sábado, 28 de enero de 2012

Cap 4.-

El Audi se detuvo frente al pórtico de columnas blancas y casi delante de la puerta en donde la señora de la casa estaba de pie al sol.
Miley miró a la madre de Nick. Denise estaba tan arreglada como ella la recordaba, e igual de elegante. Llevaba un vestido azul de lana, un collar de perlas y el cabello rubio perfectamente peinado.
 Pero había envejecido. Mucho. Era posible que aparentara la edad real.
 Debía de tener sesenta años. Hacía diez tenía cuarenta y tantos, aunque no aparentaba mas de treinta y cinco.
 También parecía débil, como si le hubieran sacado el relleno. Estaba un poco encorvada y su cara denotaba tristeza, lo que hizo que 
Miley sintiera un poco de compasión.

Todo su interior se rebeló ante ese desagradable sentimiento.

¿Compadecerme de Denise Jonas? ¡Nunca!»
Miley quitó las llaves del contacto y las metió en el bolso, salió del coche y cerró la puerta. Se quitó las gafas de sol y se volvió hacia la que fue su enemiga deseando no ser reconocida.
Denise la miró de arriba a abajo y no dio ninguna muestra de haberla reconocido. Todo eran signos de aceptación, incluso de admiración.
 Curiosamente, Miley no se sintió triunfante, sino que, de repente, se sintió malvada y deshonesta.

—Usted debe de ser
Miley  —dijo Denise mientras le tendía la mano para darle la bienvenida.
Miley se sintió desarmada, sonrió y le dio la mano mientras su mente trabajaba a toda velocidad. «Es amable contigo sólo porque tienes el aspecto que tienes», se advirtió a sí misma, «ni se te ocurra pensar que esta mujer ha cambiado». Sigue siendo una esnob. Y si alguna vez descubre quién eres, te odiará a muerte y se pondrá muy furiosa. Te lo aseguro. Así que cariño, pide disculpas y ¡sal ahora mismo de Manderley!».

—Y usted debe ser la señora Jonas —contestó 
Miley  de forma educada. Una manera de hablar completamente distinta a la que antes acostumbraba, llena de argot y malas palabras.
—No, cariño. Llámame Denise —dijo dándole un pequeño abrazo.
Miley se quedó helada. La Denise Jonas de hacía diez años nunca hubiera hecho eso. Ni siquiera con sus parientes o amigos. La madre de Nick era una mujer reservada y distante que sentía aversión hacia el contacto físico.
—Después de todo —continuó Denise—, vamos a pasar mucho tiempo juntas durante las próximas semanas, ¿no?
Miley debía de haber dejado las cosas claras, pero dudó demasiado y perdió la oportunidad.
—¿Cómo te fue ayer en la boda, cariño? —le preguntó Denise mientras se dirigían hacia la casa—. Hizo un tiempo estupendo, teniendo en cuenta que es agosto.
 —Todo salió bien —contestó 
Miley con sinceridad e intentó pensar cómo salir de esa situación cada vez más comprometedora.
—Supongo que todo lo que haces sale bien. Me ha impresionado tu aspecto y lo puntual que has sido. Hoy en día hay mucha gente a la que no le importa llegar tarde a una cita ni el aspecto con el que acuden a ella. Siempre he creído que la ropa dice mucho de un hombre y sobre todo de una mujer. Tú y yo nos vamos a llevar muy bien, cariño.

«Eso suena más como la Denise Jonas», pensó
Miley .

En realidad, ella también opinaba lo mismo. No soportaba a la gente que llegaba tarde a las citas de negocios y no le gustaba la gente desaliñada. Se había dado cuenta de que la gente que no se preocupaba por su aspecto no solía hacer bien su trabajo.
¿Eso significa que juzgas a un libro por su portada, cariño?, le dijo una vocecita interior.
El ruido de un coche que circulaba por el camino de entrada la distrajo de sus pensamientos.
—Debe de ser mi hijo —dijo Denise cuando se acercó un Jaguar negro con cristales polarizados. Aparcó al lado del Audi de
Miley .
Ella sintió pánico y se puso otra vez las gafas de sol deseando que Nick no la reconociese.
—Creí que habías dicho que Ni… tu hijo… no podía venir hoy —dijo
Miley un poco tensa.
Denise no se dio cuenta de su nerviosismo.
—Llamó hace un rato desde el móvil y me dijo que Delta, su prometida, se había levantado con migraña y que no quería asistir a la comida que tenían en un crucero por el puerto. A él no le apetecía ir solo, así que al final ha decidido venir a comer a casa. Colgó antes de que pudiera recordarle que tú estarías aquí también.
Miley miró al coche. Debido a los cristales polarizados, no podía ver al conductor. Pasaron unos segundos hasta que Nick salió y ella se dio cuenta de que estaba esperando ansiosa a que se abriera la puerta del conductor.
Miley comenzó a encontrarse mal. Había cometido un gran error al ir allí ese día. ¡Un terrible error!
Al fin se abrió la puerta y Nick salió del coche, una vez fuera se volvió para mirarlas.
¿Se lo imaginaba, o Nick la estaba mirando?
Seguro que no. Debía ser su imaginación. Él no podía reconocerla, y menos con las gafas de sol puestas.
Estaba paranoica. Él también llevaba gafas de sol. Era imposible saber hacía dónde dirigía su mirada, o cuál era la expresión de su cara.
En el momento que rodeó el coche y se dirigió hacia ellas, 
Miley  comenzó a mirarlo ávidamente, de la misma manera en que lo hizo el primer día que él entró en Gino’s Fish and Chips, diez años antes.

Iba vestido con unos vaqueros y un jersey gris. Nada elegante, sólo llevaba ropa informal.
Tenía que admitir que Nick, el hombre, era aún más espectacular que Nick, el joven. Se cumplía la promesa de la perfección. Su cuerpo desgarbado había tomado forma. Ya no tenía cara de niño sino un rostro maduro tirando a clásico y llevaba el cabello castaño con rizos perfectamente acicalado.
A los veinte años, Nick era muy atractivo. A los treinta, realmente peligroso.
Denise soltó el brazo de 
Miley y se acercó a Nick para darle un abrazo.

—Me alegro de verte, hijo. Espero que no hayas conducido muy rápido.
—Nunca conduzco muy rápido, querida madre. No puedo permitirme manchar mi expediente.
—Mi hijo es abogado —dijo su madre con orgullo mirando a 
Miley .
Nick también la miró y
Miley sintió una fuerte opresión en su pecho.

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