después, Nick ideó otra estratagema para conseguir su aceptación.
Cayó en sus redes como una tonta porque lo amaba y, hasta el nacimiento de Michelle, Nick le siguió el juego, pero a partir de ese día, cambió. Con los ojos húmedos, Miley se metió entre las frías sábanas de su cama. Sus pensamientos giraban en remolino. ¿Pensaría Nick que con el tiempo ella se aburriría de la maternidad y se marcharía dejándole a Michelle? ¿Sería eso lo que quería?
Obtendría la custodia de Michelle, pediría la anulación y buscaría una esposa más conveniente... Era un plan maquiavélico. Desde el nacimiento de la pequeña ella no existía para él. Su afecto estaba concentrado en su hija. Cuando la puerta se abrió, Miley levantó la cabeza de la almohada alarmada.
Cuando le habló de matrimonio la primera vez fue sincero. Le propuso un matrimonio fingido para mantener feliz a la familia y darle un nombre a su hijo. Una boda por conveniencia y luego una separación y divorcio amistosos. ¿Y cómo reaccionó ella? Con ira, negándose a participar en tamaña hipocresía. Después, Nick ideó otra estratagema para conseguir su aceptación.
Cayó en sus redes como una tonta porque lo amaba y, hasta el nacimiento de Michelle, Nick le siguió el juego, pero a partir de ese día, cambió. Con los ojos húmedos, Miley se metió entre las frías sábanas de su cama. Sus pensamientos giraban en remolino. ¿Pensaría Nick que con el tiempo ella se aburriría de la maternidad y se marcharía dejándole a Michelle? ¿Sería eso lo que quería?
Obtendría la custodia de Michelle, pediría la anulación y buscaría una esposa más conveniente... Era un plan maquiavélico. Desde el nacimiento de la pequeña ella no existía para él. Su afecto estaba concentrado en su hija. Cuando la puerta se abrió, Miley levantó la cabeza de la almohada alarmada.
—Jamás conseguirás la anulación —declaró Nick, estudiando su cara sorprendida.
Sólo vestía una bata de seda negra. En una mano llevaba una botella de champán y copas en la otra. Atónita, la chica lo vio llenar las copas y le entregó una antes de que ella pudiera hablar.
Sólo vestía una bata de seda negra. En una mano llevaba una botella de champán y copas en la otra. Atónita, la chica lo vio llenar las copas y le entregó una antes de que ella pudiera hablar.
— ¿Qué crees que haces aquí?
Él se despojó de la bata y Miley no pudo dejar de apreciar la magnificencia de su cuerpo esbelto antes de que se metiera en la cama con ella.
—Nick...
—Despídete de los meses de abstinencia sexual —le indicó al chocar las copas—. Si esto es lo que quieres, estoy más que dispuesto a complacerte.
— ¿Lo que yo quiero? —Dejó escapar un jadeo cuando él dejó correr unas gotas de champán sobre un seno casi descubierto—. ¡N…Nick! —la copa resbaló de sus dedos y cayó sobre la alfombra.
Nick bajó la sábana que la cubría.
Nick bajó la sábana que la cubría.
— ¡Detente! No quiero esto —gritó ella. El asombro apenas le permitía hablar.
—Has estado deseándolo desde hace varias semanas. ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que no sé cuándo una mujer me desea?
— ¡Maldito! —exclamó Miley, furiosa e incrédula.
Nick inclinó la cabeza y con los labios encontró la húmeda suavidad de un pezón y el cuerpo de la joven recibió una descarga de excitación. Apretó las manos. Había pasado tanto tiempo y lo necesitaba con tanta desesperación... La intensidad de su deseo era aterradora.
Nick derramó más champán sobre su vientre.
Nick derramó más champán sobre su vientre.
— ¡No!
Pero las manos de él ya estaban en sus muslos y había descubierto lo débil que era.
—Evidentemente, yo no era el único dominado por la pasión durante la cena —murmuró Nick con tono sensual, dejando que sus labios trazaran los músculos tensos de los muslos de la chica hasta hacerla olvidar que luchaba por mantenerlo a raya.
