viernes, 2 de marzo de 2012

Capitulo 4.-

Miley tragó saliva. ¿Por qué actuaba Nick como si hubiera hecho algo malo? No quería contarle lo grosera que había sido Denisse y tampoco lo que había presenciado en aquella habitación. Pero si sabía que había visto a su hermana con otro hombre, ¿por qué hacia un misterio de aquel momento embarazoso?
-No, no se me ocurre nada -contestó ella, sintiéndose absurdamente culpable por ocultarle lo que había presenciado.
-Te han visto con Lucas Grabell-dijo Nick con tono helado. Pero había, además, una dureza desconocida en su expresión.
Desconcertada por la referencia a Lucas Grabell, Miley carraspeó, incómoda. Pero no veía razón alguna para dar explicaciones.
-Sí, he hablado con Lucas un momento.
-Zac, mi cuñado, te vio con él. Estabas en sus brazos.
Miley frunció el ceño. ¿Algo tan inocente podía ser culpable de tanta tensión? Ella ni siquiera conocía al marido de Denisse. Pero estaba segura de que alguien capaz de leer algo sospechoso en un encuentro como el suyo con Lucas no era precisamente una buena persona.
-Me temo que el pobre había bebido de más...
Nick levantó una ceja.
-¿Ah, sí?
Miley intentó entender su misterioso comportamiento. Él nunca había mostrado signos de ser una persona celosa o poco razonable. Y ahora, de repente, actuaba como un extraño.
-Pues sí. Para empezar, había una docena de personas alrededor. Lucas no estaba coqueteando conmigo, estaba sencillamente... borracho.
-¿No me digas?
-Por favor, Nick... Lucas me rodeó con sus brazos porque tenía que hacerlo para no caerse. Estaba bebido. No hay nada más. De hecho, me resulta increíble que estemos manteniendo esta conversación.
-Estamos manteniendo esta conversación porque cinco minutos después de que Nick te viera abrazando en público a Grabell , Deni te sorprendió siendo... bastante más amistosa en privado.
Miley abrió la boca, convencida de que había oído mal.
-¿Qué has dicho?
-No creo que tenga que repetirlo -dijo Nick, sin disimular su desdén-. Te fuiste a una habitación con Grabell.
-No estuve a solas con Lucas en ningún momento...
-¡Esto es asqueroso! -exclamó Nick entonces, sin disimular su rabia-. Al menos, admítelo. Cuando hay testigos, es absurdo negar la verdad.
-Pero es que no es la verdad -contestó Miley- ¿Y qué se supone que estaba haciendo con Lucas?
-Estabas besándolo.
-¿Qué? Tu hermana está...
-No me ofendas más cuestionando la integridad de mi hermana. Ella vio lo que vio. Has abusado de su hospitalidad y la has avergonzado...
-¡Yo no he hecho nada de eso! -exclamo Miley, incrédula.
Cuando por fin entendió lo falsa y manipuladora que era Denisse Jonas, sintió náuseas. Que alguien a quien no conocía pudiera contar una mentira como ésa la dejaba atónita.
-Denisse estaba muy disgustada y no sabía qué hacer. Pero después de hablarlo con su marido, decidió que yo tenía derecho a saber que te estabas comportando como una cualquiera a mis espaldas -dijo Nick, como si mordiera cada palabra.
-¡Pero no es verdad! Nada de eso es verdad...
-Quiero que lo admitas antes de marcharme. Me debes eso, al menos -la interrumpió él.
Su mundo se hundía, pero Miley estaba fascinada al comprobar cómo Denisse había llevado a cabo su venganza mucho antes de lo que nadie hubiera podido esperar.
-He sido una idi. .o.ta –murmuró-. Siempre intento no ver los errores de los demás, no juzgarlos porque sé que tampoco yo soy perfecta. Pero se me había olvidado una cosa... tu hermana parece haber decidido que yo soy una amenaza para su seguridad.
-Eso son tonterías. Ten la decencia de dejar a Denisse fuera de esto.
-No puedo hacerlo -replicó Miley.
Pero se preguntaba cómo iba a conseguir que Nick la creyera. Denisse había inventado esa mentira, con el apoyo de su marido, además. El increíble testimonio de Zac hacía que las pruebas pareciesen irrefutables. Por otro lado, la historia podría ser creíble para un extraño, pero ¿no debería Nick creerla a ella por encima de todo?
-¿No me conoces? ¿No sabes que yo no sería capaz de hacer eso?
