Al entrar en la impresionante mansión que Denisse Jonas y su marido, Zac Efron, habían reformado sin reparar en gastos, Miley se estiró el vestido negro con manos sudorosas.
La fiesta estaba en todo su apogeo porque a Nick no le gustaba llegar temprano a ningún sitio. Miley estaba muy nerviosa e intentaba contener el deseo de pegarse a él. Le había dado tanto miedo ponerse un vestido que no fuera adecuado, que optó por un color seguro, el negro, pero las mujeres llevaban todos los colores del arco iris y se sentía un poco sosa. Además, su plan de pasar todo el día arreglándose había sido interrumpido cuando Nick llegó al ático tres horas antes de lo previsto.
Por lo visto, se había cancelado una reunión. Y el dolorcillo entre sus piernas era el testigo de su entusiasmo... del que Nick se había aprovechado para disfrutar de ese tiempo extra con ella.
Una joven rubia se acercó a Miley, sorprendida.
-Eres tú, ¿no? Tú eres la chica que vende bolsos en el mercadillo de Camden, ¿verdad?
-Me parece que se equivoca -contestó Nick con un tono que habría dejado mudo a cualquiera.
Ashley carraspeó. La chica se había puesto colorada.
-Sí, soy yo -le dijo, con una sonrisa en los labios.
-A mi madre le encantó el bolso. Se lo regalé por su cumpleaños y sus amigas están locas por comprar uno parecido. Te llamaré dentro de unos días -le prometió la joven.
Antes de que Miley pudiera decirle que ya no vendía en el mercadillo de Camden, Nick había puesto una mano en su espalda para obligarla a seguir andando. El vestíbulo era enorme y estaba lleno de invitados.
-¿Es verdad? ¿Has estado vendiendo en un mercadillo? -le preguntó en voz baja.
-Sí. En realidad, estaba haciendo un estudio de mercado para saber a qué grupos de edad le interesaban mis bolsos. Me ayuda a saber...
-Vendiendo en un mercadillo -repitió Nick, furioso-. Vendiendo en la calle como si fueras una mendiga. ¿Cómo te atreves a ofenderme de esa forma?
Miley se quedó paralizada.
-No se me ocurrió pensar que fueras tan esnob.
-No soy un esnob.
-Me temo que sí, pero con tu privilegiada familia es comprensible...
-Teos... ¿qué tiene que ver mi familia con esto? -la interrumpió Nick, más furioso aún al ver su expresión comprensiva-. ¿Por qué no me habías dicho que vendías por la calle?
-Por favor... no «vendo por la calle», tenía un puesto en el mercado de Camden -suspiró Miley-. Aunque ya no lo tengo.
-No deberías haberte rebajado a eso. A partir de ahora, tendrás que respetar las normas para preservar tu dignidad -dijo Nick, apretando los dientes.
-La dignidad es algo que no me preocupa demasiado -replicó ella.
Quizá no fuera el mejor momento para decirle que había dejado el mercadillo... para acudir a las ferias de artesanía, pensó, irónica.
A veces, ser inmensamente millonario hacía que Nick fuese muy poco práctico. Después de todo, ella no tenía dinero. Durante los dos últimos años, había vivido de la beca de estudios y, cuando terminó el curso, el dinero que sacaba vendiendo sus bolsos la ayudaba a pagar los gastos, pero era una batalla llegar a fin de mes. Sólo al no tener que pagar alquiler había podido salir adelante. ¿Sabría Nick que ella pagaba las facturas de gas, luz y teléfono?
-Pero a mí sí me preocupa. Si no lo haces por ti, hazlo por mí -dijo él entonces, con cortante claridad.
Se sentía herido en su orgullo al pensar en Mi atendiendo a los clientes. Y debería saber eso sin que él tuviera que decírselo, pero era demasiado ingenua para hacer discriminaciones... ¿Cuántas familiaridades, cuántas groserías habría soportado sin quejarse? ¿Qué otras cosas hacía que no le había contado? Su confianza en ella empezaba a resquebrajarse. Por primera vez, se dio cuenta del problema que representaba estar tanto tiempo lejos de Londres. Si hubiese estado más tiempo con ella, habría sabido lo del mercadillo y lo habría cortado de raíz. En el futuro, tendría que interesarse mucho más por sus actividades.