Apretó los párpados. Su corazón latía aceleradamente y nada más que Nick y lo que hacía estaba en su mente. Nunca imaginó... jamás soñó que permitiría... pero no podía detenerlo. La devastó con las caricias y el placer que le provocaba.
Se oyó elevar la voz, repetir su nombre una y otra vez hasta que la llevó al éxtasis, que la dejó como muerta varios minutos.
—Evidentemente, yo no era el único dominado por la pasión durante la cena —murmuró Nick con tono sensual, dejando que sus labios trazaran los músculos tensos de los muslos de la chica hasta hacerla olvidar que luchaba por mantenerlo a raya.
Apretó los párpados. Su corazón latía aceleradamente y nada más que Nick y lo que hacía estaba en su mente. Nunca imaginó... jamás soñó que permitiría... pero no podía detenerlo. La devastó con las caricias y el placer que le provocaba.
Se oyó elevar la voz, repetir su nombre una y otra vez hasta que la llevó al éxtasis, que la dejó como muerta varios minutos.
—Tal vez, mañana te dignes a sonreírme durante la cena —le indicó él con voz gruesa antes de colocarse encima de ella y besarla con pasión.
Hundió las caderas contra su pelvis para hacerla sentir su excitación en tanto su lengua imitaba la más básica posesión sexual hasta que, al fin, sin dejar de mirar sus ojos de color marrón, la hizo suya.
Hundió las caderas contra su pelvis para hacerla sentir su excitación en tanto su lengua imitaba la más básica posesión sexual hasta que, al fin, sin dejar de mirar sus ojos de color marrón, la hizo suya.
— ¿Te aburro? —le preguntó con dureza. La respuesta que obtuvo no necesitaba palabras—. Dime que me deseas —sus labios se apoderaron de un pezón sensible.
—Siempre... Dios mío... no te detengas —sollozó Miley cuando él hizo una pausa inclemente.
—No habrá divorcio —una mano morena tiraba de su cabello rubio, haciéndola gemir.
—Nick... —suplicó la joven.
—Nada de divorcio.
—No habrá divorcio —Miley habría hecho cualquier cosa, hasta venderse como esclava durante medio siglo con tal que él continuara. Lo ocurrido en la Toscana tantos meses atrás no la preparó para la seducción salvaje a la que era sometida en ese momento.
Nick le hizo el amor con lenta sensualidad y pasión salvaje. La llevó al borde del éxtasis en mas de una ocasión y cuando al fin liberó su propio placer, ella hundió el rostro bañado en lágrimas en la piel firme de un hombro, aferrándose a él entre sollozos.
—Lamento decirte esto, pero tu madre tenía razón —ronroneó él cuando ella depositaba besos diminutos en cualquier extensión de piel que estuviera a su alcance—. No puedes quitarme las manos de encima. Piensa en lo humillada que te sentirías como mi ex esposa, cayendo en mi cama en cualquier oportunidad.
El asombro la sacó de la languidez que la invadía. Se encontró con unos ojos duros tan afilados como puñales.
El asombro la sacó de la languidez que la invadía. Se encontró con unos ojos duros tan afilados como puñales.
—Y no creo que yo dejara pasar la oportunidad de aprovecharme —continuó él, inclemente—. Lo haría en cada ocasión, haciéndote pagar cien veces el divorcio. ¿Te agrada esa posibilidad?
Destrozada, Miley lo contemplaba con la sangre helada y pálida como una hoja de papel.
Destrozada, Miley lo contemplaba con la sangre helada y pálida como una hoja de papel.
—Creo que nos entendemos a la perfección, Mi —se burló Nick, trazando una línea sobre su labio pleno con el dedo—. Y dado que el sexo parece ser la llave a ese frío e inclemente corazón, no creo que vayas a tener motivo de queja en el futuro.
—¡Lárgate de aquí! —le espetó la chica, soltando su ira.
—La cama que ocupes será la mía a partir de ahora —la amenazó él después de volverse para apagar la luz y estrecharla entre sus brazos.
—No soportaré...
—Te sorprenderías de lo que puedo hacerte soportar —se burló.
Miley estaba dando de comer a Michelle a las seis de la mañana cuando Nick apareció y la invadió una gran Timidez. Él se arrodilló frente a ellas y con un dedo acarició la mejilla de la pequeña. La niña dejó escapar un lloriqueo de protesta antes de dedicarse ávida al biberón. No le agradaba que la molestaran cuando comía.