La pregunta golpeó a Nick como una explosión de dinamita. No quería mirarla, pero no podía apartar los ojos de su rostro. Había confiado en ella. Hasta que su hermana destruyó todas sus ilusiones, no tenía ni idea de cuánto había confiado en Miley. Y la verdad era un duro golpe. Pero, claro, confiar tanto en una amante era buscarse problemas, pensó amargamente. Llevaba con ella demasiado tiempo. Había dejado que su infantil sensiblería se le contagiase como un virus y que borrase las fronteras de lo que compartían: sexo, nada más. Y eso podía encontrarlo en cualquier otro sitio.
-¿Nick? -murmuró Miley, con un tumulto de emociones revolviéndose en su interior-. ¿De verdad crees que yo haría algo así?
-¿Por qué no? Lo hiciste conmigo aquella noche, en el granero.
Ella palideció. Esa frase era como una bofetada. Evidentemente, su amor por Nick se volvía contra ella. No la respetaba, eso estaba claro, nunca la había respetado. Virgen o no, había sido una conquista demasiado fácil para él y ahora veía aquella noche de entrega como si fuese la señal de que podía hacerlo con cualquiera. Era increíblemente cruel echarle eso en cara... porque Miley había guardado el recuerdo como un tesoro en su corazón: su primera vez, la noche que se había enamorado de él... le parecía la misma esencia del romanticismo.
Pero Nick se lo echaba en cara como si hubiera sido algo sucio.
La sorpresa, el disgusto, el horror, la impedían llorar.
-Esa noche... aunque no fuera especial para ti, sí lo fue para mí.
Nick se encogió de hombros, en un gesto tan despreocupado como hiriente.
Miley volvió a intentarlo:
-Tienes que escucharme...
-No tengo por qué.
-No he hecho nada con Lucas Grabell, no lo he besado -insistió ella, con vehemencia.
-Espero que encuentres un apartamento antes de que acabe el mes. Lo nuestro ha terminado -dijo Nick entonces.
Miley se dio cuenta de que estaba a punto de marcharse y el horror disolvió la parálisis en la que estaba sumida.
-¡No puedes irte así!
-¿No?
-Quiero que te pares un momento y pienses en la persona que soy. Pregúntate si tiraría por la borda lo que hay entre tú y yo por un beso de Lucas Grabell.
-Otras mujeres lo han hecho -contestó él, con los dientes apretados-. Grabell se ha cargado varios matrimonios con su carita de niño bueno. Es famoso por ir detrás de mujeres casadas...
-Pero a mí no me gusta siquiera... nunca me ha gustado. Imagino que la mitad de Londres ha tenido que soportar a Lucas cuando está borracho... No es exactamente selectivo -replicó Miley. Para ella, Lucas no era más que el primo díscolo de Demi-. Si no me crees, pregúntale a él si ha pasado algo esta noche.
Indignado por la sugerencia, Nick soltó una carcajada amarga.
-¿Y por qué iba a rebajarme a eso? Si fueras mi mujer, me habría enfrentado con él. Le habría partido la cabeza por atreverse a tocarte -exclamó con tono áspero-. Pero no eres mi mujer, eres mi amante y, como tal, puedo prescindir de ti cuando quiera.
Pálida, Miley tuvo que tragar saliva antes de hablar:
-¡Yo nunca he sido tu amante!
-Entonces, ¿qué eres? -preguntó Nick.
-Una mujer que se enamoró de ti y que nunca se detuvo a hacer cálculos -respondió ella-. Algunas personas me juzgarían duramente o me llamarían tonta. Pero eso no me convierte en tu amante...
-Muchas mujeres han dicho que me querían -la interrumpió él con desprecio-. Pero lo único que quieren es lo que yo puedo darles.
-Pero yo nunca te he permitido que me hicieras regalos caros -le recordó Miley-. Con la excepción de este apartamento, tu dinero no ha tenido nada que ver con nuestra relación. No intentes cargarme con los pecados de otras mujeres, Nick, cuando yo siempre he sido honesta contigo. ¡Y deja de insultarme! ¡Deja de hablarme con ese ridículo tono de superioridad! ¡Ya estoy harta!
-Si dejo de hablarte en este tono, podría perder los nervios -le advirtió él, abriendo la puerta-. Adiós, Miley.
-No pienso dejarte ir hasta que me hayas escuchado -replicó ella, poniéndose en su camino-. Esto es una pesadilla y no pienso dejar que destroce nuestra relación...
