sábado, 31 de marzo de 2012

Capitulo 11.-

YA. LO había dicho. Y ahora que lo pensaba, no le había hecho sentir mal, nada mal. De hecho al ver la sonrisa de felicidad que iluminó el rostro de Daphne, Nick se sintió muy bien consigo mismo.
Era la solución más lógica. Miley no podía hacerse cargo de todo; del trabajo, de cuidar a su madre y del niño. Además, si se casaban, el niño llevaría su apellido y Miley no tendría que enfrentarse a las dificultades de ser madre soltera. Jamás se habría imaginado a sí mismo casándose, había pasado la mayor parte de su vida solo por lo que no necesitaba a nadie; pero si casarse significaba que su hijo tendría la vida que merecía, seguramente valdría la pena sacrificar su independencia.
Además, también significaría que pasaría las noches con Miley, lo cual compensaría el esfuerzo. Se habría conformado con que fuera su amante, pero estaba dispuesto a casarse con ella si era necesario.
—Ya estoy en casa —se oyó la voz de Miley desde la puerta. Se la oía cansada y con razón, porque ya era tarde. Debería haberse ido a casa cuando Nick se lo había dicho. Claro que si lo hubiera hecho, él no estaría allí en ese momento.
Se puso en pie, pero se quedó al lado de Daphne.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Miley con todo el vello del cuerpo erizado. Su madre y Nick juntos, tazas de té vacías… demasiado acogedor.
Debería haber sospechado algo al ver el descapotable negro aparcado en la puerta. Un coche como ése en aquel barrio resultaba tan sospechoso como Nick haciendo una visita para tomar el té con su madre. Y sin embargo allí estaba...
— ¿Qué ocurre?
—Cariño —dijo su madre luchando por ponerse en pie con la ayuda de Nick—. Felicidades, no tenía ni idea —se acercó a abrazarla y lo hizo con tal fuerza, que le notó las costillas a través de la bata que llevaba puesta.
Miley miró a Nick por encima del hombro de su madre.
— ¿Se lo has dicho?
—Claro que me lo ha dicho —intervino su madre—. ¿Cómo si no iba a pedir mi bendición? No sabéis lo feliz que me hacéis, apenas puedo creerlo. ¿Cuándo tenéis pensado que sea la boda?
— ¿La boda?
El corazón le dio un vuelco al oír aquella palabra. Había pensado que le había contado lo del embarazo, pero aquello... No podía estar ocurriendo de verdad. No tenía ningún sentido. Abrió la boca con la intención de negarlo todo, de decirle a su madre que era un error; pero entonces miró a Nick y no encontró en su rostro la expresión de desesperación y agobio que esperaba. En realidad los ojos le brillaban con una extraña expresión triunfal.
—La boda —repitió tratando de parecer normal—. Bueno, Nick y yo tenemos que hablar de ello, pero antes tenemos que resolver otras cosas. ¿Verdad, Nick?
Recibió una sonrisa como toda respuesta y el gesto de incomodidad seguía sin aparecer por ningún lado. ¿Qué estaba tramando?
—Bueno, es una noticia maravillosa —dijo su madre rompiendo el silencio—. Pero creo que ahora tengo que echarme un rato antes de la cena. Todas estas emociones me han dejado muy cansada, pero estoy segura de que los dos tenéis mucho de qué hablar. Así que si me perdonáis...
—Claro —contestó Miley dándole un beso en la mejilla—. Te acompaño hasta la cama. Podemos cenar un poco más tarde hoy.
Daphne se volvió a mirar a Nick, que se acercó y le dio otro beso en la mejilla.
—Vaya, si tuviera veinte años menos, te propondría hacer alguna locura.
—Si tuvieras veinte años menos, aceptaría encantado.
Su madre se rió como no la había oído hacer en años y Miley sintió la tentación de disfrutar del inusual sonido; desgraciadamente, era demasiado consciente de lo frágil que estaba y del tremendo golpe que sería para ella si descubría que aquello no era más que una especie de juego de Nick.
