viernes, 2 de marzo de 2012

Capitulo 3.-

Miley cubrió sus párpados enrojecidos con maquillaje para ocultar que, de nuevo, había estado llorando.
-Sonríe -se decía a sí misma, intentando practicar ante el espejo.
Habían pasado siete semanas desde que se fue a vivir con Demi. Su amiga se portaba de maravilla, pero Miley sabía que tener al lado a una persona triste era incómodo para los demás. Demi le había dicho que tenía una semana para llorar y lamentarse por romper con Nick, pero que después debía seguir adelante. Y desde que terminó esa primera semana, Miley intentaba fingir que estaba recuperándose.
Desgraciadamente, no era así. Mantener esa fachada era tan estresante que, durante esas semanas, las náuseas habían sido cada día más frecuentes. Afortunadamente, empezaban a desaparecer y, aparte de un deseo absurdo de comer aceitunas, se encontraba más o menos bien.
El verdadero problema era su estado emocional. Nick había sido el centro de su universo durante dos años y, ahora, cada día le parecía una eternidad. Pero decidida a animarse, se concentró en un plan de trabajo. Había visitado varios bancos para pedir un préstamo y, aunque por el momento no había tenido éxito, se decía a sí misma que estaba a la vuelta de la esquina. Para pagar las facturas, trabajaba en una tienda y vendiendo sus bolsos en ferias de artesanía.
-¿Seguro que no quieres comer? -le preguntó Demi desde la cocina.
Miley salió de la habitación.
-Seguro. He comido algo antes -mintió para no preocupar a su amiga.
Demi, que comía como un caballo y jamás engordaba un kilo, entró en el salón.
-¿Qué tal ha ido la visita al banco esta mañana?
Ella hizo una mueca.
-Dijeron que se pondrían en contacto conmigo, pero no me hago ilusiones.
-¿Por qué no dejas que te financie Lu? Tus bolsos son un negocio más seguro que los caballos de carreras que compra.
Miley sonrió, pero la sonrisa era un poco tensa. Porque, si la ruptura con Nick le había enseñado algo, era la importancia de la discreción y el sentido común.
-No creo que sea buena idea.
-¿Por qué no? Cinco bancos te han negado un préstamo -le recordó la Morena-. A Lu le sale el dinero por las orejas y quiere ayudarte. En tu posición, yo no me lo pensaría dos veces.
-Lu es tu primo, tú lo ves desde una perspectiva diferente.
Miley había aprendido de la forma más dura que nada era gratis. Vivir sin pagar alquiler en el lujoso ático de Nick había sido un tremendo error. En lugar de vivir una vida independiente, se había dejado seducir por el deseo de complacerlo convirtiéndose, ante sus ojos, en una mantenida. Como resultado, Nick no podía verla como una igual. La veía como a su amante, un objeto de su propiedad más que una persona a la que amaba y respetaba. Miley había entendido cómo veían los hombres ricos a las mujeres que no gozaban de la misma situación económica. Al mismo tiempo, empezaba a valorar la amistad de Lucas y no quería estropearla pidiéndole dinero prestado.
Demi sonrió.
-Ah, ya entiendo. Lu es mi primo, pero está loco por ti. Me alegro de que empiece a cansarse de esas frívolas con las que ha salido hasta ahora y se haya fijado en una mujer de verdad.
-No creo que Lucas esté loco por mí -protestó Miley-. Le caigo bien y, aunque no debería, se siente culpable por haber sido la razón de mi ruptura con Nick.
-No, Lu no es tan buena persona. En realidad, está encantado de haber fastidiado a Nick Jonas. Además, las dos sabemos que Nick se portó como un auténtico cerdo. Y lo digo en serio, Lu quiere tener una oportunidad contigo...
-Aunque fuese verdad, que no lo es -la interrumpió Miley-. a tu primo le encanta divertirse, Dem. Y a mí no me apetece ahora mismo.
Su amiga la miró, exasperada.