-No hay ninguna relación -la interrumpió él. Y luego, la apartó de su camino y salió dando un portazo.


Miley no podía creer que se hubiera ido, como no podía aceptar lo que había pasado. Sólo unas horas antes, cuando fueron a la fiesta, se había sentido tan feliz, tan segura... Aceptar que Nick la había dejado para siempre... y por una mentira era más de lo que podía soportar en aquel momento.
Como alguien perdido en una tierra extraña, caminó por el vacío apartamento. Denisse había contado unas mentiras horribles sobre ella... Ese comportamiento era tan inexplicable que, durante unas horas, estuvo planeando cómo ponerse en contacto con la hermana de Nick para convencerla de que debía retractarse de tan falsa acusación. Pero incluso su lado más optimista sabía que eso sería imposible.
Después de todo, incluso antes de haber tenido la desgracia de ver a Denisse en circunstancias comprometedoras, ella había dejado claro que la despreciaba. La hermana de Nick tenía demasiado que perder si decía la verdad y había triunfado con sus mentiras. Había conseguido destruir la fe de Nick en ella y, por lo tanto, su relación, consiguiendo así hacerla desaparecer de la vida de su hermano.
Miley apretó los puños. Debería haberle contado a Nick que había visto a Denisse con otro hombre. Debería haberse defendido...
Pero, ¿qué posibilidades había de que Nick se pusiera de su lado? Habría tenido que acusar a Denisse de mentirosa y de serle infiel a su marido. Imposible. Él adoraba a su hermana y era muy protector con ella. Jamás la habría creído. Cualquier ataque contra Denisse lo habría enfurecido aún más.
No había nada que hacer. Nick se había ido para siempre. ¿Cómo podía seguir respirando?, se preguntó. No podía imaginar la vida sin él...
Sus ojos se llenaron de lágrimas y, por primera vez esa noche, pudo llorar. Se tiró sobre la cama y lloró hasta que empezó a dolerle la garganta, los ojos, el alma. En el silencio que siguió a sus sollozos, se sintió abrumada por una terrible sensación de soledad.
En la limusina que lo llevaba al dúplex, Nick se tomó dos copas de coñac. Lo que Deni había visto no admitía posibilidad de error. Los absurdos intentos de Miley por demostrar su inocencia sólo habían conseguido enfurecerlo más. Nick se concentró en esa furia, dejando que se convirtiera en una nube roja ante sus ojos, una nube que suprimía cualquier otro pensamiento.
Y probaría que estaba mintiendo, decidió. Llamó a su jefe de seguridad y, disculpándose apresuradamente por lo tarde de la hora, le pidió un informe completo sobre los movimientos de Miley durante los últimos meses.
Miley había conseguido quedarse dormida al amanecer, pero tuvo un sueño poblado de pesadillas. Cuando despertó, se sentó en la cama y, al recordar lo que había pasado la noche anterior, su estómago dio un vuelco. Llevándose una mano a la boca, Miley corrió al cuarto de baño para vomitar.
Con o sin Nick, su vida debía seguir adelante, se dijo a sí misma. No tenía sentido portarse como una cobarde. Tenía que encontrar la fuerza necesaria para concentrarse en las cosas prácticas de la vida. Para empezar, debía encontrar un apartamento.
Y también era hora de intentar conseguir un préstamo que le permitiera abrir su negocio. Cuando por fin estuviese en posición de diseñar y producir sus bolsos, trabajaría día y noche. Sí, trabajaría tanto, que no podría pensar en Nick.
Se fijó entonces en una bolsita dorada que había sobre la consola del pasillo. No la había visto, pero seguramente Nick la habría dejado allí el día anterior. Y, como siempre, serían bombones, los mejores del mundo, de los que se deshacían en la boca, comprados en París o en Ginebra. Cuando abrió la bolsita, comprobó que no se había equivocado, eran bombones. Pero también había un colgante dorado, un amuleto de la suerte que Nick había incluido como sorpresa. Aunque no lo era en realidad porque, uno por uno, le había regalado toda una colección de colgantes de oro para su pulsera favorita. Aquel en particular tenía grabado su nombre en piedrecitas... Menudo amuleto de la suerte, pensó, sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas. Parpadeando para controlarse, se dio cuenta de que la tristeza le había quitado las ganas de comer chocolate. En lugar de eso, le apetecía comer... aceitunas. ¿Aceitunas? Sorprendida, Miley frunció el ceño. A ella nunca le habían gustado las aceitunas.