¿Por qué estaría haciendo algo así? ¿Qué trataba de demostrar? No iba a permitir que nada ni nadie hiciera daño a su madre. Y desde luego aquella locura de la boda no iba a ayudar a nadie. Ya había tenido oportunidad aquella mañana y había dejado bien claro que no le interesaba en absoluto. Por eso no comprendía qué estaba haciendo allí, hablando con su madre de bodas y de quién sabía qué más.
Dejó a su madre rendida en la cama y regresó al cuarto de estar, donde Nick la esperaba de pie, con la expresión de un gato que acabara de cazar a un ratón. No sabía que el ratón iba a pelear con todas sus fuerzas.
—Bienvenida a casa —le dijo con una malévola sonrisa en los labios—. ¿Has tenido un día duro en la oficina?
—Tenemos que hablar —respondió Miley obviando la broma.
—Claro —se encogió de hombros como si no tuviera la menor idea del posible tema de la conversación—. Dispara.
—Aquí no. Vamos fuera —no quería que hubiera la menor posibilidad de que su madre escuchara lo que iban a hablar.
Lo llevó hasta el pequeño patio trasero sin mirar atrás ni una vez, pero sintiendo su presencia, que lo invadía todo. También podía sentir la expresión de arrogancia y deseó arrancársela fuera como fuera. Una vez en el patio, se dio media vuelta y cruzó los brazos sobre el pecho, pero lo único que consiguió fue notar aún con más fuerza los latidos de su corazón.
¿Cómo se atrevía a estar tan relajado y tan en paz con el mundo? ¿Cómo se atrevía a poner su vida patas arriba con sólo mover un dedo? ¿Y cómo se atrevía a jugar con las emociones de una mujer enferma y débil?
La furia creció y creció dentro de ella hasta que tuvo que explotar.
— ¿Qué estás haciendo aquí?
—No es así como esperaba que me saludara la mujer con la que acabo de comprometerme en matrimonio.
—Yo no he dicho que fuera a casarme contigo. ¿Qué demonios es todo esto, una especie de venganza por haberte rechazado antes?
—Vas a tener un hijo mío, ¿no es así?
— ¿Y qué tiene eso que ver con todo esto?
—Tiene mucho que ver.
—Creí que habías dicho que no tenías intención de formar una familia.
—Y no las tenía. Pero no puedes criar aquí a mi hijo y no quieres ser mi amante. No tengo otra opción, no me dejas otra opción.
Dejó a un lado su ofensivo comentario sobre las condiciones de vida que podía ella ofrecerle al niño y decidió discutir las cosas una por una.
— ¿Le has dicho algo del niño a mi madre?
Nick la miró fijamente.
—No, pero no comprendo por qué no lo has hecho tú. Ahora ya no tienes por qué preocuparte por que vayas a tener un hijo ilegítimo porque va a tener un padre y un apellido. Al menos podrías darme las gracias por solucionarte el problema.
— ¿Las gracias? Dime, ¿cómo puedes ser tan arrogante?
Miley comprobó con satisfacción que había conseguido irritarlo.
— ¿De verdad crees que no le he dicho a mi madre que estoy embarazada porque me preocupa que piense que voy a ser madre soltera?
— ¿Por qué otra cosa si no? Parece que no te dieras cuenta de cuánto significaría un bebé para tu madre. ¿Cómo puedes no darle la noticia?
— ¿No crees que yo sé mejor que nadie lo que necesita mi madre? Eras la última persona en el mundo que debería decirme cuánto le gustaría a mi madre conocer a su nieto.
—Pues ya puedes decírselo. Ya no tienes nada de lo que avergonzarte.
—Nunca he tenido nada de lo que avergonzarme. Para tu información, no se lo he dicho porque sólo estoy de seis semanas. ¿Comprendes?
— ¿Quieres decir que podrías haberte equivocado?
—No. Ya me han confirmado que estoy embaraza, pero eso no quiere decir que no pueda ocurrir algo.
