Halagada y a la vez mortificada por sus palabras, Miley se quedó boquiabierta. Por fortuna Nick no la estaba mirando en ese momento, ya que estaba ocupado con el corcho de la botella. Sus manos tenían ahora menos destreza de la usual. Una oleada de traicionera ternura invadió a Miley. Se dijo que no debía quedarse. Sencillamente debía irse. No era admisible que él se presentara cuando le diera la gana, que sacara una botella de champán y que esperara compartir su lecho esa noche. Pero precisamente eso era lo que estaba haciendo.
-¿Por qué has venido? -alcanzó a decir sin aliento-. Pensé que...
-Pensar es peligroso. Cuando se trata de algo que nos interesa, debería declararse totalmente fuera de la ley. Lo sé -levantó la botella y llenó las copas.
La observó con una sensualidad innegable. El corazón de Miley se aceleró y su estómago se revolvió, sobresaltado.
-Podría darte una docena de razones para explicarte por qué, pero todos pierden su fuerza al llegar al mismo punto. No podía continuar estando lejos de ti -confesó con repentina sinceridad- Además, tenía la sensación de que estabas contemplando la posibilidad de considerarme un cobarde.
Miley se humedeció los labios.
-¿Un cobarde?
Nick le entregó una copa.
-Ya huiste de mí una vez. Volviste cuando saliste de la vida de Maxwell, pero será difícil que hagas lo mismo conmigo. No dejaré que lo hagas.
La tenacidad de su mirada la mantenía cautiva en una emoción casi hipnótica. De pronto ella rompió el silencio.
-Estaremos mejor en la planta baja. Podríamos charlar...
-¿Charlar? -su risa tenía un matiz de amargura-. ¿Quieres que hablemos de ocho años que ninguno de los dos desea revivir? Por mi parte fue bastante estúpido pensar que podíamos hablar. Sea como fuere, yo no tengo frío, Miley, y te aseguro que tú tampoco lo sentirás -añadió esbozando una sonrisa radiante.
Después de quitarse la chaqueta, levantó su copa, en cambio, Miley se esforzaba torpemente por quitar fuerza a una situación explosiva. Entre los dedos hacía girar la copa continuamente, en un ademán que revelaba su turbación interior. Lo que quería era imposible. Deseaba echarlo, pero también que se quedara. Con una perspicacia que ahora le daba seguridad y comodidad, comprendía que su propia conducta debía de haberle parecido tremendamente provocativa a Nick.
Con aire burlón, él estudio la tensa inmovilidad de Miley en la cama.
-Perdóname que piense que ahora que crees tenerme a tu merced no sabes qué hacer conmigo. ¿Te parece una idea descabellada? -murmuró entre dientes.
Ella quiso reírse pero no pudo. Sus ojos delataban confusión.
-¿Telefoneaste antes?
-No. Yo no fui. Estaba ocupadísimo recorriendo ochenta kilómetros para conseguir una buena botella de champán. En realidad no sé por qué le he dado tanta importancia -su mirada la envolvió en un repentino relámpago de deseo-. Pero ahora que estoy aquí, resulta que ya no tengo ganas de beber, ni de pensar en el mañana. Simplemente te quiero a ti... o aquello que sea tuyo en la medida en que quieras dármelo -le pidió con voz áspera.
-Creo entender la imagen que he podido haberte dado, pero debo decirte que no tengo por costumbre saltar a una cama para gozar de un hombre.
Nick le quitó con destreza la copa de las manos, y le pidió que repitiera la última frase.
-La verdad es que no necesitas saltar a ninguna cama. Estás exactamente en el mismísimo lugar en que quiero que estés.
Hundiéndose nuevamente en la cama, él se inclinó hacia adelante. Apoyó las manos en la almohada, a ambos lados del rostro de ella. Su tibio aliento le abanicaba las mejillas. Lentamente, con la punta de la lengua recorrió los húmedos labios de Miley, hasta que la joven creyó hundirse en un remolino de vértigo.
-Nick... -murmuró ofuscada.
-Es imposible que seas tímida conmigo -le acarició el cuello y la besó con una arrolladora urgencia sexual, que hizo que su mente no albergara ningún pensamiento racional durante varios minutos.
