—Ése no te traerá más que problemas. Por favor, elige a otro soltero.
Miley Cyrus tenía el estómago encogido por la ansiedad y por la excitación. Dio un trago a su copa de champán y apretó la mano de su mejor amiga.
—Demi, no puedo. Sabes que tengo que hacerlo.
—Es un error —insistió Demi—. ¿Recuerdas lo destrozada que te quedaste cuando se fue?
Como si Miley pudiera olvidar el dolor que sintió entonces.
—Eso es agua pasada. Ahora lo he superado del todo —afirmó Miley.
¿Cómo no iba a haber superado que un hombre hubiera salido con ella durante años y luego la hubiera dejado sin dar explicación?
Miley miró hacia abajo, posando los ojos en el ligero vestido de seda que sus amigas le habían elegido para la ocasión. El escote de pico le llegaba casi hasta el ombligo y la falda era larga hasta los tobillos, con una abertura que dejaba al descubierto todo el largo de su pierna.
—¿En qué estabais pensando Selena y tú cuando elegisteis este vestido? Me gusta llevar ropa sexy, pero ¿no podíais haber buscado algo más sutil?
—Cuando se trata del juego de la seducción, tienes que sacar todas tus armas. Planeas tener a Nicholas Jonas de rodillas. Sele y yo pensamos que debías vestirte como una mujer fatal.
—Me habéis malentendido. Una mujer fatal seduce al hombre en cuestión. Yo no tengo intención de volver a la cama con Nicholas. ¿Cuántas veces tengo que decírlo? No me propongo vengarme. Sólo quiero demostrarle que no le guardo resentimiento.
—Ajá —repuso Demi con escepticismo.
—De acuerdo, no me importaría que él sufriera un poco. Pero eso es todo. No pienso entregarle mi corazón de nuevo.
—Por eso no voy a dejar de repetirte que esto no es buena idea hasta que lo comprendas.
—Demi, ya he pasado por la humillación de que Nicholas me dejara en una ocasión. Mis compañeros de trabajo sintieron mucha lástima por mí la primera vez. Y según la señora Jonas, Nick se quedará en Wilmington sólo hasta que su padre esté mejor. Entonces, volverá a Florida. Prometo no olvidar que esto es temporal.
—Intentas justificar algo que no es buena idea, señorita directora de marketing.
—Déjalo. Recuerda que no se trata sólo de mí. Sin Nick, la empresa tendrá que cerrar sus puertas, dejándonos a mí y a otros mil empleados sin trabajo. Paul Jonas ha sido como un segundo padre para mí. He estado preocupada por su salud desde que tuvo el infarto hace tres días. Nick y él necesitan arreglar las cosas antes de que sea demasiado tarde —señaló Miley.
—¿Y si padre e hijo hacen las paces y Nick vuelve al hogar? Será tu jefe. ¿Te seguirá gustando tu trabajo entonces? —puntualizó Demi.
Miley frunció el ceño. Era una buena observación. ¡Mal_dición!
—Necesito seguir con mi vida. Y no puedo hacerlo hasta que no supere el pasado. Soy una perdedora, Demi. Y tengo que romper el hábito y para hacerlo, necesito saber qué tengo de malo para que Nick y todos los tipos con los que he salido en los últimos ocho años me dejen justo cuando empiezo a creer que la cosa puede ir en serio.
—Me dan ganas de abofetearte. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no tienes nada de malo?
—Eso dices tú.
Demi desvió su atención a algo que había detrás de Miley.
—Espero que de veras lo hayas superado, porque Nick tiene muy buen aspecto. Muy, muy bueno.
Miley se atragantó con su champán. Siguió la mirada de Demi hasta la otra punta de la sala y se quedó sin habla.
Nick tenía buen aspecto. De hecho, estaba increíble. ¡Mal_dito! Lo último que ella necesitaba era encontrarlo atractivo.
Tenía los hombros más anchos de lo que Miley recordaba y su esmoquin resaltaba músculos, que antes con veintitrés años, él no había tenido. Esbozó una sonrisa nostálgica. Quizá Nick pareciera más sofisticado, pero aún no había aprendido a domesticar su rebelde pelo castaño. Sus mechones rizados tenían un aspecto tan desarreglado como cuando ella le había acariciado al hacer el a…
Miley detuvo en seco sus pensamientos. No necesitaba recorrer ese callejón sin salida de nuevo.
—Superar el pasado merece hasta el último penique que voy a pujar por el soltero número trece esta noche.
—Si tú lo dices… —replicó Demi con tono de duda—. Sabíamos que podríamos comenzar a disfrutar de nuestra herencia algún día, pero no creo que nuestros abuelitos tuvieran la intención de que la gastáramos en comprar hombres, aunque sea por una causa benéfica. Sel ha soltado un buen dinero por su rebelde.