— ¿Es probable?
—Probable no, pero tampoco imposible. Es demasiado pronto. Lo último que querría sería que mi madre se hiciera ilusiones y luego las perdiera una vez más. Por eso no se lo he contado todavía, nada que ver con esa estupidez de que no vaya a alegrarse si no llevo el anillo de alguien en el dedo.
El silencio duró apenas un segundo.
—No importa —dijo Nick encogiéndose de hombros—. Nos casaremos de todos modos, ya está decidido. Ahora no podemos decepcionar a tu madre.
— ¿Y si hubiera algún problema y perdiera el bebé?
—Tendremos otro.
Miley meneó la cabeza con frustración.
—Nick, no me estás escuchando. No he dicho que vaya a casarme contigo.
— ¿No quieres casarte? Me sorprende porque parecía que eso era precisamente lo que querías esta mañana. No te bastaba con mi casa, mi dinero y mis sirvientes. Estaba claro que querías más.
—No puedes aparecer aquí de repente y pretender organizar mi vida y la de mi familia como si se tratara de uno de tus negocios. Quizá esa estrategia te funcione en la sala de juntas, pero no aquí.
En cuanto lo dijo deseó poder retirarlo porque no podía mencionar una sala de juntas sin acordarse de aquella noche en la que había comenzado todo, y con el recuerdo llegaba también el calor del deseo, que no había hecho más que aumentar después de haber hecho el amor con él esa misma mañana. No podía recordar esas cosas en ese momento, precisamente cuando estaba intentando poner distancia entre ellos y hacerle ver las cosas con un poco de sentido común.
Al mirarlo a los ojos, se dio cuenta. «Maldita sea». Él también había establecido la misma conexión. Con sólo dos pasos se quedó frente a ella y la rodeó entre sus brazos. Estaba atrapada.
—Te recuerdo que no soy el único que tiene estrategias infalibles en la sala de juntas. ¿Acaso lo has olvidado?
—No —murmuró sin poder apartar la mirada de sus ojos ni dejar de sentir el brutal magnetismo de su cuerpo—. Pero no puedes pretender que la gente haga lo que tú quieras, no puedes decidir el futuro de nadie sin tener en cuenta las necesidades o los deseos de los demás. No puede...
No pudo seguir hablando porque sus labios se lo impidieron. Los mismos labios que luego fueron recorriéndole el cuello despertando a su paso la piel dormida. Y le resultó imposible no responder.
—Lo ves... —levantó la cabeza para mirarla sólo un momento antes de continuar con aquella deliciosa tortura—. Ves cuánto me deseas. Podría hacerte el amor aquí mismo y no podrías detenerme.
Miley intentó respirar con normalidad, pensar con claridad. Sí, lo deseaba; por mucho que quisiera rebatir sus argumentos, su cuerpo se negaba a obedecerla... y su corazón también. Lo quería en cuerpo y alma. Pero eso no significaba que lo que estaba haciendo estuviera bien. Una cosa era que ella se entregara libremente, y otra cosa muy diferente que él tomara todo lo que deseaba a su antojo.
—Así es como funcionas siempre, Nick. Haces siempre lo que quieres.
—No trates de despistarme. Tú también lo deseas.
— ¿Por qué no lo haces entonces? Adelante, hazme el amor aquí mismo, mientras mi madre duerme dentro. ¿Pero qué demostrarás con ello? ¿De verdad crees que me vuelves tan loca haciendo el amor que me casaré contigo sólo para seguir haciéndolo?
El modo en el que se le alteró la respiración le dio a entender a Miley que había dado en el blanco. Bajó los brazos y la mirada y se alejó unos pasos de ella sin decir ni una palabra.
Aquella mujer estaba volviéndolo loco. Debía de haberse vuelto loco para querer hacerle el amor en el patio mientras su madre dormía dentro. Pero la deseaba... tanto. ¿Por qué se empeñaba en hacerle sentir tanta frustración una y otra vez? Había escapado de él aquella primera noche y había ocultado su identidad... Y sin embargo seguía fingiendo ser un alma inocente cuando en realidad era ella la que llevaba la batuta todo el tiempo.