Cuando abrió los ojos, Nick se estaba quitando la camisa, mostrando su torso velludo. Los principios morales de Miley la incitaban a dirigirse a la puerta... pero su cuerpo se quedó tozudamente en la cama. Se había quedado estupefacta ante su masculina belleza. Una tez bronceada que resaltaba perfectamente sus músculos tensos y vigorosos.
-Siento muchas cosas en este momento. Y ninguna de ellas es sensata.
El corazón de Miley latía furiosamente. El colchón se había hundido bajo el peso de Nick. «Sólo esta vez, sólo esta vez», se decía a sabiendas de que se estaba mintiendo. Estaba atada a él a pesar de que sabía que era como una peligrosa adicción. El paso del tiempo había profundizado su dependencia.
La atrajo con suavidad al calor de su abrazo. Pasó los labios en un punto sensible, situado debajo de la oreja de Miley, mientras ella comenzaba a entregarse. Conforme los diestros dedos de Nick le desabrochaban el camisón, ella temblaba y se preguntaba con locura qué era lo que esperaba. ¿Y si se quedaba inmóvil? ¿Y si se daba cuenta de lo poco experimentada que era? ¿Por qué él no advertía todo esto?
-Estás temblando como una hoja -declaró con una voz tan profunda que la dejó desarmada.
-Es que tengo frío -mintió.
A punto de salir huyendo, tropezó involuntariamente con su hipnótica mirada. Sintió que el corazón se le detenía. Con un dedo él le acarició el tenso labio inferior.
-¡Oh, Nick por favor...!
Nick bajó la cabeza para permitir que sus labios exploraran ardientemente la curva esbelta de su cuello. Todo su cuerpo había adquirido una sensibilidad intolerable. Toda ella se derretía.
Con suavidad separó los bordes del camisón para dejar al descubierto la plenitud de sus senos; luego acarició con la lengua el valle que se abría entre ellos y con los pulgares exploró los tensos pezones. Se apoderó de un pezón con los labios y entonces un dulce tormento recorrió en oleadas sus temblorosos miembros. Por un instante pensó que podría morir del placer que él le provocaba.
Ese primer contacto de su cuerpo la excitó más allá de lo imaginable. Nick deslizó una mano por su espalda atrayéndola hacia sí. El abandono, la entrega de Miley, le arrancó un suspiro. La mano que se deslizaba por sus caderas, hasta el húmedo centro de su femineidad, se detuvo cuando liberó su boca de la prisión de sus labios.
-¡Cálmate! Quiero que esto sea perfecto -expresó agitadamente.
Miley no aceptaba que hubiera ni siquiera un solo centímetro de separación entre ellos. Sus ojos inundados de pasión no se apartaban de Nick.
-No te detengas... -pidió, buscando su lengua con la suya, arrancándole un gemido del alma.
La destreza de sus dedos acabó con los últimos restos de su control. Un salvaje y atormentado apetito se apoderó de ella. En cuanto llegó a la suave redondez de sus caderas, Nick la atrajo hacia sí. Arrodillándose entre sus muslos la poseyó.
Miley no creía posible sentir más placer, pero entonces se encontró de repente sumida en un clímax que la dejó abrumada, vencida.
Flotando entre nubes volvió a la realidad, Nick seguía abrazado a ella, con el rostro escondido en su cabello. De pronto sintió la imperiosa necesidad de apagar sus ansias con besos de gratitud y palabras de amor.
Liberándola de su peso, la miró inquisitivo.
-Estuviste nerviosa porque fue un desastre la última vez.
-¿Sí? -ella no quería hablar, simplemente retenerlo entre sus brazos.
-Si mi memoria no me engaña, te hice mucho daño. Estaba ebrio y no tenía mucha experiencia. Me enloquecía la posibilidad de poseerte y perdí la cabeza.
-¿Es preciso que hablemos de eso, Nick?
Él le apartó el cabello de la cara.
-No es necesario que hables. Limítate a escuchar.
Le dio la espalda, molesta por comprender que una vez más se había entregado a él con demasiada facilidad.
-Tampoco quiero escuchar.
Con una mano, Nick la tomó de un hombro y la obligó a tumbarse boca arriba.