Miley conocía a Nick demasiado bien y sabía que estaba disgustado. Él nunca entendería que alguien tuviese que ganar dinero como fuera... era demasiado orgulloso. Pero la frialdad de sus ojos le resultaba insoportable.
En ese momento, se dio cuenta de que la multitud se había apartado para dejarlos pasar y se sintió incómoda al descubrir que todos estaban mirándolos. Todas las cabezas se habían vuelto en su dirección. La gente la miraba con curiosidad, pero enseguida se centraban en Nick. Él era la mayor atracción y todos se apartaban como si perteneciese a la realeza. Aunque Nick era indiferente a la atención que despertaba.
Una joven muy guapa de ojos oscuros y largo pelo negro, su delgada figura envuelta en un vestido rosa de diseño, se acercaba a ellos. Miley, que había visto muchas fotografías de Denisse en las revistas, reconoció a la hermana de Nick enseguida. Tenía los nervios agarrados al estomago. Deseaba tanto caerle bien... Deni besó a su hermano en ambas mejillas mientras se quejaba porque había llegado tarde.
La fiesta estaba en todo su apogeo porque a Nick no le gustaba llegar temprano a ningún sitio. Miley estaba muy nerviosa e intentaba contener el deseo de pegarse a él. Le había dado tanto miedo ponerse un vestido que no fuera adecuado, que optó por un color seguro, el negro, pero las mujeres llevaban todos los colores del arco iris y se sentía un poco sosa. Además, su plan de pasar todo el día arreglándose había sido interrumpido cuando Nick llegó al ático tres horas antes de lo previsto.
Por lo visto, se había cancelado una reunión. Y el dolorcillo entre sus piernas era el testigo de su entusiasmo... del que Nick se había aprovechado para disfrutar de ese tiempo extra con ella.
Una joven rubia se acercó a Miley, sorprendida.
-Eres tú, ¿no? Tú eres la chica que vende bolsos en el mercadillo de Camden, ¿verdad?
-Me parece que se equivoca -contestó Nick con un tono que habría dejado mudo a cualquiera.
Ashley carraspeó. La chica se había puesto colorada.
-Sí, soy yo -le dijo, con una sonrisa en los labios.
-A mi madre le encantó el bolso. Se lo regalé por su cumpleaños y sus amigas están locas por comprar uno parecido. Te llamaré dentro de unos días -le prometió la joven.
Antes de que Miley pudiera decirle que ya no vendía en el mercadillo de Camden, Nick había puesto una mano en su espalda para obligarla a seguir andando. El vestíbulo era enorme y estaba lleno de invitados.
-¿Es verdad? ¿Has estado vendiendo en un mercadillo? -le preguntó en voz baja.
-Sí. En realidad, estaba haciendo un estudio de mercado para saber a qué grupos de edad le interesaban mis bolsos. Me ayuda a saber...
-Vendiendo en un mercadillo -repitió Nick, furioso-. Vendiendo en la calle como si fueras una mendiga. ¿Cómo te atreves a ofenderme de esa forma?
Miley se quedó paralizada.
-No se me ocurrió pensar que fueras tan esnob.
-No soy un esnob.
-Me temo que sí, pero con tu privilegiada familia es comprensible...
-Teos... ¿qué tiene que ver mi familia con esto? -la interrumpió Nick, más furioso aún al ver su expresión comprensiva-. ¿Por qué no me habías dicho que vendías por la calle?
-Por favor... no «vendo por la calle», tenía un puesto en el mercado de Camden -suspiró Miley-. Aunque ya no lo tengo.
-No deberías haberte rebajado a eso. A partir de ahora, tendrás que respetar las normas para preservar tu dignidad -dijo Nick, apretando los dientes.
-La dignidad es algo que no me preocupa demasiado -replicó ella.
Quizá no fuera el mejor momento para decirle que había dejado el mercadillo... para acudir a las ferias de artesanía, pensó, irónica.