—Parece que disfrutaras señalando mis defectos, ¿acaso crees que tu comportamiento está libre de reproche? —Miley lo miró sorprendida.
— ¿Qué quieres decir?
—Eres tú la que huyó la noche del baile y la que mantuvo en secreto su identidad. Si hoy no me hubieras dicho que estás embarazada... —se detuvo a pensar en el momento en el que había ocurrido tal cosa.
Ella no se lo había dicho.
Él había intervenido en la disputa con ese cretino, Bryce, y en el estado en el que se encontraba, Miley había creído que decía la verdad. Había creído que realmente sabía que el hijo era suyo.
La miró con los ojos muy abiertos, de hecho por fin los tenía abiertos ahora que había descubierto su engaño.
—No pensabas decírmelo.
No era una pregunta, sino una acusación.
—No ibas a decírmelo nunca.
—Nick, eso no es cierto.
—Pensabas mantener el secreto, querías ocultarme que iba a tener un hijo. Si yo no hubiera acudido en tu ayuda y no hubieras pensado que lo decía en serio, jamás me habría enterado.
— ¡No! Iba a decírtelo hoy mismo.
—Pero no lo hiciste.
—No tuve oportunidad. Estaba a punto de contártelo, en tu despacho, cuando Bryce...
—No te creo. Me has ocultado la verdad desde el principio. ¿Por qué iba a ser diferente?
—Porque es la verdad.
—No. Está claro que iba a ser otro de tus secretos, como el de haberte acostado conmigo aquella noche... No querías que supiera quién eras, por eso no me dejaste que te quitara la máscara. No querías que me enterara.
—Nick, escúchame...
— ¿Por qué debería hacerlo? Me has ocultado demasiadas cosas, ¿por qué iba a creer que fueras a contarme que el hijo era mío?
—Porque eres el padre y tienes derecho a saberlo.
— ¿De verdad te importan mis derechos? —espetó clavándole la mirada—. Lo dudo mucho. Creo que nunca tuviste intención de decirme que estuviste en la sala de juntas aquella noche, y menos comunicarme que era el padre de tu bebé. De no ser por el error que cometiste cuando eché a Bryce, jamás me lo habrías dicho.
—Eso no es cierto.
— ¿Puedes asegurar con total sinceridad que nunca consideraste la idea de ocultarme la existencia de ese niño? ¿Nunca pensaste criarlo tú sola?
Miley apartó la mirada. ¿Qué era eso sino una confirmación de sus sospechas? Pensaba ocultarle que iba a tener un hijo. La sangre comenzó a latirle en las venas con furia. No iba a permitir que esa mujer volviera a salirse con la suya.
—Yo... —titubeó ella torpemente—. Verás...
—No veo nada, Miley. Tuviste muchas oportunidades para decirme que eras la del baile y preferiste no decir nada. Después, cuando estábamos en Queensland y te besé, reaccionaste como si te estuviera acosando... sin embargo ya habíamos hecho el amor. ¿A qué venía todo eso si no era porque querías que nuestra primera noche siguiera siendo un secreto?
Miley se quedó boquiabierta intentando buscar fuerzas para defenderse:
—Tú no me deseabas esa noche. Una cosa era acostarte con la fantasía del baile y otra muy diferente acostarte conmigo, cosa que no tenías intención de hacer. El problema es que tampoco querías que lo hiciera nadie; no soportabas la idea de que alguien pudiera sentir interés por mí.
¿Que no tenía intención de acostarse con ella? No sabía lo que decía, aquella noche había ardido de deseo y después se había pasado horas en su habitación intentando deshacerse de la tensión que ella le había provocado.
—Eso no tiene ningún sentido. Me echaste de tu habitación porque no querías arriesgarte a que te identificase con la misteriosa amante del baile.