-Quédate quieta y escucha. En mi conciencia, en mi interior he vivido esa noche desde hace mucho tiempo. Me he odiado por ello. Tú eras tierna e inocente, y de ningún modo estabas preparada para una relación física, pero si en mil kilómetros a la redonda hay un varón que hubiera podido resistirse a ti aquella noche, me gustaría conocerlo.
Un silencio absoluto fue la única respuesta a sus palabras y eso lo molestó. Apretó los labios y luego añadió:
-Simplemente te estoy pidiendo que contemples esa noche desde otra perspectiva. Cuando escapaste de tu casa, mi preocupación por ti me sacó de quicio. Entonces me culpé y todavía me sigo culpando. ¿No respondes nada? ¿Es que de nuevo no me tomas en cuenta?
Miley pensó que, cuando supuestamente se había preocupado por ella, al mismo tiempo había disfrutado de su luna de miel con Selena. Despecho y dolor se mezclaron en su réplica mordaz.
-El hecho de que nos hayamos acostado no te da derecho a...
-¿A hablar o a sentirme con derecho sobre ti? ¿Eso es lo que te molesta?
Una humedad ardiente le quemaba los párpados, apenas entreabiertos. Dos minutos de conversación y ya se estaban peleando como lobos, buscando la victoria, pero con la diferencia de que ahora ella sabía que saldría derrotada.
-No quiero hablar del pasado. ¿Cuántas veces he de repetírtelo?
-¿Para ti Maxwell forma parte del pasado? ¿O estás alentando la esperanza de que todavía se cierna sobre el horizonte? ¿Te has mantenido en contacto con él? -preguntó con tono áspero.
Hizo a un lado las sábanas y se bajó de la cama.
-No soy tuya. No tienes ningún derecho sobre mí. Lo de Grant no te importa, en absoluto.
Cogió su falda y huyó escaleras abajo. Temblando, se vistió en la cocina. Dolorosas emociones la debilitaban cada vez más. Era preciso que Nick se marchara. Había conseguido lo que quería y eso era todo. Se estremeció. Resultaba degradante pensar en el regalo de su cuerpo, pero le dolía terriblemente comprender que ella se había traicionado debido a la necesidad que tenía de él.
Desesperada, comprendió que durante todos esos años, le había pertenecido por completo. Peor aún, seguía perteneciéndole en cuerpo y alma. Ese mismo día estaba tan obsesionada por Nick como lo había estado en su adolescencia, y una vez más él había sido la parte dominadora. Una desigualdad que humillaba su orgullo y confianza en sí misma.
-Según mi modo de pensar, esa cama que acabamos de compartir hace que todo lo referente a Maxwell me interese -gritó él con tono duro y frío.
Miley se sobresaltó. Como estaba descalzo no había hecho ruido en la escalera al dirigirse a la cocina y acercarse a ella.
Cuando ella hizo un intento de alejarse, Nick la tomó por la cintura. Sin hacer caso de su grito de alarma, la levantó en brazos obligándola a sentarse en la mesa que estaba detrás de ella.
-Tal vez pienses que mi actitud es extemporánea o anticuada, pero sucede que soy así y no es probable que cambie.
-Déjame bajar -le espetó.
-Contéstame antes.
-¡No!
-¿No quieres responderme o no te has mantenido en contacto con él?
-¡No, no he vuelto a verlo!
De inmediato Nick le soltó las manos.
-Eso es todo lo que quería saber. Has sido tú la que ha hecho un drama de todo esto -murmuró furioso, a la vez que deslizaba las manos bajo sus muslos y la atraía hacia sí.
-¿Qué estás haciendo? -alcanzó a decir.
Nick inclinó la cabeza para acariciarle el cuello con los labios. Rió triunfalmente cuando advirtió su excitación; la devoró con la ardiente intimidad de un amante, y ella se desmoronó.
-Te quiero y te sigo deseando -gimió, inclinándose ante ella para recorrer con los labios sus senos desnudos.
Su húmeda lengua jugueteaba con sus pezones, ansiosos de caricias. Casi gritando, ella hundió los dedos en su pelo.
Enredó las piernas de Miley alrededor de su cintura y la llevó escaleras arriba, mientras le decía lo que pensaba hacer a continuación.