A veces, ser inmensamente millonario hacía que Nick fuese muy poco práctico. Después de todo, ella no tenía dinero. Durante los dos últimos años, había vivido de la beca de estudios y, cuando terminó el curso, el dinero que sacaba vendiendo sus bolsos la ayudaba a pagar los gastos, pero era una batalla llegar a fin de mes. Sólo al no tener que pagar alquiler había podido salir adelante. ¿Sabría Nick que ella pagaba las facturas de gas, luz y teléfono?
-Pero a mí sí me preocupa. Si no lo haces por ti, hazlo por mí -dijo él entonces, con cortante claridad.
Se sentía herido en su orgullo al pensar en Mi atendiendo a los clientes. Y debería saber eso sin que él tuviera que decírselo, pero era demasiado ingenua para hacer discriminaciones... ¿Cuántas familiaridades, cuántas groserías habría soportado sin quejarse? ¿Qué otras cosas hacía que no le había contado? Su confianza en ella empezaba a resquebrajarse. Por primera vez, se dio cuenta del problema que representaba estar tanto tiempo lejos de Londres. Si hubiese estado más tiempo con ella, habría sabido lo del mercadillo y lo habría cortado de raíz. En el futuro, tendría que interesarse mucho más por sus actividades.
Miley conocía a Nick demasiado bien y sabía que estaba disgustado. Él nunca entendería que alguien tuviese que ganar dinero como fuera... era demasiado orgulloso. Pero la frialdad de sus ojos le resultaba insoportable.
En ese momento, se dio cuenta de que la multitud se había apartado para dejarlos pasar y se sintió incómoda al descubrir que todos estaban mirándolos. Todas las cabezas se habían vuelto en su dirección. La gente la miraba con curiosidad, pero enseguida se centraban en Nick. Él era la mayor atracción y todos se apartaban como si perteneciese a la realeza. Aunque Nick era indiferente a la atención que despertaba.
Una joven muy guapa de ojos oscuros y largo pelo negro, su delgada figura envuelta en un vestido rosa de diseño, se acercaba a ellos. Miley, que había visto muchas fotografías de Denisse en las revistas, reconoció a la hermana de Nick enseguida. Tenía los nervios agarrados al estomago. Deseaba tanto caerle bien... Deni besó a su hermano en ambas mejillas mientras se quejaba porque había llegado tarde.
Riendo, Nick se volvió hacia Miley como si fuera a presentarle a su hermana, pero en ese momento un hombre se dirigió a él en griego.
-Perdonad un momento -se disculpó, impaciente.
-Hola, Denisse, yo soy Miley -se presentó ella, ofreciéndole su mano-. Estaba deseando conocerte.
Con una sonrisa cínica en los labios, Deni contestó con desprecio:
-Eres la pu ta de mi hermano. ¿Por qué iba yo a querer conocerte?
Cuando se alejó, sin perder la sonrisa, Miley intentó esconder su asombro. Y su horror. Con la cara ardiendo, intentó contener las ganas de llorar. Que la hermana de Nick, una mujer a la que ni siquiera conocía, la hubiese atacado de esa forma la dejaba helada. Pero se dijo a sí misma que no debía pensar en la barbaridad que le había dicho. Le hacía muchísima ilusión acudir a esa fiesta y Nick quería tanto a su hermana... No podía contarle lo que acababa de pasar. Si lo hacía, crearía un problema entre ellos.
Al otro lado de la sala, un hombre con el pelo rubio y facciones angelicales, en contraste con unos ojos vidriosos, levantó la mano para saludarla. Agradeciendo ver una cara conocida en un mar de extraños, Miley sonrió.
-¿Sabes quién es? -le preguntó Nick.
Lucas... es primo de Demi -contestó ella, intentando olvidar el insulto de Deni.
Nick fulminó al joven rubio con la mirada. Lucas tenía fama de organizar fiestas salvajes y de ser un mujeriego. Le sorprendía que Miley lo conociese.
-No quiero que hables con él.
Ella lo miró, incrédula. ¿Desde cuándo Nick le hablaba como si sus palabras fueran órdenes que debían ser obedecidas de inmediato?
-Y eso significa que, a partir de ahora, no lo conoces.
-¿Qué?