Selena había sido la primera del trío de amigas en comprar a su hombre. Miley esperaba que su amiga fuera capaz de manejar al rebelde soltero, ciclista y dueño de un bar.
—Espero que le salga bien.
—Yo también. Espero que ninguna de nosotras tenga que lamentar la locura de esta noche.
—Demi, llegamos a un acuerdo…
—No, Sel y tú llegasteis a un acuerdo. Yo crucé los dedos, pero para mal o para bien, estoy con vosotras.
La subasta se reanudó con un martillazo del presentador. El soltero número doce dejó el escenario y las mujeres del público se volvieron locas de excitación mientras esperaban al siguiente. El presentador anunció al siguiente soltero.
Su soltero. Nicholas Jonas. Miley había hablado mucho con sus amigas sobre lo fácil que sería confrontarse con el hombre que le había roto el corazón y la autoestima hacía ocho años. Pero le temblaban las piernas y las entrañas. Ella había amado a Nick, había pensado en casarse con él, tener hijos con él y dirigir la compañía de Yates Jonas a su lado.
¿Y si el plan no le salía bien?
Miley se enderezó en su asiento. Sí saldría bien, se dijo. Tenía treinta años y era más que madura para lidiar con un antiguo amor sin quedar como una tonta. Además, había pensado en cada detalle, igual que hubiera hecho en una gran campaña de marketing.
Comprarlo significaba obligarle a que le diera siete citas. Siete oportunidades para impresionarlo con su nueva pericia en el negocio, tentarlo pero manteniendo las distancias, preguntarle por qué la dejó como lo hizo y sacárselo de la cabeza.
Las mujeres que la rodeaban gritaron como locas cuando vieron salir a Nick al escenario. ¿Quién no iba a querer siete citas con un atractivo arquitecto naval y prestigioso diseñador de yates?
—¿Estás segura de que podrás sobrevivir a siete seductoras citas con Nick? —le preguntó Demi.
—Claro —repuso Miley, y se dio cuenta de que le temblaban las manos.
Entonces, Miley levantó su paleta e hizo la primera puja por su antiguo amante, el hombre que pronto se convertiría en su jefe.
Nick miró a su madre desde el escenario. Su madre podía haberle advertido sobre la subasta benéfica, pero no, ella lo había inscrito en el programa con su foto sin avisarle, y lo había arrastrado al punto en que se encontraba en ese momento.
Nick no quería estar allí, ni en su pueblo natal ni en ese escenario, siendo subastado como un viejo yate. Había demasiados trapos sucios, demasiadas mentiras, demasiadas promesas rotas.
Las mujeres del público le gritaban cosas, pero él no estaba dispuesto a quitarse nada de ropa para complacer a la audiencia. Si los demás solteros querían actuar como tontos, le parecía bien, pero él no lo haría. Tener que salir con una boba dama de la alta sociedad era más que cumplir con su deber.
Nick se quedó bajo las luces de los focos tieso como un palo. Mirando a las histéricas mujeres, les ordenó mentalmente que no se atrevieran a comprarlo.
Entonces, vio a Miley entre la multitud. Se quedó sin aire en los pulmones y se le encogió el estómago. ¡Mal_dición! ¿Qué estaba haciendo ella allí? Había creído tener hasta el lunes de plazo para verla de nuevo.
Los focos se centraron en el escenario, cegándolo. La puja subió, mucho más que con los dos solteros anteriores. El presentador golpeó el podio con su martillo de subastas.
—¡Vendido! —gritó el presentador—. Venga a recoger su premio, número doscientos veintiuno.
Bien. Al fin había terminado, se dijo Nick. Al menos, la primera parte de la tortura. Contento, bajó del escenario y allí vio a Miley entregando un cheque a la mujer que cobraba las pujas. Se quedó conmocionado.
¡Miley lo había comprado!
Nick miró su pelo castaño claro ondulado y sus ojos color zafiro, una milésima de segundo antes de que su vestido negro lo dejara impactado. Sus pálidos pechos estaban a punto de salírsele por el borde del escote y una larga raja en su falda dejaba al descubierto una de sus largas piernas, de aspecto suave como el satén. Se quedó boquiabierto. Ardiendo.
Miley comenzó a caminar hacia Nick, sonriendo con una seguridad que él no recordaba en ella.
—Hola, Nick. ¿Te parece si buscamos un rincón tranquilo y organizamos las citas?
—¡Esperen! —gritó una mujer afroamericana de unos treinta años. A su lado, un hombre pálido sujetaba una cámara de fotos. La mujer les pidió que posaran—. Abrácense, por favor, y sonrían.
