viernes, 16 de marzo de 2012

Capitulo 6.-

Entretanto, Demi y Nick habían ido hasta la casa con Henry, el chofer, quien les abrió la puerta principal y los condujo hasta la habitación que había ocupado Miley.
Cuando abrieron el enorme armario, los hermanos se quedaron paralizados ante la desoladora vista que se presentó ante sus ojos. Estaba completamente vacío, a excepción de una bolsa de viaje en el suelo, la que Miley le había mencionado a Demi, tres vestidos, cuatro camisas, dos faldas, dos pares de gastados zapatos, y un cajón con la ropa interior.
-Esa pobre chiquilla... -murmuró Henry meneando la cabeza-, durante estos dos años la tuvo viviendo en la pobreza, la trató como a un perro, y la trajo de vuelta cada vez que intentó escaparse. Detestaba trabajar para él, pero no podía soportar la idea de dejar a esa pobre criatura aquí sola a su suerte.
Los ojos de Nick relampaguearon peligrosamente cuando se giró hacia el hombre.
-¿Qué está diciendo? -le espetó enfadado-. ¿Cómo que la tuvo en la pobreza? Nuestro primo tenía millones de dólares.
Henry asintió.
-Sí, señor, y se procuraba para sí las mejores ropas, los mejores coches, y las mejores mujeres de Houston -respondió sin amilanarse un ápice-. Pero la señorita Miley lo único que recibió de él fueron golpes e insultos de su lengua de serpiente. La hirió de gravedad la última noche que durmió aquí, la noche antes de la fiesta. Yo mismo tuve que conducirlos hasta el hospital, porque él estaba borracho. Tenía intención de decirles a los médicos lo que había ocurrido, pero él no me dejó bajar del coche, y luego supe por la señorita Miley que mintió al doctor que la atendió, diciéndole que se había hecho el corte con una lámina de hojalata que tenía en el garaje. En mi vida había visto tanta sangre...
Nick y Demi se habían puesto lívidos al recordar lo que les había dicho el médico del pabellón de urgencias.
-¿La hirió? ¿Con qué? -exigió saber Nick, entre incrédulo e indignado.
-Con un cuchillo, señor Jonas -contestó Henry-. Yo había entrado en la casa para preguntarle si quería algo de mí antes de que me retirara a la cabaña a dormir, y al llegar al salón vi que se había abalanzado sobre ella en el sofá con un cuchillo en la mano apretado contra su garganta. No hacía más que insultarla y amenazarla a gritos con que la iba a matar. Traté de detenerlo, de hacerlo entrar en razón, y creí que lo había conseguido cuando de repente empezó a maldecirla de nuevo, diciendo no sé qué de una tarjeta de cumpleaños y acusándola de serle infiel -añadió-. Y entonces, antes de que pudiera detenerlo, la hirió. Ella gritó y la sangre saltó en todas direcciones. Eso pareció hacerlo recobrar el sentido, y la llevamos al hospital. Le dieron puntos y volvimos aquí, pero él salió otra vez y no volvimos a verlo hasta la mañana siguiente.
Nick se notaba las piernas temblorosas, y tuvo que sentarse en la silla más próxima.
-¿Y dice que fue... que fue por una tarjeta de cumpleaños?
- Demi se había tapado la boca horrorizada y las lágrimas rodaban por sus mejillas en silencio.
-Sí, señor -respondió el chofer-. Parece ser que ella había recibido una tarjeta de cumpleaños y eso lo había puesto furioso. A menudo la golpeaba. Ella nunca me dijo nada, pero yo lo sabía porque le veía las marcas. Me alegro de que esté muerto -añadió en un tono gélido-. Era una bestia, y no me importa que fuera su primo. Tuvo el final que se merecía. La noche de la fiesta yo estaba esperándolos con el coche aparcado a fuera, y cuando los vi salir, antes de que acabara la velada, él la traía casi a rastras. Me ordenó que los llevara a casa, pero yo tenía miedo de que intentara hacerle daño otra vez a la señorita, y me negué a obedecerle. Me dijo que estaba despedido, y que le diera las llaves. Se las di, pero le dije que la señorita Miley no iba a ir con él, que tendría que pasar por encima de mi cadáver, eso le dije. No se enfrentó a mí, porque en el fondo era un cobarde: sólo se atrevía con las mujeres indefensas, y se marchó solo. La gente cree que se mató por su culpa, que lo dejó conducir bebido, pero lo único que hizo esa pobre criatura fue librarse de morir ella también en la carretera o a sus manos.