¿Cómo no iba a saludar a Lucas? Si no lo hacía, ofendería a su mejor amiga. Y, además de otras consideraciones, sería completamente ridículo. Aunque apenas se conocían, se habían visto varias veces en casa de Demi.
Una mujer cubierta de diamantes se acercó para hablar con Nick en ese momento. Sin mirarla a ella siquiera, fue la primera en una larga procesión de gente que se acercaba para hablar con él. En comparación, Miley se sentía tan interesante como una silla y no le habría sorprendido que le colocasen abrigos encima.
Con la autoestima destrozada, se alejó un poco del grupo. Desde aquel puerto seguro, podía ver al contingente femenino rodeándolo como si fuera una estrella de cine. Los hombres lo escuchaban con admiración, deseando saber su opinión sobre cualquier tema, las mujeres coqueteaban descaradamente con él.
«La pu ta de mi hermano». Aquel insulto terrible tuvo el mismo efecto que un hacha manejada por un loco.
Una pu ta era una mujer promiscua, una mujer que recibía dinero a cambio de sexo. Una mujer que se esforzaba por complacer sexualmente a los hombres. ¿Podría describirse a sí misma en esos términos?
Nick no le daba dinero, pero vivía en un apartamento digno de una princesa, decorado lujosamente por profesionales, con cuadros fantásticos y muebles de diseño. Aunque trabajase cien años, no podría pagar algo así con su dinero. Pero ella no era promiscua. Cuando conoció a Nick, era virgen. Sólo se había acostado con él. Él le había enseñado todo lo que sabía... pero Nick siendo Nick exigía perfección en todos los campos y se había ocupado de que aprendiera exactamente todo lo que le complacía en la cama. ¿Eso la convertía en una pu ta?
Sintiéndose claustrofóbica en aquella sala y atormentada por sus propios miedos, Miley entró en otra de las habitaciones. Sólo entonces se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Nerviosa, fue de una habitación a otra, temiendo que alguien se diera cuenta. Conteniendo los sollozos, buscó un sitio tranquilo para desahogarse
-Perdonad un momento -se disculpó, impaciente.
-Hola, Denisse, yo soy Miley -se presentó ella, ofreciéndole su mano-. Estaba deseando conocerte.
Con una sonrisa cínica en los labios, Deni contestó con desprecio:
-Eres la pu ta de mi hermano. ¿Por qué iba yo a querer conocerte?
Cuando se alejó, sin perder la sonrisa, Miley intentó esconder su asombro. Y su horror. Con la cara ardiendo, intentó contener las ganas de llorar. Que la hermana de Nick, una mujer a la que ni siquiera conocía, la hubiese atacado de esa forma la dejaba helada. Pero se dijo a sí misma que no debía pensar en la barbaridad que le había dicho. Le hacía muchísima ilusión acudir a esa fiesta y Nick quería tanto a su hermana... No podía contarle lo que acababa de pasar. Si lo hacía, crearía un problema entre ellos.
Al otro lado de la sala, un hombre con el pelo rubio y facciones angelicales, en contraste con unos ojos vidriosos, levantó la mano para saludarla. Agradeciendo ver una cara conocida en un mar de extraños, Miley sonrió.
-¿Sabes quién es? -le preguntó Nick.
Lucas... es primo de Demi -contestó ella, intentando olvidar el insulto de Deni.
Nick fulminó al joven rubio con la mirada. Lucas tenía fama de organizar fiestas salvajes y de ser un mujeriego. Le sorprendía que Miley lo conociese.
-No quiero que hables con él.
Ella lo miró, incrédula. ¿Desde cuándo Nick le hablaba como si sus palabras fueran órdenes que debían ser obedecidas de inmediato?
-Y eso significa que, a partir de ahora, no lo conoces.
-¿Qué?
¿Cómo no iba a saludar a Lucas? Si no lo hacía, ofendería a su mejor amiga. Y, además de otras consideraciones, sería completamente ridículo. Aunque apenas se conocían, se habían visto varias veces en casa de Demi.
Una mujer cubierta de diamantes se acercó para hablar con Nick en ese momento. Sin mirarla a ella siquiera, fue la primera en una larga procesión de gente que se acercaba para hablar con él. En comparación, Miley se sentía tan interesante como una silla y no le habría sorprendido que le colocasen abrigos encima.