Nick apretó los dientes, forzando una sonrisa, y rodeó a Miley con un brazo. Con la palma de la mano tocó la piel desnuda de ella. ¡Mal_dición! El vestido también dejaba al descubierto la espalda. El calor corporal de su compradora lo atravesó. Un fuego incontrolable se prendió en su interior. Un fuego que debía extinguir. En ese instante.
Miley soltó un grito sofocado y casi se le salieron los pechos por el escote. Nick no pudo evitarlo.
Miró la cremosa piel de ella. Y la cámara disparó. ¡Diablos! Lo capturaron mirando. Antes de darle tiempo a pedirle al fotógrafo que hiciera otro disparo, ella se apartó, se dio media vuelta y comenzó a alejarse con un movimiento de caderas capaz de volver loco a cualquiera.
Vaya. Aquélla no era la misma mujer que él había dejado atrás. La Miley que él había conocido nunca se había puesto un vestido con todas las garantías de hacer que un hombre olvidara hasta su propio nombre.
Nick siguió a Miley hacia la puerta. Después del modo en que la había dejado, esperaba que ella quisiera verlo muerto. ¿Por qué había aparecido para rescatarlo esa noche?, se preguntó.
—¿A qué estás jugando, Miley? —dijo Nick.
A Miley, su voz le sonó familiar, pero reconoció un toque áspero que ella no recordaba.
A pesar de dos semanas de planificación, Miley no estaba lista para esa confrontación. Se detuvo al final de uno de los muelles que había sobre el río Cape Fear y se giró.
Las luces del club brillaban detrás de Nick, dejando su rostro en la penumbra. Sus mejillas y mandíbula parecían más definidas que hacía ocho años.
—No tengo tiempo para juegos, Nick.
—¿Entonces de qué se trata? —preguntó él, y señaló hacia el club—. ¿Una visita al baúl de los recuerdos?
—¿Acaso no puede una mujer rescatar a un viejo amigo de las masas hambrientas sin recibir quejas?
—Viejos amigos. ¿Eso somos?
—Eso espero —mintió ella.
—¿Así que esto es una especie de sacrificio por tu parte?
Su sarcasmo hizo que Miley se sonrojara y le hizo acordarse de que cuando él la había dejado, ella no había sido más que una princesita mimada. Pero eso había cambiado. Había aprendido que no debía dar nada por hecho. Ni la felicidad, ni las promesas, ni a los seres queridos.
—¿Tienes algún problema con eso?
—No sabes mentir. Te tiembla la voz. Vamos, Miley, suéltalo. ¿Por qué estamos aquí?
Miley se maldijo a sí misma por su nerviosismo y se aclaró la garganta.
—Tenemos que trabajar juntos. Así que cualquier cosa que te haga la vida más fácil me conviene. Salvarte de eso —indicó ella, mirando hacia el club—, me pareció un gesto amable.
—¿Ahora dices que es por el trabajo?
Era obvio que él no se estaba tragando su historia, se dijo Miley. No podía culparle por ello. Apretó los labios y suspiró resignada. Las cosas no estaban saliendo como había planeado. Había esperado que él se mostrara agradecido, no lleno de sospechas.
—Necesito saber que puedo contar contigo para que no te vayas antes de que Paul esté bien otra vez.
—Tengo mi propia empresa que dirigir —repuso él—. Me quedaré hasta que encuentre a un director interino y luego me iré.
—No puedes dejar Yates Jonas en manos de un extraño. Tu padre…
—Mi padre no tiene nada que decir —le interrumpió él.
—Los doctores esperan que Paul se recupere al ochenta o noventa por ciento de su infarto. Sus facultades mentales están intactas, pero su vitalidad no es como era. Sólo accedió a no venir a trabajar mientras se recupera porque sabe que estás aquí.
Una balsámica brisa de verano despeinó a Miley y casi le dejó los pechos al descubierto. Nick miró hacia su escote. A ella se le endurecieron los pezones y sintió el despertar del deseo.
—No he pedido que me pongas al día —dijo Nick.
¿Le gustaría a él lo que veía?, se preguntó Miley. ¿Habría lamentado por un segundo haberla dejado? ¿Habría pensado en ella durante todos esos años?
—Deberías haberme preguntado por él. Es tu padre. Dentro de un par de meses volverá a trabajar, a menos que le metas prisa y acabe poniendo en peligro su salud. Dale tiempo a que se cure, Nick.
Nick se metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta, dándole la espalda.
«Pregúntale por qué te dejó», se dijo Miley.
Pero no pudo. Todavía, no. Porque no estaba segura de estar preparada para escuchar la respuesta. ¿Qué pasaría si Nick le decía algo horrible y luego tenía que encontrarse cara a cara con él todos los días en el trabajo? Pero conseguiría sacarle la información antes de que él se fuera.