-Lucas  no estará interesado para siempre, cariño. Y Nick no va a volver a tu vida. Lo vuestro es historia, convéncete de una vez.
Miley se puso pálida.
-Ya lo sé...
-No, no lo sabes. ¿Tú sabes lo preocupada que he estado por ti? En lugar de seguir viviendo en tu mundo, deberías enfrentarte a la realidad...
-Yo creo que me he enfrentado a la realidad más que suficiente -la interrumpió Miley.
-Nick te acusó de serle infiel y ni siquiera dejó que te defendieras...
-Porque creyó las mentiras de su hermana. Ya sabes que están muy unidos...
-Yo creo que no es sólo eso. Creo que estaba decidido a cambiar de chica y las mentiras de su hermana le dieron una buena excusa.

A Miley se le encogió el corazón de tal modo que no podía hablar. ¿La habría dejado sólo porque se sintió herido en su orgullo?
-Mira esto -dijo Demi entonces, señalando un periódico. Había una fotografía de Nick con una morena delgadísima. Miley sintió como si alguien la hubiera empujado a una piscina...
-No quiero verlo.
-No me gusta hacer esto, pero no tengo otra opción... Nick está todo el día de fiesta con unas y con otras. En Londres y en Nueva York. Ha salido con una larga lista de modelos, famosas... No está de luto, como tú. No está en casa echándote de menos...
-Ya lo he entendido, Demi -la interrumpió Miley- No esperaba que estuviese de luto. No creo que muchos hombres lamenten perder a una mujer que creen que les ha engañado. Además, Nick es demasiado orgulloso.
-Sólo quiero que aceptes el hecho de que no volverás a verlo -murmuró su amiga, apretando cariñosamente su mano-. Esto te ayudaré a olvidarlo de una vez.
En ese momento sonó el timbre y Miley cerró los ojos para olvidar la imagen de Nick con otra mujer.
-¡Qué sorpresa! Yo soy Demi... ¿no es increíble que no nos hayamos conocido hasta ahora? Miley no te espera, ¿verdad? -estaba diciendo su amiga, en el pasillo-. Acaba de levantarse de la cama y no creo que esté despierta todavía. Anoche se acostó a las siete de la mañana.
Atónita, Miley abrió los ojos. ¿Con quién estaba hablando?
Lo que vio un segundo después la dejó paralizada: Nick estaba en la puerta del salón.
«No volverás a ver a Nick», había dicho su amiga unos segundos antes.
Sin respiración, observó a aquel hombre que tanto daño le había hecho... el hombre al que tanto amaba. Estaba un poco despeinado por el viento, pero sus rasgos seguían siendo tan hermosos como siempre.
-Gracias -dijo Nick, cerrando la puerta del salón.
-No te esperaba -consiguió decir Miley, haciendo después una mueca por lo absurdo del comentario.
Nick observó el rastro de una lágrima en su rostro. Aunque sus ojos seguían siendo dos luminosas zafiros, el brillo alegre había desaparecido. Como respuesta, la frialdad con la que pensaba mantener aquel encuentro se suavizó un poco. Pero si estaba pasándolo mal, era lo que se merecía. Si le echaba de menos, lamentando lo que había perdido, mejor. Y si estaba dispuesta a suplicarle que la perdonase, disfrutaría incluso más.
Demi asomó la cabeza por la puerta que daba a la cocina.
-¿Quieres que me quede, Miles?
Como si fuera una niña necesitada de la ayuda de un adulto, pensó Miley, descorazonada.
-No, gracias. En realidad, vamos a mi habitación.
-No seas boba, no tienes por qué -replicó su amiga, mirando a Nick sin disimular su desagrado-. Sólo pensaba que podrías necesitar mi apoyo.
-Estoy bien, gracias. Quiero hablar con él a solas. Por aquí -dijo Miley entonces, abriendo la puerta del pasillo.
-Podríamos hablar en la limusina -sugirió Nick.
-No, no es necesario.