-¡Miente! ¡No está diciendo más que mentiras! - masculló Nick con el rostro blanco como una sábana.
Henry se volvió hacia Demi.
-Dígale usted a la señorita Miley que le enseñe los puntos. Fue un corte muy profundo. El médico creyó la mentira que él le contó porque las veces anteriores le había mentido igual, haciéndole creer que ella era muy torpe, propensa a tener accidentes. El fue el único accidente que tuvo la pobre chiquilla -añadió-. Nunca tuvo ningún accidente practicando ala delta... ¡él la tiró por las escaleras!
Nick murmuró un «oh, Dios mío» angustiado, y puso la cabeza entre las manos.
-Se metía con ella constantemente -continuó Henry-, llamándola «torpe» e «inútil»... porque a menudo se le caían las cosas, pero aquello le pasaba por sus malos tratos. Hizo de ella una persona nerviosa, asustadiza... como les ocurre a los perros a los que sus amos gritan y golpean.
Demi le rogó al chofer que los dejara un instante a solas.
Cuando el hombre hubo salido de la habitación y bajado al piso inferior, Demi se acercó a su hermano pero no dijo una palabra. Parecía que su conciencia ya estaba castigándolo sin necesidad de que ella interviniera.
-¿Lo sabías? -le preguntó alzando el rostro hacia ella con una expresión atormentada-, ¿sabías algo de todo esto?
-No -murmuró Demi-. Jared no me dejaba verla y teníamos que quedar a sus espaldas, pero yo creía que la razón era que él era muy posesivo, nada más. Y cuando nos veíamos ella jamás me hablaba de su matrimonio. El día del entierro me confesó que Jared apenas le daba dinero para sus gastos, pero nunca pensé...
Nick se puso de pie.
-No podemos dejar que sepa que nos hemos enterado -murmuró.
-Lo sé.
-Imagino que debe haber mucho más -dijo Nick. Y entonces recordó las duras palabras que le había dirigido a Miley antes de marcharse. ¿Cómo había podido estar tan ciego?
De regreso al rancho, Nick metió en la casa las maletas que Demi se había llevado. Con una sola había bastado para guardar las pocas pertenencias de Miley. Las otras iban vacías. Sólo entonces estaba empezando a comprender que la víctima no había sido su primo, sino la joven. Jared le había mentido desde el principio, y por haberle creído había sido cruel con ella. El sólo pensar en ella lo estaba matando. Había pasado lo indecible, y él lo único que había hecho había sido humillarla y culparla.
En ese momento la señora Bird se asomó desde la puerta de la cocina.
-Ah, ¿ya están aquí? La cena estará lista en un... -se quedó a mitad de la frase, y salió al pasillo, mirando con extrañeza detrás de ellos-. ¿Y la señorita Miley?-les preguntó ¿No se han encontrado con ella?
Demi y Nick intercambiaron una mirada de incomprensión.
- ¿Miley no está aquí? -inquirió Demi.
-No, señorita, salió al poco rato de irse ustedes - Respondió la mujer.
-¡¿Que ha salido?! -explotó Nick sin dejarla terminar-. ¡Pero si apenas podía caminar! ¿Cómo ha podido dejar que saliera?
La señora Bird contrajo el rostro.
-Pero, señor Jonas... había pedido un taxi por teléfono y me dijo que iba a la casa, porque se le había olvidado decirles que le trajeran algo... -murmuró retorciendo nerviosa el dobladillo de su delantal-. Pero si no ha ido allí... oh, Dios mío...
-¿Dónde podrá estar? -dijo Demi angustiada, dejándose caer en una silla-. No tiene un solo pariente en el mundo y no creo que lleve apenas dinero.
-¿Cómo ha podido hacer una locura así? -masculló Nick pasándose frenético una mano por el cabello.
Sabía muy bien qué la había empujado a marcharse: su comportamiento. ¡Dios!, ¡si no hubiera sido tan estúpido... si no hubiera creído las mentiras de Jared...!
