sábado, 28 de enero de 2012

Cap 1.-

Owen irrumpió en el despacho de Miley con la cara congestionada por la emoción. A que no sabes quién acaba de llamar para que organices la boda de su hijo? —preguntó.
Miley arqueó las cejas. Su socio era encantador, buen trabajador y muy honesto. Un gran amigo. Tenía treinta y tantos años y seguía soltero pero, aunque le gustaran las camisas de color pastel y las pajaritas de colores vivos, no era gay como muchos creían. Era alguien muy especial para ella.
Pero… tenía la maldita costumbre de aceptar trabajos sin consultar con ella, y luego pretendía que saltase por los aires entusiasmada.
—Tienes razón, Owen —le dijo muy seria—. No tengo ni idea, ¿y cómo voy a saberlo si yo no he hablado con el nuevo cliente?
Como de costumbre, Owen no se inmutó.
—Estabas al teléfono cuando llamó, corazón; así que Janey me pasó la llamada a mí.
 Janey podía haber hecho esperar a la señora hasta que yo terminara —señaló con ironía.
Owen se colocó la mano sobre el corazón, aterrorizado.
—¿Decirle a la señora Denise Jonas que espere? ¡Cielos, Miley! ¡Habría colgado!
—¿Denise Jonas? —repitió ella.
—Veo que estás impresionada, y ¡no me extraña! ¿Tienes idea de lo que significaría para nuestro negocio organizar una boda para los Jonas? Toda la jet-set de Sydney hablaría de Five-Star Weddings. Cuando Denise Jonas viera que gracias a ti todo marcha sobre ruedas, te elogiaría delante de todos y vendrían cientos de mujeres a encargarnos la boda de sus hijas. O de sus hijos, como en este caso.
Bueno, bueno, bueno —musitó ella—. ¿Así que Nick Jonas se casa por fin?
>«Ya era hora», pensó. «Ya ha cumplido los treinta. La edad perfecta para encontrar a la novia adecuada y engendrar al heredero de su fortuna».
Owen preguntó contrariado:
—¿Conoces a Nick Jonas?
—¿Qué si lo conozco? Estuve casada con él, un tiempo… —soltó Miley entre risas.
Owen se dejó caer en una de las sillas que había para los clientes.
—¡Madre mía!—exclamó y todo su entusiasmo desapareció—. Aquí termina nuestro trabajo para la aristocracia —hasta parecía que su pajarita rosa de lunares decaía.
>—No seas tonto. Tú puedes hacerlo, ¿no? Di que yo tengo todo completo.
—No funcionará. La señora Jonas quiere que sea la misma persona que organizó la boda de Craig Bateman.
—¿De verdad? Pero si esa no fue una boda importante. Sólo un jugador de cricket y su amor de la infancia.
—Ya lo sé. Pero apareció en una revista, ¿te acuerdas? La señora Jonas quedó impresionada al ver las fotos en la peluquería. Debajo de ellas aparecían los datos del estudio, Bill Babstock. Llamó para encargarle la boda de su hijo y nuestro querido Bill le sugirió que se encargara todo a un profesional, así que le habló de ti. Cuando llamó la señora Jonas, hace un momento, le dije que estabas muy ocupada pero me contestó que había oído que eras la mejor y que sólo quería lo mejor para la boda de su hijo. Naturalmente le prometí que te encargarías de ella.
—Naturalmente —repitió Miley lamentándose.
—¿Cómo iba yo a saber que tú habías estado casada con su maldito hijo? Es más, cuando le di a la señora tu nombre completo, ni siquiera reaccionó. ¡Es como si no te hubiese reconocido!
—No, no me ha reconocido —dijo Miley pensativa—. Por aquel entonces la gente me llamaba Destiny. Y mi apellido era Cyrus. Miley Kirby no significa nada para ella.
—¿Tu nombre de soltera no es Kirby?
—No, es el de mi segundo marido.

—¡Tu segundo marido! Pero bueno, te conozco desde hace seis años y a pesar de que tienes más admiradores que yo pajaritas, nunca te has acercado al altar. ¡Además sólo tienes veintiocho años! Ahora descubro que has tenido dos maridos y que el primero pertenece a una de las familias más ricas de Inglaterra. ¿Y el otro quién es? ¿Un famoso cirujano? ¿Una estrella del pop?
—No, un camionero.
—¡Un camionero! —repitió incrédulo.
—Se llama Liam. Vive en Leppington. Simpático. Créeme, le hice un gran favor cuando me divorcié.
—¿Y Nick Jonas? ¿También es simpático?
—Sí, muy simpático —ella nunca había sentido rencor hacia Nick. Ni hacia su padre, que era muy amable. Era a su madre a la que aborrecía, siempre había despreciado a Destiny y nunca dio una oportunidad a su matrimonio con Nick.
—¿Imagino que también le hiciste un favor a Nick Jonas cuando os divorciasteis?
—Muy agudo, Owen. Eso es exactamente lo que hice —dijo ella.
—Así es, Owen, yo no soy una buena esposa. Me gusta demasiado vivir mi propia vida. Y no me gustaría perder este encargo tan importante. ¿Estás seguro de que no puedes convencer a la señora Jonas de que lo haces tú? Podemos decirle que yo estoy enferma.
—Miley, yo no voy a mentir —dijo Owen dando un suspiro—. Luego siempre sale mal. Además, por el tono de su voz, sé que ella quiere que tú organices la boda, y nadie más.
—Es una lástima —masculló Miley.
—¿Qué has dicho?
—Que es una lástima. Esta boda es muy importante para nosotros, no sólo por el dinero, sino también por la publicidad —dijo frunciendo el ceño y mordiéndose el labio inferior—. Me pregunto si…
Owen intentó no asustarse cuando vio que los grandes ojos Grices de su socia empequeñecían. Conocía esa mirada de obstinación. Cuando a Miley se le metía algo en la cabeza, no había nada que se interpusiera en su camino.

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