Era evidente para Nick que, al menos, en eso no le había mentido. Demi Lovato vivía en el apartamento de su primo. Pero, claro, él podía habérselo prestado para facilitar su aventura con Miley. Sin embargo, por mucho que quisiera convencerse a sí mismo, le resultaba difícil creer que hubieran mantenido una larga aventura.
Para empezar, Miley había seguido siendo la misma hasta la semana anterior a la fiesta de su hermana. Miley era una persona honesta y abierta y era difícil imaginar que quisiera engañar a alguien. Le resultaba más fácil creer que, sencillamente, había sucumbido a la tentación esa noche. Además, sospechaba que el hecho de que Lucas Grabell fuera el primo de su mejor amiga tuvo algo que ver. Desde el principio, y sin conocerla, supo que a Demi no le gustaba su relación con Miley. ¿Habría animado a su primo para que intentase conquistarla? ¿Se habría hecho él pasar por amigo para ganarse su confianza? En resumen, ¿le habrían tendido una trampa?
-Por aquí -dijo Miley, empujando una puerta.
¿Por qué había ido Nick a verla?, se preguntaba, incrédula. La posibilidad de que quisiera volver con ella la dejaba absolutamente confusa.
Él miró alrededor con ojo crítico y, diez segundos después, podría haber enumerado cada uno de los objetos que había en el dormitorio. No había nada en la habitación que sugiriese la presencia de un hombre. De hecho, la cama era pequeña y estaba llena de muñecos de peluche. Ningún hombre compartiría cama con el conejito rosa que Miley tenía desde la infancia.
Cuando Miley cerró la puerta, le llegó el olor de su champú, un olor a hierbas que conocía bien. El pelo rubio caía sobre sus hombros como una cascada de satén Amarillo. Sus curvas parecían más pronunciadas que antes, pero quizá lo veía así porque recientemente había estado rodeado de mujeres muy delgadas, pensó, mientras intentaba controlar la excitación que empezaba a crecer dentro de él.
A pesar de todo, la curva de sus pechos bajo la camiseta era espectacular. Nick tuvo que apretar los dientes.
-¿Quieres sentarte? -preguntó ella, inclinándose para apartar unas revistas de la silla. Al hacerlo, la camiseta se levantó por detrás, dejando ver su piel blanca, tan suave...
-No -contestó Nick, apretando los puños. Quería tocarla. De hecho, quería hacer mucho más que eso. Después de semanas de total desinterés por el sexo, estaba como loco. Quería tumbarla en la cama, arrancarle la ropa y hacerle el amor. Fuerte, rápido, sin control... como sólo podía hacerlo con ella.
Rígido por la fuerza de su deseo, Nick dio un paso atrás. En un esfuerzo por contenerse, se concentró en las revistas que ella había tirado al suelo. Eran revistas de decoración, sus favoritas, con fotografías de casas de campo con artesonados de madera y hermosos jardines. Le encantaban las casas antiguas...
Entonces se preguntó por qué no le había comprado una casa. Si le hubiera dado la oportunidad de concentrarse en la decoración de una casa, estaba seguro de que seguiría con él.
-¿Quieres un café? -preguntó Miley, intentando controlar los nervios.
-No voy a estar aquí mucho tiempo.
-¿Seguro?
Una combinación de deseo sexual y fiero resentimiento brilló en sus ojos. Si la tumbaba en la cama, ¿le diría que no? Nunca le había dicho que no, ni siquiera en los peores momentos.
-Sólo quiero saber cómo te va -dijo Miley entonces, pensando en la morena de la fotografía. Luego contuvo el aliento, temiendo que Nick hubiera notado que su vientre no era tan plano como antes. No sólo le habían crecido el pecho y las caderas; había comido más de lo habitual para poder soportar la depresión y el sobrepeso empezaba a notarse en su vientre.
-Sólo tengo una razón para estar aquí. No podía ponerme en contacto contigo de otra forma -dijo Nick, impaciente-. ¿Qué ha sido de tu móvil?
-Se rompió.
-El número de este apartamento no está en la guía.