Con la autoestima destrozada, se alejó un poco del grupo. Desde aquel puerto seguro, podía ver al contingente femenino rodeándolo como si fuera una estrella de cine. Los hombres lo escuchaban con admiración, deseando saber su opinión sobre cualquier tema, las mujeres coqueteaban descaradamente con él.
«La pu ta de mi hermano». Aquel insulto terrible tuvo el mismo efecto que un hacha manejada por un loco.
Una pu ta era una mujer promiscua, una mujer que recibía dinero a cambio de sexo. Una mujer que se esforzaba por complacer sexualmente a los hombres. ¿Podría describirse a sí misma en esos términos?
Nick no le daba dinero, pero vivía en un apartamento digno de una princesa, decorado lujosamente por profesionales, con cuadros fantásticos y muebles de diseño. Aunque trabajase cien años, no podría pagar algo así con su dinero. Pero ella no era promiscua. Cuando conoció a Nick, era virgen. Sólo se había acostado con él. Él le había enseñado todo lo que sabía... pero Nick siendo Nick exigía perfección en todos los campos y se había ocupado de que aprendiera exactamente todo lo que le complacía en la cama. ¿Eso la convertía en una pu ta?
Sintiéndose claustrofóbica en aquella sala y atormentada por sus propios miedos, Miley entró en otra de las habitaciones. Sólo entonces se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Nerviosa, fue de una habitación a otra, temiendo que alguien se diera cuenta. Conteniendo los sollozos, buscó un sitio tranquilo para desahogarse
Ojala se hubiera quedado en casa. Había creído que acudir a esa fiesta sería un paso adelante en su relación con Nick, pero estaba siendo todo lo contrario. No le había presentado a nadie, ni siquiera le había hecho un gesto de complicidad delante de la gente...
Encontrándose sola en un tranquilo corredor, Miley apoyó la oreja en una puerta y, cuando estuvo segura de que no se oía nada, empujó el picaporte.
Pero dentro se encontró con un espectáculo que no esperaba Denisse, la hermana de Nick, besando apasionadamente a un hombre que no se parecía en absoluto a su marido, Zac Efron.
La consternación paralizó momentáneamente a Miley. Nerviosa, volvió a cerrar la puerta e iba a darse la vuelta cuando Deni salió como una fiera.
-¡No te atrevas a contárselo a Nick! -le espetó, furiosa-. Si me hermano se entera de esto, te destrozaré la vida.
Incrédula, Miley murmuró:
-No tienes por qué amenazarme...
-¿Cómo que no? ¿Qué hacías espiando? ¿Me has seguido hasta aquí?
-Claro que no -protestó ella, incrédula-. Y no estaba espiando. Sólo buscaba un sitio tranquilo para sentarme. Pensé que no había nadie en la habitación y...
-¿Ah, sí? -la interrumpió Desnisse, irónica.
-Mira, no tengo intención de contárselo a nadie. Yo sólo me meto en mis asuntos...
-¡Espero que así sea... gorda! -le gritó la furiosa morena.
Miley se alejó con la espalda muy recta, pero cegada por las lágrimas. Aquella fiesta se había convertido en una auténtica pesadilla... Entonces chocó contra alguien y, cuando levantó la cabeza para disculparse, vio que era Lucas Grabeel.
-¿Qué te pasa? -preguntó el joven, con un tono ligeramente achispado.
-Nada -contestó ella, refugiándose en el guardarropa. Con manos temblorosas, sacó el móvil y marcó el número de Demi.
-¿Sí?
-Demi, soy yo. Estoy en la fiesta de Deni y... todo es horrible. ¡Denisse me odia!
-Me alegro. Seguro que está preocupada.
-¿Por qué? -Miley se tragó un sollozo.
-Deni es una millonaria caprichosa y muy posesiva con su hermano. Debe saber que llevas dos años con él y estará preocupada. ¿Te ha dicho alguna grosería?
-Varias -contestó Miley-. ¿Por qué?
-Porque podrías usarlas como munición contra ella. Hace una semana te habría dicho que no lo hicieras, pero... has conseguido que Nick te invite a la fiesta del año y eso es un paso adelante -contestó la Morena -. Ahora estoy convencida de que tienes más influencia sobre Nick Jonas de la que yo había creído.