Miley se acercó a Nick y se vio envuelta en la esencia a especias y a limón de la colonia de él. Los recuerdos la poseyeron. Recuerdos de una noche muy parecida a aquélla. La noche de su graduación en el instituto. La pequeña cabina del velero de Nick. Hacer el amor por primera vez. Descubrir el cuerpo de él mientras él descubría el suyo.
Miley se obligó a detener sus pensamientos. De acuerdo, Nick aún le parecía atractivo. Pero la había lastimado demasiado como para volver a confiar en él.
—Yates Jonas tiene un montón de pedidos pendientes. Tendrás que involucrarte a fondo para cumplir con nuestro plan de producción. Tu padre te contará todo lo que necesitas para mantener la empresa a flote.
—No necesito su ayuda —repuso él, apretando la mandíbula.
Miley se mordió el labio, intentando no dejarse vencer por la frustración. Hacer que los dos hombres hicieran las paces podía ser más difícil de lo que ella había anticipado.
—Puede que no la necesites, pero Paul necesita que se la pidas. Está deprimido y conmocionado tras su encuentro con la muerte. Está deseando tenerte en casa.
Nick la miró a la cara. Miley nunca lo había considerado una persona inflexible o implacable, pero en ese momento, su expresión decía otra cosa.
—Anclé mi barco en Yates Jonas. Voy a dormir allí.
—Los de seguridad no me lo han notificado.
—Mi madre se encargó de arreglarlo antes de que yo llegara.
—Al menos irás a casa a ver a tu padre, ¿no?
—No.
—Nick, Paul necesita a su familia.
—Es un poco tarde para que empiece a pensar en su familia —repuso él con amargura.
—¿Qué quieres decir? —preguntó ella, y ante el silencio de Nick, se sintió más irritada y frustrada. ¿Qué habría pasado hacía ocho años para que estuvieran tan enfadados?, se preguntó—. Nunca es demasiado tarde para decir lo siento.
—¿Es eso lo que quieres? ¿Una disculpa? —preguntó él, enojado.
Ella soltó un grito sofocado. Si una disculpa bastara para arreglar lo que él había hecho…
—No estaba hablando de mí. Me refería a Paul y a ti. Es tu padre, Nick. Abre los ojos. Podías haberlo perdido. Aprovecha esta oportunidad para arreglar las cosas entre vosotros antes de que sea demasiado tarde.
—No sabes de qué estás hablando.
—Entonces, explícamelo —pidió ella, en parte esperando oír la respuesta, en parte temiéndola.
—No podrías soportarlo —replicó Chris.
—Ponme a prueba —dijo ella.
Y dejó pasar un minuto. Y dos.
—Es cosa del pasado, Miley. Olvídalo.
Ojalá pudiera olvidarlo, se dijo Miley.
—Sólo en caso de que te interese, quiero que sepas que no pretendo retomar nuestra relación donde la dejamos. Pero tenemos que trabajar juntos, Nick. Necesito que me apoyes delante del equipo.
—Te apoyaré. Mi madre dice que has llevado la compañía tú sola durante las últimas tres semanas.
—He hecho lo que he podido, pero tenemos más de mil empleados. Ha sido un esfuerzo común.
—¿Por qué no puedes seguir sin mí?
—Porque la gente espera que haya un Jonas al frente de Yates Dean y necesitamos a alguien capaz de coordinar a todos los equipos involucrados en la producción. Yo no puedo hacer eso —señaló ella, y lo miró—. Sobre lo de las citas… Ni espero ni quiero que tengamos un romance, como prometen los anuncios de tu subasta.
—La subasta preparada por mi madre —puntualizó Nick—. Yo no tengo nada que ver. Ella lo planeó todo. Soy sólo una maldita marioneta.
—Es igual. Quiero que nos comportemos de modo civilizado y que demostremos al equipo de trabajo que no nos guardamos rencor. La reputación lo es todo en el negocio de los yates y no quiero que haya rumores de que hay tensiones dentro de la compañía o Jonas perderá clientes. Si tienes algún problema conmigo o con mi trabajo, espero que lo ocultes hasta que podamos hablar a solas.
—Lo siento si te lastimé. Si pudiéramos volver al pasado… —dijo él, apretando la mandíbula.
—¿Te habrías ido de todos modos? —preguntó ella.Nickhris miró al mar. Dejó pasar diez segundos antes de tomar aliento.
—Sí.
Miley consiguió mantener la compostura ante la contundencia de su respuesta. Igual Nick, ignoraba lo mucho que la había lastimado y humillado hacía ocho años. Pero nunca volvería a darle el poder de hacerlo de nuevo.
—Es todo lo que quería saber. Te veré el lunes, Nick.
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