-¿Por qué querías ponerte en contacto conmigo? -preguntó ella.
-Tu hermano ha dejado varios mensajes en el contestador. Creo que llegará a Londres la semana que viene... Te ha llamado al móvil y, como no podía ponerse en contacto contigo, estaba preocupado.
-¿Kevin? -murmuró Miley, atónita. Nick sólo había ido a verla para darle esa información. Su visita no era por razones personales. Pero no imaginaba para qué querría su hermano ponerse en contacto con ella. Su relación se limitaba a una tarjeta de Navidad y alguna llamada en su cumpleaños... Si Kevin pensaba ir a Londres, sería algún viaje de negocios, pensó.
-La línea del ático ha sido desconectada, por eso he venido.
-¿Por qué la has desconectado?
-El apartamento está en venta.
En venta. Ése era el punto final. Aquel ático había sido su hogar durante dos años y, para ella, seguía teniendo recuerdos preciosos. Sólo ahora se veía obligada a reconocer que había tenido secretas esperanzas de volver allí...
-¿Ya no lo necesitas?
Nick se encogió de hombros. Miley se dio cuenta de que estaba mirando fijamente sus labios y cuando, nerviosa, se pasó la lengua por ellos, él dio un paso adelante y la tomó del brazo con un movimiento que la dejó sin aire.
-No te rebajes intentando excitarme -le espetó, con los dientes apretados.
-¿Crees que yo...?
-Es una pérdida de tiempo. No siento nada por ti.
-¡No estaba intentado excitarte! -exclamó Miley, tan dolida que decidió no darle una nueva oportunidad de humillarla-. Es ridículo acusarme de eso. Eres el último hombre del mundo al que querría excitar. Tienes suerte de que me haya rebajado a hablar contigo.
Nick levantó su arrogante cabeza y soltó una carcajada que la sacó de quicio. Por primera vez en su vida, Miley deseó golpearlo.
-¿Ah, sí?
-Nunca perdonaré tus insultos. Me has tratado como si fueras un juez, sin tener ningún derecho a serlo. Me dejaste por algo que no había hecho... La noche de la fiesta apenas conocía a Lucas Grabell, pero te negaste a escucharme. Cuando Lucas descubrió lo que había pasado, dijo que estaba dispuesto a hablar contigo...
-Ah, ya veo. Ahora desearía no haber puesto sus manos sobre mi propiedad...
-¡Yo no soy propiedad tuya! ¿En qué clase de mundo vives, Nick Jonas? -le espetó ella-. ¡Vete de aquí ahora mismo!
Lucas se había ofrecido a hablar con él, pero Miley había decidido que involucrarle en sus problemas sería injusto y, además, no serviría de nada. Nick creía la versión de su hermana y no querría escuchar nada más.
-Encantado -dijo él.
Pero cuando iba a abrir la puerta, Lucas Grabell apareció en la habitación.
-¿Estás bien, Miles? -preguntó el joven, sin molestarse en mirar a Nick.
Ella tenía los ojos llenos de lágrimas, pero se negaba a llorar. Ya había llorado más que suficiente, pensó.
Más bajito, rubio y con unos vaqueros de diseño, Lucas parecía un niño al lado del magnate griego, pero la sincera preocupación que había en sus ojos calentó su corazón.
Nick la miró, despreciativo, como si la mera presencia de Lucas Grabellfuera una ofensa.
-Te odio, Nick -dijo Miley entonces-. Nunca le había dicho esto a nadie... nunca había odiado a nadie en toda mi vida. Pero lo que me has hecho no tiene perdón.
-Déjala en paz -dijo Lucas
Con una sonrisa de fría satisfacción en los labios, Nick dio un paso atrás y lanzó el puño contra la cara de Lucas con tal fuerza, que lo tiró al suelo.
-Te lo debía -murmuró, con los dientes apretados.
-¿Cómo has podido hacer eso? -exclamó Miley, aterrada.
-Si no hubiera una mujer delante, podría haberlo matado -contestó él sin la mínima vergüenza.
