ESTABA hecha un manojo de nervios.
El lunes por la mañana, Miley estaba sentada a su mesa respondiendo e-mails y organizando la jornada y la semana de trabajo. Entrar a la oficina había sido una dura prueba; todo el mundo estaba hablando del baile, recordando los disfraces y todas las anécdotas de la fiesta.
Ella había tratado de evitar hablar sobre el baile, se había limitado a decir que había pasado una noche tranquila en casa, con su madre... y había esperado con el alma en vilo a que alguien la descubriera. Sin embargo nadie parecía haberla reconocido porque todos habían sentido que se hubiera perdido la diversión. Incluso Sam la había saludado con algo parecido a un gruñido y se había metido en su despacho.
Agradecía enormemente su pronta recuperación de la gripe porque eso significaba que ella no tendría que ver a Nick Jonas por el momento, lo cual era un alivio pues no tenía la menor idea de cómo iba a reaccionar al volver a verlo.
Estaba escribiendo un larguísimo e-mail cuando sonó el teléfono; contestó sin dejar de teclear ni retirar la atención del todo de lo que estaba redactando.
— ¿Señorita Cyrus? —la voz de Nick sonó incluso antes de que ella pudiera saludar. El corazón le dio un vuelco y se le escurrió el auricular del hombro, aterrizando sobre la mesa con un golpe. El ruido la sacó del momento de shock. ¿Por qué la llamaba Nick?
¿Lo habría descubierto? ¿Acaso Sam la había descubierto y se lo había contado al jefe?
— ¿Qué demonios ocurre? ¿Señorita Cyrus, es usted?
—Pe... perdone —dijo por fin sin poder evitar tartamudear—. Se me ha escurrido el teléfono.
Oyó un resoplido de exasperación y lo imaginó cerrando los ojos ante su torpeza.
—Señorita Cyrus, necesito que venga a mi despacho ahora mismo.
Miley apretó el auricular. No podía, no estaba preparada para verlo. ¿Cómo iba a explicarle lo sucedido? ¿Cómo iba a mirarlo a los ojos después de lo que habían hecho, de la intimidad que habían compartido?
Perdería el empleo, estaba claro. Era lo mínimo que merecía. ¿Cómo explicaría un despido así en una entrevista de trabajo?
— ¿Sigue ahí?
—Ahora mismo subo —consiguió decir después de tragar saliva.
Nick colgó el teléfono con cierta desconfianza. ¿Qué le pasaba a esa mujer? Sólo esperaba no estar cometiendo un error.
Se volvió a mirar a Sam, que esperaba sentado frente a él ostensiblemente nervioso e inseguro. Y en aquel momento, Nick comprendía la sensación pues era la misma que había tenido él desde el momento en el que aquella mujer vestida de Cleopatra lo había abandonado en la sala de juntas. Nadie se había atrevido jamás a huir de Nick Jonas, lo cual ya era lo bastante malo; aquella mujer además había escapado de él sin darle la menor oportunidad para averiguar quién era.
Había tardado sólo unos segundos en volver a ponerse el disfraz y correr tras ella, pero había desaparecido, se la había tragado la noche.
