Capítulo 1
DARLA en adopción? —repitió Miley consternada—. ¿Quieres que deje a Melanie en manos de un extraño?
Allí estaba Miley en medio de su pequeño y destartalado apartamento. Se dirigía a su tía como si estuviera tratando con el diablo.
Lo cierto es que le costaba creer que aquello estuviese pasando de verdad. En las últimas tres semanas la tragedia se había cebado con su vida de forma verdaderamente insistente. Y ahora esto.
—Voy a hacer como si no hubiera oído tus palabras, tía Laura —dijo Miley, sosteniendo a un bebé en sus brazos y estrechándolo aún más contra su pecho.
—No, tú vas a hacerme caso —repuso la tía con decisión—. ¿Crees de verdad que te propondría esta solución si pudieras hacerte cargo de la niña?
-¡Por supuesto que puedo hacerme cargo de ella! —exclamó Miley airadamente
Laura llevaba un traje de chaqueta gris que le sentaba impecablemente. Tenía el cabello rubio recogido de modo elegante e iba discretamente maquillada. Parecía querer hacer hincapié en sus palabras mirando a su alrededor.
—Por Dios, lo único que te he pedido es que me ayudes a pagar el alquiler —adujo Miley.
Se sentía como un gato callejero pidiéndole limosna a una reina.
—Ya veces hay que ser cruel para ser de utilidad —murmuró Laura a la defensiva—. Eso significa que tengo que ser despiadada para que abras bien los ojos.
Como Miley se imaginaba, le estaba diciendo de manera elegante que no pensaba soltar ni un duro. En fin, la tía Laura nunca había sido conocida por su generosidad.
— ¡Melanie ni siquiera es tu hija! —exclamó la tía.
—Pero es mi hermana —sostuvo Miley enfadada—. ¿Cómo pretendes separarla de mí?
Aquello había sido un auténtico sollozo. ¡Había soportado demasiadas preocupaciones y disgustos durante los últimos seis meses!
—Tu hermanastra —la corrigió Laura—. Ni siquiera conoces al padre.
La tía miró con verdadero desprecio a la pequeña de tono oliváceo y cabellos oscuros.
—¿Y eso qué más da? —preguntó Miley con los ojos azules llenos de indignación.
De acuerdo, su madre había tenido una aventura con un camarero español, ¿y qué? Al menos había sido capaz de atraer a un hombre, cosa que con su padre no había logrado.
—Por nuestras venas corre la misma sangre —prosiguió Miley.
¡Lo malo era que con la tía Laura ocurría lo mismo!
Pero casi nunca se notaba. La madre de Miley siempre decía que su hermana no tenía corazón. Era fuerte y dura. Y eso lo plasmaba en su trabajo. Estaba consagrada exclusivamente a su carrera profesional como alta ejecutiva de uno de los bancos más importantes de Europa.
Antes que pedirle ayuda, Miley tenía que haber encontrado otra solución a sus quebraderos de cabeza.
Para la tía Laura aquello no suponía más que una remora para los años venideros. Por eso, ella, que había sacrificado amor e hijos por su carrera, le había dicho a su única sobrina que se deshiciera del bebé.
A Miley le dieron náuseas.
— ¡Maldita sea, solo tienes veintiún años! —exclamó Laura, impaciente—. Has dejado la Universidad y ni siquiera tienes trabajo. No tienes con qué vivir y menos aún con un bebé a tu cargo. Y ahora me vienes con que no tienes para pagar el alquiler.
—Pronto encontraré un trabajo, estoy segura —aseguró Miley orgullosa.
—¿Qué tipo de trabajo? —la desafió su tía—. ¿Sirviendo mesas en un restaurante como el padre de la niña? ¿Fregando suelos? Si prefieres ser la criada de otros en vez de acabar la carrera y ser lo que tu madre quería que fueses... ¿Y quién va a cuidar a Melanie mientras estés fregando suelos? Una niñera por horas resulta excesivamente cara. Después de todo, la herencia de tu madre apenas dio para su entierro.
Aquellas palabras fueron el colmo.
—Seguro que tengo derecho a recibir asistencia por parte del Estado —gritó de pronto Miley.
—Oh, claro —respondió la tía—. Los días en que el Estado lo pagaba todo han pasado a la historia. Y Melanie también tiene derecho a crecer en un ambiente que le permita todo lo que pueda estar a su alcance. O es que crees que te va a estar muy agradecida de vivir pobremente.
Tras la brutalidad del discurso, Miley se tambaleó llena de confusión.
¿Sería mejor para Melanie mantenerse alejada de su hermana? Miley intentó ponerse en el lugar de la pequeña.
Puede que su tía tuviera razón: Melanie podría recriminarle algún día el tipo de vida que le había inducido a llevar.
Silenciosamente, se dirigió hacia la cuna y allí depositó a la criatura. Miley había adelgazado mucho; los vaqueros y la camisa de algodón que llevaba le estaban grandes. Sin embargo, hacía un par de meses tenía un aspecto de lo más saludable.
Pero hacía un par de meses, Melanie no había nacido aún. Y la madre de Miley, estaba todavía viva, expectante ante el nacimiento de su futura hija. Se iba a tratar del comienzo de una nueva etapa que pondría fin a un triste pasado.
Tan solo hacía tres años, Miley era la hija única de unos padres que estaban completamente locos por ella.
Luego, su padre se quitó la vida al comprobar que su negocio había quebrado, dejando a su familia con lo puesto. Para pagar sus deudas, su viuda tuvo que vender la casa, los muebles, incluso hasta parte de, su ropa. En Londres vivían en Holland Park. Y tuvieron que abandonar aquella zona residencial para instalarse en un piso alquilado del East End.
Victoria Cyrus no se había recuperado después de que el que fuera su esposo durante veinte años se suicidara, dejándola en la miseria. Para colmo, había perdido a la mayoría de sus amistades. Miley había tenido que abandonar el colegio privado al que asistía. De hecho, tuvo que terminar el último curso de educación secundaria en un instituto público. Ella también se quedó sin buena parte de sus amigos.
Aquellas circunstancias contribuyeron a que Victoria Cyrus sintiera por momentos una gran amargura y desilusión. Se vio obligada a ponerse a trabajar. Lo cual, teniendo en cuenta que se había pasado la vida entre algodones, no resultó demasiado fácil. Aunque pareciera raro, fue la propia tía Laura quien le consiguió el empleo. Se trataba de un puesto de dependienta y asesora de imagen de unos almacenes de lujo. Su estilo innato y su exquisito sentido de la estética bien le valieron para ello.
En aquella nueva situación, Victoria Cyrus demostró ser una señora con clase. Era una mujer alta y esbelta, de cabello rubio que a sus cuarenta y dos años demostró ser una excelente vendedora.
Por eso, cuando su jefa, que se había puesto enferma, tuvo que ir de viaje de negocios a Madrid no dudó en enviar a Victoria. Una vez en la capital española tendría que entrevistarse con varios proveedores del sector de la moda.
Lo demás era historia. Cuando ella volvió a casa, Miley no podía creerse el cambio que se había operado en ella. Tenía aspecto de ser feliz y de estar en paz consigo misma. Un par de semanas después ya sabía la razón.
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