Lucas se levantó del suelo, pero cuando iba a golpear a Nick, Miley se puso en medio.
-¡No, por favor! Sólo quiero que se vaya de aquí ahora mismo. No te rebajes a su nivel.
-Aguafiestas -murmuró Nick, irritado al ver que protegía al otro hombre.
-Yo no tengo que pegar a nadie para impresionarla -dijo Lucas entonces, pasándole un brazo por la cintura en clara provocación.
-Normalmente, estás demasiado borracho como para intentarlo -replicó Nick.
Un segundo después, Miley lo vio salir del apartamento y de su vida de una vez por todas.
-Es un bastardo... -murmuró Lu, tocándose la mandíbula-. Siento haber mentido, pero es lo que se merece.
Miley intentó asentir con la cabeza. Ya daba igual. No le importaba nada lo que pensara Nick Jonas.
Demi tenía razón. Había estado escondiendo la cabeza en la arena, viviendo en el pasado para no enfrentarse con el futuro. Y tenía que aceptar que Nick había desaparecido de su vida para siempre.
Al recordar la fotografía con la morena se le encogió el corazón, pero eso era algo a lo que tendría que acostumbrarse.
-A él le da igual lo que haga -murmuró.
En cambio, Lu se preocupaba por ella. ¿Podría gustarle Lucas?, se preguntó. Muchas mujeres lo encontraban atractivo. Por supuesto, bebía demasiado y, a veces, era un niño, pero con el tiempo...
Pero antes de empezar relación alguna, debía recordar todo lo que había soportado para estar con Nick, todo lo que había aceptado sin discutir.
¿Por qué aceptó vivir en Londres y no en el campo, con un jardincito, que era lo que siempre había soñado? ¿Por qué había amado a un hombre que no la amaba y no le hacía promesa alguna? ¿Cómo y por qué había aceptado estar con un hombre que la ofendía? Un hombre que estaba de viaje siempre, que jamás le presentó a sus amigos, que no la incluía en su vida...
Se le rompía el corazón por Nick, pero no lo merecía. Nunca lo había merecido.
Se encolerizaba si lo interrumpía cuando estaba viendo las noticias económicas, la despertaba al amanecer para hacer el amor, tuviese ella ganas o no, actuaba como un completo egoísta, se negaba a celebrar sus aniversarios y, en Navidad, le había regalado una pluma. De oro, pero una pluma. La había dejado sola mientras él se iba de vacaciones a Grecia...
¿Por qué había tardado tanto en entender que Nick la trataba como un hombre casado trataría a su amante?
Había aceptado vivir en un apartamento sin criados, pero se comportaba como si los criados estuvieran presentes. Tiraba la ropa por el suelo, jamás fregaba un plato. Y como una criada, ella había cocinado para él, había lavado y planchado su ropa... De hecho, aquel hombre era tal desastre que, un día, cuando le pidió que le hiciera un café, lo pidió por teléfono a un restaurante.
Era una pena haber tirado dos años de su vida por la ventana. No se merecía su amor y ya era hora de olvidarlo y pasar página. Salir con otro hombre... ¿no sería la mejor forma de conseguirlo?, se preguntó.
Lucas la estaba mirando, en silencio.
-¿Por qué no vienes con nosotros al campo este fin de semana? Vamos a hacer una fiesta en mi casa.
-¿Como amigos? -preguntó Miley.
-Bueno, amigos que se dan besitos -sonrió él.
-No, gracias... no te conozco lo suficiente.
-No espero que te acuestes conmigo, Miley.
-Pero...
-Sé que tengo fama de mujeriego, pero estoy dispuesto a cambiar por ti.
Miley no sabía qué decir. En su opinión, no había la más remota posibilidad de que Lucas le gustase algún día. Sin embargo, Nick había cerrado la puerta del pasado y no pensaba quedarse en casa llorando. Quizá si iba a esa fiesta, acabaría pasándolo bien.