-¿Qué podemos hacer, Nick? -inquirió su hermana.
-Llamaremos a la compañía de taxis -respondió él yendo junto al mueble del teléfono y sacando del cajón la guía telefónica-. Tal vez logremos dar con quien la llevara.
Consiguieron hablar con el taxista que la había llevado, y éste les dijo que la había dejado en la estación de autobuses. Fueron allí, y por suerte el encargado de la taquilla de billetes recordaba haber visto a una joven que se ajustaba a la descripción de Miley, y les dijo que había tomado un autobús a Houston. Demi quería acompañarlo, pero Nick insistió en que volviese a casa. Era él quien debía hacerlo. La culpa de que se hubiera marchado había sido suya.
Lo primero que Nick hizo fue ir a una comisaría de policía, y allí tuvieron el buen acuerdo de sugerirle que se acercara al albergue de la YWCA, donde era posible que se hubiera dirigido. Le indicó la dirección, y, en efecto, allí la encontró. Cuando entró en el edificio la halló sentada de espaldas a él en el área de recepción, con una mujer que debía ser una asistente social, quien tomaba notas mientras hablaban. Miley parecía agotada y tenía los ojos enrojecidos, como si hubiese estado llorando.
-... me temo que no podremos colocarla en ningún sitio hasta que no esté en mejores condiciones físicas, señora Murillo -le estaba diciendo la mujer-, y la verdad es que tenemos ocupadas todas las plazas del albergue, pero podemos buscarle alojamiento en alguno de nuestros centros asociados y...
-No lo necesitará -intervino Nick acercándose.
Al verlo, Miley se puso aún más pálida de lo que ya estaba. La asistente social levantó el rostro para mirar a Nick, y después se volvió hacia Miley.
-¿Conoce a este hombre, señora Murillo? -inquirió suspicaz.
-Es el hermano de mi mejor amiga -respondió la joven mirando con dureza al ranchero-, y no hacía falta que viniera hasta aquí. Puedo cuidar muy bien de mí misma.
Nick se sentó en el sillón frente a la asistente social y apeló a ella:
-Hace algo más de una semana sufrió un accidente montando a caballo -le explicó-. La habíamos llevado a nuestra casa para poder cuidarla hasta que se repusiera, y ha habido un malentendido entre nosotros, pero...
-Pues a juzgar por el estado de nervios que tenía esta joven cuando hemos empezado a hablar -lo cortó la mujer entornando los ojos-, yo diría que no ha debido ser un simple malentendido, señor...
-Jonas, Nicholas Jonas. Escuche, he venido a llevarla de vuelta. Nosotros cuidaremos de ella. No tiene a nadie más. Su esposo falleció recientemente - añadió.
-Una verdadera lástima, ya lo creo -respondió la mujer con sarcasmo-, porque por las cosas que me ha contado ella, habría disfrutado llevando a ese canalla ante un jurado.
Miley había esperado que Nick saliese en defensa de su primo, pero, para su sorpresa, no dijo nada. No había querido contarle aquellas cosas a la asistente social, porque era demasiado humillante, demasiado doloroso, pero la mujer no había cejado hasta obtener respuestas.
-Miley, cuélgate el bolso y vámonos -dijo Nick en ese tono que no admitía discusión.
La joven buscó frenética los ojos de la asistente social.
-No tienes que irte si no quieres -le dijo la mujer.
Esa interferencia irritó a Nick, pero se esforzó por no perder los nervios en beneficio de Miley.
-Escucha, Miley, siento el modo en que me he comportado. Ven a casa, por favor. Demi está muy preocupada. Vuelve conmigo -le rogó inclinándose hacia delante.
Pero Miley ya no confiaba en él, se lo decían sus ojos.
-Ni siquiera tendrás que verme -insistió Nick tengo asuntos que atender en Kansas y me iré mañana. Estaré fuera varios días. Estaréis solas Demi y tú.
No era cierto que tuviera algo que hacer en Kansas, pero estaba decidido a marcharse si con eso Miley obtenía la tranquilidad que necesitaba para recuperarse. Y después, cuando regresara, las cosas serían distintas. Nunca más volvería a hacerla sufrir.