De camino al aeropuerto para tomar un vuelo con destino a Nueva York, Nick estudiaba los informes del equipo de seguridad que detallaban los movimientos de Miley. La sensación inicial fue de completa incredulidad... que luego dio paso a una furia ciega. Sabía que, si le pedía al piloto de su jet privado que esperase, no llegaría a tiempo a la reunión, pero por una vez, la emoción se antepuso al deber profesional y le pidió al chófer que diese la vuelta.
Miley tiró la lata vacía de aceitunas a la basura y volvió a su dormitorio. Quizá las náuseas que sufría últimamente le estuvieran destrozando el paladar, pensó.
En ese momento, oyó que se abría la puerta y se le puso el corazón en la garganta pensando que Nick había vuelto, que se había arrepentido... Claro, eso tenía que ser. Se había dado cuenta de que ella nunca podría serle infiel.
-¡Estoy en el dormitorio! -gritó cuando lo oyó llamarla, con la impaciencia típica de su carácter.
Con el pelo rubio cayendo sobre sus hombros, Miley concentró sus ojos Miel en la puerta, deseando haber tenido tiempo para vestirse y arreglarse un poco.
Nick entró en la habitación y con un gesto melodramático muy poco acorde con su carácter, tiró unos papeles sobre la cama.
-¡Eres una mentirosa! ¡Has estado en el apartamento de Lucas en numerosas ocasiones! Incluso has pasado la noche allí... ¡Llevas meses acostándote con él!
Atónita por la agresión, Miley se quedó paralizada. ¿De qué demonios estaba hablando?
-Yo nunca he estado en el apartamento de Lucas. Ni siquiera sé dónde vive...
-¿Cómo que no? Aquí tengo las pruebas -la interrumpió Nick, con los dientes apretados.
-¿Qué pruebas? -murmuró ella, tomando los papeles-. ¿Qué es esto?
-Sorpresa, sorpresa. Has estado bajo la vigilancia de un equipo de seguridad durante el último año. Ése es el informe de tus actividades recientes...
-¿Seguridad? ¿Quieres decir que has estado vigilándome?
-Cuidando de ti es una mejor forma de describirlo.
-¿Quién ha estado vigilándome? -preguntó Miley, asqueada por la idea de que unos extraños hubieran estado siguiendo sus pasos sin que ella lo supiera.
-Uno de mis equipos de seguridad. Profesionales que saben hacer su trabajo sin ser detectados y sin interferir con tu libertad. Ellos no cometen errores -dijo Nick, con ferocidad -, así que no pierdas el tiempo intentando mentirme.
Nick lo miró, atónita.
-Me horroriza que hayas desconfiado de mí de esa manera. Has pagado a gente para que me espiase... es horrible.
Nick tuvo el detalle de parecer ligeramente avergonzado.
-No es eso. He recibido amenazas anónimas...me preocupaba que, por tu asociación conmigo, tú pudieras estar en peligro. Era mi obligación protegerte y eso es lo que he hecho. Fin de la historia.
Miley no le escuchaba. Estaba perpleja por la revelación.
-La idea de que unos extraños me espíen es asquerosa. Yo había creído que tenía derecho a mi vida privada... pero veo que no era sí.
Nick estaba cada vez más furioso. ¿Cómo se atrevía a concentrarse en un hecho trivial e ignorar lo importante, que le había sido infiel? ¿Qué valía su derecho a la intimidad comparado con su detestable traición? ¿De dónde sacaba valor para mirarlo a los ojos con gesto de reproche?
-Hasta anoche, jamás le había pedido al servicio de seguridad que me diera un informe de tus movimientos. He respetado tu intimidad al cien por cien -le informó, cortante-. Pero quería tener pruebas de tu infidelidad. El número de visitas que has hecho al apartamento de Grabell corrobora la acusación que mi hermana hizo contra ti.
Miley seguía estudiando los papeles que tenía en la mano. Y al ver la dirección que aparecía en esos papeles, dejó escapar un suspiro. Era un absurdo malentendido...
-Este apartamento es de Lucas, sí, pero hacía tantas fiestas, que los vecinos se quejaron... desde hace un año quien vive ahí es Demi, su prima.
Nick no reaccionó. Duro como el granito, seguía mirándola con gesto de condena.
-No te creo. Pero estoy seguro de que tu mejor amiga ratificará esa mentira por ti.
