Atrapada entre el hombre que había amado en una ocasión y el hombre que creía poder llegar a amar, Miley se esforzó por mantener la calma.
Con Nick pegado a su lado, ¿cómo podía concentrarse en su discurso o en la entrega de la bandera firmada por todos los empleados que habían participado en la creación del barco?
¿Cómo podía no comparar a los dos hombres? Ambos eran musculosos y altos, pero no se parecían en nada más.
Toby sólo se tomaba en serio los coches, poco más. Siempre estaba dispuesto a reír y a pasarlo bien. Por otra parte, Nick era todo seriedad. ¿Qué había pasado con sus sonrisas fáciles y seductoras?, se preguntó Miley. Aunque la forma en que él la estaba mirando le estaba haciendo sentir la garganta seca y otras partes de su cuerpo… Demasiado húmedas.
¡Maldición!, se dijo ella. La atracción que sentía por Nick no formaba parte del plan.
Nick y Toby sonreían y hablaban con cortesía sobre el yate aunque había una tensión subyacente entre ellos. ¿Por qué?, se preguntó Miley, mirando a uno y luego a otro.
Tomando sus miradas de la forma equivocada, Toby rodeó a Miley por la cintura. Chocó su copa de champán a la de ella y se apretó a su lado.
—Con el joven Jonas aquí a cargo de la compañía puedes tomarte unas vacaciones, ¿no? —comentó Toby, en voz demasiado alta—. Voy a dejar aquí mi barco para que podáis añadirle algunos juguetitos más. Mientras, tú y yo podemos irnos a las Bahamas, salir de fiesta toda la noche y pasar todo el día en la cama.
Miley se avergonzó. No se atrevió a mirar a Nick. Sin duda, él había oído la invitación de Toby, como el resto de las personas que había cerca.
Un confuso mar de emociones la envolvió. Toby era atractivo y cuando la besaba sentía… Algo. No es que notara algo muy explosivo, pero sus besos eran agradables y estimulantes. Hacía unos meses, ella había aceptado su invitación para ir a navegar con él en su yate durante un par de semanas después de la entrega del barco. Pero las cosas habían cambiado tras el infarto de Paul.
—Miley es necesaria aquí —dijo Nick en tono autoritario.
Miley se puso rígida. No tenía ninguna intención de irse de vacaciones. De hecho, en cuanto había conocido el diagnóstico de Paul, había llamado a Toby para cancelar el viaje. Pero que Nick ordenara que se quedara… Eso le hacía sentir indignada.
—¿Nos excusas un momento, Toby? —dijo ella, y agarró a Nick del brazo, sintiendo sus músculos y su calor. Lo guió hasta la otra punta del área de recepción—. Mis vacaciones estaban planeadas desde hacía meses. Si quisiera tomármelas, podría.
—¿Y dónde está tu lealtad hacia mi padre?
—¿Y dónde está la tuya? —replicó ella, enojada.
—Estoy aquí, ¿no es así? —señaló Nick, furioso también.
Miley recordó que Nick estaba deseando irse de allí de nuevo. Entonces, se le ocurrió una idea.
—Pospondré mis vacaciones si dejas de buscar un director suplente. Quédate hasta que Paul esté recuperado y yo haré lo mismo —le retó ella.
—No solías ser tan manipuladora —repuso él, apretando la mandíbula.
—No me hacía falta. Tenía todo lo que quería —dijo ella.
—Es un trato. Me quedaré. Pero no olvides que tenemos que hacer la entrevista con la periodista y que tenemos pendientes seis citas más.
—No lo olvidaré —dijo Miley, y volvió junto a Toby, seguida por Nick—. Me necesitan aquí hasta que Paul vuelva. Si te parece bien, dejaremos el viaje para otro momento.
—¿Me dejarás quedarme en tu casa, ya que tú ibas a quedarte en mi yate?
Nick se acercó a ellos, con expresión desaprobatoria.
¿Por qué? No había ninguna regla en la empresa que prohibiera que los empleados confraternizaran con los clientes, se dijo Miley, frunciendo el ceño.
—¿E impedirte disfrutar de tu primera noche en tu yate nuevo? —replicó ella con una sonrisa—. No me atrevería a hacer una cosa así. Además, el barco tiene su despensa llena, puedes quedarte con tus hombres allí a dormir y a comer.
—Al menos, deja que te invite a cenar —repuso Toby.