-¿Lo dices de verdad? -murmuró Miley, desesperada por encontrar algo a lo que agarrarse, aunque fueran falsas esperanzas-. Pero yo no quiero causar problemas entre Nick y su hermana. No creo que con eso consiguiera...
-Miley, si Deni quiere ser tu enemiga, no creo que tengas más remedio -la interrumpió Demi.
-No seas tan pesimista. Quizá cree que no soy suficiente para su hermano...
-¡Por favor, no empieces a inventar excusas! -gritó su amiga, irritada.
Encontrándose sola en un tranquilo corredor, Miley apoyó la oreja en una puerta y, cuando estuvo segura de que no se oía nada, empujó el picaporte.
Pero dentro se encontró con un espectáculo que no esperaba Denisse, la hermana de Nick, besando apasionadamente a un hombre que no se parecía en absoluto a su marido, Zac Efron.
La consternación paralizó momentáneamente a Miley. Nerviosa, volvió a cerrar la puerta e iba a darse la vuelta cuando Deni salió como una fiera.
-¡No te atrevas a contárselo a Nick! -le espetó, furiosa-. Si me hermano se entera de esto, te destrozaré la vida.
Incrédula, Miley murmuró:
-No tienes por qué amenazarme...
-¿Cómo que no? ¿Qué hacías espiando? ¿Me has seguido hasta aquí?
-Claro que no -protestó ella, incrédula-. Y no estaba espiando. Sólo buscaba un sitio tranquilo para sentarme. Pensé que no había nadie en la habitación y...
-¿Ah, sí? -la interrumpió Desnisse, irónica.
-Mira, no tengo intención de contárselo a nadie. Yo sólo me meto en mis asuntos...
-¡Espero que así sea... gorda! -le gritó la furiosa morena.
Miley se alejó con la espalda muy recta, pero cegada por las lágrimas. Aquella fiesta se había convertido en una auténtica pesadilla... Entonces chocó contra alguien y, cuando levantó la cabeza para disculparse, vio que era Lucas Grabeel.
-¿Qué te pasa? -preguntó el joven, con un tono ligeramente achispado.
-Nada -contestó ella, refugiándose en el guardarropa. Con manos temblorosas, sacó el móvil y marcó el número de Demi.
-¿Sí?
-Demi, soy yo. Estoy en la fiesta de Deni y... todo es horrible. ¡Denisse me odia!
-Me alegro. Seguro que está preocupada.
-¿Por qué? -Miley se tragó un sollozo.
-Deni es una millonaria caprichosa y muy posesiva con su hermano. Debe saber que llevas dos años con él y estará preocupada. ¿Te ha dicho alguna grosería?
-Varias -contestó Miley-. ¿Por qué?
-Porque podrías usarlas como munición contra ella. Hace una semana te habría dicho que no lo hicieras, pero... has conseguido que Nick te invite a la fiesta del año y eso es un paso adelante -contestó la Morena -. Ahora estoy convencida de que tienes más influencia sobre Nick Jonas de la que yo había creído.
-¿Lo dices de verdad? -murmuró Miley, desesperada por encontrar algo a lo que agarrarse, aunque fueran falsas esperanzas-. Pero yo no quiero causar problemas entre Nick y su hermana. No creo que con eso consiguiera...
-Miley, si Deni quiere ser tu enemiga, no creo que tengas más remedio -la interrumpió Demi.
-No seas tan pesimista. Quizá cree que no soy suficiente para su hermano...
-¡Por favor, no empieces a inventar excusas! -gritó su amiga, irritada.
Después de colgar, Miley guardó el móvil en el bolso. No se había atrevido a contarle que Deni la había llamado «la pu ta de mi hermano». Temía, en el fondo, que Demi pensara lo mismo.
Cuando salió del guardarropa, vio que Lucas Grabell estaba esperándola, apoyado en la pared.
-A ver, cuéntame, ¿quién te ha robado la sonrisa? Quiero que me digas qué te pasa. Demi me mataría si no acudo al rescate.