Cuando la dejó sobre la cama, ella extendió los brazos hacia él, pero Nick no parecía tener ninguna prisa. Su control era infinitamente superior al de Miley.
La aurora se había abierto paso por entre la noche. El brazo de Nick era como una fuerte ancla que la retenía.
Miley no había podido dormir, pues una especie de fascinación infantil la dominaba al verlo allí, junto a ella. Ocho años de necesidades y anhelos insatisfechos embargaban sus emociones. Por ello, perder uno de esos momentos durmiendo le parecía inconcebible. Pensó que lo que sentía por él era verdadero amor, grandes oleadas que la inundaban con un vigor que crecía hora tras hora.
¿Cuántas mujeres habrían experimentado ese abandono en los brazos de Nick? Tensó los músculos tratando de dominar esa inquietante inseguridad.
La víspera, Nick le había dicho que Paula apreciaba su libertad tanto como él. ¿Por qué había de recordarlo en ese momento? ¿Por qué estaba allí, herida de amor, soñando idioteces, analizando su propio corazón?
Nick no había hecho otra cosa que tomar lo que le ofrecían. No había tenido la intención de relacionarse con ella. Al principio la había esquivado, pero más adelante había decidido que bien podría permitirse alguna debilidad. ¿Por una noche, por dos? Poco a poco fue liberándose de su tibio abrazo. Nick no la amaba. La deseaba. Nada había cambiado.
La noche anterior se había prometido a sí misma que se iría. Había sido una promesa desesperada hecha por una mujer igualmente desesperada, que había perdido todo control de sus emociones. Él la atraía hacia la ruina como un imán.
Flexionó las piernas, poniendo la barbilla entre las rodillas, furiosa consigo misma. Pero el efecto de esas sensaciones fue compensado por la atormentadora convicción de lo mucho que lo amaba.
Cuando salía del baño oyó el timbré del teléfono. Se vistió sin hacer ruido y salió.
Al volver, vio que la puerta de la alcoba estaba entreabierta. De espaldas, Nick procedía a abrocharse el pantalón. Ciertamente la había oído entrar.
-¿Te vas? ¿No quieres desayunar?
Ella creyó distinguir una tensión muy fuerte en los músculos de su espalda. Al ver los rasguños que le había hecho, se ruborizó. Nick se metió los faldones de la camisa y se dio la vuelta.
-Me mentiste -la espetó.
-¿Mentirte, yo?
-¿Cuándo le informaste a Maxwell que estabas aquí? -le preguntó rabioso.
-Pero yo no... ¡Oh, el teléfono! -horrorizada comprendió que Nick había contestado la llamada.
-Te arrastraste hacia él. No lo niegues.
Ella se llevó las manos a las mejillas.
-¿Qué ha dicho?
-Digámoslo de otro modo. No habló con su habitual tono amable cuando contesté -repuso con tono burlón-. Ciertamente mostró incredulidad y desazón, algo impropio en un rastrero que ha estado engañándote desde el primer día.
Miley se sentía enferma.
-¿Qué le has dicho?
-Quería saber qué estaba haciendo yo aquí a estas horas. Seguía rabiando cuando colgué el teléfono -murmuró burlón-. Dudo mucho que pueda perdonarte. Es un egoísta integral.
Atormentada, ella negó con la cabeza.
-Te juro que no sé cómo ha podido averiguar que estaba aquí. Simplemente lo habrá supuesto. Probablemente fue el mismo que telefoneó anoche, cuando no contesté a tiempo.
-¡Qué contrariedad! -exclamó él con tono agresivo-. Todo un caso de mala sincronización.
-No tenía por qué mentirte -declaró Miley, dolorida.
Él la miró con fiereza.
-¿Cómo demonios crees que me he sentido al contestar la llamada de ese estúpido? -preguntó furioso. ¿Qué estaría pensando su padre? ¿Se habría enterado de que era Nick?, se preguntaba Miley. Entre Nick y Grant sólo había un elemento de paralelismo, un odio mutuo ante la sola mención de sus nombres. Suspiró. Debería haber telefoneado a Grant desde hacía mucho tiempo. Él no era rencoroso. Además, ella nunca había creído que la expulsaría por completo de su vida. Pero él la había herido, y cuando alguien lo hacía, tardaba mucho en abandonar su coraza defensiva.