—Puedes salir con ella esta noche —intervino Nick—. Pero mañana por la noche saldrá conmigo. Creo que Miley olvidó mencionar que me compró, junto con un paquete de siete citas, en una subasta de solteros. Mañana por la noche tenemos otra cita.
Miley se sintió como un hueso por el que dos perros se estaban peleando. Lo que no tenía sentido, pues Nick no quería nada con ella y sus prisas por irse de la ciudad eran obvias. Entonces, ¿cuál era su problema?
Malhumorado por la falta de sueño, Nick vio salir a Miley a la terraza de la oficina con una taza de café en la mano. Había descubierto que su ritual mañanero incluía llegar una hora antes de que las puertas de la oficina se abrieran y sentarse en la terraza para disfrutar del amanecer.
Sintió un gran alivio porque ella no hubiera pasado la noche en el yate de Haynes. ¿Pero qué le importaba a él con quién durmiera Miley?
Nick agarró una botella de agua y comenzó a hacer ejercicio. Al correr, sus músculos cansados protestaron. Había pasado casi toda la noche dando vueltas en la cama, esperando oír el regreso de Haynes a su yate y temiendo que Miley decidiera pasar la noche con ese imbécil.
Además, no había podido dejar de recordar las noches que había pasado con Miley en el pequeño barco que él tenía entonces. ¿Se acordaría ella de las cálidas noches de verano cuando habían hecho el amor envueltos en sudor?
—¿Qué tal la vista? —preguntó Nick, gritando hacia la terraza donde estaba Miley.
Ella se giró de golpe hacia él. Llevaba un traje de chaqueta de color rosa pálido, que resaltaba sus curvas y el color de sus mejillas. La falda le llegaba por encima de las rodillas y combinada con unos altos tacones, daba un toque peligrosamente sexy al conjunto.
—¿Perdón? —dijo ella.
Miley siempre había tenido debilidad por los tacones, pensó Nick, y se forzó a levantar la mirada, recorriendo las piernas de ella, sus caderas, su pequeña cintura, sus pechos, sus labios… Hasta llegar a sus ojos.
—Sigues enamorada de los amaneceres. Apuesto a que te compraste tu casa por las vistas.
—Lo has adivinado. Y son preciosas, aunque no tanto como éstas.
Miley miró hacia el mar y luego, posó los ojos en el pecho desnudo de él.
—¿Te acostaste tarde anoche? —preguntó Nick, que sabía que Haynes no había regresado a su yate hasta las dos.
—Eso no es asunto tuyo, Nick.
—Es por si te quedas dormida encima de mí. Tengo prevista otra cita para esta noche. Iremos a montar a caballo a la playa antes de reunimos con Octavia Jenkins. Te recogeré a las seis.
—No hace falta. Podemos salir desde aquí.
—¿Qué pasa? ¿No quieres que vaya a tu casa?
—No es eso —respondió ella tras titubear—. Mi casa no nos queda de camino. Y en mi despacho guardo un conjunto de ropa para salir.
Nick abrió la boca para insistir, pero una sirena desde el muelle lo interrumpió. No necesitó girarse para saber que Haynes se había levantado.
—No quiero entretenerte, Nick. Sigue corriendo —dijo Miley, mirando con una sonrisa hacia Toby.
Rechazado y humillado. Vaya forma de comenzar el día, se dijo Nick.
* * *
Había sobrevivido a una cita más, se dijo Miley contenta mientras se dirigía con Nick a los establos para dejar los caballos con los que habían ido a dar un paseo por la playa al atardecer.
El ruido de los caballos había hecho difícil la conversación y como cada uno había tenido el suyo propio, no había sido necesario que sus cuerpos se tocaran.
Aunque lo cierto, era que sí había sentido algo de electricidad cuando había visto llegar a un hombre en moto, con vaqueros, camiseta blanca ajustada y botas. No había podido evitar fijarse en su musculoso torso, en sus anchos hombros y en su apretado trasero. Entonces, el motociclista se había quitado el casco y ella había sentido un nudo en el estómago, al comprobar que era Nick.
Miley vio a Octavia Jenkins esperándolos al comienzo del camino, junto a una mesa de picnic.
—Buenas tardes, chicos —saludó la periodista—. Pensé que podíamos hacer la entrevista aquí mismo.