Colorada al ver que otras mujeres la miraban, envidiosas, Miley intentó hacerle callar.
-No me pasa nada. Por favor, baja la voz...
Lucas la envolvió en sus brazos, tanto para evitar que se fuera como para no perder el equilibrio. Estaba más borracho de lo que había pensado.
-¿Quieres que te lleve a casa?
-Gracias, pero no...
-Tengo todas las mujeres que quiero -la interrumpió Lucas mientras ella intentaba escaparse del abrazo-. ¿No crees que pueda seducirte, arrancarte de los brazos de ese millonario griego?
-Nadie podría hacerlo... nunca -contestó Miley, con fervor.
-Nunca digas nunca jamás -la retó él. Luego le dio un fraternal beso en la frente-. Tú eres demasiado buena para alguien como Jonas.
Cuando salió del guardarropa, vio que Lucas Grabell estaba esperándola, apoyado en la pared.
-A ver, cuéntame, ¿quién te ha robado la sonrisa? Quiero que me digas qué te pasa. Demi me mataría si no acudo al rescate.
Colorada al ver que otras mujeres la miraban, envidiosas, Miley intentó hacerle callar.
-No me pasa nada. Por favor, baja la voz...
Lucas la envolvió en sus brazos, tanto para evitar que se fuera como para no perder el equilibrio. Estaba más borracho de lo que había pensado.
-¿Quieres que te lleve a casa?
-Gracias, pero no...
-Tengo todas las mujeres que quiero -la interrumpió Lucas mientras ella intentaba escaparse del abrazo-. ¿No crees que pueda seducirte, arrancarte de los brazos de ese millonario griego?
-Nadie podría hacerlo... nunca -contestó Miley, con fervor.
-Nunca digas nunca jamás -la retó él. Luego le dio un fraternal beso en la frente-. Tú eres demasiado buena para alguien como Jonas.
Nick seguía siendo el centro de atención de un nutrido grupo de gente. Estaba aburrido; incluso a distancia se notaba. Pero la vio cuando se dirigía hacia él y abandonó a su audiencia para tomarla del brazo.
-¿Dónde demonios has estado? -preguntó en voz baja.
-Cuando la conversación trata sobre el precio del petróleo, no me encuentro en mi elemento.
-Vámonos de aquí, pedi mu -dijo él, llevándola hacia el vestíbulo-. No deberíamos haber salido de la cama...
Mientras la hacía bajar la escalera prácticamente corriendo, el deseo sexual que había en sus ojos la hizo sentir un cosquilleo. De repente, todo lo que la había disgustado le parecían niñerías. Lo amaba a morir y eso era lo único importante. Con un gesto espontáneo, se puso de puntillas para darle un beso y respiró el olor de su colonia como una adicta.
-Espera un momento, Nick -oyeron una voz femenina a sus espaldas-. Tengo que hablar contigo.
Él ayudó a Miley a entrar en la limusina y se disculpó con una sonrisa.
-Dame cinco minutos. Me despediré de todo el mundo en tu nombre.
La aparición de Denisse había puesto nerviosa a Miley, pero agradeció no tener que enfrentarse de nuevo con una persona tan desagradable. Le había sorprendido el tono inocente y humilde de la hermana de Nick, tan diferente del que había usado con ella, hasta que se le ocurrió que quizá quería confiarle su secreto: que no todo iba bien en su matrimonio. Se alegraba por Nick. Después de todo, quería mucho a su hermana y a sus sobrinos. Era un cínico con respecto al amor, pero Miley estaba convencida de que haría lo que pudiese por mantener unida a su familia.
Quizá Deni, que se casó siendo muy joven, había dejado que un coqueteo se le fuera de las manos. Y, en cualquier caso, no era asunto suyo. Aunque, sin duda, la situación pondría a Nick de mal humor. Él no toleraba infidelidades. Más de una vez le había oído hacer juicios poco compasivos al respecto.
Nick tardó quince minutos en reunirse con ella. Bajo la luz artificial del interior de la limusina, parecía inusualmente pálido y sus ojos más oscuros más que nunca.
Convencida de que Denisse le había contado la verdad, a Miley no le sorprendió su silencio mientras volvían a casa. Nick era tan fieramente leal a su familia que nunca le había hablado de su hermana.