Cuando Nick bajaba por la escalera, Miley estaba reponiendo la leña de la chimenea. Le dirigió una mirada furtiva, dándose cuenta de que aquella quietud no presagiaba nada bueno. En su escrutadora mirada todavía existía un terrible fulgor.
-Siento mucho haberte gritado, pero debes comprender que esa era la última voz que esperaba oír.
Ella alcanzó a murmurar.
-¿Quieres café?
Nick le respondió con un dejo de amargura.
-Ni siquiera sabes cómo me siento. Esto ha sido como traspasar los límites que tú fijaste. Límites mezquinos, odiosos. Aunque no lo creas, anoche no vine simplemente a hacerte el amor.
-¿No? -inquirió a la defensiva.
-No. No quiero tener sólo un amorío contigo.
Miley se quedó perpleja. Sin saber cómo llenar el silencio, volvió a preguntar:
-¿Quieres café?
Nick soltó una maldición, al tiempo que la miraba agresiva y dolorosamente.
-Quiero casarme contigo.
Miley sospechó que le estaba gastando una broma macabra.
-Y ahora te ríes -observó asombrada-. Te juro que no respondo de mí -le espetó con furia.
Era la más extraordinaria propuesta de matrimonio que había oído nunca; en realidad, era la única. Era incapaz de reír; se había quedado sin habla. Ante ella Nick se erguía invulnerable. Sabía sobrevivir. El orgullo y la obstinación de los Jonas formaban una combinación invencible.
Miley apenas alcanzó a humedecerse los labios con la lengua. Se sentía débil...
-¿Estás diciendo que me quieres?
-No estoy proponiendo una relación sin compromisos. Quiero terminar con mis noches de insomnio y las peleas inútiles. Quiero verte junto a mí al despertar por la mañana. En pocas palabras, quiero vivir contigo. No me importa lo que hayas tenido que ver con Maxwell. Sigo pensando que entre tú y yo hay mucho en común. Lo suficiente como para construir algo importante.
-¿Después de sólo una noche?
-Nunca he querido a ninguna mujer como a ti. Lo reconozco. Has estado en mi vida nada menos que ocho años, y después de lo de anoche, seguramente estarás conmigo durante los próximos ochenta años. Recuerda que el matrimonio es mucho más que sexo. Sigo deseando comprarte esta casa.
Un rubor suave cubrió las mejillas de Miley.
-Nick, eso no es...
-A propósito, la herencia de Selena está vinculada a un fideicomiso a favor de Tina. Así lo decidí. Mientras Selena vivió no tomé ni un solo céntimo de allí, y después de su muerte no cambié mi manera de pensar.
«¡Santo cielo!», exclamó Miley para sus adentros. Nick seguía ignorando su verdadera posición económica. Ella era muy rica. ¿Le habría propuesto matrimonio de haber conocido el monto de su fortuna? Sintió una tensión en el estómago.
-Tú no me amas -dijo sin pensar. Nick soltó una risita falsa.
-¿Me estás diciendo que habría ganado puntos contigo si te hubiera dicho lo contrario?
-No. Y agradezco que no mencionaras nada de eso.
-¿Qué quieres decir? -le preguntó con tono cortante.
-Estuviste con Paula hace unos cuantos días -afirmó en tono defensivo.
-Paula es un pretexto, una mentira. No fui a tu lecho después de estar en el de otra mujer.
-Es verdad.
-Tú me querías, me necesitabas, Miley, tanto como yo a ti.
Ruborizada se acercó a la ventana. Nick había puesto el dedo en la llaga, y ella lo sabía.
-Eso no significa que quiera casarme contigo.
-Pero sí significa mucho más de lo que estás preparada para aceptar.
-¿Por qué yo?
-No creo que hayas tenido muchos amantes, excepto en tu imaginación.
-Últimamente me he sentido muy inquieta y transtornada -hizo esa confesión en su prisa por cambiar de tema.
