La tensión crecía, pero la contemplaba impasible—. Qué agradable sorpresa. Permíteme presentarte. Isabel, ésta es mi hermanastra, Miley...
—Encantada de conocerte —la mujer extendió una mano, cortés.
Hermanastra... la palabra destrozó a Miley. Nick nunca la había usado antes con ella. Se obligó a estrechar la mano de Isabel.
Hermanastra... la palabra destrozó a Miley. Nick nunca la había usado antes con ella. Se obligó a estrechar la mano de Isabel.
—Y él es Corbin —la mano de Corbin la asió con firmeza por la espalda.
—Quizá Corbin y Miley quieran acompañarnos —comentó Isabel, colocando la mano en el brazo de Nick para hacer relucir el solitario que brillaba en su dedo—. Cuantos más participen en la celebración, mejor —sonrió.
—Lo lamento, pero nosotros también estamos celebrando algo —apuntó Corbin con una sonrisa forzada. Un momento después, Miley se desplomó en su silla.
— ¿Qué sucede? —preguntó Monique a Corbin al ver la palidez de Miley.
—El muy maldito acaba de presentarnos a su prometida.
— ¡Al diablo con todos los hombres! —exclamó Monique al abrir la puerta de su apartamento donde Miley y ella pasarían la noche. Corbin dormiría en casa de su mejor amigo y padrino de bodas—. Necesitas un brandy —anunció Monique mientras se dirigía al gabinete de las bebidas—. Pareces un muerto.
—No —le indicó Miley.
— ¿Ni siquiera un poco? Muy bien —aceptó Monique ante la negativa reiterada de Miley—. A la cama, entonces. Te llevaré la cena.
—Monique, apenas son las diez..
—Debimos quedarnos en casa como buenas niñas —comentó Monique, molesta—. Eso de ir al club fue idea de Corbin.
—Tarde o temprano tenía que encontrarme con Nick—Miley se obligó a sonreír—. No te preocupes por eso.
— ¿tan inocente me crees? Estás destrozada.
—Estaba escrito —Miley alzó los hombros—. Se va a casar, ¿a quién le importa?
— ¡Debiste decirle la verdad hace meses!
—Monique...
—Lo alejaste con deliberación dejándolo creer que había algo entre Corbin y tú...
—No sabía que estaba embarazada...
—Y luego le dijiste que no es hijo suyo —replicó Monique.
— ¿Crees que él quería escuchar que lo es? —Al ver la mueca de su amiga, Miley se rió con amargura—. Hice bien, Monique. Ya lo he superado. No tengo madera de mártir.
— ¿De verdad lo crees así?
—Sí —Miley fue hacia la cocina—. ¿En dónde está esa cena que no requiere
preparación?
preparación?
— ¿Ya sabes quién te envía esos deliciosos alimentos cada mes?
—David, por supuesto —Miley sonrió. Hacía meses que recibía un paquete de lujo de Harrods.
— ¿De tu padrastro? —Monique se rió—. Pensé que tenías un admirador secreto.
—Sobre todo en el estado en que me encuentro —comentó Miley.
— ¿Estás segura de que es él?
— ¿Quién más? —Preguntó con ironía—. Traté de hacerlo confesar, pero él lo negó, como era de esperar. No le gusta que le den las gracias. Tiene que ser él. Se molestó mucho cuando me negué a aceptar su ayuda económica.
Más tarde, en la habitación de invitados del apartamento, las lágrimas corrían silenciosas pro las mejillas de Miley y tan rápidamente como fluían, la chica las secaba. Nick iba a casarse. Eso no era el fin del mundo. Saldría adelante sin él... Su matrimonio no era más que el último acto de una comedia grotesca.
¿Por qué la alteraba tanto? Aunque le hubiera dicho la verdad y Nick hubiese aceptado que era el padre de su hijo... incluso aunque le hubiera pedido que se casara con él, ella lo habría rechazado. De eso estaba segura. Era probable que lo amara con esa locura que a veces aqueja a las mujeres, pero Nick no le agradaba y la brumaba la idea de casarse con un hombre que de antemano le decía que sería infiel a su mujer. No, por mucho que le doliera, estaría más segura si mantenía su futuro en sus propias manos.
A la mañana siguiente, durante el desayuno de bodas con Corbin y Monique, le volvió el dolor del abdomen. Tuvo que levantarse de la mesa y se sintió pero en el baño, pero se arregló el maquillaje que cubría su palidez antes de regresar.