Miley estaba confundida como nunca. El día anterior se encontraba convencida de que la separación era lo único lógico entre ellos, que Nick no la quería a su lado. Y por la noche... bueno, por la noche la hizo olvidar todas sus suposiciones. Él destrozó la posibilidad de pedir una anulación y se dedicó a explicar al detalle lo que le haría si se atrevía a pedir el divorcio.
Miley estaba confundida como nunca. El día anterior se encontraba convencida de que la separación era lo único lógico entre ellos, que Nick no la quería a su lado. Y por la noche... bueno, por la noche la hizo olvidar todas sus suposiciones. Él destrozó la posibilidad de pedir una anulación y se dedicó a explicar al detalle lo que le haría si se atrevía a pedir el divorcio.
Le habló como si lo único que ella quisiera fuera sexo. Se ruborizó al pensar que tal vez la consideraba anormal. La tocaba y perdía el juicio. Estaba esclavizada por lo que la hacía sentir física y emocionalmente. Cuando le hacía el amor, lo sentía cerca de ella. Necesitaba esa cercanía para sobrevivir.
—Tengo que ir a Ginebra. Regresaré mañana por la noche —anunció Nick—. Empieza a buscar una niñera. Si Michelle te tiene todo el día, quiero tenerte para mí toda la noche —acarició un muslo que la bata mal acomodada de Miley revelaba—, y al amanecer.
—Recuerdo que dijiste que no querías una niñera.
—He cambiado de opinión.
A la mañana siguiente, el Timbre incesante del teléfono la despertó. Siempre volvía a dormir durante un par de horas después de darle el biberón a Michelle. Después de ducharse, bajó a desayunar con un traje pantalón que era del color favorito de Nick. Cielos, ¿ya se vestía para complacerlo? No encontró en la mesa el periódico que acostumbraba hojear durante el desayuno. Cuando el ama de llaves llegó, preguntó por él y al ver la expresión de la mujer, supo que algo estaba mal.
— ¿Quiere ese específicamente, señora Jonas? —insistió la señora Moss.
—Sí —Miley frunció el entrecejo—. ¿Sucede algo?
—Su madre llamó para decir que venía para acá —contestó el ama de llaves, aclarándose la garganta.
—¿Por qué sonaban tanto los teléfonos? —preguntó la joven, inquieta.
—Los reporteros, señora. ¿Quiere que los desconecte?
—No... —pálida, Miley se levantó de la mesa. ¿A qué iba allí su madre? Aterrorizada imaginó un accidente de aviación, un coche destrozado y a Nick víctima de un accidente—.Nick... —murmuró—. ¿Le ha sucedido algo a Nick?
—¡Santo cielo, no! —exclamó la señora Moss—. Sólo es ese horrible periódico. Eso es todo.
—¿Qué periódico? —la chica volvió a buscar entre los periódicos que recibían cada mañana—. ¿Puedo verlo, por favor?
Algún reportaje escandaloso, pensó mientras esperaba. No era nuevo para ella.
Algún reportaje escandaloso, pensó mientras esperaba. No era nuevo para ella.
—Gracias —expresó al recibir el diario que el ama de llaves le entregaba.
—Su madre no quería que lo viera hasta que ella llegara.
«El banquero y la hija del ladrón de bancos», decían los titulares de primera plana.
«El banquero y la hija del ladrón de bancos», decían los titulares de primera plana.
«Vaya título», pensó la chica divertida hasta que vio la fotografía que publicaban. Era la foto de Nick y ella el día de su boda.
Empezó a leer con el corazón agitado. Hasta le dolía respirar. Tuvo que leer dos veces cada frase para comprenderlas. El asombro se apoderó de ella. Era basura lo que decían. Los demandaría, empezó a decirse. En ese caso Nick la apoyaría. ¿Cómo se atrevían a publicar eso? Su padre jamás había estado en prisión. La furia empezó a reemplazar al asombro.
— ¿Miley?
Su madre estaba a corta distancia de ella
Su madre estaba a corta distancia de ella
— ¿Ya lo has visto? —lisa se estrujaba las manos angustiada—. Lo siento.