-Muy bien. De acuerdo
A la semana siguiente, Miley quedó a comer con su hermano. Habían pasado más de dos años desde la última vez que se vieron. Afortunadamente, nunca había tenido oportunidad de hablarle de Nick porque rara vez la llamaba por teléfono. Al menos, no tenía que contarle que había roto con él, pensó, para consolarse. Al ver a su hermano al fondo del restaurante, Miley sonrió, contenta.
-No tendrás una noticia que darme, ¿verdad? -preguntó Kevin, levantándose para darle un abrazo.
-¿A qué te refieres?
-Pues... no sé, cuando venías hacia aquí he tenido la impresión de que estabas embarazada. ¿No crees que deberías ponerte a dieta?
Miley se puso colorada hasta la raíz del pelo. Había olvidado lo criticón que era su hermano. Su mujer, selena, era profesora de gimnasia y tenía un cuerpo moldeado. Aunque hacía algún tiempo que Miley no se atrevía a acercase a una báscula, sabía perfectamente que había engordado mucho en los últimos meses... aunque su hermano podría haberse ahorrado el desagradable comentario.
«Pensé que estabas embarazada». ¿Cómo podía ser tan grosero? ¿De verdad estaba tan gorda? Miley tuvo que controlar las lágrimas.
-Yo creo que ya es hora de que empieces a cuidarte -siguió Kevin, sin darse ni cuenta de que estaba siendo un auténtico patán-. Una buena dieta y mucho ejercicio te convertirían en otra mujer. ¿Te he dicho que Sele ha abierto un gimnasio?
-No.
-La verdad es que las cosas nos van bastante bien. Le diré a mi mujer que te envíe un libro de recetas bajas en calorías...
Embarazada.
Miley no estaba escuchando a su hermano. Pensaba en los nuevos sujetadores que había tenido que comprar y en el tamaño de su vientre. Había engordado mucho... pero de una forma que no era la habitual. Ella nunca había tenido panza. Y esas ganas de comer aceitunas... ¿no tenían antojos las mujeres embarazadas? ¿Y qué había sido de su ciclo menstrual en los últimos meses?
-Mi empresa marcha estupendamente -seguía Kevin, ajeno a su inquietud-. La vida me va muy bien.
-Me alegro por ti -dijo Miley, con el corazón en un puño.
No podía recordar cuándo fue la última vez que tuvo el periodo. No era algo que anotase todos los meses o a lo que prestase atención, pero su ciclo siempre había sido un poco irregular y durante los últimos meses...
¿Habría alguna posibilidad de que estuviese embarazada?
-Siempre te agradeceré que tuvieras la generosidad de no pedirme nada del testamento de mamá -estaba diciendo Kevin-. En ese momento me hacía mucha falta el dinero y pude usarlo para sacar mi empresa adelante.
Miley intentaba seguir la conversación, pero le costaba trabajo. Tenía que reconocer que existía la posibilidad de haber quedado embarazada mientras estaba con Nick.
-Miley...
-¿Sí? Ah, perdona, es que estoy un poco despistada -se disculpó ella-. Pero te estaba escuchando. Sé que has usado el dinero para sacar a flote tu empresa.
-Pero ha pesado en mi conciencia desde entonces. Es justo que tú tengas la misma oportunidad, Miley. Después de todo, tú cuidaste de mamá durante muchos años, sacrificando tus estudios, tus sueños.
Con un gesto de orgullo, Kevin sacó un cheque del bolsillo y lo dejó sobre la mesa.
-Ahora puedo darte tu parte de la herencia. Si sigues queriendo abrir tu propio negocio, una inyección de dinero te vendría muy bien.
Miley miró el cheque, boquiabierta. Por debajo de la mesa se tocaba el vientre, intentando apartar de su mente la idea de que podría estar esperando un hijo. Pero ahora tenía que concentrarse en aquel cheque. Y en lo que significaba para ella.
-Dios mío...
-Si quieres abrir un negocio, tendrás que trabajar muchas horas al día -le advirtió Kevin-. Y sigo pensando que ponerte a dieta debería ser lo primero.

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