Pero parecía tan tenso, tan furioso... Entonces empezó a dudar. ¿La habría acusado Deni de espiarla? No, era absurdo. Nick era demasiado sensato como para creer esa tontería.
Sin embargo, mientras subían en el ascensor, se encontró con unos ojos más fríos que las aguas del Atlántico en invierno.
-¿Qué ocurre?
-¿Por qué lo preguntas? -murmuró él, con tono helado.
Nunca le había hablado así. Cuando entraron en casa, se quitó los zapatos, como era su costumbre...
-¿Miley?
Ella se volvió. Nick seguía al lado de la puerta. Tan alto, con aquel esmoquin, estaba más guapo que nunca y, como siempre, le robaba el aliento. Sin embargo, la sensación de estar bajo una amenaza era tan intensa, que se le hizo un nudo en la garganta.
Él se acercó lentamente, con los ojos brillantes como el oro viejo.
-¿Ha ocurrido algo esta noche de lo que quieras hablarme?
-¿Dónde demonios has estado? -preguntó en voz baja.
-Cuando la conversación trata sobre el precio del petróleo, no me encuentro en mi elemento.
-Vámonos de aquí, pedi mu -dijo él, llevándola hacia el vestíbulo-. No deberíamos haber salido de la cama...
Mientras la hacía bajar la escalera prácticamente corriendo, el deseo sexual que había en sus ojos la hizo sentir un cosquilleo. De repente, todo lo que la había disgustado le parecían niñerías. Lo amaba a morir y eso era lo único importante. Con un gesto espontáneo, se puso de puntillas para darle un beso y respiró el olor de su colonia como una adicta.
-Espera un momento, Nick -oyeron una voz femenina a sus espaldas-. Tengo que hablar contigo.
Él ayudó a Miley a entrar en la limusina y se disculpó con una sonrisa.
-Dame cinco minutos. Me despediré de todo el mundo en tu nombre.
La aparición de Denisse había puesto nerviosa a Miley, pero agradeció no tener que enfrentarse de nuevo con una persona tan desagradable. Le había sorprendido el tono inocente y humilde de la hermana de Nick, tan diferente del que había usado con ella, hasta que se le ocurrió que quizá quería confiarle su secreto: que no todo iba bien en su matrimonio. Se alegraba por Nick. Después de todo, quería mucho a su hermana y a sus sobrinos. Era un cínico con respecto al amor, pero Miley estaba convencida de que haría lo que pudiese por mantener unida a su familia.
Quizá Deni, que se casó siendo muy joven, había dejado que un coqueteo se le fuera de las manos. Y, en cualquier caso, no era asunto suyo. Aunque, sin duda, la situación pondría a Nick de mal humor. Él no toleraba infidelidades. Más de una vez le había oído hacer juicios poco compasivos al respecto.
Nick tardó quince minutos en reunirse con ella. Bajo la luz artificial del interior de la limusina, parecía inusualmente pálido y sus ojos más oscuros más que nunca.
Convencida de que Denisse le había contado la verdad, a Miley no le sorprendió su silencio mientras volvían a casa. Nick era tan fieramente leal a su familia que nunca le había hablado de su hermana.
Pero parecía tan tenso, tan furioso... Entonces empezó a dudar. ¿La habría acusado Deni de espiarla? No, era absurdo. Nick era demasiado sensato como para creer esa tontería.
Sin embargo, mientras subían en el ascensor, se encontró con unos ojos más fríos que las aguas del Atlántico en invierno.
-¿Qué ocurre?
-¿Por qué lo preguntas? -murmuró él, con tono helado.
Nunca le había hablado así. Cuando entraron en casa, se quitó los zapatos, como era su costumbre...
-¿Miley?
Ella se volvió. Nick seguía al lado de la puerta. Tan alto, con aquel esmoquin, estaba más guapo que nunca y, como siempre, le robaba el aliento. Sin embargo, la sensación de estar bajo una amenaza era tan intensa, que se le hizo un nudo en la garganta.
Él se acercó lentamente, con los ojos brillantes como el oro viejo.
-¿Ha ocurrido algo esta noche de lo que quieras hablarme?
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