— ¿Sentirlo? —exclamó ella, atónita—. ¿Qué tienes que sentir? ¡Los demandaremos! Ellos son los que tendrán que sentirlo.
—Pero es cierto —murmuró lisa—. Cada palabra es verdadera.
—Papá trabajaba en un campo petrolero en el extranjero —insistió Miley, tajante.
—David tenía razón —se lamentó la señora—. Debí decirte la verdad hace muchos años. Nunca debí mentir. Mike estuvo entrando y saliendo de la cárcel prácticamente desde que naciste. Robaba coches y casas —sollozó lisa—. No era muy bueno, ya que siempre lo cogían.
Miley no podía sostenerse en pie. Era una pesadilla. Toda su infancia se venía abajo y se dejó caer en una silla.
—Cuando eras bebé solía llevarte a visitarlo —le comentó la mujer—. Entonces todavía creía que cambiaría y trataba de darle apoyo. Al principio estaba loca por él. Era tan divertido, tan guapo, tan excitante. Pero cada vez que nos fallaba, un poco de ese amor moría...
—Dios mío, no —balbuceó la chica, abrumada.
—En realidad a él no le importaba estar en prisión con sus compinches. Sus sentencias siempre eran cortas y prometía enmendarse. Cuando tú tenías siete años, tu padre participó en el robo de un banco. Hirieron a un guardia. Ese sí era un delito serio y lo encerraron varios años.
— ¡Pero sus cartas! —la interrumpió Miley, sorprendida y humillada. No podía creer lo que escuchaba.
—No quería que lo supieras —le indicó lisa con tono suplicante—. Lo querías tanto. Le encantaba contarte historias. Tenía una imaginación tremenda. ¿No comprendes, Miley? Mike sólo tenía diecinueve años cuando tú naciste y en realidad nunca creció. Quería seguir siendo tu héroe.
Miley se cubrió el rostro con las manos.
Miley se cubrió el rostro con las manos.
—Es mejor que te diga el resto —manifestó lisa—. Conocí a David tres años antes de la muerte de tu padre. Para los dos fue amor a primera vista. David quería que me divorciara de Mike, pero no podía hacerlo mientras él estuviera encerrado y nosotros fuéramos el único contacto que él tenía con el exterior. Seguía visitándolo, fingiendo que todo seguía igual —la mujer se estrujaba las manos, angustiada—. Pero no podía dejar de ver a David. Lo intenté varias veces...
—Eras su amante —replicó la joven, enferma al pensar en lo que le dijeron al respecto a la amante morena de David. Esa morena era lisa.
—Nunca acepté un centavo de David —protestó lisa, vehemente—. Lo amaba, tal como creo que tú amas a Nick. Y él estuvo dispuesto a esperar hasta que yo quedara libre. El ataque al corazón que acabó con tu padre fue una sorpresa para todos. Era muy joven cuando murió.
—Muy conveniente —comentó Miley sin poder contenerse y volvió a cubrirse la cara, avergonzada—. Lo siento. Debiste sufrir mucho con papá.
—El fracaso de mi primer matrimonio con David se debió a mis sentimientos de culpa. No podía vivir con mi conciencia. Sólo cuando me separé de David pude poner mis sentimientos en orden. Tu padre hizo sus propias elecciones, Miley. Yo no fui responsable de ellas. Él mismo se buscó ir a prisión. No le importaba lo que le pasara a su familia. Era muy irresponsable para pensar en alguien que no fuera él—
Se produjo un silencio pesado después de sus palabras. Atónita, la chica se mecía en su silla pensando en su infancia. Estaba deshecha.
Se produjo un silencio pesado después de sus palabras. Atónita, la chica se mecía en su silla pensando en su infancia. Estaba deshecha.
—Dylan lo sabe desde hace un par de años —concluyó lisa.
Miley reprimió un sollozo de dolor. ¿Por qué no se lo habían contado a ella? ¡Tenía derecho a saberlo!
— ¡Ojalá Nick también lo hubiera sabido! —Exclamó la señora, estallando en lágrimas—. ¿Cómo crees que reaccionará él al enterarse por los periódicos?