—Creo que debes ir a casa y acostarte —le indicó Monique cuando se quitaba el nada convencional vestido de novia, asistida por Miley—. Tanto ajetreo te ha agotado.
Para entonces Miley se sentía bastante mal y estaba un poco asustada. El dolor era más intenso. Sabía que debería visitar a su doctor, pero estaba decidida a no arruinar la fiesta de boda de sus amigos. Media hora después se despedía de ellos y se dirigía a buscar un taxi a la entrada del hotel cuando una punzada terrible la hizo doblarse. Con un quejido ahogado se llevó las manos al vientre y trató de llegar a una silla, pero se desvaneció en el vestíbulo.
Para entonces Miley se sentía bastante mal y estaba un poco asustada. El dolor era más intenso. Sabía que debería visitar a su doctor, pero estaba decidida a no arruinar la fiesta de boda de sus amigos. Media hora después se despedía de ellos y se dirigía a buscar un taxi a la entrada del hotel cuando una punzada terrible la hizo doblarse. Con un quejido ahogado se llevó las manos al vientre y trató de llegar a una silla, pero se desvaneció en el vestíbulo.
— ¡Si se muere, nunca te lo perdonaré! —Lisa cruzó la sala de espera corriendo y bañada en lágrimas—. ¿Tienes idea de lo peligrosa que es una apendicitis aguda a estas alturas de su embarazo? Tiene que operarla, pero puede perder al bebé. Si ese niño muere, ¡jamás te lo perdonaré tampoco, Nick!
—Lisa... Lisa... —David trataba de tranquilizarla, abrazándola—. Nick no ha venido aquí para...
— ¿A qué ha venido? —Sollozó la mujer—. ¿Qué hace aquí ahora?
—Hoy se han casado los dos mejores amigos de Miley —manifestó Nick, tenso—. Por eso estoy aquí.
— ¿Y eso qué tiene que ver con esto? —indagó Lisa, asombrada.
Miley recobró el conocimiento en una habitación extraña. Tenía la garganta reseca, le dolía la cabeza y ahora tenía un dolor diferente. Para su fortuna ya no era intenso, sólo una molestia intermitente.
Miley recobró el conocimiento en una habitación extraña. Tenía la garganta reseca, le dolía la cabeza y ahora tenía un dolor diferente. Para su fortuna ya no era intenso, sólo una molestia intermitente.
— ¿En dónde estoy?
—En la sala de recuperación.
— ¿Me he recobrado? ¿Y mi bebé? —preguntó aterrorizada.
—Defendiéndose como un troyano —la enfermera sonrió antes de que la vista de Miley volviera a nublarse.
La siguiente ocasión en que despertó, se sentía un poco menos ajena al mundo. Su madre le sujetaba la mano entre sollozos después de explicarle la situación.
— ¿Qué me sucedió? —preguntó con voz débil.
— ¿Por qué no fuiste a ver al doctor? —preguntó su madre entre sollozos después de explicarle la situación.
—Esa era mi intención.
—David quiere que veas a Nick —informó Lisa, reacia.
— ¿N… Nick? —Repitió Miley y trató de enderezarse, pero la enfermera la sujetó con firmeza—. ¿Qué hace aquí?
— ¿Quieres verlo?
—No... Por favor, no —la chica apretó los párpados y una expresión de dolor apareció en sus facciones.
Cuando se quedó sola, la joven volvió la vista hacia la pared. Nick era a la última persona a la que quería ver en esas circunstancias. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo se atrevía David a pedirle que lo recibiera? Por la unidad familiar, suponía, pero ese no era el momento.
Más tarde, se prometió. Más tarde, cuando se sintiera mejor y pudiera felicitar a Nick por su compromiso matrimonial. Ahora necesitaba tiempo para adaptarse a las circunstancias y poner en orden sus confusas emociones. Creía haber aceptado la imposibilidad de una relación con Nick... Hasta el momento en que vio el anillo de compromiso en el dedo de Isabel Dunning.
Más tarde, se prometió. Más tarde, cuando se sintiera mejor y pudiera felicitar a Nick por su compromiso matrimonial. Ahora necesitaba tiempo para adaptarse a las circunstancias y poner en orden sus confusas emociones. Creía haber aceptado la imposibilidad de una relación con Nick... Hasta el momento en que vio el anillo de compromiso en el dedo de Isabel Dunning.