¿A qué estaría jugando aquella mujer? ¿Por qué habría huido de ese modo? Había tenido todas las oportunidades del mundo para cambiar de opinión y no lo había hecho, de eso estaba seguro; sabía que ella había hecho lo que había hecho porque lo había deseado tanto como él.Y había sido increíble.Le había hecho desear seguir explorando sus cuerpos un poco más, ver hasta dónde podían llegar... y ver sus ojos.Quizá le había reconocido. ¿Sería eso lo que la había asustado? ¿Acaso le había dado miedo descubrir que se había acostado con el fundador y director general de la empresa? Pero le resultaba extraño creer que no se hubiera dado cuenta antes de con quién estaba, sobre todo después de que Enid fuera a buscarlo para atender aquella llamada. Si no había sido eso, no comprendía qué la había hecho entonces sentir tanto pánico como para salir corriendo.No le gustaba nada la idea de que ella supiera quién era mientras que él no tenía ninguna pista para averiguar su identidad. Observó al hombre que tenía enfrente.Quizá Sam supiera algo. Recordaba a Sam quitándose la máscara de su disfraz de monja y recordaba que en el grupo de gente con el que la había visto, había una monja. Y si Sam no sabía nada, alguien tendría que haber que pudiera darle algún dato. Al fin y al cabo, ella había pasado horas en la fiesta; había tenido que hablar con alguien.—Sam —dijo añadiendo una sonrisa—. ¿Qué tal lo pasaste el sábado?Sam se echó a reír, satisfecho de entablar conversación con el jefe.—Muy bien. Fue una fiesta estupenda. Todo el mundo le está muy agradecido...—Me alegro —lo interrumpió Nick—. En realidad me preguntaba si tú podrías ayudarme.—Por supuesto. Usted dirá.—Verás, había una mujer con la que querría haber hablado, pero la perdí al final de la fiesta. Iba vestida de Cleopatra; pelo negro, vestido blanco. ¿Te suena?—Claro que me suena —respondió entusiasmado, pero luego frunció el ceño—. Aunque no sé qué pasó con ella, de pronto desapareció.Nick sintió cómo se le aceleraba el pulso. Iba por el buen camino, mi tardaría en encontrarla.— ¿Te acuerdas de cómo se llamaba?Sam se quedó pensando unos segundos.—Me lo dijo... —recordó tocándose la barbilla mientras Nick hacía un esfuerzo por no dar un golpe en la mesa para hacerlo reaccionar con más rapidez—. ¡Ah! Ya lo recuerdo —anunció triunfante.— ¿Y bien?—Marie, de la oficina de Sydney, eso es. Creo que no dijo el apellido. Al principio no parecía muy convencida de entrar al salón... supongo que debe de ser difícil ir a un baile así sin conocer a nadie. Entró con nosotros, pero luego le perdimos la pista —se quedó con la mirada perdida en el suelo—. ¿Dónde se metería?Nick sabía perfectamente dónde se había metido. Le había pedido bailar y al principio había estado reticente pero luego algo había cambiado y había comenzado a moverse como chocolate caliente en sus brazos..., dulce, cálida y dispuesta a dejarse saborear. Tan dispuesta que lo había esperado mucho más tiempo del que él había dicho que tardaría, lo había esperado con la misma necesidad que él había sentido de volver a su lado.Después había caído en sus brazos y había sido como un sueño. Lo había invitado a entrar en su cuerpo y él lo había hecho encantado. El sexo con ella había sido lo que él había esperado impacientemente y mucho más, tanto que había deseado repetirlo una y otra vez..., pero ella se había marchado y la noche se había convertido en una pesadilla.Sam seguía hablando, imaginando los motivos por los que podía haber desaparecido. Nick no le hacía caso, estaba demasiado ocupando pensando en la oficina de Sydney. No recodaba ninguna Marie, pero a la velocidad que estaba creciendo la empresa, no le extrañó que hubiera alguien a quien él no conociese.Echó un vistazo al listín telefónico de Delucatek y no encontró nada, otra vez algo más despacio.Ni rastro. No había ninguna Marie.Levantó el auricular del teléfono haciendo caso omiso al interminable monólogo de Sam. —Enid —espetó tan pronto como contestó su secretaría—, ¿hemos contratado últimamente a una tal Marie para la oficina de Sydney? En el listín no aparece nadie con ese nombre.Esperó en silencio hasta que Enid le confirmó que efectivamente no había ninguna Marie entre sus empleados.