David hizo acto de presencia con rostro adusto. Fue a consolar a lisa en tanto Miley permanecía sola, horrorizada. Sí, ¿cómo reaccionaría Nick al descubrir que se había casado con la hija de un ladrón?
—No te culpo, mamá —manifestó de pronto, yendo a abrazarla—. Hiciste lo que creíste más conveniente.
— ¡Pero si esto perjudica a tu matrimonio, jamás me lo perdonaré!
—Nick viene de regreso de Ginebra —comentó David—. Cuando llegue, analizaremos la situación en familia. Así debe ser.
—No —la chica estaba asombrada por la sugerencia. No quería que Nick se enfrentara al llegar a un consejo familiar. No sería justo para él. Tuvo que insistir y al fin logró que lisa y david se marcharan. Todavía faltaban horas para que su esposo llegara.
Subió apresurada y fue a buscar las cartas que su padre le había enviado. La angustia y el temor la abrumaban.
Subió apresurada y fue a buscar las cartas que su padre le había enviado. La angustia y el temor la abrumaban.
¿Qué oportunidades de sobrevivir tendría su matrimonio? Sin saberlo, él se había casado con la hija de un ladrón de bancos. Mucha gente lo consideraría gracioso. ¿Y qué pasaría con el rumor de que pronto sería nombrado director del banco Jonas? ¿Podría afectarle su desafortunado matrimonio?
Con lágrimas en los ojos, Miley fue a buscar sus maletas. Terminó en una hora. Sólo quedaba la caja con las cartas de su padre. Con los ojos hinchados de tanto llorar, fue en busca de la señora Moss para que le facilitara unos fósforos. Estaba quemando la primera carta, cuando alguien le arrebató la cerilla.
Con lágrimas en los ojos, Miley fue a buscar sus maletas. Terminó en una hora. Sólo quedaba la caja con las cartas de su padre. Con los ojos hinchados de tanto llorar, fue en busca de la señora Moss para que le facilitara unos fósforos. Estaba quemando la primera carta, cuando alguien le arrebató la cerilla.
— ¿Qué diablos...? ¡Nick! ¿Qué haces aquí?
—Cancelé mis reuniones.
Miley lo miraba sin poder hablar. Nick la ayudó a ponerse de pie, pero ella no se atrevía a mirarlo a los ojos. La humillación la ahogaba. Ya lo sabía. Alguien debió decírselo. De otro modo, ¿por qué había vuelto antes?
— ¿Por qué ibas a quemar las cartas de tu padre?
—Esa es una pregunta muy tonta —protestó ella.
—Es el único recuerdo que tienes de él —manifestó Nick, gentil.
—Las cartas no contienen más que mentiras.
— ¿Y eso qué importa? Tu padre te amaba. Debió dedicar horas enteras a escribirlas y te hacía feliz cuando eras pequeña. Esas cartas te dieron alegría y seguridad.
— ¡Pero son mentiras! —le gritó la chica, sin poder comprender por qué se comportaba Nick así con ella.
— ¿No crees que tu madre tuvo algo que ver con eso? ¿De quién crees que fue la idea de fingir que estaba en el extranjero en lugar de reconocer la verdad? Tal vez lisa quería protegerte. Quería que tuvieras un padre a quien admirar, alguien de quien poder hablar con tus amigas. Una mentira pero a ti te hacía feliz. Tú estabas a salvo en Liverpool. Sin embargo, te habrías enterado de la verdad si todavía viviera. Tarde o temprano habrías averiguado que no hay petróleo en Jordania.
—En Italia ya lo sabías y no me dijiste nada...
—Tenía curiosidad por averiguar cuánto sabías en realidad. Verás, Miles, lo sé desde hace diez años.
—No es posible —al fin Miley se atrevió a mirarlo a los ojos.
—Cuando mi padre y lisa se casaron por vez primera, ya sabía que habían tenido una aventura discreta. Su matrimonio me sorprendió tanto como a ti —sonrió Nick—. Hice que investigaran a tu madre a fondo y temo que no interpreté los hechos con actitud generosa. Un esposo fallecido que había entrado y salido de prisión. Dos hijos alejados de manera muy conveniente en Liverpool. ¿Nunca te has preguntado por qué juzgué a tu madre con tanta dureza entonces?
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