—Todo era muy complicado —protestó ella negando con la cabeza—. No me habrías creído.
— ¿Y no es complicado ahora? —se hizo un tenso silencio en el aire. Nick dio unos pasos por el patio pasándose la mano por la cabeza—. Entonces explícame por qué no me dejaste que te quitara la máscara. ¿Por qué huiste de mí si no fue para que no me enterara de quién eras?
Ella no contestó. Pasó un tren y después volvió a alejarse dejándolos de nuevo en silencio.
— ¿Es que no te acuerdas de cómo eran las cosas entonces? —le preguntó ella por fin y al ver que él no respondía, sonrío suavemente y continuó hablando—:
Acuérdate del primer día que fui a tu despacho, después de que Sam se hubiera ido a casa enfermo. ¿Te acuerdas de cómo eras?
— ¿Qué quieres decir?
—Sé lo que pensaste de mí. Me descartaste con una sola mirada, estaba en el último lugar en la lista de posibles conquistas; ni siquiera merecía la pena mirarme.
—Te equivocas.
—Claro que lo es. Jamás me habrías mirado dos veces. Y sin embargo en el baile... —se encogió de hombros y soltó una triste carcajada—. En ningún momento sospechaste que era yo porque nunca habrías imaginado hacer el amor con la insignificante Miley Cyrus. No quería que te enteraras porque no te habría gustado. No te habrías acostado conmigo de saber que era yo.
—No es cierto.
Pero sabía que sí lo era. Nunca se habría fijado en ella con el aspecto de antes. No sospechaba lo que se escondía bajo el horrible traje marrón y las gafas de carey.
—Aquella noche fue como una fantasía —prosiguió Miley—. Y después me asusté tanto...
— ¿De qué?
—No podía creer lo que había hecho. Me entró el pánico. Sabía que te arrepentirías de lo que habías hecho y, aunque conservara el empleo, no creía que pudiera volver a mirarte a la cara. Tenía que salir de allí. Por eso huí.
— ¿Pensaste que te despediría?
—No sabía qué harías, no tenía manera de saberlo. Sólo sabía que no te gustaría descubrir que la mujer que habías seducido en el baile era sólo yo.
«Sólo yo». Quizá entonces no hubiera sido el tipo de mujer que atraía a los hombres, pero no tenía la menor idea de la cantidad de noches que había pasado en vela desde entonces, pensando en su misteriosa amante. Después, en el viaje a Queensland, había comenzado a cambiar, se había convertido en la mujer más sexy del mundo. Nick había demostrado que se sentía atraído por ella y ella lo había rechazado.
Había deseado a dos mujeres diferentes hasta que había descubierto que en realidad se trataba de la misma persona. Estaba claro que eso quería decir algo. Deseaba tomarle la mano, calmar sus temores y asegurarle que la deseaba... pero no estaba preparado para hacerlo. Aquella discusión le había afectado demasiado.
— ¿Cuándo vas a decirle a tu madre que estás embarazada?
—Supongo que —comenzó a hablar intentando adaptase al cambio de tema—... esperaré un mes más. Para asegurarme —explicó con los ojos hundidos y el rostro increíblemente pálido.
—Si te parece, organizaremos la boda para dentro de un mes. Se lo diremos entonces.
Lo miró fijamente.
— ¿Todavía tienes la intención de continuar con todo esto? ¿Sigues queriendo casarte conmigo?
—No tienes otra opción. Tu madre ya lo sabe y no pienso decepcionarla. ¿Y tú?
Bajó la vista al suelo, intentando aplacar los latidos de su corazón. Por nada del mundo haría algo que pudiera disgustar a su madre, y Nick lo sabía. Él la había atado a sus planes en el momento que se lo había contado a su madre.
Pero si creía que iba a atraparla, todavía le quedaba descubrir la verdad. Nick se había empeñado en casarse para controlar la educación de su hijo, pero no sospechaba que también controlaba ya el corazón de Miley.

No hay comentarios:

Publicar un comentario