Entonces sus esperanzas se vinieron abajo. El dolor y el rechazo la abrumaron. Tenía que aprender a controlar esas emociones. Su embarazo dividió a la familia. Durante los últimos cinco meses, Nick se limitó a evitarla y sus padres contribuyeron a facilitarles las cosas. Pero eso no podía prolongarse indefinidamente sin imponer una tensión terrible para David y Lisa. Miley sabía que de alguna manera tendría que enfrentarse a la situación y solucionarla.
A medianoche le permitieron comer una tostada y beber una taza de té. Cuando la puerta de su habitación privada se abrió, apenas le prestó atención. Se abría constantemente para dar paso a una procesión incesante de enfermeras. Al ver unas piernas enfundadas en un pantalón de hombre y levantar la vista, su corazón dio un vuelco.
—Los convencí de que me dejaran entrar —dijo Nick—. He estado aquí todo el día.
Su estado era deplorable. Necesitaba afeitarse y tenía la ropa arrugada. Profundas marcas de tensión aparecían en su cara. Suspiró al observarla desde la puerta.
Su estado era deplorable. Necesitaba afeitarse y tenía la ropa arrugada. Profundas marcas de tensión aparecían en su cara. Suspiró al observarla desde la puerta.
—Quiero que te vayas —murmuró Miley y cerró los ojos.
—Tenía que verte...
— ¿Por qué? —suspiró ella.
— ¿Cómo puedes preguntarme eso? —Le exigió, incrédulo—. El hijo que llevas en las entrañas es mío...
— ¿De dónde has sacado esa idea? —la chica abrió los ojos asustada.
—Ciertamente no de ti —le indicó con énfasis.
—No sé de qué hablas —le indicó ella, buscando darse tiempo y preguntándose si David o Lisa habrían traicionado su confianza.
— ¿Cómo pudiste creer que podrías salir adelante con una mentira como esa? —Demandó Nick con un gruñido—. Tarde o temprano me habría enterado. Corbin y Monique son tus mejores amigos. Nunca tuviste relaciones con Corbin. Tu nombre jamás ha sido relacionado con el de él y ayer desempeñaste un papel importante en su boda.
— ¿De dónde has sacado esa información? —preguntó Miley, inquieta.
—El extravagante vestido de bodas de tu amiga apareció en todos los telediarios del mediodía. Trataba de establecer contacto contigo cuando mi padre me comentó que estabas en el hospital. No trates de decirme que dormías con Corbin hace cinco meses, a espaldas de tu mejor amiga... ¡No lo creería!
—Nunca dije que Corbin fuera el padre de mi hijo —murmuró la joven.
—Pero en repetidas ocasiones negaste que yo lo fuera —insistió él—. Y aquella noche cuando apareció en tu dormitorio, no hiciste intento alguno por aclarar la situación...
Miley volvió la cara hacia la pared, avergonzada de la escena que lo obligó a presenciar. Al parecer no se había dado cuenta de que había preparado esa escena deliberadamente. Eso le diría a Nick lo vulnerable que ella se sentía meses atrás. Pero, ¿cuánto tardaría él en recordar la actuación de Corbin al detalle? Él no se había comportado como un amigo, sino como un amante.
— ¿Por qué debía darte explicaciones? —preguntó sin poder mirarlo de frente.
—Si no puedes explicarlo, me niego a hacerlo por ti —declaró Nick con amarga dureza—. La noche que fui a tu casa...
— ¡Llegaste hecho una furia! —Lo interrumpió Miley—. Querías que negara que estaba embarazada.
—No me comporté de forma racional esa noche —reconoció, tenso.
—Tengo la impresión de que fuiste muy racional —murmuró la joven, todavía sin atreverse a mirarlo—. La idea de que llevara a un hijo tuyo era la realización de todas tus pesadillas. Me acusaste de tratar de imponerte esa carga...
—Al calor de la ira —la interrumpió—. Trata de ponerte en mi lugar.
—No gracias, bastante tengo con el mío.
—La idea de que estuvieras embarazada de mí no habría sido mi peor pesadilla hecha realidad —declaró Nick, tajante, como si tuviera todas sus emociones bajo control.