Miley se puso un poco nerviosa. Se sentó a la mesa y Nick se sentó frente a ella. Sus pies se rozaron y el corazón de ella se aceleró.
—¿Es difícil trabajar con el hombre con el que habías pensado casarte? —preguntó Octavia.
—E… Eso ocurrió hace mucho tiempo —balbuceó Miley—. Ahora Nick y yo estamos más centrados en la rehabilitación de Paul y en mantener el ritmo de producción de yates Jonas.
—¿Crees que puede reavivarse la antigua llama?
—No —respondieron Miley y Nick al unísono.
Miley buscó los ojos de él, pero Nick tenía la vista fija en la periodista. Sabía que ella estaba mintiendo respecto a los resquicios de atracción que sentía por él pero… ¿Y Nick?
—Te equivocas con tus preguntas. Los tiros no van por ahí —intervino Nick.
—Juraría que he visto algunas señales de humo —dijo Octavia, y escribió algo en su cuaderno.
—Comenzasteis a salir cuando estabais en el instituto. Vuestra clase os votó como la pareja más inseparable. Luego salisteis durante cinco años más, a pesar de asistir a universidades diferentes, lo que apoya la opinión de vuestros compañeros de clase. ¿Qué pasó?
—La gente cambia y las circunstancias también —repuso Nick, mirando a Miley.
Su respuesta hizo que Miley se sintiera aliviada y frustrada al mismo tiempo. Quería saber por qué Nick la había dejado, pero no quería que el mundo entero lo supiera también.
—¿Cómo te sientes al regresar al puesto de trabajo que fue creado para ti? —preguntó la periodista.
—Mi vida y mi empresa están en Florida ahora. Esto es sólo temporal —afirmó él, tenso.
—¿Te gusta más tu nueva compañía que ser parte de la empresa familiar que tu padre fundó?
Miley no envidiaba a Nick por estar en el centro de atención de la periodista, pero en secreto, se alegraba de que Octavia le hiciera las mismas preguntas que ella había querido hacerle.
—No es ni mejor ni peor. Sólo vi la oportunidad y la aproveché.
—Sólo quiero entender qué te hizo decidir renunciar a un futuro garantizado —insistió Octavia—. Eres el único heredero de la fortuna Jonas. ¿Qué pasará con la compañía y sus empleados cuando tu padre ya no esté? ¿La cerrarás, la venderás o te harás cargo de ella?
La forma en que Nick apretó la mandíbula y cerró el puño sobre la mesa delató su incomodidad. Miley sintió compasión por él y tuvo deseos de tomarle de la mano. En lugar de eso, le acarició con su pie en la bota. Era una señal que solían compartir en las cenas familiares, un modo de permanecer conectados en secreto.
Nick fingió no notar su contacto.
—Esa decisión no tendrá que tomarla hasta dentro de muchos años —intervino Miley, mirando a Octavia—. Paul sólo ha tenido un pequeño infarto. Está bajo tratamiento y va a ponerse bien. Es obvio que su padre quiera que Nick vuelva a casa, pero también entiende que él tiene que hacer su propia vida.
Nick miró a Miley a los ojos, como si quisiera saber si lo que ella había dicho era cierto. Miley asintió con la cabeza.
—Tu padre por la línea dos —informó Fran el viernes por la mañana, tras llamarlo a su yate.
Nick sintió un nudo en el estómago. Durante los dos días anteriores, la pregunta de la periodista acerca del futuro de la compañía había estado resonando en su cabeza. ¿Pero qué podía él hacer?
Ni siquiera era capaz de entrar en las oficinas. Desde el miércoles por la noche, había intentado encontrarse con Miley lo menos posible. Sin duda, Nick había subestimado la dificultad de estar junto a ella y reprimirse de tocarla. La atracción física que sentía por Miley no había cambiado. Para colmo, al verla más madura y más segura, le parecía aún más atractiva.
—¿Señor Jonas?
—Responderé la llamada —repuso Nick, y la secretaria le paso con su padre—. Tienes que dejar de malgastar conmigo la única llamada diaria que te dejan hacer. No tengo nada que decirte —le dijo a su padre.
—Nicholas. Hijo. Tenemos que hablar.
—Dijiste todo lo que tenías que decir cuando me pediste que mintiera por ti.
—Me arrepiento de eso. Me equivoqué.
—¿No me digas? —replicó Nick con sarcasmo—. Los dos jurabais tener matrimonios perfectos. Enamorados desde el instituto. Como Miley y yo. Y era una mentira.