¿Estás seguro de que era Marie? —le preguntó a Sam sin ocultar su rabia.¿Qué? Pues... Sí, estoy seguro. Suelo fijarme en mujeres como ésa, ya me entiende.Nick le lanzó una mirada que habría podido dejarlo petrificado. No le hacía ninguna gracia pensar que el resto de los hombres de la fiesta se hubieran sentido tan atraídos por esa misteriosa mujer como él mismo.—No, no estoy seguro de entenderlo.De lo que sí estaba seguro era que aquello le preocupaba. Aquella mujer había dado un nombre falso, por lo que ahora resultaría muy difícil encontrarla.Tenía que ser alguien de la empresa, una de las trescientas empleadas que trabajaban allí. De entre ellas, la mitad eran demasiado mayores y buen porcentaje de las restantes no tenían ese increíble cuerpo capaz de atraer todas las miradas. Eso dejaba unas cien mujeres entre las que tendría que encontrarla. Y desde luego iba a hacerlo, costara lo que constara. Y cuando la encontrara...Alguien llamó a la puerta en ese momento.— ¿Quería verme?La señorita Ratoncillo Marrón se quedó en el umbral de la puerta, con un aspecto aún más tímido y retraído que el del animal al que se parecía.—Señorita Cyrus —dijo Nick volviendo a concentrarse en el trabajo—. Estaba esperándola. Pase.Se sentó al lado de Sam sin apenas levantar la mirada del suelo. Llevaba la misma chaqueta marrón de la otra vez, pero en lugar de la falda, había elegido unos pantalones del mismo color que al menos dejaban claro que tenía piernas, y nada feas por lo que parecía.Por un momento la observó con cierta desconfianza. No, ella no podía ser una de las cien mujeres entre las que buscar a la mujer misteriosa. Miró su rostro rosado, sus labios en tensión y sus ojos esquivos. No, era imposible. Pero quizá sí supiera quién era Cleopatra.— ¿Estuvo usted en el baile del sábado?Se sobresaltó como si le hubieran disparado, pero fue Sam el que respondió.—No, Miley no asistió a la fiesta.— ¿Y por qué? —le preguntó Nick a ella.—Bueno... —comenzó a decir después de pasarse la lengua por los labios, no quería añadir la mentira a la lista de pecados cometidos—. Mi madre está enferma...Nick pareció quedarse pensando la excusa unos segundos y después asintió. Miley se moría de ganas de salir de allí. No estaba segura de lo que acababa de pasar, pero tenía la sensación de que había sobrevivido, su secreto seguía a salvo.—Pues… ¿si eso es todo? —tenía las manos apoyadas en los reposabrazos de la silla para levantarse.—No, no lo es. Siéntese.Obedeció, pero no porque quisiese hacerlo, sino más bien porque le temblaban las piernas y no habrían podido mantenerla en pie.—Le he pedido que viniera porque necesito alguien que trabaje mano a mano conmigo en un nuevo proyecto. Después de la presentación que hizo la semana pasada, pensé que usted era la persona indicada, así que le pedí a Sam si podría prescindir de usted durante unos días.Miley miró desesperada al hombre que se sentaba a su lado. Seguramente no permitiría que alguien disfrutara de una oportunidad tan estupenda.— ¿Y él qué dijo?—Que no podía prescindir de usted.Respiró aliviada. Muy bien, el egoísta de Sam seguía fiel a su principio de no dejar que alguien aprovechara una oportunidad que él habría deseado para sí mismo.—Pero yo le dije que no tenía otra opción.