Se produjo un tenso silencio. Miley no le creía. Ahora que él sabía la verdad, trataba de defenderse de la acusación.
Se produjo un tenso silencio. Miley no le creía. Ahora que él sabía la verdad, trataba de defenderse de la acusación.
—Me es difícil aceptar que en estos meses todos menos yo sabían la verdad —continuó—. ¿Cómo convenciste a mi padre de que mantuviera la boca cerrada?
—Te vio en el invernadero con Selena prendió por qué no quería que te enteraras —hasta entonces no se había atrevido a mirarlo directamente.
Nick estaba ruborizado. Apretaba tanto la base de la cama que tenía los nudillos blancos.
Nick estaba ruborizado. Apretaba tanto la base de la cama que tenía los nudillos blancos.
— ¿Cómo podía saber que estabas embarazada? —era una extraña súplica, pidiendo comprensión.
—No parecía importarte —declaró ella. El cansancio la dominaba.
—Eso no es cierto —insistió él con firmeza.
—En realidad ya no importa —los párpados se le cerraban—. Como el agua que pasa bajo el puente, no merece...
— ¿No merece...? —Nick reprimió su comentario con dificultad—. ¿Cómo puedes decir eso? ¡Si hubieras estado sola en la casa, habrías muerto y mi hijo contigo! —Apenas podría contener la ira—. Fue cuestión de buena suerte que te desmayaras en un lugar público, así que no me digas que mis sentimientos no importan.
Los párpados se le cerraban. Miley movió la cabeza inquieta sobre la almohada. Por la posición en que se encontraba, ella misma tiraba de su cabello y alguien se lo acomodó con manos gentiles.
Los párpados se le cerraban. Miley movió la cabeza inquieta sobre la almohada. Por la posición en que se encontraba, ella misma tiraba de su cabello y alguien se lo acomodó con manos gentiles.
—Gracias —murmuró antes de quedarse dormida.
Las flores llegaron a la mañana siguiente, después del desayuno. Su aroma pronto llenó la habitación. La primera visitante fue su madre.
—Veo que ya han traído las flores de Nick —comentó con una sonrisa.
¿Nick? Supuse que tú...
—Iba a hacerlo, pero cuando oí que Nick las pedía, decidí dejarlas para otra ocasión.
— ¿Por qué me envía flores? —Miley se tensó en la cama.
— ¿Puedes imaginar que alguien tenga mejores motivos?
— ¿Motivos? ¿Qué motivos? —preguntó, temblorosa.
—Cuando David llamó a Nick ayer para decirle que iban a operarte, yo me puse furiosa
—comentó Lisa al sentarse—. Dije algunas cosas... imperdonables. Tú has estado tan sola mientras él corretea como un don Juan...
Miley se mordió el labio inferior.
—Pero aquí en el hospital, Nick estaba destrozado —siguió la señora—. Estaba muy preocupado por ti y por el bebé. Nunca lo había visto así. Jamás comprendí lo sensible que es bajo su frío exterior. David dice que siempre lo ha sido, pero pensaba que era su amor de padre el que lo hacía hablar así. Puedes imaginar la tensión por la que pasamos mientras te hallabas en el quirófano.
— ¿Y? —insistió Miley ante el silencio de su madre.
—Bueno, ya puedes imaginar cómo nos pusimos cuando Nick comentó que tú le habías dicho que el niño no era suyo; David y yo nos sorprendimos mucho.
—Naturalmente —manifestó con sorna.
— ¿Cómo pudiste engañarlo de esa manera? —inquirió Lisa sin comprender—. Nosotros dábamos por hecho que vosotros sabíais lo que hacíais y pensamos que una vez que tu embarazo fue evidente, hablarías con Nick para tratar de arreglar las cosas. Afortunadamente, él tuvo la inteligencia suficiente para comprender que lo engañaste...
—Muy listo —musitó Miley, tensa, adivinando que ahora hablarían de San Nick.
Resultaba que la mala de la historia era ella. Él había sido absuelto de toda responsabilidad por su insensibilidad ante los acontecimientos recientes. Sus padres eran tan inocentes... No imaginaban que la única ambición de ese hombres siete meses atrás era la de comprarla para tenerla en su cama y convertirla en su amante.
—Quiero lo que es mejor para ti y el bebé —insistía Lisa.
—Ya tengo lo que es mejor para nosotros —aseguró la chica, molesta.
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