Con manos firmes él la obligó a mirarlo. Miley se apartó, pues sabía que si la tocaba tendría una ventaja total sobre ella. Se dijo que antes de que se diera cuenta estaría dando de comer a las gallinas de Jessie y remendando su ropa. Sus esfuerzos por revitalizar su sentido del humor no cayeron en terreno apropiado. Todo su pensamiento estaba centrado en el pánico y en otro sentimiento que ella se negaba enérgicamente a reconocer.
Él no apartó la mirada de su perfil sonrojado.
-Debemos pensar también en Tina, y en tu carrera. No creo que puedas trabajar en la televisión, aquí en Inglaterra.
Miley estaba asombrada. La telenovela Los Triunfadores la había hecho famosa en todos los hogares. Nick estaba hablando de algo muy preciado para ella.
-Seré franco. No imagino un matrimonio de idas y venidas. Al menos no en un principio. Se trata de algo que debemos discutir con calma -explicó con tono tranquilo.
Miley se volvió de nuevo, pues no quería que la siguiera observando. No consideraba la posibilidad de decir que sí. No era tan tonta. Se aclaró la garganta y repuso con aplomo:
-Sucede, Nick, que no veo a mí misma como la esposa de nadie.
-Podríamos considerarlo como un tipo de compromiso. Por mi parte podría tener un ama de casa y una esposa, del mismo modo que tú podrías preocuparte de tu carrera sin necesitar una semana de siete días de trabajo.
-Una carrera activa requiere una atención total. Si no está uno en el lugar apropiado en el momento indicado, lo mejor es renunciar -replicó, y en seguida se preguntó por qué le importaba tanto discutir con él.
-Yo creí que querías ser escritora -declaró con firmeza.
-Lo más probable es que no lo consiga. Mira, de verdad no sé por qué estoy hablando de esto.
Miley paseaba constantemente por la habitación, apartándose de Nick lo máximo posible. Él se aprovechó del elemento sorpresa cuando la sujetó repentinamente y la besó. Su resistencia se desplomó. Nick buscaba anhelante el contacto de su piel. Vencida por él, la joven se sintió transportada al cielo. Sus sentidos se centraron totalmente en Nick. El lugar, la hora y las razones que había tenido para evitar esa situación se desvanecieron con su autodominio.
Miley se despertó sola tras un inquieto sueño. Al sentarse se tambaleó, mareada, y se llevó las manos a la cabeza. Se sentía mal, realmente muy mal. Tiritando, se arrastró fuera de la cama para encender la calefacción eléctrica. Todos sus músculos protestaron por ese pequeño movimiento. Una bebida caliente, eso era lo que necesitaba.
¿Cuánto tiempo había dormido? Había caído la tarde y sólo tenía un vago recuerdo de la despedida de Nick. Débil y sudorosa, bajó las escaleras:
El teléfono hacía un ruido peculiar, pues estaba mal colgado. Pensó que seguramente Nick lo habría dejado así. Con esfuerzo volvió a colocar el auricular en su sitio.
En sólo veinticuatro horas Nick la había privado de toda cordura. Por la noche, el deseo era lo bastante fuerte como para aplacar sus temores... pero a las seis de la tarde el poder que ejercía sobre ella le parecía enorme. Nick le había hablado de matrimonio, pero el poco sentido común que aún le quedaba había desaparecido.
Miley pensó que esa rendición final y traicionera suya tal vez había sido interpretada por Nick como una respuesta positiva. En realidad, si quería ser totalmente sincera consigo misma, no sabía qué pensar. En lo más profundo de su corazón su respuesta siempre había sido de duda, pero tenía un terror instintivo a tales impulsos internos.
Su propuesta debió haber sido motivada por el hambre física que los dos sentían. En otras palabras, Nick seguía siendo esclavo de su deseo sexual. Después de su fracaso matrimonial con Selena, sin duda pensaba que no tenía mucho que perder en una segunda oportunidad.
Por si fuera poco, sentía unos celos violentos de Grant. ¿Hasta qué punto la llamada de su padre había contribuido a despertar en Nick la necesidad posesiva y primitiva de considerarla como algo de su propiedad? ¿No era verdad que lo sucedido esa mañana había sido simplemente la repetición de una catástrofe ocurrida ocho años atrás?