La joven no sabía qué hacer. Como le había dicho la asistente social, en el estado en el que estaba no podría encontrar un trabajo, pero tal vez unos días más junto a su amiga le servirían para acabar de restablecerse, y entonces podría marcharse y buscarse la vida por su cuenta antes siquiera de que Nick volviera de ese viaje.
-De acuerdo -claudicó en un tono derrotado-. Volveré contigo.
Nick suspiró aliviado y se puso en pie. La asistente social también se levantó.
-¿Me da usted su palabra de que cuidarán de ella? -inquirió.
Nick asintió con la cabeza y le tendió una mano a Miley para ayudarla a incorporarse, pero la joven desdeñó el ofrecimiento, y lo hizo sola, apoyándose en los brazos del sofá. Dio las gracias a la asistente social por su tiempo y su interés, y la mujer los acompañó a la puerta.
Cuando regresaban a Jacobsville, la tensión podía mascarse dentro del coche.
-Perdóname, Miley -le dijo Nick quedamente.
Ella no respondió, y tampoco apartó la mirada del parabrisas.
-Demi no debería haberte hecho venir a por mí murmuró al cabo de un rato.
-No he venido porque me lo dijera Demi -repuso él-. Quería pedirte disculpas por lo que te dije.
Pero ella no contestó. No entendía aquel repentino cambio de actitud, y había perdido la confianza en él.
Nick comprendió entonces que aquello no iba a ser fácil. Sus excusas no tenían para ella ningún valor. Ni siquiera quería mirarlo.
La señora Bird ya tenía la cena preparada cuando llegaron, pero Miley estaba demasiado cansada incluso para comer y, rechazando de nuevo la ayuda de Nick, le pidió a Demi que la ayudara a subir al cuarto de invitados. A pesar de su negativa, la señora Bird le subió una taza de consomé y una tortilla, y no salió de la habitación hasta haber conseguido que se tomara ambas cosas. Después, la joven se quedó a solas con Demi, pero al poco se durmió, y su amiga bajó las escaleras, uniéndose a Nick en el salón.
-¿Cómo está? -inquirió él.
-Se ha quedado dormida. Pobre Miley... ¿Por qué se marcharía tan repentinamente? ¿Te ha dicho algo a ti?
Con las facciones rígidas, Nick se levantó de su asiento.
-Voy a llamar por teléfono para sacar un billete a Kansas para mañana -le dijo sin apenas inflexión en la voz-. Voy a visitar varios ranchos para ver caballos. Quiero comprar un buen semental -improvisó.
A Demi le escamó que hubiera eludido su pregunta. -Le dijiste algo, ¿no es cierto? Antes de que nos fuéramos a buscar sus cosas... -comenzó.
-Eso ya pertenece al pasado -replicó él sin mirarla-. Ahora está a salvo de mí. Ya no volveré a hacerle daño.
-Oh, así que, ¿por fin te parece que ya ha pagado bastante por haberse enamorado de ti? Qué amable por tu parte... -le espetó su hermana irritada.
-Ella no me ama -dijo él-. Y antes tampoco, nunca me ha amado. Sólo estaba encaprichada de mí, eso es todo.
-¿Eso crees?
Nick se volvió hacia ella.
-Si me amase, no se habría casado con Jared.
-Tú no fuiste precisamente, amable con Miley cuando su padre estaba enfermo -le recordó Demi-. Jared en cambio fingió interesarse por ella, y le ofreció consuelo y un hombro en el que llorar. Miley no tenía a nadie, estaba asustada y lo había perdido todo. ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?
Nick contrajo el rostro dolido, pero no respondió y se alejó por el pasillo en dirección al estudio.
Nick cumplió lo que había dicho, y estuvo fuera varios días, hasta que ya no pudo posponer más su regreso. Miley, en su ausencia, se sintió más tranquila, estaba cada vez más recuperada del accidente, y andaba ya por el rancho.
El día que Nick regresó, la encontró sentada en el porche con Demi. Estaba riéndose por algo que su hermana había dicho, y sus ojos azules brillaban tanto como su blanca sonrisa. El había soñado una y otra vez con que el rostro de la joven se iluminaría al verlo aparecer, pero no fue así. Cuando oyó sus pasos, giró la cabeza, y toda aquella alegría se desvaneció. Y entonces, por primera vez en su vida, Nick se sintió completamente vacío.