En ese sentido, no podría haber estado más equivocado. Habiendo crecido con unos padres que frecuentemente se engañaban, Demi despreciaba la infidelidad. Era la última persona que mentiría para esconder la infidelidad de una amiga.
-Demi vive en ese apartamento –repitió-. Apenas conozco a Lucas Grabell y no te he sido infiel. Supongo que todo esto parecen pruebas irrefutables, pero después de haber estado dos años contigo deberías conocerme mejor.
-Te equivocas -dijo Nick, saliendo del dormitorio.
-¡Espera! -lo llamó Miley.
Él se volvió, pero su expresión era tan dura como antes.
No haberle contado lo que vio en casa de Denisse había sido un error. Era un error tener miedo a decir la verdad. Desgraciadamente, Nick no agradecería que le contase la verdad. Incluso la odiaría más por hablar mal de su hermana. Pero Miley estaba decidida a defenderse. Después de todo, podría no tener otra oportunidad.
-Deja que te cuente mi versión de lo que pasó anoche. Fui yo quien pilló a tu hermana besándose con un hombre que no era su marido.
Nick apretó los dientes.
-No digas una palabra más.
Denisse fue detrás de mí y me dijo que, si contaba algo, destrozaría mi vida...
-¿Cómo te atreves a hablar así de mi hermana?
-No tenía intención de contárselo a nadie...
-Ya has dicho lo suficiente como para convertirme en tu enemigo. Has insultado el honor de la familia Jonas -le espetó él-. Es una ofensa que quieras ensuciar el honor de Denisse en un absurdo intento de salvar el tuyo. Si fueras un hombre, no te habría dejado hablar así de mi hermana. No te aproveches del hecho de que eres una mujer.
-¡Eres tú el que se está aprovechando! -protestó Miley, acalorada-. Me has llamado mentirosa, me has insultado... te niegas a escuchar mi versión de la historia...

-¿Qué hay que escuchar, qué hay que entender? -demandó Nick, acorralándola contra la pared-. ¡Te has abierto de piernas para ese niñato!
-¡Eso no es verdad! No seas grosero...
-¿Lo hiciste en nuestra cama?
-¡Yo no he hecho nada! Ni siquiera he mirado a otro hombre...
-Olvidas que te vi saludando a Grabell anoche -le recordó él.
-¿Qué estás diciendo? Es el primo de Demi, tenía que saludarlo...
-¿Qué tiene él que no tenga yo? ¿Es mejor en la cama?
-Nick...
-¿Es más inventivo, más excitante, más sucio? ¿Qué te hacía él que no te hiciera yo? ¿No te he satisfecho siempre? Dímelo, tengo derecho a saberlo -le espetó Nick, con un brillo de ferocidad en los ojos.
-¡No hay nada que contar! -exclamó Miley, desesperada.
La tensión era electrizante. Al principio, no entendía aquel cosquilleo entre las piernas...
-Y ahora mismo es a mí a quien deseas -dijo él, con gesto de satisfacción, levantando la mano para tocar sus pezones, marcados claramente bajo la bata.
Miley dejó escapar un gemido, arqueando la espalda. Todo su cuerpo estaba ardiendo, más sensibilizado que nunca. Reconocer su propia excitación sexual la atormentaba.
-Sí, pero...
-De hecho, lo estás suplicando -la interrumpió Nick, buscando su boca con una pasión fiera, abrumadoramente erótica.
Miley se derritió como el azúcar, rindiéndose ante la invasión de su lengua. Él la tomó en brazos para llevarla a la cama y, después de tumbarla en ella, se echó hacia atrás. Aún perdida en la fiebre de su propio deseo, Miley se agarró a sus hombros.
Con frío desdén, Nick apartó sus brazos. Alto, orgulloso, con la cabeza levantada, la miró con helado desprecio.
-Se acabó. En cuanto dejaste que Grabell te tocase, se terminó. Yo espero que mi amante reserve todo su afecto exclusivamente para mí.
-Yo nunca he sido tu amante...
Desde la puerta, Nick soltó una carcajada que la golpeó como una bofetada.
-Claro que lo eras. ¿Qué otra cosa podrías haber sido para mí?
Dolida más allá de lo imaginable, Miley se quedó mirando al vacío. No quería mirarlo a él. Oyó sus pasos en el pasillo, el ruido de la puerta al cerrarse. Se había terminado, Nick había desaparecido sin que le importase nada. Nunca le había importado, pensó, con el corazón encogido

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