Aquellas palabras fueron como un puñetazo en la boca del estómago.—Así que está decidido —anunció dirigiéndose a Sam antes de hacerle un gesto con el que le dio a entender que ya no requerían su presencia—. Enid se encargará de que suban todas sus cosas —le dijo una vez se hubo marchado su supervisor—. Hay un despacho vacío al final del pasillo. Tenemos tres días antes de tener que viajar a Queensland para asistir a varias reuniones, así que tendremos que damos prisa. No podemos perder esta oportunidad. Palmcorp es una empresa que ha crecido mucho últimamente y cuyas necesidades no quedan satisfechas con su sistema actual. Si conseguimos hacer negocios con esta empresa, ganaremos millones.—Queensland —murmuró ella. Con Nick. No, era lo último que necesitaba en aquel momento—. No puedo...— ¿Que no puede qué? —preguntó clavando la mirada en ella.—Que no puedo ir con usted.— ¿Cómo que no puede?« ¡No quiero ir contigo!»—Por una parte, no puedo marcharme así como así y dejar sola a mi madre. Ya le he dicho que está enferma.— ¿Y quién cuida de ella ahora que usted está en el trabajo?—Nadie —se había dado cuenta de que le había hecho la pregunta como si acabara de anotar el gol que le daba la final a su equipo, y deseó derrotarlo, anular ese gol—. Pero no me gusta dejarla sola por las noches.—La necesito para esa presentación, no quiero a nadie más.—Pues me temo que va a tener que encontrar a otra persona porque yo no puedo. No voy a ir.—Ya veo.Aunque el modo en el que apretaba los dientes demostraba que no lo veía en absoluto.— ¿Y cuál es la otra razón?Levantó la mirada confundida.— ¿Qué otra razón?
—Antes ha dicho, «por una parte», así que debe de haber otra parte. ¿Por qué otra razón no quiere venir a Brisbane conmigo?—Ah —se encogió de hombros sin poder hacer nada por controlar el rubor que le cubría el rostro—. Es... sólo es una manera de hablar.Aquella penetrante mirada no se apartaba de ella, parecía estar midiendo sus palabras, parecía haber percibido el engaño. Pero no podía haberlo adivinado. No lo sabía, no podía saberlo.— ¿Qué otra razón podría haber? —preguntó con fingida inocencia.— ¿Le preocupa que pueda intentar seducirla? ¿Es eso?De pronto le faltó el aire como si estuviera a punto de ahogarse.—Si es así, déjeme que le diga que es totalmente imposible. Totalmente. Estoy hablando de negocios, necesito su ayuda profesional. Así que olvide cualquier preocupación que pudiera tener al respecto.Miley trató de recuperar la estabilidad. Allí estaba él pidiéndole que no se preocupase. ¡Si él supiese! Prefería no pensar en que acababa de dar a entender que jamás desearía seducirla y así no tener que dar el verdadero motivo de no querer ir con él.—Por supuesto eso es lo que espero, que se trate única y exclusivamente de negocios.—Muy bien. Ahora que hemos aclarado ese punto, me encargaré de buscar una enfermera que se ocupe de su madre las veinticuatro horas, ¿supongo que así no tendrá ningún problema en acompañarme?Pronunció aquellas palabras como una pregunta, pero realmente estaba claro que si no respondía lo que él esperaba, lo tomaría como un desafío. Miley abrió la boca, pero no consiguió emitir ni un sonido.—Estupendo —dijo él—. Entonces queda decidido.Descolgó el teléfono y comenzó a dar instrucciones a Enid para que trasladara sus cosas, reservara los billetes de avión y contratara una enfermera a tiempo completo. Miley se quedó allí observando llena de ira cómo él prefería no respetar sus deseos. Todavía no había dicho que fuera a ir con él. ¿Cómo iba a reaccionar su madre ante la idea de tener una desconocida en casa, por mucho que fuera a cuidarla las veinticuatro horas? Nick ni siquiera le había dado la oportunidad de preguntárselo.— ¿Cómo se atreve? –dijo de pronto poniéndose en pie y dando rienda suelta a su rabia—. ¿Cómo se atreve a organizar mi vida y la de mi madre sólo para salirse con la suya? ¿Qué le parecería que yo me entrometiese de esa manera en su vida y en la de su familia para no tener que cambiar mis planes, fuesen los que fuesen?Él levantó la mirada hacia ella, sus ojos parecían inquietantemente vacíos.—Si quiere intentarlo, adelante. Pero le va a resultar difícil porque perdí a toda mi familia cuando tenía nueve años.
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