Titubeó cuando el teléfono sonó con insistencia. Pensó que realmente era una cobardía que no quisiera contestar de inmediato. El insistente timbre era como una aguja que perforaba su dolorida cabeza. Con una exclamación de derrota levantó el auricular.
-¿La señorita Cyrus? -la voz de Becky, la eficiente secretaria de Grant, tenía un tono desusadamente molesto y esperó a que Miley confirmara su presencia antes de añadir con fría decisión-: le habla el señor Maxwell.
Por su parte, Miley se preparó para recibir una buena regañina.
-No se te ocurra decirme que no tengo derecho a pedir una explicación -el tono de Grant resonó en la línea como un latigazo-. ¡Jonas!
Miley se llevó una mano a la frente, que estaba empapada de sudor.
-Ya no está casado -declaró, apretando los dientes.
-¿Crees que eso es razón para que me sienta mejor? ¿Es que has perdido el juicio? -inquirió-. Traté de evitar que volvieras allí. ¿Por qué no me hiciste caso?
Miley comprendió que debía confesárselo todo de inmediato.
-Es que todavía lo amo.
-¡Oh, Dios mío!
Miley escuchó su queja lastimera y pudo imaginar perfectamente su rostro de hermosos rasgos atravesado por una expresión de cinismo y desdén. Por una parte se sentía emocionado; por otra, furioso.
-La verdad es que así es como me siento, y tú no me vas a hacer cambiar.
-Por lo que veo no necesitas ayuda para eso. La verdad es que últimamente hemos tenido muchos desacuerdos, pero siempre he jugado limpio -repuso con ironía.
-Ahora no necesito nada de eso. Simplemente quería se sincera contigo.
-Puedo prescindir perfectamente de ese tipo de sinceridad.
-Estás haciendo un ridículo terrible. ¿No te das cuenta? ¿Es que necesitas que te lo recuerde? Te buscó y luego te hizo a un lado, Miley. Probablemente Ahora no tienes eso presente. Después de todo tú has limado tus asperezas, amén de que ahora vales unos cuantos millones. No me sorprende que se haya acercado a ti, pero sí que tú seas lo suficientemente débil como para caer por segunda vez en una trampa similar.
Siguió un tenso silencio.
-Basta ya -musitó Miley, porque sus palabras habían dado en el blanco.
-Me apena que te disgusten las noticias que te estoy dando, pero de ningún modo pienso disculparme por decírtelas. ¿Qué se trae entre manos ese tipejo? Si se trata de una satisfacción egoísta podría entenderlo, pero no puedo pensar en ninguna otra cosa más.
-Nunca me entendiste -murmuró ella, furiosa.
-Has estado trabajando mucho, Miley. Estoy dispuesto a reconocer que te he presionado mucho. Mira, coge el primer avión y vente para aquí. Es demasiado tarde para la película, pero me atrevería a decir que alguien como tú no se quedará sin trabajo. Tu agente ha estado en contacto conmigo. Está pendiente una oferta de una miniserie...
-No puedo irme, no puedo huir de esto.
-Mándalo al infierno y coge un avión. No me importa cómo lo hagas. Dime. ¿Cómo se está desarrollando el trabajo literario?
Le contó lo de su trabajo y después se desplomó en un sofá. Por último colgó el auricular.
Se dijo que jamás había existido la más remota posibilidad de casarse con Nick. Se consoló pensando en lo duro que le resultaría a Nick una ruptura definitiva. Pero dado que la posibilidad de no verlo la deprimiría terriblemente, se trataba de un proceder carente de significado.
Nick había mencionado algo acerca de un viaje a York y sabía que estaría trabajando esa noche. Ella se iría al amanecer del día siguiente. Poco a poco fue cerrado sus doloridos ojos.
Se despertó sin saber durante cuánto tiempo había dormido, y sin poder respirar. Hizo un vano intento por levantarse. La asfixia la dominó. Sus frenéticos movimientos hicieron que cayera al suelo. El humo invisible en la oscuridad la ahogaba.
El cristal de la ventana estalló en mil pedazos. Unas manos se apoderaron de ella. De repente ya no las sintió. Cayó en la inconsciencia, mientras su cabeza daba vueltas.
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