—Nunca antes le había sido infiel a tu madre y nunca volví a serlo después. Te lo juro, hijo.
—¿Y esperas que te crea?
—Le dije a tu madre que le había sido infiel. Ella me perdonó, Nick. ¿Tú no puedes perdonarme?
—¿Le dijiste que la habías engañado con su mejor amiga?
—No —contestó Paul tras un silencio—. Arriesgué nuestro matrimonio al hacerle la confesión. No quería poner en juego también su amistad con Elaine. Había circunstancias atenuantes…
—Entonces, sigues viviendo una mentira.
—He aceptado la responsabilidad de mis acciones. Ahora tú tienes que hacerte responsable de las tuyas. No deberías haber hecho sufrir a Miley a causa de mi error. No tenías ningún derecho a herir a esa chica, Nick. Mi infidelidad no tenía nada que ver con ella.
Nick sintió una punzada de dolor. No, la infidelidad de su padre no tenía nada que ver con Miley y sí con él. ¿Sería hereditaria la incapacidad de ser fiel?
—No tienes derecho a decirme qué está bien o mal.
—Nick, hay algo que tienes que saber…
—No quiero escuchar más confesiones ni excusas.
—Por favor, hijo, no te pediría que me escucharas si no fuera importante. Dame un minuto.
—Te estoy dando a ti y a Yates Jonas dos meses de mi vida. No seas egoísta y no me llames más —dijo Nick, y colgó.
—¿Qué estás haciendo a bordo?
Miley se sobresaltó y se giró hacia él. No lo había oído acercarse, con todo el ruido de los motores y con el movimiento de los mecánicos mientras comprobaban el funcionamiento del yate. Si todo iba bien, el barco estaría listo para ser entregado la semana siguiente.
—Estoy ayudando —contestó ella—. ¿Y tú?
—Estoy supervisando. No es necesario que estés aquí.
—Tu padre me pidió que lo hiciera.
—Yo me encargo —repuso él, cruzándose de brazos.
—¿Llamas tú a Paul para contarle cómo fue la prueba? Querrá conocer todos los detalles.
—Stark lo llamará.
—Si tu padre sólo quisiera el informe de Stark, entonces podría enviárselo yo por fax. Lo que él quiere es estar aquí. Nunca en su vida se ha perdido la prueba de un yate. Y como no puede estar aquí, quiere que yo se lo cuente de primera mano. Así que puedes irte a tu despacho y hacer lo que quiera que sea que haces ahí escondido todo el día.
—No me escondo. Lo que pasa es que no quiero ver los ojos de cordero degollado con que miras a Haynes. Es asqueroso.
—¡Cordero degollado! Yo no hago eso. Salgo a comer y a cenar con él. Eso es todo. No lo miro de ninguna manera —señaló ella.
—Si te vas ahora, llegarás a tiempo de comer con él.
—Olvídalo, Nick. No voy a bajar de este barco. Hice una promesa y yo mantengo mis promesas.
Nick apretó los labios y los puños y Miley deseó no haber dicho aquellas palabras. Ésa no era una conversación que quisiera tener allí, cuando cualquiera podía interrumpirlos.
—Disculpa, tengo cosas que hacer —dijo ella.
Pero Nick no se apartó, bloqueándole el paso. En ese momento, sonó la sirena y el barco zarpó.
—Miley, tuve que irme.
—¿Sí? ¿Y no tenías tiempo de despedirte en persona? ¿Tuviste que dejarme un mensaje en mi contestador a una hora en la que sabías que no estaría en casa? «Miley, lo siento pero no me casaré contigo. Tengo que irme y no volveré. Olvídate de mí» —dijo ella remedando las mismas palabras que él le había dedicado.
—Fue lo mejor que pude hacer en ese momento —afirmó él, tras tragar saliva.
—Si quieres que comprenda por qué fuiste un idio*ta tan desconsiderado, tendrás que esforzarte un poco más, Nick.
—Lo siento.
—No quiero una disculpa. Quiero una explicación.
—Sólo te ofrezco una disculpa.
—Pues no es bastante —replicó ella, y se dispuso a salir de su vista, pero Nick la detuvo y cerró la puerta del camarote donde estaban.
¡Diablos!, se dijo Miley. Estuviera lista o no, parecía que había llegado el momento de hablar.
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