Dejó la maleta en el suelo y saludó a su hermana antes de girarse hacia su huésped.
-Hola, Miley -le dijo, en un tono lo más neutro posible-. ¿Cómo te encuentras?
-Estoy mejor, gracias -contestó ella sin moverse de su asiento ni esbozar una sonrisa. Por la rigidez de sus hombros era obvio que estaba más que tensa.
Los gastados vaqueros y el jersey de hilo que llevaba puestos resaltaban cada línea de su figura, y Nick no pudo evitar quedarse mirándola, pero cuando la joven cruzó los brazos sobre el pecho, a la defensiva, aquello lo irritó aún más.
-¿Encontraste ese caballo que ibas buscando? - inquirió Demi.
-No vi ninguno que me gustara lo suficiente como para comprarlo -respondió él, apoyándose en la baranda del porche-, aunque la verdad es que tampoco busqué con demasiado ahínco.
Su contestación no sorprendió a su hermana, que sabía cuál había sido su verdadero motivo para ausentarse.
Se hizo un incómodo silencio.
-Delta ha llamado un par de veces estos días, mientras estabas fuera -dijo Demi, acordándose en ese momento-. Me pidió que la telefonearas cuando volvieras.
-La llamaré luego -farfulló Nick.
Miley advirtió que, mientras hablaba con su hermana, él no hacía más que observarla de reojo, y creyendo que molestaba, se puso de pie.
-Os dejaré a solas para que habléis -murmuró. Y, a pesar de que su amiga le aseguró una y otra vez que no era necesario, entró en la casa y subió las escaleras en dirección a su cuarto.
Nick maldijo entre dientes.
-¿Qué esperabas después de como la has tratado?-le espetó Demi.
Nick sacó un cigarrillo y estaba a punto de encenderlo cuando su hermana se lo arrancó de las manos y lo partió en dos.
-Me lo prometiste, Nick -le recordó.
-¿Quieres dejarme en paz? -masculló él irritado, mirándola fijamente-. No eres mi niñera, ¿sabes? 
-Pues no te vendría mal una. O mejor, una esposa- Le dijo desafiante-. ¿Por qué no vas y le devuelves la llamada a Delta? Está loca por ti, y tiene casi tu edad, así que no te haría sentirte culpable si te casaras con ella.
-Tal vez lo haga -respondió él para fastidiarla-. ¿No tienes nada que hacer?
-Tenía una cita, pero la he cancelado. No puedo dejar a Miley aquí sola contigo.
Los ojos de Nick relampaguearon peligrosamente.
-El que me enseñes lo colmillos no te servirá conmigo -le dijo ella burlona. Lo miró, meneó la cabeza, y dejó escapar un suspiro-. Escucha, Nick, yo confío en ti, pero Miley no, y ése es el problema. Puede que no te hayas dado cuenta, pero te tiene miedo.
Él se quedó de una pieza.
¿Qué?
-Que te tiene miedo -repitió ella-. Eres fuerte e irascible, y Miley ha tenido una mala experiencia con un hombre que la ha maltratado durante los dos años que ha durado su matrimonio. ¿No crees que a ti en su lugar te pasaría lo mismo?
Nick resopló, dejándose caer en la silla que Miley había abandonado, y se pasó una mano por la nuca con el ceño fruncido.
-Esa sabandija... -farfulló-. ¡Y pensar que le he tenido lástima todo este tiempo...! El muy canalla no hacía más que mentirme para mantenerme alejado de ella, para que no pudiera averiguar el infierno por el que la estaba haciendo pasar. Si al menos ella me lo hubiese dicho...
-¿Acaso la habrías escuchado, Nick? -le espetó su hermana-. Y, en cualquier caso, ¿por qué habría ido Miley a pedirte ayuda cuando tú le habías dejado muy claro que la querías fuera de tu vida, que no querías volver a saber nada de ella? -meneó la cabeza-. Ya no tendrás que preocuparte por que vuelva a observarte mientras trabajas desde la ventana. No se acercará a ella, ni siquiera para abrirla.

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